Semana 39: Día 258: Los 42 km de la maratón de Rosario

Podemos decir que este año tuvimos mucha suerte. Además de que nos dimos el lujo de viajar y de descansar en un hermoso hotel, el día nos sorprendió con un clima primaveral en pleno invierno. Mejor, imposible.
Como toda carrera, nos levantamos temprano para desayunar. Al igual que en el resto de Rosario, nuestro hotel estaba repleto de corredores. Cada uno elegía qué comer. Con Vicky optamos por tostadas y yo le agregué yogur con cereales.
Llegamos al Monumento a la Bandera media hora antes de la salida. Dejamos las cosas en el locker y nos dirigimos al encuentro de nuestros compañeros Puma Runners Vane y Lean, que se le animaron a los 42 km. Con Vicky estrenábamos estrategia: nos compramos los baticinturones que traen caramañolas. Era raro sentir ese peso en la cintura y no en la espalda o los hombros. Pero resultó ser una excelente iniciativa (que, como todas las buenas ideas fue de Vicky).
Empezamos pasadas las nueve de la mañana. Nos sorprendió que no largásemos antes, pero las reglas las pone la organización… Los altoparlantes anunciaban 2400 participantes. Con Vicky fuimos conservadores y nos acomodamos en el corralito verde, el anteúltimo.
El clima, inmejorable. La ciudad, hermosa. El espíritu de los corredores, solidario y alegre.
Decidí correr junto a Vicky, sacarle fotos, acompañarla, y que todo gire en torno a ella. Porque era su primera maratón.
No sabíamos cómo se iba a sentir. Ella estaba acostumbrada a la montaña, a caminar si estaba cansada, a hacer trail. El asfalto intimidaba, la perspectiva de no frenar también.
Fui twitteando la proeza de Vicky, que empezó súper emocionada. Cruzamos por los paisajes más hermosos de la ciudad, a un ritmo espectacular. Intentaba no decirle el tiempo o la velocidad para no presionarla. Pero no pude con mi genio y más de una vez la volví loca con mis “dale, vamos que vos podés”. Si acá en el blog estoy todo el tiempo en plan motivador, imagínense tenerme traladrándoles el cerebro cada uno de los 42 km…
Alguna vez Vicky sintió que no podía más. Pero del fondo encontraba fuerzas y seguía avanzando. Los primeros 21 km fueron a 5:30 el kilómetro, pero después las subidas y el cansancio nos hicieron bajar. Teníamos momentos de explosión en los que subíamos el ritmo, como cuando pasamos junto a un dj que la rompía con Guetta. Ante su música favorita, Vicky revivía, como cuando Popeye comía sus espinacas.
Ella prometió una reseña para mañana, por eso no entré mucho en detalle. Pero puedo decir que estoy orgulloso, que ella no frenó en ningún momento, y que realmente vivió la maratón. Porque todos la sufrimos, pero cuando corremos una maratón, lo que buscamos es disfrutala. Y realmente la pasamos muy bien. Tanto que estoy seguro de que esta será la primera de muchas maratones…
