Semana 13: Día 79: El Caminante Jean Béliveau

“Hi, hola, bonjour. Mi nombre es Jean Béliveau, estoy caminando alrededor del mundo por la paz en la Tierra y a favor de los niños”. Estas palabras llevaba escritas Jean como carta de presentación, y las llevó consigo durante su aventura de 11 años y dos meses. ¿Qué llevó a este vendedor de Quebec para abandonar a su mujer, hijos y nietos, y dedicarle más de una década a darle la vuelta al planeta a pie? Él alega los motivos altruistas que lo convirtieron en embajador de la Unesco. Pero en realidad logró demostrar lo que es el verdadero compromiso y que no hay que perder la fe en la humanidad.

“Corre, Forrest, Corre” le decían sus hijos, bromeando, cuando partió el 18 de agosto de 2000,  día de su cumpleaños número 45. Se entrenó en secreto durante 9 meses, hasta que días antes de partir le tiró la bomba a su familia: se iba a dar la vuelta al mundo caminando. Luego de aceptar esta decisión, Jean consiguió el apoyo incondicional de su esposa. Luego de definir el itinerario, partió llevando solo 3 mil dólares, su pasaporte y un carrito de bebé donde guardaba sus cosas. El resto lo iba a proveer la gente. Caminaba entre 5 y 12 días seguidos, entre 6 y 8 horas, recorriendo una distancia diaria de 30 a 40 kilómetros. 

“Me alimentaba de lo ofrecido por las personas que encontraba en el paso”, recordó, después de recorrer los 74.543 km (dos veces la circunferencia de la Tierra). “Siempre me causó sorpresa que en el mundo todavía hay mucha generosidad, y pude comprobar que quienes menos tienen, son los que dan más”.

La peor parte la pasó en Estados Unidos, ya que, según él, los pobres siempre le abrieron las puertas, no así los ricos. Durmió a la intemperie, en cuarteles de la Cruz Roja o de los bomberos, abajo de puentes o en la cárcel, y fue albergado por más de 1600 familias en todo el mundo. Empezó hablando solo el francés de Canadá, luego perfeccionó su inglés en los EEUU, y en su paso por América Latina aprendió español. En México intentaron asaltarlo, pero cuando le contó su historia al ladrón, este se apiadó de él y terminó ayudándolo.

En su cochecito llevaba agua, un par de zapatillas extra (usó más de 100 pares en todo el recorrido), una muda de roma, una carpa, elementos para escribir su diario, barras energéticas, cereales, un paraguas y sus documentos personales. El primer año recorrió 8 mil kilómetros. Al segundo ya había cruzado a pie 12 países, y aún estaba en el continente americano. Recién lo abandonó al tercero, cuando viajó desde Brasil hasta Sudáfrica en avión. A mediados de 2004,después de caminar unos días en Etiopía, Jean sintió una tremenda soledad y un desaliento insoportable, debido a que los locales eran muy hostiles con los extranjeros. En ese momento pensó en abandonar, pero su esposa, desde la distancia, lo persuadió para resistir. Siguió avanzando por el continente, hacia el norte, con destino a Gibraltar. En Orán, Argelia, una revisión médica de rutina terminó en una operación de próstata y un mes sin caminar. Sin embargo, su tratamiento fue totalmente gratuito. En Kenia, por seguridad, tuvo que evitar ciertos tramos. “Me dijeron que si tropezaba con un león hambriento me sentara en una roca y dijera en voz alta: buen provecho”.

A fines de 2005 ingresó en Europa. Era la mitad del trayecto. Su familia lo visitaba cuando podía. Su esposa se encontró con él una vez por año, y cuando nació su nieta, un francés le ofreció en forma desinteresada pagarle el pasaje a su hija y al bebé, para que puedan encontrarse cuando Jean llegase a Alemania. Estar lejos de casa y sus seres queridos fue muy duro, y en una entrevista declaró que su misión empezaba a sentirse como una prisión. Pero caminar era su pasión, y lo movilizaba conocer gente y ver sus actos de caridad.

En 2007 cruzó el puente Bosporus, en Estambul, lo que significó su ingreso oficial a Asia, cuarto y anteúltimo continente en su itinerario. En Japón encontró bastante resistencia de la gente. “No hablaban, era como decirle ‘hola’ a un cactus”. En alguna oportunidad, el mal clima lo obligó a saltearse países del itinerario, como Rusia. Aunque en Jakarta hubo un atentado terrorista mientras él visitaba Indonesia, no quiso detener su marcha y visitó la capital.

En 2009 llegó a Darwin, lo que marcó su ingreso al continente de Oceanía. A medida que marchaba promovía su mensaje de paz y bienestar para todos los niños del mundo. También empezaba a sentirse cada vez más cerca de casa. Cruzó Australia y Nueva Zelanda, antes de tomar un avión a Canadá, desde donde continuó caminando hasta el mismo punto que abandonó 11 años antes. Lo hizo como una celebridad, rodeado de personas y seguido de cerca por cámaras y periodistas.

Aunque la prensa siguió de cerca su aventura (como atestigua el sitio web de Jean Béliveau) mientras visitó un total de 64 países, el interés en él estalló cuando completó el viaje, el 16 de octubre de 2011. Ahora se encuentra preparando cinco libros, uno por cada continente visitado, y planea aprovechar su repercusión para seguir promoviendo su mensaje de paz.

¿Qué le dejó su viaje a este caminante? “Aprendí la simplicidad de la vida”, declaró, a lo que agregó “Me fui vacío, pero regreso con bagaje intelectual”.


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, , Cecilia dijo

No quiero ser aguafiestas, muy linda la aventura, pero francamente no veo cómo el chabón caminando puede incidir en algo en la misión de lograr la paz.
No es que soy escéptica de las obras en general. Por ejemplo, ví un documental en el que hacían jugar a chicos árabes con chicos judíos para combatir los prejuicios y me parece una aplicación mucho más útil.
Seguramente es fascinante conocer así el mundo, y extremo, por supuesto. Yo que la esposa me divorciaba :)

, , Martín Casanova dijo

Mi impresión es que él lo quería hacer porque sí. Lo de la misión por la paz es lo que realmente le abrió las fronteras de todos los países. Pero no creas que no ayuda, porque al menos puso a muchos medios de comunicación a hablar del tema. Y su compromiso como embajador de la paz no terminó en la caminata. Ahora que se hizo “conocido” sigue dedicándose a esa causa.

, , Luis Acera dijo

Me llamo Luìs Acera. Hace algunos años ( creo que 2004) , Jean pasò por Rìo Cuarto y lo invitè a almorzar a mi casa. Pasamos buenos momentos y mantuvimos riquisimas charlas junto a mi familia. Quisiera saber algo de su presente. Por ello le dejo mi correo