Una es imposible. Son varias. Por ejemplo la que estoy con Cleo en una plaza de San Ramón. El negativo de esa foto lo trajo ella en su primera visita Buenos Aires y la revelamos juntos. Creo que empecé este relato el día que saqué esa foto del cajón. La elijo por lo que dice. La imagen nos muestra que ella lleva puesta una blusa de colores vivos y calzado de verano mientras que yo tengo puesta una camisa de trabajo y borsegies. Además se ve que la camisa es verde y no azul como creía. [Risas]

Me gusta toda la serie de fotos en plena cosecha, con las bolsas de arpillera y los cestos que usábamos para recoger el café. En especial hay una foto en la que está René, el Nicaragüense que me regaló su cacerola de campaña. Justo la que tiene entre sus manos.

Otras fotos importantes son las de la fiesta de entrega de las aulas. En ellas se ve que hay mucha gente reunida, muchos campesinos. Se ven las caras de despedidas. Hay tomas grupales de las brigadas. Es el fin del viaje. Se ven palmeras y muchas banderas del PT. Alguien podría pensar que estábamos en la sierra brasilera y no en nicaragua. [Risas]. ¿Palmeras?, no recordaba que existieran. Para mi la montaña era una inmensa estepa verde.

Para terminar con las fotos decime luego de verlas qué pensas? Para empezar es raro verlas a todas juntas sobre la mesa. Durante estos años las guardé de distintas maneras pero siempre separadas. Por un lado los paisajes y por otro las personas y claro en otro sitio las de Cleo. Viéndolas extendidas sobre la mesa, las fotos parecen acompañar un recorrido que había olvidado. Cuando me detenía a mirarlas, muy de vez en cuando, fue sin un orden. No buscaba un detalle. También está bueno ver como podés caer en las trampas que te tiende la memoria y ver que ciertas imágenes que tenés grabadas de una forma son distintas. Es significativo que las tengo enterradas desde hace más de 20 años, supongo que porque me entristecen. Creo que dejé una buena parte de mi vida en esos meses. Cuesta reconocerlo sin sufrir. Dejé a Cleo, abandoné mi militancia universitaria y la cuidad de La Plata donde vivían todos mis amigos. Abandoné una parte de quien pensaba que era. Creo que me culpé demasiado por perder la batalla después de tanto sacrificio y la conclusión fue huir lo más lejos posible. Esa solución no era nueva, siempre estuve huyendo, lo nuevo fue a donde me fui. Una amiga, casi mi hermana mayor, una tarde en Punta del Este me dijo: “Alfre, no sentís que aquí estamos pagando una culpa. Pagando una condena”. Ella fue comunista en Montevideo, su padre un hombre del partido y su primo un preso político durante más de 10 años. Sin embargo estábamos en plena calle Gorlero tomando café y sintiendo el dolor más grande de nuestras vidas, el de no ser parte de nada. Confusamente también era una hermosa sensación de libertad. Por suerte no tiré las fotos, cosa que sí hice con los libros.

Tiraste los libros? No, los quemé. En principio te quiero aclarar qué libros quemé y porqué. Los que llegaron al fuego literalmente fueron los libros del PC que traducían a Marx y a Lenin porque me parecían truchos. Es decir traducidos según la oportunidad. No te olvides de la foto de Trotsky que fue trucada y el pobre hombre desapareció del estrado junto a Lenin. Después quemé, en la parrilla de mi padre, todos los libros de los jefes del PC Argentino. Eran autoconsagratorios, poco serios. Me quedé con los de poesía de Dalton, con el de Omar Cabezas y uno sobre los campesinos nicaragüenses.

No guardaste nada más? Sé que tuve mucho tiempo un libro de poesías llamado “La tierra es un satélite de la luna” de Leonel Rugama pero lo regalé.

Bueno si lo regalaste, por lo menos se salvó del fuego. Si. [Risas]. Desde hace un tiempo, en especial desde que vivo en Uruguay, fui tomando contacto con parte de ese mundo y a mis amigos les fui regalando cosas de ese viaje. Por ejemplo regalé el libro de Dalton a un poeta de Paso de los Toros y varias fotos de Ernesto Cardenal a un poeta de Minas. Esos desprendimientos fueron los primeros pasos de este viaje imaginario. Regalar esas cosas me permitió acercarme a este relato. Por ejemplo a este poema.

LA TIERRA ES UN SATÉLITE DE LA LUNA

El Apolo 2 costó más que el Apolo 1

el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 3 costó más que el Apolo 2

el Apolo 2 costó más que el Apolo 1

el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo 4 costó más que el Apolo 3

el Apolo 3 costó más que el Apolo 2

el Apolo 2 costó más que el Apolo 1

el Apolo 1 costó bastante.

El Apolo costó un montón, pero no se sintió

porque los astronautas eran protestantes

y desde la luna leyeron la Biblia,

maravillando y alegrando a todos los cristianos

y a la venida el papa Paulo VI les dio la bendición.

El Apolo 9 costó más que todos juntos

junto con el Apolo 1 que costó bastante.

Los bisabuelos de la gente de Acahualinca tenían menos

hambre que los abuelos.

Los bisabuelos se murieron de hambre.

Los abuelos de la gente de Acahualinca tenían menos

hambre que los padres.

Los abuelos murieron de hambre.

Los padres de la gente de Acahualinca tenían menos

hambre que los hijos de la gente de allí.

Los padres se murieron de hambre.

La gente de Acahualinca tiene menos hambre que

los hijos de la gente de allí.

Los hijos de la gente de Acahualinca no nacen por

hambre,

y tienen hambre de nacer, para morirse de hambre.

Bienaventurados los pobres porque de ellos será la luna.

De LEONEL RUGAMA (Estelí, 1949 — Managua, 1970)

Me gusta que este poema cuestione la noción de realidad que tenemos del proyecto Apolo. Hace años que me pregunto seriamente si no fue joda de los yankees. Me gusta que el texto me de la razón. [Risas]. Ese poema integraba un libro que regalé y recuerdo que el dibujo de la tapa era una media luna y un joven apuntándole con un fusil.

Para terminar, veinte años después qué se siente? Una inabordable contradicción. Veo las imágenes territoriales de Internet en donde está la cubierta de la escuela que construimos, la zona de la cosecha y siento que puedo regresar a un sitio que marcó mi vida y por otro lado sé que no puedo explicar a que tipo de marcas me refiero. No puedo teorizar, siento que aún es un proceso abierto.

Porqué hablar después de tanto tiempo? Por varios motivos. El primero es mi mujer. Mariana construyó un puente en mi vida intelectual y afectiva con lo mejor del pasado. Ella alimentó el encuentro, permitió que se unieran los fragmentos. Antes yo no estaba dispuesto a hacer este recorrido. Cuando nos conocimos la llamaba por teléfono y le hacia escuchar canciones que le dedicaba. Una de ellas fue: “Señales luminosas” de Ceratti porque dice: “…me conoces como nadie, me recuerdas todo lo que soy…”. Sé que cuando le mostré estas fotos lloré. Para cuando nazca Olivia ya no quiero llorar por lo mismo. Ese es un motivo poderoso. Dejémoslos ahí.