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El reencuentro de la Tosco

Después de casi 4 años de inicar este blog tomó contacto conmigo un compa de la Tosco. Uno de los rosarinos  que viajó a Nicaragua en esa brigada frentista.  Nos leímos unos mail, nos hablamos por teléfono unas palabras y prometimos seguirla. Cosa que doy por descontado. Días atrás miraba este blog y me preguntaba para que seguirlo.  Este es un motivo. A continuación un texto de Gustavo Martinez, el compa de la Tosco que hoy apareció hoy en este blog, quizás, como un regalo de los magos.

abrazo

Pochormiga: el ángel de la bicicleta

Por Gustavo Martínez

Eran las seis de la tarde del 19 de diciembre de 2001. Claudio Hugo Lepratti, estaba subido al techo de la escuela 756 del barrio Las Flores, en Rosario (Argentina), donde trabajaba de portero. Desde allí les pedía a los policías que dejaran de disparar. A tres cuadras, un grupo de vecinos cortaba la Avenida Circunvalación, pero frente a la escuela no había disturbios. El y sus compañeros tenían miedo por los chicos que entraban al comedor. De pronto, tres policías bajaron de dos autos. Uno disparó su Itaka y una bala atravesó la garganta de Pocho. Así murió, a los 35 años, un tipo al que sus vecinos le cambiaron el apodo por el de El ángel de la bicicleta.

Pocho era y es una hormiga, pero una hormiga muy pero muy especial. Exploradora y a la vez Obrera (altamente calificada), sin mencionar, por supuesto, las tareas de organización interna de los hormigueros y las vinculadas con la capacitación de nuevos líderes comunitarios. En su trabajo de hormiga, localizó los cien lugares del Gran Rosario y del Cordón Industrial donde está el alimento y los materiales necesarios para la construcción del Hormiguero Nuevo, el Hormiguero Grande que otros soñaron: una verdadera Patria donde Todas las hormigas sean Hermanas. Pocho exploraba y señalizaba los caminos que recorría para que todas las hormigas honestas, dignas y luchadoras se fuesen encontrando, compartiendo sus conocimientos, sus experiencias en la construcción, sus fuerzas y todas las reservas que empezaron a guardar cuando el Rey de los hormiguicidas pronunció aquello de que Hay que pasar el invierno (mientras aplicaba el plan del invierno eterno). “- ¡El invierno eterno no existe, si despertamos se va!”  -andaba gritando y predicando el Pocho con su Bicicleta.  – “¡Podemos y debemos construir la Primavera!!!”, para eso usaba su garganta y su sangre esta Hormiga ciclista que pedaleaba y pedaleaba bajo la lluvia, contra el viento, cagándose de frío, de calor y de risa hasta llegar a la otra punta del camino que -para él- era apenitas el inicio de otro y otro.

El Nosotros de Pocho era un nosotros mucho pero mucho más grande que el que podamos pensar y recorrer en auto o en tren. Era un nosotros como de doscientos idiomas, mil religiones y millones de fiestas de cumpleaños y pesebres. No se limitaba a las hormigas negras, rojas, cumbieras, tangueras, grandes, medianas, pequeñas, diestras, zurdas, chuecas. No, él creía en un mundo construido por hormigas granito a granito, donde pudieran vivir cómodamente caballos, grillos, perros, abejas, abogados, unicornios, dentistas, elefantes blancos, psicólogos, pastores alemanes y de los otros también. Y también tenía un plan secreto para vegetarianizar a los hermanos carnívoros e insectívoros, especialmente a los osos hormigueros que con la excusa del neoliberalismo, el fin de la historia y la cadena alimenticia colaboran con el exterminio de hormigas.

Pocho exploraba y señalizaba los caminos como decía, pero mientras tanto hacía el trabajo de obrera transportando pesadas cargas en su mochila que se vaciaba sólo para llenarse nuevamente con auténticos productos regionales.

La mochila de Pochormiga era algo así como un muestrario de hojitas, semillas, boletines, afiches, revistas, y convocatorias de decenas de organizaciones de hormigas rebeldes y solidarias; y en un costado: mate, yerba, gomines, agenda, parches, torta asada o frita, solución y algún paquete de fideos (y una cebolla) para improvisar un guiso.

Cada cosa que sacaba iba acompañada de una sintética, efectiva y particular explicación sobre los autores, sus objetivos y su forma de organización, y por supuesto alguna referencia a la necesidad de apoyar y/o trabajar en conjunto.

En un acto convocado por el Encuentro de Hormigas en defensa de la salud pública (antes del asesinato de Pocho), una Hormiga periodista nos contó que una hormiguita muy chiquita que acompañaba a su mamá en el reclamo desesperado de comida, había recibido como respuesta oficial una bala de goma en la pancita.

Una bala en lugar de alimento, de caricias, cosquillas y mimos. Nos habló de lo tremendo de este hecho por lo simbólico y por cómo desnudaba la perversidad y la crueldad de los planes hormiguicidas.

Ignorábamos, en ese momento, que a las pocas horas, un 19 de diciembre a las 18 horas, en la escuela de uno de los hormigueros más pobre de Rosario, sucedería otro hecho cargado del mismo simbolismo.

Esta vez no fue en la panza. Pocho no reclamaba comida para él, estaba usando su garganta como siempre, para predicar que el invierno eterno es un verso, que podemos y debemos construir la primavera, y exigiendo a viva voz a las hormigas que andan con armas y sin memoria (las que visten uniformes color azul mercenario que es el color más triste de todos) que dejasen de matar y reprimir a quienes deberían estar defendiendo. La garganta de Pocho era para eso, para intentar lo que para otros es imposible; y ahí fue el disparo, no fue a la panza. A la pancita va cuando pedís comida, cuando gritás por los otros va a la garganta.

Hoy pasé por una de las tantas Asambleas de Hormigas, siguen preocupadas por hacerle entender a todas las otras especies cómo y quién era El Pocho, buscan y buscan traducir con palabras y gestos tanto amor y compromiso, tratan de encontrar algún sinónimo, algo que defina a ese flaco despeinado, ex-seminarista, profesor de filosofía, cocinero-murguero-delegado-campamentero-catequista-organizador de no se sabe cuántos grupos de Hormigas.

Si bien sigue el debate (y seguirá), es una necesidad compartir lo que se dijo y también lo que me pareció y quise escuchar.

Pocho era el Taller de Alas de Colibríes que canta Silvio Rodíguez. Era un horno de pan, era El Principito, parecía una carpa para dos personas pero cuando lo conocías era un camping cincuenta estrellas, era un despertador, un multiplicador de panes y guisos, un santo, era como Cristo, como el Ché, un amigo, un hermano, un compañero, El compañero, era como un padre, era el mate cocido calentito para el alma, el espejo para ver todo lo que nos falta comprometernos, un quijote en bicicleta que no perdía el tiempo con los molinos de viento, era el chef guisero de la solidaridad y la cebolla, era el puente, el durazno y el país de Mario Benedetti pero las tres cosas juntas, era el auto que te levanta en la ruta después de hacer diez horas dedo, era la viola de Santana, el charango de Jaime Torres, el violín de Peteco Carbajal, el bandoneón de Pichuco y de Piazzolla. Que sé yo. Era todo eso El Pocho y que quede bien claro que él no se fue: lo fueron, lo mataron, lo fusilaron, lo empalaron, lo crucificaron -como al otro flaco que nunca anduvo en bicicleta- los mismos de siempre, los mismos que asesinaron, torturaron y desaparecieron a toda una generación de Hormigas.

Y ahora andamos con el Pocho por las calles, cargándolo en las pancartas junto a Juan, a Yanina, a Graciela y a todas las Hormigas ejecutadas, cargándolo en las pancartas porque se quedó sin sangre de tanto hacer el amor, como dice Barón.

Eso sí, no era de los que se van así nomás, no te lo decía directamente, pero algo picando dejaba el muy guacho. En las chapas del techo de la escuela donde lo crucificaron alguna Pocheada se mandó. Seguro que esa mancha ahí arriba, el charco seco, es mucho más que eso. Tal vez un mapa, un sueño, una flecha que señala por donde va a llegar el fin del invierno o simplemente algunas tareas o notas de viaje, pero seguro que algo dibujado, escrito o manchado dejó para todas las Hormigas que formaban ese nosotros hermosamente grande que él palpaba, sentía y construía todos los días.

El Tata Dios tendrá que bancarse andar esquivando los piolines de las carpas y soportar celestialmente a la más maravillosa música que es la murga ensayando hasta la madrugada, pero, a lo mejor, podrá enterarse a través de Pocho (si previamente el de allá arriba compromete su apoyo irrestricto e incondicional a la causa) quién es el que anda regalando botellas con un velero enorme adentro sin su permiso y quiénes son los que cuando todos duermen pintan en las paredes del cielo:

los ángeles de lata,

los chicos del pueblo,

las luciérnagas,

las lucecitas,

los Juanes,

las Gracielas,

las Yaninas,

los Cañetes,

los perros,

los huesos,

los ninguneados,

los chuecos,

los lápices,

las Hormiguitas

y los murguistas.

Todos seguimos de pie y luchando.

Gustavo Martinez, no es periodista ni suele frecuentar mundillos literarios. Escribió esta nota para sus hijos Micaela, Santiago y una tercera que aún descansa en el vientre de su mujer.

El dice que lo empuja una buena carga de dolores, de odios y resentimientos que no se ven reflejados en las líneas de este texto. No obstante PocHormiga: el Ángel de la Bicicleta es una traducción de todo eso que siente, mediatizado por sus hijos, por el recuerdo de Pocho, y fruto de un esfuerzo muy grande para procesar tanta pero tanta rabia.

Encuentro de Brigadista del Café en Taguatinga.

Compas realizamos el encuentro de Brigadistas del café en Taguatinga, Brasil, tal cual lo planeado. En el encuentro hubo muchos recuerdos de aquellos años y muchas ganas de retomar, en conjunto, la Solidaridad organizada y constante con Nicaragua.

Nos pueden dar pautas de que se necesita, de quienes están trabajando en estos temas.

Queremos organizar un encuentro de Brigadistas en el 2011 allí, con ud, y convocar a varias brigadas Latinoamericanas y Europeas para hacer de esto un gran evento que reúna nuevamente las miradas sobre la tierra de Sandino

Un abrazo.

Alfredo fonticelli

Da montanha para o meu cantinho, por Viviane

Da montanha para o meu cantinho

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Fiquei um tempão parada diante das palavras de Alfredo sobre sua volta da Nicarágua, sua chegada em Buenos Aires: “Los cinco integrantes de ‘La Tosco’ nos despedimos en un local vacío. Yo no hablé con ellos en 20 años. Nunca. Nicaragua y sus personajes se fueron alejando en el tiempo. Casi podría pensarse que no sucedió.”

A volta da 2ª Brigada ao Brasil, em meados de março de 87, me veio à cabeça imediatamente. Leonardo Severo bem comenta sobre a nossa dispersão no regresso, separados em pequenos grupos ou sozinhos mesmo; alguns tiveram que aguardar uns dias no Panamá, outros viajaram no mesmo dia em vôos diferentes. As malas meio vazias porque doamos quase tudo aos campesinos antes de sair de La Pintada. Eu desembarquei com alguns companheiros em São Paulo, depois de um vôo interminável pela Aeroperu. Era tarde da noite. Os que moravam em São Paulo correram pra casa, outros se apressaram para pegar as conexões para seus estados. Tentei o mesmo, mas não deu certo. Vôo para Florianópolis só no dia seguinte.

Fiquei arrastando a mochila pelo aeroporto. Tomei um cafezinho, fumei até arranhar a garganta (naquele tempo os fumantes ainda não eram criminosos), sentei num banco, depois em outro banco, depois em outro que me pareceu mais confortável. As lojas fecharam, pouquíssima gente circulando. Lá pelas duas da manhã estava pelos tubos. Olhei em volta e havia um cantinho simpático embaixo de uma escada, não tive dúvidas tirei da mochila um edredom branco com florzinhas cor-de-rosa (que eu tive a caradura de levar para a colheita e não doar) estendi no chão, me cobri com uma jaqueta xexelenta rasgada e puída do cafezal; deitei a cabeça naquela mochila onde guardava dobradinho com todo o cuidado umpañuelo rojo y negro, presente de uma compita da Juventude Sandinista, meu “reconocimiento” pela participação na colheita do café, alguns livros de Ernesto Cardenal e um de Omar Cabezas “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”. Lembranças ainda vivas, coração quentinho, dormi pesado. Lá pelas 6 da manhã o guardinha um pouco incomodado, mas gentil, me acordou e fui fazer o check in.

Dias atrás passando por Guarulhos tentei lembrar o lugar exato da escada protetora. Em vão. Roubaram-me. Não tenho a menor idéia aonde foi parar o meu cantinho.

Viviane ( Zumbi dos Palmares-1987)

fotos de Leonardo en la 2 brigada brasilera a Nicaragua

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Amigos brigadistas, é com prazer que envio as primeiras fotos escaneadas dos slides brindados pelo companheiro Marcão. É um processo lento, segundo me disse a moça que trampou, pois continham muitos fungos e outros bolores…
Conforme minhas lembranças

Logo envio outras
Abraços a todos

PS: Vamos fazer um esforço para nomear todo mundo – aí fica mais fácil encontrar a galera.


Solidaridad con Nicaragua (Francia 2010)

Seguir Adelante

Después de la derrota electoral de 1990, la solidaridad internacional con Nicaragua bajo drásticamente. La nueva administración liberal destruyo las estructuras y los logros sociales obtenidos a costa de tanta sangre y sacrificios. El Frente sandinista entrego el poder prometiendo gobernar “desde abajo”… A pesar de varias confrontaciones sociales, Nicaragua que fue un centro de la atención mundial durante los años 1980 ya se desvanecía en el panorama mediático (hasta el breve “sobre-salto” de Mitch… pero ya hacen 12 años). El entusiasmo revolucionario de la solidaridad se cansó también; tenemos que reconocer nuestra fragilidad, la solidaridad está muy influida por la emoción mediática.

A pesar de esta situación de olvido, varios grupos siguieron en la solidaridad con Nicaragua. Era obvio, con la nueva era neoliberal en América latina, que las contradicciones sociales y económicas iban a agudizarse. Por nuestra parte, seguimos con lo que conocíamos: organizar brigadas. Entre 1990 y 2001, se montaron 6 brigadas que trabajaron en Managua, Carazo y Ocotal. La financiación de los proyectos se hacía durante eventos políticos, presentando demanda de ayuda a los organismos públicos como alcaldías o departamentos… En el 2001 a partir de los restos de nuestra vieja organización, creamos la asociación “Adelante

A partir de 2005, entramos en contacto con la cooperativa Nicaraocoop. Esta estructura creada en 2003 después de un proceso de discusión y articulación hasta establecer la necesidad de la creación de una empresa socializada, controlada totalmente por los productores, para facilitar el salto a la agro industrialización y la comercialización directa, eliminando intermediarios y especuladores. Cinco organizaciones de campesinos/as de Nicaragua conformaron Nicaraocoop. Nos pareció importante informar sobre esta verdadera alternativa económica: más allá del “comercio justo” que contribuye a seguir saqueando “en mejores condiciones” a los productores, prefirió crear una red de producción, transformación y comercialización en Nicaragua. Contribuyendo así a la capitalización del país y reinvirtiendo la plusvalía captada en cada etapa. Nicaraocoop fue el primer actor económico nicaragüense en firmar un acuerdo de cooperación con el ALBA.

Nuestra acción consiste en comprar varios productos de la cooperativa (café, aceite de ajonjolí, marañón…) y venderlo en actos militantes o a través de redes alternativas como sindicatos, asociaciones de consumidores… Con el capital recuperado, volvemos a pasar una orden a Nicaraocoop cada año. Así, el primer fin de semana de junio se reunieron en Creil, una ciudad situada al Norte de Paris, por iniciativa del Partido Comunista, varias asociaciones y comités de ciudadanos: entre ellos,  asociaciones de indocumentados, solidaridad con Palestina, solidaridad con Haití, asociaciones de mujeres…  Fue para nosotros la posibilidad de presentar Nicaragua, las cooperativas y el ALBA, saboreando una taza de café producido cerca de El Sauce. Pasaron también ex miembros de las brigadas de solidaridad que prometieron escribir una nota sobre sus experiencias en la Nicaragua Sandinista.

Esperamos sus líneas… Así, el relato de este sueño colectivo seguirá.

Por Laurent SANCHIS, desde Francia

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13) Los primeros comentarios

El veinte de abril, veinte años después del regreso de Nicaragua de la Brigada “Agustín Tosco” compuesta por jóvenes del Radicalismo, del Peronismo de base, Intransigentes y Comunistas, Alfredo Fonticelli, su responsable, comenzó estas “crónicas de un brigadista” con la idea de encontrar pistas de lectura en una historia silenciada, en una derrota. Durante tres meses este blog intentó tender caminos de diálogo, de encuentro y recuperación de identidad, tanto personal como colectiva. En este sentido sucedió mucho más de lo que hubiera imaginado en el inicio.

Para cerrar este capítulo testimonial están invitados a participar con sus propias palabras. El día 19 de Julio del 2008 este espacio reunirá todos los comentarios recibidos hasta la fecha en un post especial con los textos, las imágenes y los recuerdos de “los otros”.

Por último, gracias por la paciencia.

en el museo de la revolución


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