EL REGRESO A CASA
COMO LATA DE SARDINAS.
Primera Parte.
La vida del soldado en el Puesto de Mando del BLI transcurría sin muchas emociones más que la tensión normal y constante de estar en una zona de guerra, y el sueño ligero. Entre la posta nocturna (Apá…. Apá…..tu turno a las dos de la mañana) limpieza, las caminatas eventuales y los interminables baldes de agua para las cocineras (no sé qué hacían con tanta agua estas mujeres heroínas) pasaban los días. La comida era invariablemente, arroz y frijoles, 3 tiempos, 7 días a la semana y aunque no me quejo por haber tenido algo que comer, hay momentos en que la falta de variedad le cierra el estómago a uno. No recuerdo cómo, pero un día logramos que uno de los retaguardieros nos abasteciera con unas latas de sardinas.
Hay 2 tipos de latas de sardinas, las entomatadas y las que simplemente vienen en un aceitito; bueno, estas eran las de aceitito pero al inicio eran un majar, una delicia; después de unas semanas eran intolerables. Pero de nuevo, gracias a Dios que teníamos comida cuando tanta gente en el mundo no la tiene. La situación fue mejor cuando estábamos en el Muelle de los Bueyes, puesto que estábamos muy cerca del pueblo y se podía comprar algún complemento en las pulperías pero después nos movieron a Río Sucio y posteriormente cerca de Río Blanco donde estábamos aislados.
Las latas de sardinas las abríamos con unos abrelatas que venían con las latas de tiros. Eran unos pequeñitos y filosos que eran perfectos para andarlos con uno, hasta eran de color verde olivo. Esas latas de tiro, una vez lavada la grasa, eran las que servían para hacer el cofano (cafecito) en las mañanas, estilo turco, sin filtro.
Cada cierto tiempo, como parte de la Comisión de Apoyo al Combatiente del BLI, íbamos a Managua u otras ciudades, para organizar reuniones con los familiares, traer los “barcos”, cartas, etc. Y creo que fue en una de esas que recibí una llamada por teléfono en mi casa en Managua: Habían traído a un compañero a enterrar y se necesitaba apoyo porque la situación estaba un poco conflictiva. Ni corto ni perezoso y más bien con gusto me puse mi uniforme y esperé que me pasaran trayendo.
Llegamos a Ticuantepe y lo siguiente que recuerdo es que íbamos cargando el ataúd hacia una pequeña capilla. Al parecer tomó unos 3 días para poder sacar a este compañero de la montaña, y por lo tanto venía en estado de descomposición. Esto lo relaciono totalmente con las historias que nos han relatado Frank y Copalar. En ese caso, dentro del ataúd venía otra caja metálica sellada y dentro venía el cuerpo, me imagino que esto era por razones sanitarias. Aún así, el olor se salía y se sentía fuertemente. Como todos aquí lo saben, el olor del humano muerto es diferente del olor del animal muerto, no sé porqué.
El ambiente era hostil, se sentía denso. Me sentía como si estábamos rodeados lo 5 del BLI que estábamos ahí más o menos. Era finales de 1987 o principios de 1988, y como ustedes recordarán la situación política estaba seria, la población en general estaba totalmente cansada de la guerra y en ese preciso momento, nosotros estábamos viviendo una de las razones de este cansancio de la población como era, los caídos en el SMP.
Cuando llegamos al cementerio, hubo una pequeña ceremonia. Recuerdo que el compañero Iván Díaz que era uno de los políticos de las COI del BLI, contó cómo este joven por ser un muchacho alto y recio era el que cargaba con el mortero y cómo se destacaba durante los combates. Al final de su pequeño discurso, gritó un par de consignas que obviamente sólo nosotros contestamos. Después de esto, empezó a ver para todos lados como diciendo “y ahora qué?”. Sólo fueron un par de segundos pero pareció eterno. Y entonces se escuchó “Bueno pues! Que lo abran!”… era el padre del soldado que quería ver si en realidad, el que estaba ahí era su hijo.
Esto fue totalmente inesperado, al menos para mí. Y sin embargo tenía una cierta lógica. Al parecer en Ticuantepe habían enterrado a varios supuestamente, y de repente los muertos se aparecía en la casa que llegaba de vacaciones, o los familiares se daban cuenta que el que había muerto era otro y no su soldado. A mí mismo me “mataron” una vez, realmente el que había muerto era un buen amigo mío y de boca en boca se armó la confusión, más de una vez me dijeron que me creía muerto. En otras ocasiones, se descubría que en lugar de enterrar el cadáver, los familiares habían enterrado una cepa de plátanos o piedras. Lo anterior no me consta en lo absoluto, sin embargo era la creencia general y la gente estaba bien escéptica.
Los del BLI estábamos acompañados aquella mañana por dos miembros de la Comisión de Apoyo al Combatiente de Managua, que fueron los que trajeron el cadáver a Ticuantepe, y ante el requerimiento del padre de abrir la caja (y creo yo que la situación política del país tuvo que ver en eso también) prácticamente saltaron sobre el ataúd. Al parecer no era la primera vez que les pedían que abrieran una caja puesto que andaban sus “abrelatas” y así procedieron, sin delicadeza ni cuidado, burdamente (“sin asco ni bastimento” como decíamos en la jerga cachorril) como si se tratara de una simple lata de sardinas, ni siquiera de las entomatadas. Realmente me pareció como una total falta de respeto para el soldado que estaba dentro, el niño hecho hombre a la fuerza que había pasado por combates, riesgos, hambre, sacrificios, pies desechos, lágrimas y todo tipo de carencias y sacrificios….
La gente que estaba congregada en el cementerio, que eran bastantes; se acercaron todos alrededor del ataúd para ver. Este exceso de curiosidad “cuechera” también me pareció irrespetuoso. Cuando el corte estaba hecho, el tipo levantó la tapa recién cortada de un jalón y en medio del grito de susto del gentío se escuchó: “es él, es él!!” (de nuevo el padre) y se procedió a taparlo de nuevo y enterrarlo.
Contrario a la gente, al ver lo que estaba sucediendo yo más bien me aparté del lugar. Cuando destaparon la caja, la gente salió en desbandada y los que pasaban junto donde yo estaba decían: “hasta que estaba morado, morado….”.
Finalmente, el soldado había llegado a su destino final, al seno de la madre tierra.
Después de ese día, no he vuelto a comer sardinas; ni entomatadas ni de las de aceitito.
EL PUEBLO DE UNA SOLA CALLE.
Segunda Parte.
A pesar de la situación política de finales de los años 80, me parece que la población sabía que nosotros los jóvenes como humanos, no éramos los culpables de lo que estaba sucediendo. Nadie quería más guerra, y nos reconocían como actores de la misma, pero nos tenían cariño y compasión por lo que estábamos viviendo.
Como miembros de la sección política, teníamos también la misión de hacer base social con la población, en este caso de Muelle de los Bueyes, que fue donde estuve la mayoría de mi tiempo en el SOSA. El puesto de mando del BLI estaba ubicado en una loma cerca del puente sobre el río Mico en la carretera al Rama y mis compañeros y amigos para siempre Pedro, Hilario y yo, que éramos “los músicos” participábamos entre otras actividades, en la misa dominical del pueblo. El padre Bernardo Boulang, un francés de más de 6 pies de altura, no era muy apreciado en la población debido a su ideología religiosa que era la de la Teología de la Liberación; eso alguien me lo contó. Sin embargo, las misas siempre estaban llenas y no recuerdo al padre utilizando el altar para lanzar mensajes políticos.
Este puente sobre el río Mico (que entiendo que es el segundo más grande de Nicaragua) estaba en la mira de la contra, y no es casualidad que el Puesto de Mando del SOSA estuviera ahí, aunque los que defendían el puente directamente eran unos COPETES (Compañías Permanentes Territoriales para los que no lo saben o recuerdan).
Nosotros bajábamos algunos domingos, a tocar música en la misa, llegábamos temprano, poníamos los AKA, tiros y pecheras detrás de la puerta y agarrábamos las guitarras. Uno de estos domingos casi al terminar la misa, el Padre Bernardo se disponía a dar los anuncios finales, cuando se fue la luz en todo el pueblo y entonces escuché un fuerte tiroteo no tan lejos de donde estábamos. Creo que Pedro me contó después que el había estado escuchando la balacera desde antes que se fuera la luz.
Como era de esperarse, nosotros saltamos en segundos a coger los fusiles y municiones, y estar listos, pero era difícil saber qué hacer pues no sabíamos qué estaba pasando porque no teníamos comunicación con el puesto de mando… no sabíamos si estaban atacando el puente, o el pueblo o qué, así que lo único que podíamos hacer era esperar. El Padre Bernardo, quien en su juventud vivió la segunda guerra mundial, revivió sus experiencias esa noche y tenía a toda la gente rezando padre nuestros y un rosario a como hacían los sacerdotes en su tiempo de juventud durante la guerra. La tensión se nos miraba en el rostro, la gente empezó a venir llorando donde nosotros a decirnos “no se vayan muchachos, no se vayan…por favor no se vayan…”. Esta fue una de esas escenas donde pude ver que a pesar de la situación política, ideología, etc.,. la población nos tenía aprecio y cariño.
Finalmente el tiroteo cesó. Y Pedro, nos dijo que fuéramos a Telcor a comunicarnos con el PM y avisar que íbamos para allá. Esto es porque el PM del BLI estaba al otro lado del río, y teníamos que cruzar el puente para poder llegar allá y no queríamos que nos confundieran. Así salimos en la oscuridad del pueblo y sin saber que esperar, llegamos al puente e íbamos avisando a gritos que éramos nosotros hasta que llegamos al PM sin novedad.
Tiempo después, cuando nos movilizamos del Muelle hacia Río Sucio, pensé que nunca iba a volver a visitar esa área del país, pero estaba equivocado.
Un día mientras estaba en Juigalpa (“Fuigalpa” para los chontaleños y Boaqueños jeje) llegó uno de los compañeros que creo que era un nuevo político de COI. Venía con el cuerpo de un jefe de pelotón que era permanente del ejército, y al igual que en la historia anterior, me pidió que lo acompañara a entregarlo. La idea era que dos miembros de la Comisión de Apoyo al Combatiente de Juigalpa junto con nosotros dos, íbamos a ir a juntarnos con más gente en La Gateada, quienes iban a estar a cargo de hacer la entrega, notificar a los familiares, etc. Y así partimos hacia el pueblito de donde este compañero era originario: La Batea, a escasos kilómetros del Muelle. Llegamos a La Gateada, y nadie tenía ni p… idea de lo que estaba pasando. Esa desorganización es algo que yo detestaba, sobre todo porque me daba la impresión de que no se le daba la importancia debida a la memoria de este soldado y no en balde a veces la población se mostraba hostil a nosotros. Así que seguimos nuestro camino sólo los cuatro; los dos del SOSA y el cadáver íbamos atrás en uno de esos camiones verde olivo chiquitos.
Finalmente llegamos a La Batea. El pueblito a como lo recuerdo era un pueblo de una sola calle, pedregosa, interminable, cuesta arriba, con casitas a los dos lados, y eso era todo. Quizá había más, pero esa es la impresión que me dio. Llegamos a una casa que creo que era la casa del FSLN y bajamos el ataúd. Al igual que en La Gateada, nadie sabía nada, ni les habían avisado que llegábamos. La gente curiosa empezó a llegar a ver el cuerpo, y nadie reconocía al compañero. En mis adentros yo pensaba, “será que realmente el no es de aquí? Qué vamos a hacer ahora?” hasta que alguien dijo: “……..ahhh ese es el hijo de aquella viejita que vive en aquella casita cerca de la entrada.” Y así se conformó una comisión de mujeres del pueblo para irle a avisar.
En ese momento me di cuenta que los cuatro estábamos metidos dentro de la casa, y me pareció que por razones de seguridad eso no era conveniente. Así que me salí, y al rato de estar afuera escuché un grito. Al principio no sabía que era, pero al tiempo me dí cuenta; era la madre. Venía caminando a llanto partido cuesta arriba por aquella calle pedregosa. En esos momentos el tiempo se hace eterno. Poco a poco se venía acercando la viejita y se entendía más lo que decía entre gritos y sollozos, “mi muchachito!, mi muchachito!…”
Qué hacer en ese momento? Qué cara poner? Qué se le puede decir a una madre en esta circunstancia? Nada, simplemente poner la cara dura, aunque por dentro el corazón esté aguado.
La situación se hace peor, cuando encima de todo……….. la madre te empieza a agradecer…. “Ya no me queda nada en el mundo, pero gracias por habérmelo traído, gracias por no dejar a mi muchachito tirado en la montaña” repetía una y otra vez mientras lloraba sin parar. Creo que fue Copalar quien dijo que nosotros no dejábamos a nuestros muertos en la montaña y Frank en su relato dijo que solamente el amor por los compañeros era lo que les daba la fuerza para cargarlos después de días de muertos en aquellas condiciones y con el cuerpo descomponiéndose. Más de 20 años después, hago llegar a todos el agradecimiento de esta madrecita.
Con un cierto sentido de culpabilidad por no haber podido hacer más por aquella viejecita, me monté al camión y salimos de regreso por aquella misma única calle pedregosa.
EL DESERTOR, LA RAYA, EL DESTINO Y LA VOLUNTAD DE DIOS.
Tercera Parte.
Suena el teléfono…
”Pablo! Te llaman!
- Aló?
- Hijuelacienputas! Comemierda!
- Aló?
- Te fuiste a la mierda y me dejaste aquí como verga! Hijueputa!!!
- Gonzalo?
Siempre me he preguntado porqué algunos estamos aquí y otros no. Porqué hoy nosotros estamos escribiendo sobre ellos y no ellos sobre nosotros? Alguno dirá que es la fuerza del destino, otro que es la voluntad de Dios y alguno que simplemente estos compañeros estaban en “la raya”. Quien viene al encuentro de quien? Vamos nosotros en busca de la muerte? O viene la muerte en busca de nosotros?
Tres meses después de integrarme al SOSA, estaba de regreso en Managua para una visita con los familiares de los soldados y recoger los “barcos”. El que me había llamado era Gonzalo, a quien conocí durante el entrenamiento en los CEM Pancasán y Zinica. Nuestro grupo conformado por universitarios, había sido asignado para trabajar en Managua en la organización del Servicio Militar de Reserva (25-40 años) y ahí pasé mi primer año del SMP, por eso sólo estuve un año en el BLI. Nuestra experiencia en Managua no fue agradable, había mucha corrupción y maltrato, y eso será motivo de otro escrito. Lo que puedo decir por ahora es que de los 4 SMP que estábamos en esa unidad, ya sólo Gonzalo quedaba, no en balde estaba arrecho. Primero se fue Lino, a quien le agarraban unos ataques epilépticos mientras dormía y se caía de la hamaca. Después fue Chinchilla, que se desertó para ir a integrarse a las TGF en el sur. Yo también me deserté de Managua, y casualmente en los días en que estaba buscando el traslado a otra Unidad, apareció mi amigo Pedro y me fui con él al SOSA. Lo peor de todo es que de los 4, el único que tenía algún deseo de ir a la montaña desde el principio, era Gonzalo,
Le dije: “mirá, yo no te puedo garantizar nada pero nosotros salimos tal día de tal lugar, y si vos estás ahí, te montás al camión y te vas con nosotros”. Para mi sorpresa, el día de partida no sólo estaba Gonzalo ahí, sino también Nabuco y El Pelón, dos compañeros que también entrenaron con nosotros y eran de otras unidades de Managua. Al llegar al PM los mandaron al área donde estaba Transporte del BLI y ahí esperaron por un mes, hasta que al fin pudieron ser trasladados por helicóptero donde se encontraban las tropas. Un més después de eso, el PM se trasladó a Río Sucio adelante de Santo Domingo en Chontales y mientras estábamos chapodando y escuchando radio Ya, escuchamos la noticia de la caída en combate de Gonzalo. En estado de shock, nos sentamos por un momento en silencio.
Siempre había pensado que el destino de Gonzalo era el de ser un gran dirigente de la Revolución, era un joven muy inteligente y preparado y con una gran convicción.
—–
El riesgo estaba presente por todas partes. Aún en el puesto de mando, alguna vez un soldado tiró una granada en un momento de locura. Otra vez durante una visita de familiares en Villa Sandino, estábamos cantando y tocando guitarra en rueda, y aquel Petro que decían que era panameño, estaba insistiendo que cantáramos “la muerte del gallero” y si no lo hacíamos iba a tirar una granada. Como estaba bolo no le hicimos caso, y al rato se apareció con la espoleta en la mano. Al parecer tiró la granada y esta no estalló. De vez en cuando, a más de alguno se le fue un disparo que bien pudo haber sido fatal. O más bien, fue fatal.
Eran como las 4 o 5 de la mañana cuando se escuchó un disparo. El PM todavía estaba en Muelle de los Bueyes para ese entonces. Lo escuché y luego volví a dormir, pero minutos después se escuchó que llegaba un camión. El compañero que estaba haciendo posta en el área de Transporte se había pegado un tiro en la cara. Nadie sabe como fue, y el no estaba en condiciones de contarlo. El riesgo estaba por todos lados. Se organizó un grupo para llevarlo a Santo Tomás a un Centro de Salud, y así salimos.
Este compañero era uno de los chóferes, o quizá era mecánico. Era un individuo callado, serio y misterioso. Era del área de Los Pueblos en Carazo. Los que lo conocían decían que era brujo y que sabía preparar la bebida de Macuá para conquistar a las mujeres. Ahora iba acostado boca abajo en el piso del camión bajo la lluvia de Zelaya Sur, un sanitario le iba poniendo suero. El cuerpo se movía cuando pasábamos los baches del camino y de vez en cuando resoplaba, y ese era el único signo de vida que mostraba.
Yo me senté en una esquina del camión, y lo único que se me ocurrió hacer fue pedirle a Dios por él, orar por el muchacho. Eso hice por todo el camino. Finalmente llegamos a Santo Tomás y esperamos un rato ahí. Alguien dijo “aquí está, venga a ver!” En el cuarto donde lo estaban tratando, una cortina estaba corrida y se podía ver lo que pasaba adentro. Se le podía ver la cara, estaba irreconocible, inflamadísimo, como pelota de futbol.
Al rato emprendimos el camino de regreso. Cuando llegamos al puesto de mando para darle el reporte al Capitán Palacios, más bien él nos estaba esperando: “Murió el compita” nos dijo. Bajé la cabeza y pensé para mis adentros que quizá esa era la voluntad de Dios para él.
——
Aquella mañana salimos tempranito. Había llegado al PM un oficial que no conocíamos (creo que era de la CIM), y al parecer nos iba a guiar en una misión. Todavía estábamos cerca del pueblo cuando nos encontramos con el Padre Bernardo. Iba montado en un caballito que le daban los campesinos, y era risible ver cómo llevaba los pies casi arrastrados en el suelo de tan alto que era él y tan pequeño el caballo. El grupo estaba compuesto más que todo por soldados de los que nos manteníamos en el PM (chóferes, retaguardieros, etc.) pero también algunos de las tropas que estaban ahí transitoriamente por diversas razones, entre ellos Baquita. Se podía ver fácilmente quién era quién, porque los soldados con experiencia casi no iban enlodados, y el resto llevábamos lodo hasta dentro de los oídos. Después de algunas horas de camino sobre aquella alfombra de lodo, nos encontramos con un jinete. Yo lo reconocí porque era el padre en una familia del Muelle que era amiga nuestra, conocíamos a su esposa y sus hijas y de vez en cuando nos regalaban tortilla con cuajada y hasta desayunamos en su casa más de una vez. Lo que no me gustó fue cuando dijo.. “Ayyyy Pablitooo…..”. Llegamos a una casa que tenía pintas de la contra por todos lados. En la grama enlodada se podía ver que por ahí había pasado una fuerte cantidad de gente…. Preguntamos si habían visto movimiento de contras por ahí recientemente, y la respuesta fue la clásica, “hace como 7 meses vimos a unos que pasaron por aquél cerro allá..”
.
Finalmente subimos a un cerro y nos desplegamos. La orden era disparar a otro cerro donde no se veía nadie, pero bueno, órdenes son órdenes. Me dijeron que había que apuntar a una casita que se veía a la distancia. Me acuerdo que yo disparé un magazín completo y después hubo un silencio, en el que sólo se oía el eco de los disparos resonando en las montañas.
Al rato vino la respuesta, una lluvia de balas que yo obviamente jamás había experimentado en mi vida, Baquita me explicó que ese “chop, chop” que se escuchaba eran las balas al enterrarse en el terreno. Respondimos al fuego. Creo que la idea de esa misión era solamente tentar a ese grupo contra como para tener una idea de su tamaño, ya que después de eso nos retiramos. Aquella noche, Baquita me entregó la posta pero en lugar de irse a dormir, se quedó platicando conmigo. Al rato se nos sumó Pablo Emilio “El Apache”, Político del Batallón, creo que hasta hice más posta de la cuenta aquella noche. Baquita era chaparrito, y alguien mencionó en otra parte de este blog que siempre andaba con unas botas demasiado grandes para su tamaño, sin embargo a pesar de ser pequeño, era grande como persona y siempre estaba alegre y jodiendo. Entre otras cosas, me contó que aquél día le habíamos hecho dos bajas a la contra.
Después de Río Sucio, nos trasladaron a un lugar conocido como La Pedrera, adelante de Río Blanco. Creo que eso fue a principios del 88, y ya se acercaba el mes de Abril, cuando finalmente iba a terminar mis dos años de servicio. Baquita era parte de ese grupo. Después de las actividades matutinas, agarré mi plato y mi cuchara y me fui a hacer fila para el desayuno, faltaban tan sólo 2 semanitas para terminar!, y uno como que respiraba más tranquilo y se sentía alegre. Delante de mí estaba una compañera sanitaria, y ví que estaba llorando. “Baquita” me dijo.
Se me quitó el hambre.
Al parecer, un pequeño grupo de contras los había atacado mientras se preparaban a descansar la tarde anterior. No sé si fue mala suerte, la raya o simplemente una maldita coincidencia. Al parecer mientras el se agachaba para recoger sus pertrechos, una bala lo alcanzó en la cabeza. Baquita había resistido toda la noche y finalmente se rindió en la madrugada. Se organizó un grupo para ir a buscar el cuerpo y yo fui parte de ese grupo.
Durante el día nos movilizamos de un lado a otro en los camiones. Llegábamos a un lugar, nos desplegábamos. Esperábamos unas horas y nos volvíamos a mover. Finalmente, ya tarde estábamos desplegados a lo largo de una loma cerca de la trocha. Creo que el área donde estábamos esperando se llamaba La Uló o Cara de Mono. Nos habían dicho que durante el día, el grupo que traía el cuerpo de Baquita había sido emboscado, quizá por los mismos que le dieron muerte. De pronto en el cerro frente a nosotros, se vio un movimiento… los primos! Sin embargo la orden era de no hacer nada.
Y como las 6 de la tarde, ya estaba oscuro. La única luz era la de uno de los camiones que nos había transportado. Finalmente empezaron a aparecer los compañeros que traían el cuerpo, pasaban frente al camión frente a aquella luz. Todos los que iban llegando se sentaban a descansar, tras de un día de caminata en la que fueron emboscados y de mal dormir la noche anterior después del ataque en el que Baquita fue herido. Mi misión era la de recoger la información sobre el suceso, y lo que recuerdo que me dijeron es que él fue herido en la comarca de Wanawás, mientras trataba de recoger sus pertrechos ante el sorpresivo ataque. Finalmente aparecieron los que traían el cuerpo, envuelto en la clásica hamaca de saco macen y atado a un tronco, cargado entre dos. Recuerdo como que fue ayer cuando pasaron con el cuerpo frente a aquella única luz, hasta parecía que era en cámara lenta. Partimos inmediatamente de regreso a La Pedrera cerca de Río Blanco, donde estaba la retaguardia del BLI. Al llegar, Pedro me avisó que inmediatamente partíamos hacia Matagalpa, y al día siguiente hacia Managua, a organizar y participar en las honras fúnebres del gran Baquita. Tan sólo faltaban 2 semanas para que él fuera desmovilizado con el resto de nosotros….
Después de esto, volvimos a La Pedrera, llevamos a los desmovilizados a Juigalpa y los de la Sección Política o Apoyo al Combatiente, regresamos una vez más a La Pedrera para preparar documentos de desmovilización hasta que finalmente fue nuestro turno de decir adiós al SOSA, o simplemente, hasta luego.
FIN
Palabras finales:
Cuando me veían con mis amigos durante mi tiempo en el SMP, me preguntaban acerca de la guerra. Yo empezaba a contarle estas historias y más, porque como ustedes saben a uno le dan ganas de hablar. A veces, en cuestión de minutos me daban un par de palmaditas en la espalda y daban la vuelta, y yo pensaba para mis adentros, “será que creen que estoy loco?” Obviamente la curiosidad se les desvanecía al empezar a escuchar de muerte y madres llorando. Llegué a la conclusión de que estas historias solamente nosotros las entendemos, para alguien que no vivió la experiencia estas cosas no tienen sentido.
Al salir del SMP, mi idea era la de reintegrarme a la vida civil, continuar mis estudios de Arquitectura y pasar tiempo con mi familia. El primer mes, es en el que uno salta cuando hay un ruido fuerte, y camina debajo de la lluvia como si no pasara nada. Un día al regresar de la calle me dijeron mis hermanos que un militar había llegado a buscarme. El tipo llegó otra vez al día siguiente y esta vez sí me encontró, me traía una orden de movilización para el Servicio Militar de Reserva, en el cual yo ya estaba ascendido a Jefe de Escuadra. Yo ni siquiera tenía los 25 años. Para mí fue bastante chocante; apenas acababa de salir un mes atrás y ya me iban a movilizar de nuevo. Lo que hice fue esconderme hasta que finalmente se olvidaron de mí.
Debido a esas experiencias, decidí enlatar todos estos recuerdos y meterlos dentro de un ataúd. Se acabó, ya pasó, nunca más dije. Pero no puedo negar que a lo largo de estos 20 y tantos años que han pasado, de vez en cuando el olor a muerto se salía de la lata como aquella vez en Ticuantepe. A veces ese olor se convertía en sueños, donde yo iba huyendo de una persecución vestido con mi camufle.
Hace como dos semanas, mientras navegaba en la Internet, me encontré por casualidad con fotos de Baquita y Gonzalo. Ese día lo pasé inquieto. Me parece mentira la cara de chavalito que tenían los dos. En la noche, ya en mi casa cuando llegó mi esposa del trabajo le dije que viniera a ver las fotos de mis amigos: “Este es Baquita, y este es Gonzalo….” Y ahí sí que no pude más. Volví la cara hacia otro lado porque me daba pena que mi hijita me viera llorando. De repente me convertí en aquel padre de Ticuantepe: “Bueno pues! Que lo abran!!” y saqué mi abrelatas verdeolivo de sardinas y destapé la lata para que salieran los recuerdos… y aquí los estoy compartiendo con ustedes.
Gracias a todos por seguir la historia y escucharme, un abrazo amigos.
Pablo
PD: Sabía que se me había olvidado algo, y es que a mi llegada al BLI el Capitán Palacio me bautizó como “Apá”, porque la manera como yo usaba mi sombrero le recordaba aquel programa de los Osos Montañeses.
PD2: Se me ocurre que junto al relato también debería ir el comentario del Capitán Palacios sobre “El Chinta”. Me parece que es un magnífico complemento a mi historia.
“Recuerdo a ese compa que era de la Batea, el cayo en una emboscada con minas claymore creo que en las montañas de la palma entre Waspuck y Río grande de Matagalpa, le decíamos el Chinta, ya se imaginan porque. el se incorporo con nosotros como Jefe de escuadra y por su coraje y valentía y capacidad de mando y dirección lo promoví a Jefe de Pelotón, fíjense que ese compa no sabia leer, pero su intuición de campesino y hombre de combate lo hacia sobresalir como buen cuadro de mando. recuerdo clarito que dos días antes de caída habíamos matado 15 guardias que los arrinconamos en el Kurinwason cuando estaban cruzando el río, andaban bien abastecidos y luego en el recupere me dijeron capi, como vamos a distribuir los pertechos, y les dije, quien fue el mas destacado, y todos coincidieron EL JEFE CHINTA, CAPI, entonces recuerdo que le di botas junglas nuevecitas, charro pinto cuerales, mochilla, arneses, fajon, cananas, cantimplora dos uniformes camufles nuevecitos, capote hamaca y frazada impermeable, puta el chinta lloraba de alegre, me llego a abrazar y me dijo jefe, este es el mejor regalo que he tenido en mi vida, mas que medalla y ascenso, porque para mi representa mas que eso porque todo esto lo debo a los cachorros que andan en mi pelota, sin ellos, los permatex no seriamos nada. fíjense que eso ocurrió en 1986 creo y me parece que los estoy escuchando como si fuera ahorita, el chinta después de ese reconocimiento cayo dos días después en una emboscada.
mis respetos para el chinta y muchos chintas y cachorros que derramaron su sangre en las montañas de Nicaragua defendiendo un proyecto del que estábamos claro que era para beneficio de nuestro pueblo, ahora estamos viendo los resultados de ese sacrificio, cuando vemos nuestro gobierno llevando diferentes programas a favor de nuestro pueblo.
saludos cachorros.
Silvio Palacio

en la foto yo soy el que esta de pie con la ametralladora, que era del que esta sentado detrás de mi riéndose porque estoy posando con ella.
Tomada en Matiguas, en 1988.
En camino a Río Blanco desde Juigalpa, paramos para revisar un problema en uno de los camiones. Mientras estábamos ahí, se aparecieron 2 periodistas estadounidenses preguntándonos si sabíamos algo de un reportero americano que había sido secuestrado. Nos tomaron unas fotos y se fueron. La sorpresa fue que después se aparecieron en la oficina del papá de Pedro y le regalaron la foto. Yo soy el de la izquierda, el de la derecha es mi gran amigo Pedro. El del centro no sé quien es, le íbamos dando un aventón.