Semana 11: Día 74: Imposible correr y arrepentirse
Hoy, sábado, amanecí cansado, ansioso por quedarme trabajando, y con pocas pilas para ir al entrenamiento de los Puma Runners. Si no fuese por el compromiso de Semana 52, sin lugar a dudas no hubiese salido de casa.
La vida está llena de momentos así. No encontramos nada que nos motive salir al mundo exterior. El entreno parece un esfuerzo demasiado grande, en comparación a las ventajas de quedarse en casa, haciendo fiaca. En mi caso, estoy casi cumpliendo un sueño. Mi amigo Matías Timarchi, editor de OVNI Press, consiguió las licencias para editar comics de Marvel (Spider-Man, Iron Man, X-Men, y un inmenso etcétera). Luego de amenazar su integridad física si no me dejaba ayudarlo, me puse a traducir algunas historias del inglés al castellano, redacté con muchísimo entusiasmo varios artículos (ocho, sin ir más lejos) y colaboraré con el diseño de las revistas. Leer comics no me motiva tanto. Pero estar en la cocina de la historieta, plantando páginas, globitos, armando toda la revista… es un inmenso placer.
Anoche me quedé trabajando hasta casi la 1 de la mañana (que alguien me explique por qué se le dice “de la mañana” y no “de la noche”). Tenía hambre, y me recomendaron no estar más de tres horas sin alimentarme cuando trasnocho, así que comí un plato de cuadritos de avena (solos). No sé si es buena idea acostarse con la panza llena. Puse la alarma a las 7:30 y, después de dar un par de vueltas en la cama, me dormí. Soñé que entrenaba (¿premonición?), pero me desperté, solo, a las 6:30. Me pareció que tenía poco sueño encima como para ir a entrenar. Desayuné liviano, todavía sentía los cuadritos de avena en mi estómago. Me senté en la computadora y seguí jugando un poco más con las notas. Me sentía pesado, quedaba sólo este fin de semana para terminar las revistas, y había dormido poco. ¿Para qué ir a entrenar? Mejor quedarme en casa adelantando…
Pero me tomo las reglas muy al pie de la letra. Generalmente las mías las rompo con mucha facilidad, pero las de Semana 52 (entrenar algo todos los días, respetar la dieta y las seis comidas diarias) vienen resistiendo. Esperé a último momento (como para que surja algo que me ayude a quedarme en casa), y partí. El viaje hasta Acassuso es largo, 50 minutos desde que cruzo el umbral de mi departamento, pero con cada paso en la calle, la fiaca iba desvaneciéndose.
El entrenamiento fue inmensamente satisfactorio. Sé que normalmente no lo hubiese hecho, porque incontables veces estuve en situaciones similares, y opté por “aprovechar” el sábado. Pero correr, empezar a mover el cuerpo, esforzarte físicamente… es imposible arrepentirse de hacerlo. Es raro, porque casi todas las veces que no entrené, me arrepentí. Por supuesto me encargué de hacer que mi sabático de un día fuese placentero, pero mi cabeza iba desde la película que me quedaba viendo al entreno. Y es algo que nunca pasa mientras corro. Jamás me pasó de arrepentirme por haber salido de casa. Puede ser un efecto psicológico, puede ser algo a nivel bioquímico, pero es una verdad universal. No existe la situación, para un deportista, de querer retractarse por haber hecho actividad física. Y redoblo la apuesta: Si vas a entrenar un día en que el ánimo está por el piso y parece la peor situación para correr, la satisfacción final va a ser mucho mayor.
Después del entrenamiento se me hacía que quedaba mucho del sábado por delante. Volví a mi casa con las pilas cargadísimas. Esa sensación hace que cualquier esfuerzo valga la pena.



hola, la verdad es que es imposible arrepentirse de correr porque te revitaliza y además te aporta energía para poder empezar el día al 100%. Este finde salgo con una amiga para correr y he visto una promoción en la página memimo.es de las zapatillas NIKE COURT TRADITION PLUS por 29,90€… ¿Es una buena elección? ¿Vosotros que creéis)