El reencuentro de la Tosco

Después de casi 4 años de inicar este blog tomó contacto conmigo un compa de la Tosco. Uno de los rosarinos  que viajó a Nicaragua en esa brigada frentista.  Nos leímos unos mail, nos hablamos por teléfono unas palabras y prometimos seguirla. Cosa que doy por descontado. Días atrás miraba este blog y me preguntaba para que seguirlo.  Este es un motivo. A continuación un texto de Gustavo Martinez, el compa de la Tosco que hoy apareció hoy en este blog, quizás, como un regalo de los magos.

abrazo

Pochormiga: el ángel de la bicicleta

Por Gustavo Martínez

Eran las seis de la tarde del 19 de diciembre de 2001. Claudio Hugo Lepratti, estaba subido al techo de la escuela 756 del barrio Las Flores, en Rosario (Argentina), donde trabajaba de portero. Desde allí les pedía a los policías que dejaran de disparar. A tres cuadras, un grupo de vecinos cortaba la Avenida Circunvalación, pero frente a la escuela no había disturbios. El y sus compañeros tenían miedo por los chicos que entraban al comedor. De pronto, tres policías bajaron de dos autos. Uno disparó su Itaka y una bala atravesó la garganta de Pocho. Así murió, a los 35 años, un tipo al que sus vecinos le cambiaron el apodo por el de El ángel de la bicicleta.

Pocho era y es una hormiga, pero una hormiga muy pero muy especial. Exploradora y a la vez Obrera (altamente calificada), sin mencionar, por supuesto, las tareas de organización interna de los hormigueros y las vinculadas con la capacitación de nuevos líderes comunitarios. En su trabajo de hormiga, localizó los cien lugares del Gran Rosario y del Cordón Industrial donde está el alimento y los materiales necesarios para la construcción del Hormiguero Nuevo, el Hormiguero Grande que otros soñaron: una verdadera Patria donde Todas las hormigas sean Hermanas. Pocho exploraba y señalizaba los caminos que recorría para que todas las hormigas honestas, dignas y luchadoras se fuesen encontrando, compartiendo sus conocimientos, sus experiencias en la construcción, sus fuerzas y todas las reservas que empezaron a guardar cuando el Rey de los hormiguicidas pronunció aquello de que Hay que pasar el invierno (mientras aplicaba el plan del invierno eterno). “- ¡El invierno eterno no existe, si despertamos se va!”  -andaba gritando y predicando el Pocho con su Bicicleta.  – “¡Podemos y debemos construir la Primavera!!!”, para eso usaba su garganta y su sangre esta Hormiga ciclista que pedaleaba y pedaleaba bajo la lluvia, contra el viento, cagándose de frío, de calor y de risa hasta llegar a la otra punta del camino que -para él- era apenitas el inicio de otro y otro.

El Nosotros de Pocho era un nosotros mucho pero mucho más grande que el que podamos pensar y recorrer en auto o en tren. Era un nosotros como de doscientos idiomas, mil religiones y millones de fiestas de cumpleaños y pesebres. No se limitaba a las hormigas negras, rojas, cumbieras, tangueras, grandes, medianas, pequeñas, diestras, zurdas, chuecas. No, él creía en un mundo construido por hormigas granito a granito, donde pudieran vivir cómodamente caballos, grillos, perros, abejas, abogados, unicornios, dentistas, elefantes blancos, psicólogos, pastores alemanes y de los otros también. Y también tenía un plan secreto para vegetarianizar a los hermanos carnívoros e insectívoros, especialmente a los osos hormigueros que con la excusa del neoliberalismo, el fin de la historia y la cadena alimenticia colaboran con el exterminio de hormigas.

Pocho exploraba y señalizaba los caminos como decía, pero mientras tanto hacía el trabajo de obrera transportando pesadas cargas en su mochila que se vaciaba sólo para llenarse nuevamente con auténticos productos regionales.

La mochila de Pochormiga era algo así como un muestrario de hojitas, semillas, boletines, afiches, revistas, y convocatorias de decenas de organizaciones de hormigas rebeldes y solidarias; y en un costado: mate, yerba, gomines, agenda, parches, torta asada o frita, solución y algún paquete de fideos (y una cebolla) para improvisar un guiso.

Cada cosa que sacaba iba acompañada de una sintética, efectiva y particular explicación sobre los autores, sus objetivos y su forma de organización, y por supuesto alguna referencia a la necesidad de apoyar y/o trabajar en conjunto.

En un acto convocado por el Encuentro de Hormigas en defensa de la salud pública (antes del asesinato de Pocho), una Hormiga periodista nos contó que una hormiguita muy chiquita que acompañaba a su mamá en el reclamo desesperado de comida, había recibido como respuesta oficial una bala de goma en la pancita.

Una bala en lugar de alimento, de caricias, cosquillas y mimos. Nos habló de lo tremendo de este hecho por lo simbólico y por cómo desnudaba la perversidad y la crueldad de los planes hormiguicidas.

Ignorábamos, en ese momento, que a las pocas horas, un 19 de diciembre a las 18 horas, en la escuela de uno de los hormigueros más pobre de Rosario, sucedería otro hecho cargado del mismo simbolismo.

Esta vez no fue en la panza. Pocho no reclamaba comida para él, estaba usando su garganta como siempre, para predicar que el invierno eterno es un verso, que podemos y debemos construir la primavera, y exigiendo a viva voz a las hormigas que andan con armas y sin memoria (las que visten uniformes color azul mercenario que es el color más triste de todos) que dejasen de matar y reprimir a quienes deberían estar defendiendo. La garganta de Pocho era para eso, para intentar lo que para otros es imposible; y ahí fue el disparo, no fue a la panza. A la pancita va cuando pedís comida, cuando gritás por los otros va a la garganta.

Hoy pasé por una de las tantas Asambleas de Hormigas, siguen preocupadas por hacerle entender a todas las otras especies cómo y quién era El Pocho, buscan y buscan traducir con palabras y gestos tanto amor y compromiso, tratan de encontrar algún sinónimo, algo que defina a ese flaco despeinado, ex-seminarista, profesor de filosofía, cocinero-murguero-delegado-campamentero-catequista-organizador de no se sabe cuántos grupos de Hormigas.

Si bien sigue el debate (y seguirá), es una necesidad compartir lo que se dijo y también lo que me pareció y quise escuchar.

Pocho era el Taller de Alas de Colibríes que canta Silvio Rodíguez. Era un horno de pan, era El Principito, parecía una carpa para dos personas pero cuando lo conocías era un camping cincuenta estrellas, era un despertador, un multiplicador de panes y guisos, un santo, era como Cristo, como el Ché, un amigo, un hermano, un compañero, El compañero, era como un padre, era el mate cocido calentito para el alma, el espejo para ver todo lo que nos falta comprometernos, un quijote en bicicleta que no perdía el tiempo con los molinos de viento, era el chef guisero de la solidaridad y la cebolla, era el puente, el durazno y el país de Mario Benedetti pero las tres cosas juntas, era el auto que te levanta en la ruta después de hacer diez horas dedo, era la viola de Santana, el charango de Jaime Torres, el violín de Peteco Carbajal, el bandoneón de Pichuco y de Piazzolla. Que sé yo. Era todo eso El Pocho y que quede bien claro que él no se fue: lo fueron, lo mataron, lo fusilaron, lo empalaron, lo crucificaron -como al otro flaco que nunca anduvo en bicicleta- los mismos de siempre, los mismos que asesinaron, torturaron y desaparecieron a toda una generación de Hormigas.

Y ahora andamos con el Pocho por las calles, cargándolo en las pancartas junto a Juan, a Yanina, a Graciela y a todas las Hormigas ejecutadas, cargándolo en las pancartas porque se quedó sin sangre de tanto hacer el amor, como dice Barón.

Eso sí, no era de los que se van así nomás, no te lo decía directamente, pero algo picando dejaba el muy guacho. En las chapas del techo de la escuela donde lo crucificaron alguna Pocheada se mandó. Seguro que esa mancha ahí arriba, el charco seco, es mucho más que eso. Tal vez un mapa, un sueño, una flecha que señala por donde va a llegar el fin del invierno o simplemente algunas tareas o notas de viaje, pero seguro que algo dibujado, escrito o manchado dejó para todas las Hormigas que formaban ese nosotros hermosamente grande que él palpaba, sentía y construía todos los días.

El Tata Dios tendrá que bancarse andar esquivando los piolines de las carpas y soportar celestialmente a la más maravillosa música que es la murga ensayando hasta la madrugada, pero, a lo mejor, podrá enterarse a través de Pocho (si previamente el de allá arriba compromete su apoyo irrestricto e incondicional a la causa) quién es el que anda regalando botellas con un velero enorme adentro sin su permiso y quiénes son los que cuando todos duermen pintan en las paredes del cielo:

los ángeles de lata,

los chicos del pueblo,

las luciérnagas,

las lucecitas,

los Juanes,

las Gracielas,

las Yaninas,

los Cañetes,

los perros,

los huesos,

los ninguneados,

los chuecos,

los lápices,

las Hormiguitas

y los murguistas.

Todos seguimos de pie y luchando.

Gustavo Martinez, no es periodista ni suele frecuentar mundillos literarios. Escribió esta nota para sus hijos Micaela, Santiago y una tercera que aún descansa en el vientre de su mujer.

El dice que lo empuja una buena carga de dolores, de odios y resentimientos que no se ven reflejados en las líneas de este texto. No obstante PocHormiga: el Ángel de la Bicicleta es una traducción de todo eso que siente, mediatizado por sus hijos, por el recuerdo de Pocho, y fruto de un esfuerzo muy grande para procesar tanta pero tanta rabia.

a vuelta de correo

“Saludos Alfredo, por fin puedo enviarte esto.  Estas fotos y los vídeos  los tomé la semana pasada. Existe una señora llamada Danelia, que recuerda clarito a ustedes “los cheles”. Es la hija de un vecino de la hacienda (Q.E.P.D), donde unstedes llegaban a descanzar”.

Así comienza el correo de mi hermano Nicaraguense José Esteban Perez, que al pasar por la zona  de San Ramón se detuvo para fotografiar y filmar este vídeo que habla por si mismo.

un excelente  fin para este blog

aquí les dejo la dirección para verlo:

http://www.youtube.com/watch?v=Yy8EcPQ2FoA

Encuentro de Brigadista del Café en Taguatinga.

Compas realizamos el encuentro de Brigadistas del café en Taguatinga, Brasil, tal cual lo planeado. En el encuentro hubo muchos recuerdos de aquellos años y muchas ganas de retomar, en conjunto, la Solidaridad organizada y constante con Nicaragua.

Nos pueden dar pautas de que se necesita, de quienes están trabajando en estos temas.

Queremos organizar un encuentro de Brigadistas en el 2011 allí, con ud, y convocar a varias brigadas Latinoamericanas y Europeas para hacer de esto un gran evento que reúna nuevamente las miradas sobre la tierra de Sandino

Un abrazo.

Alfredo fonticelli

En camino a Río Blanco

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En camino a Río Blanco desde Juigalpa, paramos para revisar un problema en uno de los camiones.

Mientras estábamos ahí, se aparecieron 2 periodistas estadounidenses preguntándonos si sabíamos algo de un reportero americano que había sido secuestrado. Nos tomaron unas fotos y se fueron. La sorpresa fue que después se aparecieron en la oficina del papá de Pedro y le regalaron la foto. Yo soy el de la izquierda, el de la derecha es mi gran amigo Pedro.

El del centro no sé quien es, le íbamos dando un aventón.

fotos del Barricada

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Gracias por permitir que estas paginas de la historia no sean borradas.  Algún día alguien podrá anexarlas a un libro y que sirvan para que las futuras generaciones sepan que fue defender la patria con honor. Respeto a los lisiados de guerra que deambulan por el mundo, los ven como seres extraños fuera de este mundo, no se dan cuenta que esos camaradas lucharon para que ellos estubieran gozando la libertad que hoy tenemos.

En esta foto sale mi hermano que esta en España: Mario Ampie esta asomando la cabeza, al centro y el otro que esta detras es Hiber tercero con cara de niño, tiene apoyado el brazo derecho sobre el compañero siguiente. Sale franklin caido. qepd

Salen otros camaradas como Huber tercero….al centro: mi persona: Andres Orozco, salgo levantando la mano derecha sentado en la parte inferior el primero de los que estan al frente.

FONTI: si alguien se conoce que lo haga saber y que se anote. un abrazo Andres Orozco Amador.

Da montanha para o meu cantinho, por Viviane

Da montanha para o meu cantinho

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Fiquei um tempão parada diante das palavras de Alfredo sobre sua volta da Nicarágua, sua chegada em Buenos Aires: “Los cinco integrantes de ‘La Tosco’ nos despedimos en un local vacío. Yo no hablé con ellos en 20 años. Nunca. Nicaragua y sus personajes se fueron alejando en el tiempo. Casi podría pensarse que no sucedió.”

A volta da 2ª Brigada ao Brasil, em meados de março de 87, me veio à cabeça imediatamente. Leonardo Severo bem comenta sobre a nossa dispersão no regresso, separados em pequenos grupos ou sozinhos mesmo; alguns tiveram que aguardar uns dias no Panamá, outros viajaram no mesmo dia em vôos diferentes. As malas meio vazias porque doamos quase tudo aos campesinos antes de sair de La Pintada. Eu desembarquei com alguns companheiros em São Paulo, depois de um vôo interminável pela Aeroperu. Era tarde da noite. Os que moravam em São Paulo correram pra casa, outros se apressaram para pegar as conexões para seus estados. Tentei o mesmo, mas não deu certo. Vôo para Florianópolis só no dia seguinte.

Fiquei arrastando a mochila pelo aeroporto. Tomei um cafezinho, fumei até arranhar a garganta (naquele tempo os fumantes ainda não eram criminosos), sentei num banco, depois em outro banco, depois em outro que me pareceu mais confortável. As lojas fecharam, pouquíssima gente circulando. Lá pelas duas da manhã estava pelos tubos. Olhei em volta e havia um cantinho simpático embaixo de uma escada, não tive dúvidas tirei da mochila um edredom branco com florzinhas cor-de-rosa (que eu tive a caradura de levar para a colheita e não doar) estendi no chão, me cobri com uma jaqueta xexelenta rasgada e puída do cafezal; deitei a cabeça naquela mochila onde guardava dobradinho com todo o cuidado umpañuelo rojo y negro, presente de uma compita da Juventude Sandinista, meu “reconocimiento” pela participação na colheita do café, alguns livros de Ernesto Cardenal e um de Omar Cabezas “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”. Lembranças ainda vivas, coração quentinho, dormi pesado. Lá pelas 6 da manhã o guardinha um pouco incomodado, mas gentil, me acordou e fui fazer o check in.

Dias atrás passando por Guarulhos tentei lembrar o lugar exato da escada protetora. Em vão. Roubaram-me. Não tenho a menor idéia aonde foi parar o meu cantinho.

Viviane ( Zumbi dos Palmares-1987)

a) El héroe de la patria, por Homero

El héroe de la patria

Por Homero desde nicaragua

La emboscada

Todo alrededor había quedado en silencio; el olor a pólvora mezclada con carne humana quemada saturaba el ambiente. Me quedé allí; oyendo el llanto de mi hijo recién nacido oliendo la sonrisa de mi esposa acunando a nuestro hijo cumiche.

Había logrado sacar a Pedro; pisó una mina y se le fue por los aires su pierna izquierda.

“No vaya Teniente; no vaya.”

No le hice caso a la tropa, tenía que sacar a mis soldados heridos.

Logré sacar a Timoteo; con las vísceras de fuera sosteniéndolas con su mano derecha ensangrentada para no botarlas.

Pero a Carmelo ya no lo pude sacar; me lo había “echado a tuto” y no calculé bien su peso y caímos en una mina.

Su cuerpo me protegió del impacto y después se me borró todo.

Solo oigo voces, ruidos, gritos.

Olores infernales a sangre y orina en los hospitales.

No se si estoy soñando o estoy en la otra vida.

Desperté muchos días después; no se cuanto tiempo estuve en coma.

¿Y mi pierna derecha? Médico ¿donde está mi pierna?

¿Y mi brazo izquierdo? Enfermera ¿que le hicieron a mi pierna y mi brazo?

Contésteme; es una orden.

¡Oh Dios! No veo bien; solo veo con un ojo; Enfermera, Médico

¿Que pasó con mi ojo izquierdo?

La enfermera solo me quedó mirando con ojos llenos de compasión.

Me eché a llorar como un niño.

¡Mátenme! ¡Mátenme! ¡Médico! ¿Por qué no me dejaron morir?

¿Qué voy a hacer ahora que soy medio hombre?

Habían transcurrido seis meses.

Estuve en el Hospital Militar y nadie me había llegado a visitar de mi familia.

Tuve por compañía una ventana y la luz que se filtraba por ella; de vez en cuando oía algún pajarito cantar por las mañanas; solo eso.

Un día se apareció un General con un grupo de oficiales perfumados y bien vestidos y después de leerme un manifiesto me impusieron la medalla al valor en oro. El grado máximo. Una “Camilo”. Era un Héroe de la Patria.

Al día siguiente me dijeron que me fuera a mi casa; me dieron las gracias y una ayuda económica por parte del ejército por que al ser miliciano reservista voluntario, no tenía derecho a salario alguno.

Me dio risa; me dijeron que firmara un papel y con el lápiz en la mano les puse una “equis” y le dije que así firmaba. Pero no era cierto, me dio pena decirles que nunca había cursado escuela.

Me vistieron de militar, me pusieron mi medalla y me dejaron en la parada de buses que me llevaría hasta cierto punto en la montaña para después coger camino, unas tres horas a pie (antes lo hacía en 45 minutos) para llegar a mi casa.

Un miembro de mi plana me llegó a despedir y me regaló unos anteojos oscuros y me dijo: “Para que se parezca a Steve McQueen.”

Yo no sabía quien era Steve McQueen, después supe que era un actor famoso.

Se miraban bien y me ocultaba el ojo de vidrio que me habían puesto los cubanos.

Por fin había agarrado el bus en el “Mayoreo” que me llevaría a la casa.

Los héroes también viajan en bus.

Subí con cierta dificultad por las gradas del bus.

Las muletas no me dejaban subir por lo estrecho del espacio.

Alguien quiso ayudarme y rechacé la ayuda; soy un militar que puedo valerme solo.

Cuando logré superar las escalinatas; todo el mundo dejó de hacer lo que estaba haciendo.

Se hizo un silencio cargado de miradas de lástima y de admiración.

Mi medalla brillaba como un sol en mi pecho; al menos así lo sentía.

¿Había valido la pena?

Pienso que sí; los que peleamos por la patria sentimos de alguna manera que la sociedad nos debe algo; al menos un reconocimiento por nuestro sacrificio.

Para no ponerme en evidencia ante tantos “civiles” me senté en el primer asiento en la fila derecha del bus; justo detrás de la entrada principal; había un poco mas de espacio y podía acomodar mejor mis muletas y la mochila militar donde llevaba mis pocas pertenencias.

Escuché los murmullos de la gente; pero no le hice caso, era un Héroe de la Patria ¿Qué daño me podían hacer?

No habíamos avanzado mucho tiempo cuando se sentó a mi lado un señor un poco mas mayor que yo; tal vez de unos 35 años y me comenzó a hacer plática.

Al principio no le puse mente; no quería hablar de la muerte de mis compañeros y de como había quedado desgraciado para toda la vida.

El bus paró en Tipitapa; el municipio mas cercano a Managua y una avalancha de vendedores; niños, hombres, mujeres y ancianos se lanzaron encima de las ventanas para ofrecer sus productos.

“Agua helada…agua helada… el fresco, el fresco, el fresco; van las enchiladas, las pupusas, la rosquillas, va querer marchantillaa..”

Un colorido de pregones; mezcla de productos, sudores y calores.

Puufff… estaba acalorado; compré unas rosquillas somoteñas y un fresco de cacao con leche.

Me sofocaba ver tanta gente vendiendo y gritando.

No estaba acostumbrado a los ruidos de la ciudad.

Después de comerme las rosquillas y beberme el freso; cerré el único ojo que tenía y me tiré un “peloncito”.

No quería hablar con nadie; solo quería llegar rápido a mi casa; abrazar a mis hijos y a mi mujer.

Las bocinas de los camiones y buses me despertaron; estábamos en la gasolinera principal de Río Blanco; un pueblo blanco norteño enclavado en la montañas de Matagalpa.

El chofer resopló del calor que le daba la máquina del bus; sacó una toallita de mano de la bolsa de su pantalón y se secó a manotazos el sudor de su cara y cuello.

La toallita desde hace mucho tiempo había perdido su color; estaba totalmente mugre.

No me importó en absoluto; en la guerra hemos andado sin bañarnos por semanas enteras y ya no sentimos el tufo entre nosotros es como si quedara sellado el olfato.

“Señores pasajeros tienen una hora para comer”__ anunció el ayudante del bus.

Bajé del bus un poco mas rápido de como me había subido.

Tenía entumida la pierna.

Miré a un lado y a otro sin poder decidir a qué lugar dirigirme.

Yo solo había estado de paso por ese pueblo de hermosas mujeres blancas; una vez que pasamos en unos camiones del ejército cuando iba con mis tropas a la montaña.

“Disculpe Teniente”__ me habían tocado el hombro suavemente; empuñé rápidamente mi pistola “TT”escondida en la cadera derecha de mi pantalón.

Tranquilo héroe; solo lo vengo a invitar a una cerveza.

Era nuevamente mi acompañante hablador.- Me tendió la mano

“Mucho gusto”._ Me llamo Dionisio.

“Teniente López”__ le dije a secas.

Asentí con la cabeza y nos metimos a una comidería bar cruzando la calle; desde allí podíamos controlar el bus.

Comenzamos a beber; una, dos, tres, ya no me acuerdo cuantas cervezas me bebí.

El bus se había atrasado mas de la cuenta por un desperfecto mecánico y estuvimos bebiendo mas de 3 horas.

Era mi primera borrachera después de 6 meses de estar en ese hospital entre la vida y la muerte.

El bus tocó nuevamente la bocina anunciando su partida.

Me incorporé con mucha dificultad; ya me había quitado la camisa militar; la medalla y mis grados.

Ya no me importaba nada parecerme a cualquier soldado que andaba de “pase”.

Era un lisiado de mierda; jodido no solo por una mina si no por una sociedad que le importaba un “bledo” mi desdicha.

Dionisio pagó la cuenta y me ayudó a montarme al bus; ya tampoco me importaba eso.

Mi orgullo se había quedado en esa cantina.

La llegada a Siuna

Enrumbamos hacia el mineral de Siuna, por un camino pedregoso lleno de baches.
Oscureció; y poco a poco se fueron apagando las voces dentro del bus y el traqueteo de la carrocería alternaba con los ronquidos de uno o dos pasajeros.
Unos niños hurgaban con avidez una bolsa de confites aprovechando el sueño de sus madres.
Cerré el único ojo que tenía y abrí mis oídos.
Un militar nunca puede descuidarse; debe controlar los ruidos y los silencios de la noche.
Me sumí en mis pensamientos; recuerdo cuando llegaron los políticos del Frente a la Escuela San Martín para arengarnos con discursos antimperialistas y conminarnos a que nos integráramos a las tropas del Ministerio del Interior; prometían buena paga, ropa y calzado y un futuro de gloria al servicio de la patria.
Recuerdo que nos integramos 15, todos campesinos; estudiantes que abandonamos la cartilla para ir a la guerra.
Yo venía de Coperna; una cooperativa agraria sandinista ubicada a unos 40 kilómetros de Siuna en dirección al Mineral Rosita.
No tuve ni tiempo de despedirme de mi familia; mandé aviso con uno de mis amigos.
Me acuerdo que firmamos por seis meses y después el Ejército nos reclutó voluntariamente; ninguno de nosotros andaba obligado como otros.
Mi mujer estaba embarazada de mi hijo cumiche.
¿Como será? ¿Se parecerá a su papa?
Entramos a Siuna temprano en la mañana.
Dionisio se había dormido toda el camino y se quejaba de lo entumido que andaba.
El bus estacionó en la única gasolinera que había y buscamos donde desayunar.
Había movimiento de tropas; al parecer la “contra” andaba cerca. Se escucharon algunos disparos de ak en la lejanía.
Me encontré con uno de los políticos que me había reclutado e hizo como que no me había visto.
Un ligero ademán y continuó su camino en una prisa justificada por su vergüenza.
No tenía por qué sentirse mal; así era la guerra. Nadie gana.
Entramos en el Comedor de Estolano y pedimos un desayuno siuneño; gallo pinto; huevos fritos; mortadela; cuajada; tortillas de harina recién hechas; jugo de naranja y un buen café negro.
Nos sentamos a la orilla de la puerta para controlar la salida del bus; no podía quedarme en Siuna; tenía que llegar a mi casa.
No había terminado de acomodarme cuando entraron unos jóvenes y se pusieron a reír de mi desgracia.
Me agarraron asoleado y los traté; les dije que ellos no sabían quien era yo; el Teniente López; Héroe de la Patria y les enseñé con mi única mano mi medalla.
Uno de ellos; la mas jovencita me quedó viendo con sus profundos ojos negros y me dijo:
“Esa es su guerra señor; no la mía.”
Me sirvieron el desayuno y ya no tuve ganas de comer.
La llegada a mi comunidad.

Un helicóptero del Ejército había caído en la pista de Siuna; se que iban a evacuar heridos por que la gente comentaba que desde temprano se estaba combatiendo por “Casas Viejas”. Me quedé viendo el viejo aparato soviético tratando de recordar cómo me habían sacado de la emboscada; pero no recordaba nada; excepto las bombas y las metrallas que estallaban en mi memoria. El bus volvió a reiniciar la marcha; una de las cosas que me impresionó ver eran los campos desolados a lo largo de carretera de macadán. Los campesinos varones habían abandonado sus huertas y se habían ido a la guerra. Sólo encontrabas mujeres, niños y ancianos caminando por la carretera o lavando ropa en los caños y riachuelos. Como pesadillas despiertas azotaban mis pensamientos esos lugares donde habían emboscado a muchos amigos y vecinos. La sangre estaba regada en los caminos y nadie las miraba; solo yo. Cada vez que nos acercábamos a un punto de emboscada; mi corazón se oprimía y me ponía en guardia; tocaba incesantemente la cacha de pistola esperando el mas mínimo movimiento de un enemigo fantasma. Dionisio me miraba y no me decía nada; el sabía lo que era andar en la guerra. Nos habíamos reconocido como hermanos de lucha. Pasamos por Siunawas; Yaoya; Mongallo; Negrowas.

En ese trayecto logré ver por unos momentos la Escuela “San Martín” y mis antiguos compañeros de estudio; no quise dejarme ver. No quería que me vieran con ojos de lástima. El bus paró en Coperna. Mi lugar. Mi cooperativa. Dionisio iba a continuar su viaje hacia Rosita; nos habíamos despedido con un fuerte abrazo y lo invité a que me visitara algún día. No había terminado de bajarme del bus cuando un montón de niños, jóvenes y amigos llegaron a saludarme. Era el reencuentro con mi gente; mi comunidad. Todos nos conocíamos, todos eramos amigos. No había secretos entre nosotros. Me ayudaron a cargar con la mochila; la prótesis en la pierna me estaba haciendo paste. Me llevaron a la Casa Comunal; tocaron insistentemente un riel colgado en una de sus soleras. Era el llamado general; en pocos minutos estaba reconcentrada toda la comunidad; saludándome; abrazándome. Eran como doscientas personas congregadas alrededor de mi persona. Mis ojos se llenaron de lágrimas por primera vez en mucho tiempo. Los niños no dejaban de tocarme la prótesis y el muñon de mi brazo y me preguntaban si no me dolía. Mandaron a matar gallinas y un cerdo; salieron las botellas de cususa y comenzó la fiesta del pueblo. Bebí hasta quedar borracho en un tapesco; no me acuerdo cuanto tiempo dormí. Cuando desperté estaba la vieja Petrona atizando el fuego de la leña para hacer un café. Por fin te despertaste. ¿Quieres un trago de café? ¿Qué hora es Petrona? Son las 8 de la mañana; dormiste la mona toda la noche. Petrona era una de las líderes de la cooperativa; había sido correo de Carlos Fonseca y del “Danto”. Su rancho en las montañas de Matagalpa había sido refugio de los guerrilleros del Frente Norte; hasta que lo quemó la Guardia y mató a toda su familia. Ella se salvó de milagro por que cuando llegaron a su casa; ella se encontraba en una misión clandestina. En lo que me incorporé del tapesco; la Petrona me extendía mi pistola; sabía que la estaba buscando. Estaba entrenada para eso. “Ahora que te jodieron te has vuelto muy confiado” comentó la Petrona en son de broma y sonrió dejando ver los orificios en su dentadura. Había perdido varias piezas dentales; nunca le pregunté qué le había pasado, a las mujeres no les gusta hablar de eso. ¿Petrona y mi mujer? ¿Has visto a mis hijos y a la María? Petrona retiró del fuego la porrita de café; buscó un posillo, lo llenó y me lo ofreció. El café humeaba. Bebete el café y después hablamos.

El héroe de la patria

Después de tres horas de caminar penosamente por una picada que ni las bestias transitaban; llegué a una chocita enclavada en medio de la montaña.

Los primeros en recibirme fueron unos perros famélicos que lastimosamente movían sus colas de un lado al otro olfateando mis botas y mis pantalones enlodados hasta las rodillas.

Estaba reventado; no en balde uno suma años a su vida y el cuerpo como que se destempla y se ponen flácido los músculos y duras las coyunturas de los huesos.

Todo te duele, hasta el último huesito.

¡Buenas…!

Buenas.__ contestaron desde adentro de la chocita.

Salía humo de una chimenea improvisada, el fogonero estaba encendido; podía adivinarse por el chirrido de la leña seca cuando prende lumbre.

Cuatro niños; dos varones y dos mujeres asomaron sus cabecitas desde el hueco que hacía de entrada a la choza y tapándose la boca se ponían a reír en una mezcla de timidez y pena ante la presencia de un hombre extraño como yo.

Pase… pase.__ Oí una voz femenina desde adentro.

¿En qué le puedo servir?

Ando buscando al Teniente López ¿Se encuentra él?

¿Y para qué lo quiere?

La mujer volvió su rostro hacia mí; era una mujer de unos 60 años, fuerte, de buen temple.

Una mujer campesina de esas que cuando nacen se pegan a la teta de la vaca y la dejan seca de leche.

Usted debe ser Doña Tula; hermana de Petrona; le traigo un encargo de ella: unas cuajaditas; unas tortillas recién hechas, café de grano, azúcar, sal, aceite y pan.

“Aquí lo tiene.”___ le dije extendiéndole un saco macen que ya me traía chimado el condenado.

Doña Tula; agarró el saco con cuidado y lo puso en la única mesa de madera que tenía la choza.

Siéntese amigo; allí tiene una pata de gallina. ¿Quiere un poquito de café?

Asentí con la cabeza y me senté a observar los movimientos ágiles de esa mujer; movía los tizones del fogonero con una sola mano; acomodando rápidamente la porrita del café.

Los niños en la entrada observaban.

¡Vayan para afuera a jugar niños!__ ordenó Doña Tula con voz enérgica.__

¡Nada de estar velando a la visita que es mala educación!

Los niños no dejaron que Doña Tula les dijera dos veces la orden y desaparecieron en un santiamén.

Con cierta dificultad puso en la mesa un jarro de café y un pedazo de pan del que había traído y se sentó Doña Tula.

Sabrá usted que el Teniente López ya no está con nosotros.

No. No lo sabía. Contesté en voz baja; mientras apuraba un sorbo de café

¿Mi hermana la Petrona no se lo dijo?

No. No me dijo nada. Solo me dijo que platicara con usted.

Bueno; al pobre hombre solo vainas le habían pasado.

Primero lo jodieron en la guerra, usted sabe. Lo dejaron como mono mal tirado; en pedazos.

Al poco tiempo de eso; lo dejó su mujer, la María, por otro hombre más joven; un ganadero de Río Blanco y se fue “fugada” con él; dejándolo con sus tres hijos mayores: La Ana de 15 años que a los pocos días se la robó un hijo de Tacho y vive por aquí nomás a una hora de camino. La Rosa y Goyito que están afuera jugando. Ella solo se llevó al “cumiche” que nació cuando López andaba movilizado.

¿Y los otros dos niños? Le pregunté. Esos son los míos; los mas pequeños. Los más grandes ya tienen su vida hecha.

¿Cuénteme y qué le pasó al Teniente López?

Pues después que vino a su casa; solo vivía en pleitos con su mujer; ella le reclamaba que por su culpa había quedado desgraciado; sin trabajo y que eso le había perjudicado a ella y a toda la familia.

El hombre después que ella lo abandonó y los dejó con sus 3 hijos mayores comenzó a beber y a beber; no paraba.

Después se le fue la hija mayorcita que era la que atendía las labores de la casa.

Yo le estuve cuidando la casa y los chavalos por un tiempo hasta que la mujer me dijo que ya no me necesitaba y me regresé al pueblo.

Usted sabe que venimos de largo huyendo de la guardia de Somoza.

En eso él tomó la fatídica decisión. Se ahorcó en una solera.

Nos dimos cuenta por que los chavalos caminaron hasta el pueblo a dar aviso.

En la reunión de la Cooperativa se decidió que como yo no tenía donde vivir me viniera para acá y me hiciera cargo de sus hijos. Y aquí estoy, sobreviviendo con lo poco de la siembra y la ayuda que me mandan del pueblo; mas que todo productos básicos como los que usted me trajo.

Nos quedamos en silencio.

Podía sentir en el ambiente ese vacío que solo lo da la miseria; la pobreza extrema.

Saqué un dinero de la cartera y se lo di a Doña Tula: “tome para que se compre algo y le compre algo a los niños.”

“Pero señor; yo no puedo pagarle”._ me dijo la señora.

No me debe nada; este dinero yo se lo debía al Teniente López.

La mujer no muy convencida asintió con un ligero ademán, tomó el dinero, lo envolvió rápidamente en un pañuelito y se lo acomodó en el escote.

Me levanté y le dije que tenía que irme por que no quería que me agarrara la noche en el camino.

Al levantarme pude observar que en una de la paredes de madera rústica de la choza; junto a un rosario, estaba colgada una medalla “Camilo Ortega” en oro. La de un Héroe de la Patria; el Teniente López.

Me despedí salí hacia el patio y le di unos confites a los niños que andaba en la bolsa del pantalón; todos saltaban de alegría.

Por cierto señor ¿Como se llama usted?

Dionisio, Doña Tula. Amigo del Teniente López.

Comencé a caminar en la dirección del pueblo seguido por la mirada de esos niños que no sabían por qué no tenían padre; que no sabían por qué no iban a la escuela; que no sabían, maldita sea, por qué no tenía nada qué comer.

Acompañado en mis pensamientos por el recuerdo de un hombre que su único pecado era haberle servido a su patria: el Teniente López.

Fin

Las cosas tienen movimiento

“Las cosas tienen movimiento”

Una conversación vía mail entre Martín Guevara y Alfredo Fonticelli

Para el 19 de julio yo era aun un peladito de 12 años. Desde entonces integré la asociación de niños Sandinistas, posteriormente me integré a la Juventud Sandinista 19 de julio y en el año 1984 me integré al Ejercito Popular Sandinista como miembro del servicio militar patriótico en la defensa armada de la revolución. Antes participé en la cruzada nacional de alfabetización, y en otras jornadas de la revolución en aquella etapa, en el ejercito fui integrante del Batallón de Lucha Irregular Farabundo Marti donde fui jefe de escuadra, modestia aparte mi unidad de combate fue una de las mejores y mas laureadas del ejercito por su capacidad combativa y calidad de sus combatientes entre ellos varios compañeros Montoneros, del MIR, Uruguayos entre otros como del M-19, así mismo soy militante del F.S.L.N. desde 1985 condición que con orgullo mantengo y defiendo, soy a la vez ingeniero agrónomo especialista en genética vegetal o fito genetista, igualmente soy de la tercera región (Managua) y actualmente trabajo en el sector privado y realmente me va bien en términos económicos.

Te cuento que soy hijo de un Vasco-Argentino, mi padre es hijo de vascos que emigraron a Argentina y mi madre es Nicaragüense, esa combinación pana es complicada y poco común ¡imagínate!!!!!

Nosotros encabezamos al día de hoy un movimiento de excombatientes del ejercito sandinista cuyos objetivos son varios pero el primordial es la defensa de las conquistas de la revolución de antes y ahora, muchos compañeros hoy no están con nosotros o están en la acera del frente y son los peores pero los procesos son así, y hay quienes no entendieron que los hombres son transitorios así como los cargos o bien se acomodaron y se olvidaron de donde venían, hay muchos aspectos que podemos discutir, la verdad es que Sandinismo hay para rato y con mucha frescura pues siguen siendo los jóvenes los que encabezan estos procesos.

En la cruzada nacional de alfabetización fui brigadista. En el campo me tocó enseñar a leer y escribir a 10 compañeros y compañeras campesinos. Fue una tremenda experiencia y pude sacar la jornada de manera satisfactoria pues 8 de 10 quedaron al menos letrados cuando finalizo la campaña.

Mi unidad de combate operaba en la 5ta región que comprende los departamentos de Chontales y Boaco asi como en la 6ta región que comprende los departamentos de Jinotega y Matagalpa, que fue donde tu estuviste, y asi mismo operábamos donde hubiese presencia enemiga pues éramos uno de los 2 batallones del ejercito que cumplían la misión de destino múltiple, éramos un batallón de muy alto nivel académico pues todos éramos estudiantes pre-universitarios y universitarios y por ello éramos uno de los mas temido y mas castigados también por el enemigo, cada compañero mio al menos tuvo entre 70 a 80 combates y claro también nos moríamos, pero de eso no quiero hablar.

Mi rol como jefe de escuadra era la dirección de 9 compañeros en combate y dependía de las capacidades de liderazgo y otras cositas que no se venden en los supermercados la designación de estos cuadros intermedios que al final era en quienes recaía la dirección de las tropas en los combates, perdí en los 2 años a un par de compañeros y yo en una ocasión resulte herido en combate de forma leve lo que me permitió recuperarme y regresar a mis funciones.

Mi padre fue Montonero y vino a Nicaragua después de estar un tiempo exiliado por Venezuela, mi madre allá trabajaba para unos franceses y ahí se conocieron, posteriormente mi padre se integro a la brigada Simon Bolívar que era integrada por compañeros sudamericanos y entro combatiendo con el Frente Sur del FSLN en la ofensiva final contra la dictadura somocista en el 79,el ahora esta tranquilo y vive acá en Nic. se separo de mi madre hace ya algún tiempo pero es un gran compañero, mi madre esta también acá en Nicaragua y ya esta retirada de todos estos bemoles pero ambos siguen siendo sandinistas de a línea dura.

Vivo en Managua, en el centro de la capital en una zona bonita de la ciudad, ha cambiado mucho mi capital en relación a la que conociste, y tengo dos hijos, mi nene se llama: Irati Raiti que son dos montañas, una de Euskadi y la otra de Nicaragua y Xabier Alejandro en memoria de un compañero de infancia caído en combate, ella tiene 7 años y el 19, mi hijo pues le toco comerse los gobiernos neoliberales y a mi nena algo de lo mismo pero ambos conocen una Nicaragua en paz pero con hambre retrazada, aunque ellos no han tenido que pasar ese flagelo por mi condición económica estable si he tratado que se enteren siempre de donde venimos y hacia donde queremos ir y tengo fe en que recogerán la estafeta.

Veamos, perdimos el poder en el 90, pero la revolución siguió y sigue vigente. Hoy en esta nueva etapa sigue habiendo una alta cuota de sacrificio internacionalista, obviamente desde otras perspectivas, el de ustedes fue en un momento histórico irrepetible pues nos toco una de las épocas mas agitadas de la historia reciente, sigue ese esfuerzo aun al día de hoy teniendo validez después de tanto bombardeo mediático, consumista, y por eso te pido: ojo!!! con lo que dicen nuestros adversarios, la mayoría de ellos fueron los que dirigieron los rumbos del país y de la revolución por aquellos días, se acostumbraron al poder y sus delicias y por supuesto que lo añoran y no aceptan que haya una nueva generación que empuje estos cambios.

Si fueron muchos Latinos y algunos europeos, tanto los que murieron como los que se quedaron, yo personalmente conozco a varios, algunos se acompañaron con nicas y formaron pareja otros establecieron sus “negocios de cooperación” (ONG), fíjate bien lo que te escribo pues los europeos sobre todo son mucho mal paridos y con sus doctrinas y países que están para cagar se creen los perfectos y que de alguna manera pueden condicionar nuestro futuro. Para mi son los españoletes modernos, realmente no han cambiado mucho de aquellos que vinieron ya hace varios siglos.

¿Por que se quedaron algunos? Por utopías, por compromiso verdadero, esta es para nosotros una de las revoluciones mas bellas de la historia, no se que criterio tendrás ahora pero si te aseguro que tu esfuerzo, el de Cleo, y resto de la Tosco es invaluable en ese derrame de solidaridad que despertó y despierta nuestra revolución, seguimos alfabetizando, seguimos transformando el consciente colectivo de los Nicaragüenses dignos, y entonces Sandino esta mas presente que nunca.

No se si me quede atrapado en esos sueños, o si es que me volví un romántico pero mira como después de 200 años resurge el pensamiento de Bolívar, entonces la historia le da la razón y nos toca a nosotros rescatarla, la oligarquía en nuestros países nos ha querido privatizar hasta la memoria compañero, entonces hay razones para seguir luchando y con todas las imperfecciones de nuestros procesos pero estamos seguros que son mas justos e incluyentes, por eso se quedaron muchos internacionalistas.

El día después: no jodas!!! que clase de cachimbazo, se me vino el mundo abajo compadre… hijueputa!!!!!!!!!!!! es que de solo recordar me aguevo de nuevo, después ya viendo las cosas mas en calma empecé darme cuenta que era lo mínimo que nos podía ocurrir, el país estaba en coma en términos económicos, la guerra si bien no la teníamos para nada perdida por que la contra ya estaba frita en términos militares, y sus jefes o delincuentes estos no eran mas que una camarilla de mercenarios que se habían quedado con los recursos no tenían ya mayor interés, pues el daño ya estaba hecho a eso agreguémosle los errores concientes o inconcientes de los dirigentes la mayoría de ellos hoy en la oposición queriéndose lavar las manos como buenos fariseos pero además con una gran fortuna acumulada del ejercicio del poder por aquellos años (el poeta basura este de Cardenal, el escritorucho de Ramirez, tantos comandantuchos de guerras no libradas, entre otras ratas saltarinas que al día de hoy se autoproclaman los salvadores de los verdaderos ideales del sandinismo),y los millones de dólares de la CIA, y la campaña mediática y de terror, mas la caída del bloque socialista, puta: estábamos feos para la foto y peor para el video, pero bueno los que nos quedamos acá seguimos y estamos sacando la jornada en medio de todo lo que se pueda decir.

No te entiendo cuando decís que no te quiero hablar de la lucha en el Frente, si es que nosotros no hemos dejado de luchar, las desigualdades son las mismas o peores, los argumentos de lucha siguen vigentes, las historias siguen en pleno desarrollo y claro que en otros escenarios pero es que también nosotros hemos forzado estos nuevos escenarios, sigue la pobreza siendo la mayor causa de tristeza, el analfabetismo, la falta de acceso a los servicios básicos, estos años de neoliberalismo fueron brutales, el retroceso fue salvaje y el progreso para unos pocos y los que se acomodaron, como te dije anteriormente, nos quisieron privatizar hasta la memoria, nos hablaban de futuro y tenían empeñado el presente, ¿me entendes?.

El roll del Frente es y seguirá siendo la reinserción de todos en un proceso incluyente, participativo, no paternalista pero muy humano, los problemas son tantos y las heridas son tan frescas que la gente esta muy susceptible y entonces hay que ir con mucho pulso, el rescate de la memoria histórica de nuestras gestas es una misión mas, llevarla a los mas jóvenes, divulgarla, acompañarla de acciones de gobierno concretas con programas sociales como viviendas de interés social, salud gratuita pero a su vez de calidad, son tantas las acciones y ahí vamos.

Mi primer combate fue en una comarca del Atlántico sur de mi país llamada Piedra Fina, en el municipio de Nueva Guinea, el 28 de Nov. del 84. Yo estaba al mando de la 2a Escuadra del 1er Pelotón de la 2a COI y a pesar de ser nuestro bautismo de fuego estuvo buena la vaina, al final del combate les causamos 12 bajas y desgraciadamente perdimos nuestros 2 primeros compañeros en combate y tres compas heridos, para ese entonces la contra se fajaba, no se corrían tan fácilmente y estaban altamente equipados.

Déjame explicarte que antes yo ya había tenido experiencia militar pero en la reserva o milicias y ya sabia que cosa era un combate pues como reservista en el año 83 tuve un par de refriegas pero no comparable con los combates del BLI, después el batallón fue trasladado mas al norte y ahí la cosa fue mas fuerte y vinieron éxitos y por supuesto fracasos.

Los pertrechos que les quitábamos a los contras muertos les llamábamos “recuperes” y eso le quedaba al compañero que aniquilaba al contra o al que llegara primero al lugar donde estaba el muerto. Tengo aún en mi casa como recuerdos los equipos militares (mochilas, ponchos, cintos, cananas) que recuperé a los mercenarios así como mis medallas.

Te cuento que hay una película sobre mi batallón que realizo un Frances, se llama “TESTIGOS”.

Al final de la guerra y ya sin razones para seguirnos enfrentando militarmente, con la guerra fría en su minima expresión, no habían razones para sostener tantas armas que podían fácilmente caer en manos de personas que le darían otro uso como en efecto ocurrió, entonces lo mas viable era un desarme general y el gobierno de Chamorro realizó algunos intercambios que fueron desde alimentos hasta dinero por cada arma recolectada, esto no significó que muchas las de estas armas fueran a parar a las manos de los “paras” de Uribe y a las guerrillas colombianas, maras y otros grupos delincuenciales que no se adaptaron a las nuevas circunstancias, pero todo quedo en poco, al final los pobres se tornaron más pobres aun, y con armas y sin armas hoy la brecha social es mas ancha.

Mi ultimo cachimbeo fue en Julio de 1986, ya estaba de salida pues había concluido mi periodo de servicio, es mas; ya nuestros mandos nos venían bajando de la montaña al punto de concentración para el regreso a nuestras casas y familias con el dolor y el recuerdo de los hermanos caídos, es difícil volver de una guerra, triste por que los hermanos caídos no marchan a tu lado entonando los himnos de victoria, ver el rostro de sus madres, hermanos, novias, hijos, carajo hermano!!! Eso no se puede expresar en palabras, y alegre por que el regresar te abre una nueva oportunidad y aprendes a valorar cada segundo con los tuyos y de ahí pa’ delante compadre.

Ya para el año 86 “la contra” estaba empezando a mermar su accionar militar pues el efecto de los golpes de nuestro valiente ejercito y la falta de apoyo que empezaba a resentir mas los escándalos como el Irán-Gate, el repudio internacional a la política gringa entre otros factores, les daba menos capacidad de respuesta aunque seguían siendo los criminales de siempre y se dedicaban a la destrucción de la infraestructura productiva, vial, de salud, estaban cayendo en lo que se llamo la derrota estratégica que se culmino con la operación Danto 88 que fue lo que les obligo a sentarse a negociar la paz aunque para esa fecha ya estábamos jodidos todos.

Te aclaro que “la contra” nunca puso en riesgo nuestro control del país, si nos puso en algunos aprietos pero jamás tuvieron control de área alguna del territorio nacional no así de Honduras donde tenían sus santuarios, (siempre Honduras, la prostituta de C.A.), se aguevaron y se fueron desmoronando, no peleaban, se corrían o se desmovilizaban, lo que mas nos jodia eran las emboscadas que era la única forma en que nos hacían daño.

Los jefes se mantenían en Honduras gastando la plata, puteando, negociando, y los soldaditos sin norte o conciencia de la guerra que libraban y esa era la diferencia entre ellos y nosotros.

El Comandante Cero: grande Edén!!!!!, nos echamos algunos tiritos con sus tropas cuando se fue del Frente y organizo su grupo armado, a mi batallón le toco asestarle el golpe mas duro en un lugar llamado La Penca en la zona del Río San Juan, al sur del país, creo que fue al 4ta compañía. Él esta de regreso con nosotros, lo queremos mucho, es un hombre muy digno y valiente, no tiene nada mas que su alma guerrera que esperamos los años no dobleguen y sigue siendo inspiración de muchos que recordamos sus gestas junto a Daniel en el Frente Sur insurreccional.

Edén es muy polifacético pero muy sincero, una gran cualidad que a veces los revolucionarios nos olvidamos de ejercer.