Semana 40: Día 279: Encontrando mística en Perú
Llegamos en horario a Lima, en un vuelo sin ningún inconveniente. Disfruté de las películas abordo (Unknown, con Liam Neeson, y Hall Pass, con Owen Wilson), me relajé por primera vez en semanas, y hasta pude ver, por primera vez en mi vida, al Océano Pacífico.
Lo que primero me sorprendió de Lima es el calor. Venía de un clima espantosamente frío en Buenos Aires, y me encontré, enfundado en doble campera de polar, con unos 25 grados en Perú. Cuando pasamos migraciones y recuperamos nuestro equipaje, lo segundo que me sorprendió es la cantidad de taxis que se ofrecen. El truco parece ser el mismo que en cualquier lado: no quedarse con la primera oferta. Al principio nos ofrecían viajes por 15 dólares, luego 30 soles, luego 25, y finalmente regateamos por 23. ¡Primera vez que regateo en mi vida!
Lima es una ciudad muy colorida. Recorriéndola me di cuenta el enorme contraste entre edificios muy antiguos (y bellísimos) con torres de cristal y nombres de empresas iluminados. El tráfico es infernal, manejan a muy alta velocidad, se tocan bocina todo el tiempo y cada esquina parece el juego de la gallina, a ver quién frena primero. Pero no hay choques, y la gente es muy amable. Uno viene con el chip de que el argentino es odiado en todo Latinoamérica, pero jamás me encontré con tanta gente tan amable y respetuosa como en Perú.
Todavía me cuesta adaptarme al cambio (1 dólar igual a 2,68 soles), así que estuve gastando sin saber si fue de más, pero me da la impresión de que es una ciudad bastante económica. Comí un almuerzo vegetariano con una sopa de entrada, y luego arroz con legumbres, papa y brócoli, todo en una salsa tipo guiso. Me compré bananas por la calle para mis colaciones, y aunque Lima está al nivel del mar y podría entrenar, estoy destruido del viaje y no podría hacer ni dos cuadras.
Mañana partimos para Cusco, y ahí sí, se terminaron mis chances de correr, al menos hasta el sábado que terminemos (molidos) el Camino del Inca, y que me haya acostumbrado a los 3 mil metros de altura. Creo que tomaré esa caminata como entrenamiento, y le daré fuerte a las semanas que me queden antes de la maratón. No veo otra opción.
Sí quiero continuar el desafío de abdominales. Difícil en un hostel con habitación compartida, pero creo que si no puedo ingeniármelas hoy, lo haré en Cusco.
Evidentemente ayer tenía pocas expectativas para este viaje, y estar finalmente aquí cambió bastante mi perspectiva. Todavía no me acostumbro a que tengo cara de turista y que todo el tiempo me quieren vender algún producto autóctono. Al grito de “My friend! My friend! Here typical food!” me invitaron a una taberna (¡desde un balcón!), y cuando otro me preguntó “Where are you from?” no pude ocultar mis orígenes sudacas.
Mañana, 8:30 de la mañana, estamos abandonando Lima, para estar a un paso del Camino del Inca. Quizá sea mi último contacto antes del sábado, cuando finalmente llegue a Machu Picchu. Para entretenerse, los invito a experimentar con el historial y ver posts anteriores, cuando ni siquiera me imaginaba que iba a estar viviendo esta aventura en Perú…

