Semana 40: Día 278: Buscando la mística
En algunos posts recientes estuve hablando de la Ciudad de Buenos Aires y de correr por sus calles. Incluso llegué a compararla con Montevideo. Y llegará el turno, seguramente, de hablar de sus semejanzas y diferencias con Lima y Cusco (aunque seguramente su geografía ya haga que tenga pocos puntos en común). Me despido de la Reina del Plata, a quien criticamos constantemente, y extrañamos cuando la abandonamos. Estoy a horas de viajar, la parte más fea de cualquier travesía.
No voy a ocultar que no tengo mucho entusiasmo. Germán, gestor de este viaje, quería encontrarle mística a la excursión al Machu Picchu. Además, era una oportunidad perfecta de afianzar a los Puma Runners que pudiesen tomarse vacaciones en junio. Pero afortunadamente para él y desafortunadamente para nosotros, a último momento tuvo que dar un paso al costado. Cuestiones laborales, de esas que no hay que dejar pasar. Era uno de los más entusiasmados con todo esto, y ahora tendremos que buscar nosotros solos la “mística” (no tengo idea de qué es eso, ¿es una villana de X-Men?).
Acúsenme de pollerudo, pero tampoco me enloquece alejarme 10 días de Vicky. El Camino del Inca empezó a tomar forma meses antes de empezar a salir, y aunque tuvimos unas semanas intensivas para compensar mi alejamiento, me duele pensar en irme. Ni hablar, también, del estrés pre viaje. Los preparativos y las semanas laborales previas me estresan tanto que recién empiezo a entusiasmarme de a poco cuando salgo del aeropuerto de destino. Generalmente me olvido de todo esto, de cómo me pongo ansioso en migraciones, los rayos X, los sellitos en el pasaporte, a ver si te afanan los dólares… es una gran angustia, toda junta, y sólo empieza a desaparecer cuando estás finalmente en vuelo (si no es que hay turbulencia).
¿Para qué hacer este viaje, si lo estoy sufriendo tanto? Quizá haya algo de desafío, que haga que valga la pena. En realidad le creo a toda la gente que me dice que esta será una experiencia única e inolvidable. Me gustaba también la dificultad que le agregaba al blog, de actualizarlo en plena naturaleza. Mi plan de contingencia era adelantar posts, y que Vicky los fuese subiendo con el correr de los días. Por supuesto, no hice nada de eso. Como siempre, las entradas de Semana 52 surgen espontáneas, en el momento, y se niegan a estar preparadas.
Probablemente no pueda actualizar el blog hasta no llegar a Lima. Quiero correr allá, ver cómo me afecta la altura, y seguir con el desafío de abdominales, aunque lo tenga que hacer con zancudos zumbándome en los oídos. Si esos cuatro días del Camino del Inca me es imposible subir nada (parece que así va a ser) intentaré compensar con posts dobles en días subsiguientes. Nadie me obliga a hacer esto más que yo. No me siento en deuda con nadie, pero es parte del desafío.
Nos leemos, entonces, desde el Perú. Espero que les intrigue saber cómo sigue esta búsqueda de la mística, y ver si la encontramos en esta aventura…

