Semana 27: Día 187: Comida de marcha

Entre los preparativos previo a una ultra-maratón, lo que tenemos siempre en cuenta con Vicky es qué comida de marcha nos vamos a llevar. En estos desafíos no hay que dejar margen para el error. Una mala alimentación durante la carrera y nos jugamos la vida. Así de sencillo.

Entre las cosas que elegimos llevar, priorizamos dos cosas. Primero, que alimenten. O sea, hidratos, para tener la energía necesaria. Segundo, que sean livianas. No me refiero a light, sino al peso. En la mochila ya vamos bastante cargados con agua, linternas, botiquín, abrigo, y un interminable etcétera. Las sandías conviene dejarlas en casa.

La conclusión lógica son las pasas de uva y otras frutas secas y/o desecadas, que contienen muchas calorías. También están las barritas energéticas, especialmente pensadas para la actividad física intensa. Las bebidas isotónicas (como el Gatorade o el Powerade), que las asociamos con las sales y la hidratación, también contienen hidratos de carbono.

Otras opciones que fui descubriendo, en mi intento por que además sea un alimento bajo en grasas, fueron los cereales, o las barras de maíz o arroz inflado. No hace mucho descubrí la marca Egran, que vienen bien como colación o para llevar a una carrera. Antes me daba un poco de inseguridad llevarme algo para masticar: creía que tenía que reservar la energía solo para correr, pero cuando hay hambre todos masticamos. Igual hay algunas variantes de este producto que no me han gustado (pongo una de cal y una de arena, para el que fantasea que esto es publicidad encubierta). Las que tienen chocolate, miel, coco o maní me resultan muy pesadas y hasta algo empalagosas. Pero las de arroz y las de maíz inflado han sabido levantarme en un fondo largo.

También experimenté con cereales de chocolate. Después de estar en un trail de 8 horas o más, empiezan a habilitarse estos permitidos. Me dieron una recomendación muy interesante: llevate para comer algo que te guste mucho, y guardalo para el final. Es el incentivo para superar el último tramo, que siempre es el más difícil. Un amigo se guardaba un Mantecol (golosina grasosa si las hay). Yo, en Yaboty, me reservé un sándwich de queso y dulce (que no me comí, se lo regalé a un hambriento corredor que acababa de llegar). Mi nutricionista me recomendó comer Pringles, por los hidratos y porque al ser salados nos obligan a hidratarnos. Pero no me animé, y en Yaboty terminé hartándome de comer solo cosas dulces. Por eso encontramos una alternativa, con mucha menos grasa, que son los pretzels. Los vamos a probar con Vicky para Patagonia Run. Son salados y puro hidratos, con solo 4,6% de grasa cada 100 gr (y muy difíciles de conseguir, con las actuales trabas a las importaciones).

Además de esa “recompensa” que uno puede darse, la comida de marcha es algo que se ajusta a cada corredor. A mí no me gustan las gomitas (porque tienen gelatina, que está hecha con cartílago animal) y Vicky no le quiere dar una oportunidad a las barras Egran. Cada uno se va armando su propio menú. Intentamos disfrutarlo lo máximo posible, pero la función de este alimento no es satisfacer el paladar, sino darnos ese empujoncito extra que necesitamos para llegar enteros a la meta.