Semana 39: Día 259: Nace una nueva maratonista en Rosario
Como dije alguna vez, la maratón de Rosario giró en torno a Vicky. Era su primera experiencia en esta gloriosa carrera de calle, y acompañé en todo lo que pude. Si fui a un ritmo más lento que el mío no quiere decir que no la haya sufrido. Me duele todo, pero estoy feliz de haber superado esta prueba, y más todavía de haberlo vivido codo a codo con Vicky, una verdadera luchadora.
Es raro intentar describir lo que uno vive ne una maratón. Difícilmente alcance para describirse con palabras. Todo ese sufrimiento, los dolores… y de fondo una felicidad de estar lográndolo, de poder conquistar el deseo de cruzar la meta. Ella lo vivió por primera vez y, sin chistar, se comprometió a poner en escrito sus pensamientos. Aquí va, el relato de una nueva maratonista:
El año pasado tuve el sueño de correr la Maratón de Rosario, pero no estaba entrenada y pensaba que no iba a llegar físicamente a recorrer los 42 Km. Con un año de delay, el domingo finalmente corrí la distancia que te consagra como maratonista.
Después de haber participado en ultramaratones uno debería pensar que esto era solo un paseo por el parque (a walk in the park) pero no lo fue. La idea de correr sin parar 42 km me intimidaba, especialmente sobre asfalto. No había podido entrenar mucho las semanas previas porque estuve resfriada, y sumado al frío que estuvo haciendo, me daba fiaca salir de casa después del trabajo. Además me tenía preocupada un dolor en los tibiales (anteriores y posteriores) que venían molestando desde hacía rato.
En esta maratón innové en dos cosas (aunque aconsejan no experimentar en una carrera). Por un lado, probé los parches de diclofenac en los tibiales, recomendación que me hizo una compañera de Puma Runners. Por el otro, estrené el baticinturón, ya que no quería correr con el peso del hidratador en la espalda. ¡Debo decir que esas dos cosas me salvaron la vida!
La salida fue emocionante, nos sacamos la foto grupal, nos dimos las manos, nos deseamos buena carrera y arrancamos. El día perfilaba precioso, nada de frío y el cielo diáfano. El solcito, el “poncho de los pobres”, nos daba calorcito por el camino. La temperatura era ideal. Nada pudo haber fallado. Fue perfecto en todo sentido.
Iba muy bien y muy contenta, sin dolores, los tibiales no se sentían, el oxigeno bien. En realidad, no podía creer que fuera tan bien. Después de la carrera, Martín me confesó que íbamos a 5:30 el kilómetro, pero no me lo quería decir en su momento porque no me quería presionar.
En los primeros kilómetros atravesamos un túnel, todos levantando las manos, aplaudiendo y gritando enérgicamente. Le dije a Martín “cuando volvamos a pasar por acá, en el kilometro 23, van a pasar todos calladitos”. Antes de dar la vuelta y tomar por el Boulevar Oroño, un Dj que pasaba unos sets de Guetta (con todo el poder) me motivó a levantar el ritmo.
Todo lindo, hermoso, color de rosa, divino, hasta que divisé, en el kilómetro 17,5, una autopista con una breve pendiente. No me agradó mucho. De ahí en más sentí como si corriera con el freno de mano puesto. Atravesamos nuevamente el túnel, esta vez todos más distanciados y en silencio. Había un artista tocando en el bandoneón una música que me recordaba a esas películas donde los barcos iban trasladando inmigrantes. En el kilómetro 21 desaceleré y el Pacer de 4 horas (con toda la troupe) me pasó. Otra vez cruzamos al Dj con música bien arriba y me llenó de energía, pero en el kilómetro 25 me rebasó el pacer de 4 horas 10 minutos, y ahí nos quedamos. Había una pendiente imperceptible pero que se imponía.
Nos cruzamos en sentido opuesto con el puntero, el podio iba a 2 horas 12 minutos. Venía tranquilo, yo mientras trataba de sacarme el freno de mano… pero no hubo caso.
Dimos la vuelta en los 30 kilómetros esperando el muro, pero haciendo un recuento me pareció atravesar varios muritos, o quizá mi verdadero muro fue a los 21 kilómetos. Y allí estaba, pensaba en todas las carreras que había sufrido verdadero dolor físico y esto no era tan diferente. Pero en la cabeza seguía la idea de no parar, bajaba el ritmo, cuando podía aceleraba un poquito y comía una gomita (creo que me ayudó el gel Expresso Love). En el kilómetro 32 sentí que me prendía fuego y tuve que sacarme la remera. A partir de ahí me sentí muy bien, entumecida pero feliz. El tren superior estaba como si recién hubiera arrancado, pero mis piernas pedían clemencia. Pensaba en Pilates y los ejercicios de elongación, e intentaba abrir la zancada.
Divisamos otra autopista, ¡¡otra subida!! ¡¡Pero a quién se le ocurre!!
En el kilómetro 38 nos dieron banana, pero ya a esa altura no podía comer más nada. Cruzamos al Dj por tercera vez, y en esa oportunidad estaba pasando una canción que me gusta tanto que me llenó de motivación y me ayudó a acelerar. Con el solcito de frente volvimos a entrar al casco urbano de Rosario, donde la gente en la vereda nos gritaba y alentaba. Una hermosa pendiente abajo nos ayudó a recuperar. El aliento de la gente me motivó, entonces sabía que ya faltaban metros y me puse la remera: no quería entrar en esas condiciones, las chicas debemos cuidar nuestra presencia ante todo. Entré al embudo, con la música de fondo y los gritos de la gente logré hacer algo que jamás pude en otras carreras: un sprint final. Con una sonrisa en la cara crucé la meta. Martín me abrazó y allí, emocionadísima, me di cuenta que me había estado filmando desde que me puse la remera.
Pedimos Powerade y unas frutas, y fuimos a alongar y a esperar a nuestros compañeros (que los habíamos cruzado a lo largo de toda la carrera). Leandro ya había llegado cuando nos encontramos con Paco y los cuatro nos quedamos esperando a Vanesa. Cuando la vimos venir, y salimos de la valla a alentarla. Otra Puma Runner cruzaba la meta.
Fue una jornada muy emocionante. Pasé desde la felicidad al dolor y de vuelta a la felicidad. Destaco la camaradería de los compañeros de carrera y de Martín, que siempre me motivó… aunque hubo veces en que me enojé porque sentía que yo no podía, pero él jamás perdió su fe en mi, y por eso nunca dejaba de decirme “¡vamos, vos podés!”. Y sí, es la cabeza la que decide si podés o no cumplir con tu sueño.






















Vicky: La verdad que te super felicito por semejante logro, siempre leo este blog ya que es tan positivo que dan gamas de salir a correr aunque este en la oficina!
Gracias por compartir logros tan importantes y motivadores a aquellos que corremos tan poquito en comparacion con uds, pero que encontramos la pasion en esto tan maravilloso que es el running
Saludos
Sil