Si, quiero?

Cuando uno promete “para toda la vida” al casarse, no dimensiona realmente a que se está comprometiendo. Todos decimos :”si quiero”, pocos cumplimos el “si debo”.
Mas allá de estar en contra de los convencionalismos sociales en los que todos estamos inmersos, seguí lo que dictaba mi corazón y me casé por segunda vez. Claro está que la primera no solo no era plenamente consciente sino que sabia que tarde o temprano “ese amor” no sobreviviría varias tormentas.
Hoy me pregunto si la cantidad de tiempo que pasamos con nuestro amado puede pesar mas que la calidad del mismo. No solo se trata de dormir en la misma cama, irnos de vacaciones juntos y pasar momentos de felicidad. Creo que, para que uno puede realmente amarse de por vida, debería ser necesario afrontar alguna que otra lluvia y ver como reacciona el otro. Es el presente el mejor indicador para vislumbrar el futuro? Si. SI con mayúsculas. Ahora: si a esa ecuación literaria le agregamos situaciones de dolor, el panorama es mas completo.
La mayoría de las parejas enfrenta situaciones adversas luego de muchos años, y descubre en el otro un ser humano diferente al que eligieron. El sufrimiento puede llevarnos a situaciones límite permitiendo que aflore todo lo que estaba guardado, escondido o reprimido. Y es allí donde el verdadero amor se pone a prueba. Si a pesar del dolor, la tristeza y la desesperanza, encontramos compasión, empatía y admiración sabremos que elegimos correctamente.
No importa cuantos años estemos al lado de la otra persona si cuando debiéramos hacernos responsables, nuestras acciones no acompañan lo que decimos sentir. En los momentos mas difíciles es en donde evidenciamos realmente el compromiso que asumimos.

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