Semana 44: Día 294: Blog se vende
Ayer me dejaron un mensaje que me enojó bastante, en el que acusaban al blog de estar “lleno de publicidades”, y de que ahora se dedicaba al capitalismo. No me importa que una persona deje de seguirme por un prejuicio, lo que me preocupa son las cientos que piensan lo mismo y no lo dicen.
Semana 52 empezó como un experimento personal, algo que no tenía un fin puntual más que dedicarme a desarrollar mi físico durante un año. Podríamos decir que lo movilizaba la envidia a todos esos actores que, para prepararse para un papel, iban seis veces a la semana al gimnasio y sacaban un lomo impresionante. En el fondo quise saber si era algo que yo podía hacer, porque se me iba la vida, en unos años no iba a poder priorizar el entrenamiento por sobre tener una familia o un trabajo exigente. Y así empecé.
Mi primer sponsor, por llamarlo de alguna manera, fue Germán De Gregori, quien era mi entrenador en los Puma Runners. Este grupo originalmente se llamaba LionX, y después de que hayan estado tentándolo durante años decidió, 13 años después de su fundación, aceptar un sponsoreo. ¿Qué nos significó eso a nosotros? Remeras (manga corta, larga, musculosas) e inscripciones gratis a un par de carreras al año (en donde Puma era auspiciante). Pero Puma nunca bancó al blog, el que lo hizo desde un momento fue Germán. Su ayuda fue muy importante para mí: no solo me armaba un entrenamiento de musculación y running diferenciado (y más exigente) que el que veníamos manejando, sino que automáticamente dejaba de cobrarme. En agosto de 2010 dejé de pagar mi cuota, y al día de hoy sigo con entrenador privado y gratis. Él sabía que, en ese momento, era un enorme incentivo para mí, que llegaba a fin de mes contando moneditas.
No suelo contar esto porque alguna gente a la que se lo confesé me respondió que eso era poco, que tenía el entrenamiento gratis no era suficiente y que yo tenía que “cobrarle” más a Germán. El apoyo de quien fue mi entrenador los dos años previos, que me moldeó, es invaluable. Y él no solo me apoyó, sino que empezó a regalarme ropa, algo que también mantuve en reserva para evitar acusaciones de favoritismo. En aquel entonces, agosto de 2010, no tenía un buen pasar económico. Corría con unos pantaloncitos inmundos, que me quedaban gigantes, con un buzo deshilachado y las zapatillas que mi papá me había regalado para mi cumpleaños anterior, ocho meses antes. Así que, de vez en cuando, recibía una campera, un joggin, una remera. Hasta me regaló calzado de Nike y de Adidas, que me encargué de destrozar al poco tiempo. Todo sumaba para que yo siga progresando.
También ingresó un importantísimo sponsor en Semana 52, que fue el matrimonio Casanova. Mis padres aceptaron pagarme la obra social hasta que terminaran las 52 semanas. Para mí era imposible bancarlo por mi cuenta. Ser autónomo significa que nunca sabés cuánto vas a cobrar por mes. A veces pueden ser 2 lucas, después cinco y luego nada. Desorganizado como soy con la guita, vivía ahogado y con mis papás salvándome constantemente. También aposté a mi salud mental y dejé terapia el mismo mes en que empecé a bloguear, después de casi una década de análisis. De algún modo, singificó un gasto menos mensual.
Todo el dinero que entraba empezó a destinarse a mejor calzado, mi nutricionista, gastos de carreras (inscripción, viaje, estadía), gimnasio, plantillas y comida. Supongo que todos saben que una de las causas por las que comemos tan mal es porque los alimentos sanos son más caros. O sea que, independientemente de mi entrenador y mis padres, la mayoría de las cosas las banqué por mi cuenta. Jamás me pidieron vender un producto o carrera desde mi blog. Todo lo conseguí en parte porque Germán y los Casanova confiaron en mí, y en parte porque puse mi mente y mi bolsillo en esto.
Mi vida dio un impulso con Semana 52. Coincidentemente el trabajo repuntó, pero igual, cuando viajé a Grecia el año pasado, necesité de ayuda paterna para comprar el pasaje. Al ser monotributista, el límite de mi tarjeta era irrisorio. Todavía tengo que pagarles la última cuota, pero el tour que estoy por hacer este año sí logré pagarlo por mis propios medios.
Nunca quise convertir el blog en una entrada de guita. Para mí siempre fue algo más. Lamentablemente el objetivo de la Espartatlón lo tuve que demorar un año, con lo que eso implica. Por cabezón, voy a bloggear un año más, aunque en el fondo soñaba con cerrar esta etapa de mi vida y dedicarme a otra cosa. Lo sigo haciendo porque sé que hay gente que me lee y que espera una entrada por día. Y ayer, mientras viajaba en subte a la casa de mis viejos para festejar el cumpleaños de mis hermanos mayores (que cumplen con un día de diferencia), escribí una escueta entrada desde el celular (por eso ni llegué a ponerle una imagen). Con el aumento de trabajo vinieron proyectos nuevos (a los que me cuesta decirles que no), pero el blog sigue siendo una prioridad, aunque actualice a las 11 de la noche. Muchas veces quedó para el final del día, y sacrifiqué muchas cosas de mi vida privada para que esto siga vivo. Por ejemplo, no irme a dormir junto con Vicky, y llegar a la cama con Semana 52 al día, pero ella profundamente dormida. Este blog representa un sacrificio que ya lleva dos años (porque empecé a escribir a mediados de julio, aunque oficialmente el entrenamiento y la dieta empezaron el 1 de agosto de 2010).
Por eso, que me acusen de que me vendí al capitalismo, me da mucha bronca. Y creo que pasa solo porque no comparto 100% de mi vida, de mis problemas de plata, de los esfuerzos que hago y los que hacen quienes confían en mí. No soy de elite, ni creo ser generador de tendencias. Tampoco busco rédito monetario, solo “crecer” (en todo sentido). Quienes me pidieron consejos de entrenamiento, nutrición o calzado, los di, con total honestidad. Compartí por privado los datos de contacto del grupo de entrenamiento, de mi nutricionista y del centro donde me hago las plantillas. Hablé con honestidad de las marcas de zapatillas que me compraba, de la comida que consumía y del gimnasio a donde iba. Nunca conseguí que una marca o empresa me regalase nada, pero porque nunca lo busqué. Ya tengo todo lo que quiero, y los descuentos que consigo en inscripciones de carreras o de indumentaria Puma responden al grupo donde entreno. Si existiese Semana 52 o no, los tendría igual.
Este blog, al que le estoy dedicando -por nada a cambio- esta tarde de domingo (en lugar de merendar, o estar tirado en la cama viendo tele) no es el lugar para vender espacios de publicidad. Me encantaría, pero no da. Sí pude demostrar que, además de la constancia para entrenar, tuve la disciplina para no abandonar las actualizaciones diarias. Y dio pie a lanzar un proyecto web de running, el que comentaré cuando lancemos. Creo que después de todo lo que invertí en Semana 52 (tiempo, esfuerzo y dinero), merezco hacer algo que sea “comercializable”. Nunca voy a ganar una carrera ni podría especular con vivir de correr. Pero quizá pueda hacer algo relacionado con esta disciplina de lo que, en un par de años, pueda vivir. Es un sueño que me encantaría lograr. Pero no va a ser este blog, que terminará el día que esté en Grecia, corriendo la bendita Espartatlón.
