Managua

Una vez que estaban en Managua, ¿cómo continuaron el viaje? En el aeropuerto esperaba por nosotros un camión dispuesto para transportarnos a la escuela Olaf Palmer. Un aula sería el dormitorio por esa noche. Allí nos ofrecieron nuestra última comida opulenta, nuestro último trago de agua pura y usamos nuestro último baño con duchas y azulejos. Claro que para ese entonces nadie lo sabía. Desde que salimos de Managua jamás pisé un baño con puertas y espejos. La selva, la montaña de Matagalpa, estaba pensada para la explotación de café y no para unos pocos brigadistas veintiañeros que viajaban a la revolución de Cortázar y su violencia tan dulce con sus pañuelos rojo y negro en el cuello.

¿Cómo recordás la ciudad de Managua? Managua era imposible de recorrer sin dejar de ver los efectos del terremoto del ‘72. Desde la catedral con sus ventanales rotos, pasando por las casas céntricas a las que les faltaba un pedazo de techo o las inclinadas casitas de chapa en pleno centro. Todo parecía estar detenido en el minuto posterior al desastre. Supongo que a mi visión hay que sumarle que nunca había pisado Centroamérica. En realidad sólo conocía una parte muy chica de Río de Janeiro y algo de Montevideo. Para nosotros que salíamos de Buenos Aires era imposible pensar que existiera tanta diferencia entre una capital y otras. Cuando regresé lo que más trabajo me costaba relatar era Managua como cuidad.

En Managua no existían carteles con los nombres de las calles. Cuando querías ir a algún lado las direcciones eran, por lo menos, improbables de ubicar. No había manera de viajar en ómnibus. Todo el mundo caminaba. Sorprendía ver tanta gente movilizada, los banderines del frente Sandinista cruzando de vereda en vereda, los jóvenes con sus gorritos con la cara de Sandino pintada. También recuerdo un estadio de béisbol y eso por idiota que parezca era raro muy raro para mí. No puedo recordar muchas cosas más de Managua. Primero porque estuve pocos días y segundo porque me costó comprenderla. Saber dónde estaba o para dónde quería ir.

Ahora que hablás de traslados ¿cómo pagaban los viajes y la comida? Desde que pisamos suelo nicaragüense no pagamos nada. Ni transporte ni comida. El asunto era sentarse y comer o subirse al camión y viajar. Claro que si querías algo más podías comprarlo en los puestos de la calle. Los cigarrillos, algún que otro choclo y los libros salieron de nuestros bolsillos. Pero fueron muy pocos. En Managua estuvimos pocas horas antes de partir a la unidad de producción estatal (UPE).

¿Cómo fue el viaje a la Unidad de Producción? El camino de Managua a Matagalpa me pareció mucho más largo que los 150 km que separan a un lugar del otro. Quizás por la ansiedad de llegar al café, quizás por lo atípico del viaje. El recorrido completo lo hicimos en una camioneta que se fue llenando de personas que subían y bajaban en cualquier lugar. Parecía un micro de línea urbana haciendo un recorrido demasiado largo. Vimos miles de personas haciendo dedo, caminando. Casi no había medios de transporte.

El primero de enero, de mañana hacía calor y las mochilas pesaban demasiado como para moverlas a cada rato. Pero nadie quería decir que estaba cansado. Íbamos camino a “La Rosa“, en esa UPE viviríamos más de cincuenta días alejados del mundo. De nuestro mundo. Luego de unas horas de viaje pasamos por Matagalpa. Allí había tres colores: rojo, negro y verde. Las casas lucían carteles con las caras de Fonseca o de Sandino. En cada esquina, en cada balcón, en cada poste había una bandera del FSLN. Pero por sobre todo estaba la montaña, “Inmensamente verde”

¿Llegaron ese día? Sí, por la tarde. Llegamos luego de un rápido cambio de vehículos en San Ramón que nos permitió transitar por tierra y en un camino de montaña hasta la UPE. Allí nos recibieron los “nica” del batallón que estaban asignados al lugar junto a algunos pobladores. Primero nos acomodamos en el único sitio libre de un galpón convertido en dormitorio general. Después cenamos frijoles negros, tortillas de maíz y bebimos agua de arroz acompañados de dos miembros de la Juventud Sandinista 19 de Julio que nos explicaron las pautas de funcionamiento. Por ellos nos enteramos que la jornada comenzaba a las seis de la mañana. Que al amanecer convenía salir abrigados porque la bruma cubría la montaña casi hasta el mediodía. Que el desayuno se servía en la cocina y que ésta era una casita de madera situada a unos sesenta metros del galpón en donde dormiríamos tirados en el piso. Y que además, por ser nuestro primer día en la UPE, nos correspondía dar un discurso antes de partir a la cosecha.

Imaginate, tenía que hablar frente a los “nicas” y los demás brigadistas en plena montaña. Esa noche dormí pensando qué decir. Decidí hablar de los combatientes latinoamericanos que estuvieron luchando codo a codo con los nicaragüenses en plena revolución antes que nosotros. Yo hablaría de ellos.

¿Conocían la historia de los latinoamericanos que combatieron en el frente sur? Algo. No te olvides que nuestra brigada no sólo se quiso llamar “Masetti” sino que en ese primer acto hablamos del “Capitán Santiago”, que fue uno de los participantes en el atentado que mató a Zomoza en pleno centro de Paraguay. Le rendimos homenaje porque fue el único que no pudo escapar del grupo que lideraba Gorriarán Merlo. Murió asesinado.

Tanto importaba el grado de sacrificio por la revolución? No existía otra forma de pensarlo. “Sin una juventud dispuesta al sacrificio, no habrá revolución” gritaban los cachorros de Sandino y todos sabían que por sacrificio se decía o se quería decir que uno estaba dispuesto a dar la vida por la revolución. Fijate que una de las pocas lecturas que yo tenía de Nicaragua antes de viajar era un libro con una contratapa de Cortázar, “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde” del Comandante Omar Cabezas. Leí ese libro mientras viajaba a mi primera reunión del comité ejecutivo de la Federación Universitaria Argentina en Mar del Plata. Fueron cinco horas de tren. Viajé tirado sobre un asiento doble en el que no pude dejar de leer cómo se relataba la muerte de Buitrago vista por la televisión. Vos, ¿Lo leíste?

No.

¿Te cuento?

Si claro. Me interesa.

Ubicate en 1970. Pleno gobierno de Zomoza. Un barrio común en las afueras de Managua. Julián Buitrago esta reunido con dos compañeras en una casa de seguridad del Frente. El sitio es descubierto y rodeado por los militares que establecen rápidamente varios cercos alrededor no sólo de la casa sino también del barrio. Con el lugar cerrado y con los grupos militares apostados tras árboles, muros o camiones se decide el asalto convencidos de lograr un éxito aleccionador. Zomoza, que está al tanto, decide trasmitir el operativo por TV para demostrar su poder. Omar Cabezas nos cuenta cómo, en un club universitario de León, vio el asalto en directo. Un combate desigual desde el inicio. Buitrago, que tenía una “subametralladora”, se queda solo para que sus compañeras intenten escapar. El relato no ahorraba detalles, balas que repican en el revoque, pedazos de ventana que vuelan, casquillos de municiones que saltan por el aire. El combate es intermitente. Por momentos se frena la balacera y la guardia nacional festeja. Y allí sale Buitrago y les mete plomo. Y le contestan hasta volver a darlo por muerto. Y nuevamente Buitrago sale por una ventana y dispara. La operación se repite una y otra vez durante dos horas. Los vecinos que no tenían TV se agrupan en las casas vecinas. El combate convoca las miradas de toda Nicaragua. En la televisión aparece una tanqueta. Se para frente a la casa en cuestión y dispara al centro de la fachada. Cae todo lo que aún no había caído. Los fusiles de la guardia disparan al cielo festejando. Buitrago sale corriendo entre la nube de humo que rodea los escombros y les dispara hasta que tres ráfagas logran derrumbarlo definitivamente. Muere.

Hay una presencia muy importante de la muerte en tu relato, ¿viene en la elección de un nombre para la brigada, viene en una lectura del texto o cómo interpretás la presencia de tantos muertos en tu memoria? Yo no los veía como muertos. Eran héroes. O mejor, la muerte contenía en sí una actitud heroica. Creo que sobre la generación a la que pertenezco, o sobre mí para no hablar de más, la muerte y los suicidios de gente como Hendrix, Joplin o Morrison y luego otros como los que te nombré en Cuba, Nicaragua o en Argentina y por supuesto “el Che” ejercían una atracción muy fuerte. La muerte heroica seducía. Cuando el sida se llevó a Miguel Abuelo y Federico Moura, unos meses después de nuestro regreso de Managua, alguien escribió que ellos pertenecían a una generación condenada a no morir de viejos. Yo me creía parte de esa gente. La vejez no entraba en mi universo simbólico como algo a ser vivido. La lucha armada llevaba implícita esa posibilidad romántica del sacrificio. Cuando descubrí que una parte mía se veía a sí misma dentro de un póster me asusté. En ese momento, esto puede ser una justificación, lo sé, la idea de dar todo por el otro era una elección rodeada de actitudes y frases bellas y creíbles. Otro ejemplo sería Rodolfo Walsh. Un símbolo de esto que trato de decir. El tipo fue un “todo” entre pensamiento y acción. Él hablaba sobre el sacrificio final y lo decía de manera conmovedora.

Te acordás qué decía exactamente? No. Tendría que hacer memoria, pero la idea era que el día de la revolución en la plaza de la victoria todos los sacrificios serían recordados. Algo parecido cantaba Pablo Milanés sobre Chile y eso lo recuerdo: “En una plaza liberada me sentaré a llorar por los ausentes”.

¿Participaron de alguna acción armada? No. Las brigadas internacionales, en su enorme mayoría, podían estar cerca de la zona de conflicto con “La Contra” pero no portaban ni usaban armas. Menos aún recibían instrucción. Los Sandinistas no querían problemas internacionales y además, ¿qué podríamos haber aportado desde el punto de vista militar? Nada. Para nosotros, el tema militar era parte de un imaginario colectivo donde el fusil era un símbolo.

¿Continuamos? Por supuesto que continuamos. Lo difícil fue empezar y ya lo hicimos. No paremos. No hay período de mi vida sobre el que haya dado tantas vueltas en mi cabeza. Fueron dos meses en Nicaragua. Después abandoné todo lo que formaba parte de mi vida hasta ese viaje y luego fueron veinte años de silencio. Casi todo cambió. Lo curioso es que en los dos momentos el presidente de Nicaragua sea Daniel Ortega.

Aún no me contaste quienes integraban la brigada? La Tosco estaba compuesta por cinco tipos. Un “Radical” y un “Intransigente”, los dos de la ciudad de Rosario. Un “Peronista” de Capital Federal y dos “Comunistas”, uno de Misiones y yo que venía de La Plata, provincia de Buenos Aires. Los rosarinos eran dos tipos increíbles. Uno, y aclaro que no recuerdo un solo nombre, era unos años más grande que nosotros. Él era de la generación predictadura, el “Intransigente”. El otro, el “Radical”, tenía mi edad. Era muy callado, practicaba judo. Todo un personaje. El más joven del grupo era el de la JP. El flaco anduvo medio perdido y solo pero era solidario y realizó, en cierto sentido, su viaje un poco alejado de nosotros. Al misionero yo lo conocía. Dormí en su casa. Viajé por la FUA a un congreso de estudiantes universitarios de Misiones. Creo que le molestaba que yo fuera su jefe. Se creía con más talento y eso creo que lo tuvo mal todo el viaje. Con todo, jamás tuvimos entre nosotros un sólo problema importante. Éramos un grupo unido y con capacidades variadas. Esto se notaría en la cosecha del café y en las tareas posteriores.


Escribí tu comentario

olga
Abril 28, 2008, 12:41 am, Reportar este Comentario olga dijo

qué bueno que ya subiste la continuación, la estaba esperando desde hace días. Muy interesantes las fotos también. Me gusta este costado autocrítico que está cobrando el texto, y me parece que va bastante a fondo en varios temas. Felicitaciones

omar
Abril 28, 2008, 9:58 pm, Reportar este Comentario omar dijo

Recuperar la verdad del pueblo, de las masas que es mas importante que la de los individuos. Trazar el avance de los heroes, desde la resignacion hasta el triunfo que se sabe no-definitivo, porque tampoco es posible ya ser incocente ante la revolucion. Todo esto equivale a aprender de nuevo multitud de cosas.
Rodolfo Walsh

alfredo-fonticelli

Omar, gracias por la cita de Walsh. Es un enriquecimiento inesperado y saludable. Da para pensar.
gracias

lucio
Abril 29, 2008, 6:44 pm, Reportar este Comentario lucio dijo

esta bueno. viene más?

Clementina

Muy, pero muy bueno el blog. Llegué acá por alguien que te aprecia mucho, “la rubia” le decimos algunos. Nicaragua es un país cuya historia he vivido de alguna forma por lo menos cercana. Un gran amigo tuvo la oportunidad de viajar hace algun tiempo, y sus vivencias allá son de esos recuerdos que nunca llegan a ser tales, por el simple hecho de tenerlos presente en el día a día. Con sus relatos y sus fotos he conoido gente, callecitas y volcanes con olor a azufre. Ahora también me aproximo un poco más gracias a vos. Comparto lo de la cita de Walsh, certera, sin dudas.
Ya tenés un linkito en mi humilde morada.
Saludos.

alfredo-fonticelli

Clementina……. que buena onda eso de darme asilo en tu morada. Nicaragua, “la tan violentamente dulce” nos acompaña de maneras diferentes. Te recomiendo, por si te interesa el tema, una peli que se llama: “Nuestra america”, que se encuentra en los videos de Montevideo. Es la mirada de una Europea que regresa a Nicaragua en busca de unas mujeres de las que sólo tiene un fotograma de una peli que filmó en el 87.

El amigo de Sadam

Calcante predijo que a Aquiles se le daría a escoger entre una vida corta y gloriosa o larga en años y anodina. El héroe de la Ilíada de Homero toma, sin duda, partida. Decide su suerte y la de la batalla. Batalla-también- en la que dieron sus pasos los brigadistas en su propio campo. ¿Cada uno, entrevistador y el entrevistado, hoy se desgajan en dos? ¿Son las interrogantes (inlcuyendo las que enuncio) una manera de conducirse en caminos a pie hacia el pasado y el presente elegido?

la rubia
Mayo 2, 2008, 12:00 pm, Reportar este Comentario la rubia dijo

Otro paso. Seguro. Clementina y el amigo de Sadam, dos seres maravillosos que entienden de q se trata esto. Adelante.

alfredo-fonticelli

la Ilíada otro libro con el que lloré. Sobre todo porque hay un momento en el que dos contrincantes se dan cuenta que son familiares o conocidos y deciden suspender la batalla. Algo de eso viene en este blog sobre presente y pasado.
gracias por la pregunta.

alfredo-fonticelli

Rubia, gracias por tu difusión del blog y por tu ayuda en este y otros textos.
“Se te quiere” (¿esas cosas se escriben en un blog?)

Escríbi tu comentario

Si preferís firmar con tu avatarIniciá sesión

Los comentarios en este blog pueden estar moderados.

En ese caso, el autor del blog tendrá que aprobarlos antes de que sean visibles para la comunidad


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog