El reencuentro de la Tosco

Después de casi 4 años de inicar este blog tomó contacto conmigo un compa de la Tosco. Uno de los rosarinos  que viajó a Nicaragua en esa brigada frentista.  Nos leímos unos mail, nos hablamos por teléfono unas palabras y prometimos seguirla. Cosa que doy por descontado. Días atrás miraba este blog y me preguntaba para que seguirlo.  Este es un motivo. A continuación un texto de Gustavo Martinez, el compa de la Tosco que hoy apareció hoy en este blog, quizás, como un regalo de los magos.

abrazo

Pochormiga: el ángel de la bicicleta

Por Gustavo Martínez

Eran las seis de la tarde del 19 de diciembre de 2001. Claudio Hugo Lepratti, estaba subido al techo de la escuela 756 del barrio Las Flores, en Rosario (Argentina), donde trabajaba de portero. Desde allí les pedía a los policías que dejaran de disparar. A tres cuadras, un grupo de vecinos cortaba la Avenida Circunvalación, pero frente a la escuela no había disturbios. El y sus compañeros tenían miedo por los chicos que entraban al comedor. De pronto, tres policías bajaron de dos autos. Uno disparó su Itaka y una bala atravesó la garganta de Pocho. Así murió, a los 35 años, un tipo al que sus vecinos le cambiaron el apodo por el de El ángel de la bicicleta.

Pocho era y es una hormiga, pero una hormiga muy pero muy especial. Exploradora y a la vez Obrera (altamente calificada), sin mencionar, por supuesto, las tareas de organización interna de los hormigueros y las vinculadas con la capacitación de nuevos líderes comunitarios. En su trabajo de hormiga, localizó los cien lugares del Gran Rosario y del Cordón Industrial donde está el alimento y los materiales necesarios para la construcción del Hormiguero Nuevo, el Hormiguero Grande que otros soñaron: una verdadera Patria donde Todas las hormigas sean Hermanas. Pocho exploraba y señalizaba los caminos que recorría para que todas las hormigas honestas, dignas y luchadoras se fuesen encontrando, compartiendo sus conocimientos, sus experiencias en la construcción, sus fuerzas y todas las reservas que empezaron a guardar cuando el Rey de los hormiguicidas pronunció aquello de que Hay que pasar el invierno (mientras aplicaba el plan del invierno eterno). “- ¡El invierno eterno no existe, si despertamos se va!”  -andaba gritando y predicando el Pocho con su Bicicleta.  – “¡Podemos y debemos construir la Primavera!!!”, para eso usaba su garganta y su sangre esta Hormiga ciclista que pedaleaba y pedaleaba bajo la lluvia, contra el viento, cagándose de frío, de calor y de risa hasta llegar a la otra punta del camino que -para él- era apenitas el inicio de otro y otro.

El Nosotros de Pocho era un nosotros mucho pero mucho más grande que el que podamos pensar y recorrer en auto o en tren. Era un nosotros como de doscientos idiomas, mil religiones y millones de fiestas de cumpleaños y pesebres. No se limitaba a las hormigas negras, rojas, cumbieras, tangueras, grandes, medianas, pequeñas, diestras, zurdas, chuecas. No, él creía en un mundo construido por hormigas granito a granito, donde pudieran vivir cómodamente caballos, grillos, perros, abejas, abogados, unicornios, dentistas, elefantes blancos, psicólogos, pastores alemanes y de los otros también. Y también tenía un plan secreto para vegetarianizar a los hermanos carnívoros e insectívoros, especialmente a los osos hormigueros que con la excusa del neoliberalismo, el fin de la historia y la cadena alimenticia colaboran con el exterminio de hormigas.

Pocho exploraba y señalizaba los caminos como decía, pero mientras tanto hacía el trabajo de obrera transportando pesadas cargas en su mochila que se vaciaba sólo para llenarse nuevamente con auténticos productos regionales.

La mochila de Pochormiga era algo así como un muestrario de hojitas, semillas, boletines, afiches, revistas, y convocatorias de decenas de organizaciones de hormigas rebeldes y solidarias; y en un costado: mate, yerba, gomines, agenda, parches, torta asada o frita, solución y algún paquete de fideos (y una cebolla) para improvisar un guiso.

Cada cosa que sacaba iba acompañada de una sintética, efectiva y particular explicación sobre los autores, sus objetivos y su forma de organización, y por supuesto alguna referencia a la necesidad de apoyar y/o trabajar en conjunto.

En un acto convocado por el Encuentro de Hormigas en defensa de la salud pública (antes del asesinato de Pocho), una Hormiga periodista nos contó que una hormiguita muy chiquita que acompañaba a su mamá en el reclamo desesperado de comida, había recibido como respuesta oficial una bala de goma en la pancita.

Una bala en lugar de alimento, de caricias, cosquillas y mimos. Nos habló de lo tremendo de este hecho por lo simbólico y por cómo desnudaba la perversidad y la crueldad de los planes hormiguicidas.

Ignorábamos, en ese momento, que a las pocas horas, un 19 de diciembre a las 18 horas, en la escuela de uno de los hormigueros más pobre de Rosario, sucedería otro hecho cargado del mismo simbolismo.

Esta vez no fue en la panza. Pocho no reclamaba comida para él, estaba usando su garganta como siempre, para predicar que el invierno eterno es un verso, que podemos y debemos construir la primavera, y exigiendo a viva voz a las hormigas que andan con armas y sin memoria (las que visten uniformes color azul mercenario que es el color más triste de todos) que dejasen de matar y reprimir a quienes deberían estar defendiendo. La garganta de Pocho era para eso, para intentar lo que para otros es imposible; y ahí fue el disparo, no fue a la panza. A la pancita va cuando pedís comida, cuando gritás por los otros va a la garganta.

Hoy pasé por una de las tantas Asambleas de Hormigas, siguen preocupadas por hacerle entender a todas las otras especies cómo y quién era El Pocho, buscan y buscan traducir con palabras y gestos tanto amor y compromiso, tratan de encontrar algún sinónimo, algo que defina a ese flaco despeinado, ex-seminarista, profesor de filosofía, cocinero-murguero-delegado-campamentero-catequista-organizador de no se sabe cuántos grupos de Hormigas.

Si bien sigue el debate (y seguirá), es una necesidad compartir lo que se dijo y también lo que me pareció y quise escuchar.

Pocho era el Taller de Alas de Colibríes que canta Silvio Rodíguez. Era un horno de pan, era El Principito, parecía una carpa para dos personas pero cuando lo conocías era un camping cincuenta estrellas, era un despertador, un multiplicador de panes y guisos, un santo, era como Cristo, como el Ché, un amigo, un hermano, un compañero, El compañero, era como un padre, era el mate cocido calentito para el alma, el espejo para ver todo lo que nos falta comprometernos, un quijote en bicicleta que no perdía el tiempo con los molinos de viento, era el chef guisero de la solidaridad y la cebolla, era el puente, el durazno y el país de Mario Benedetti pero las tres cosas juntas, era el auto que te levanta en la ruta después de hacer diez horas dedo, era la viola de Santana, el charango de Jaime Torres, el violín de Peteco Carbajal, el bandoneón de Pichuco y de Piazzolla. Que sé yo. Era todo eso El Pocho y que quede bien claro que él no se fue: lo fueron, lo mataron, lo fusilaron, lo empalaron, lo crucificaron -como al otro flaco que nunca anduvo en bicicleta- los mismos de siempre, los mismos que asesinaron, torturaron y desaparecieron a toda una generación de Hormigas.

Y ahora andamos con el Pocho por las calles, cargándolo en las pancartas junto a Juan, a Yanina, a Graciela y a todas las Hormigas ejecutadas, cargándolo en las pancartas porque se quedó sin sangre de tanto hacer el amor, como dice Barón.

Eso sí, no era de los que se van así nomás, no te lo decía directamente, pero algo picando dejaba el muy guacho. En las chapas del techo de la escuela donde lo crucificaron alguna Pocheada se mandó. Seguro que esa mancha ahí arriba, el charco seco, es mucho más que eso. Tal vez un mapa, un sueño, una flecha que señala por donde va a llegar el fin del invierno o simplemente algunas tareas o notas de viaje, pero seguro que algo dibujado, escrito o manchado dejó para todas las Hormigas que formaban ese nosotros hermosamente grande que él palpaba, sentía y construía todos los días.

El Tata Dios tendrá que bancarse andar esquivando los piolines de las carpas y soportar celestialmente a la más maravillosa música que es la murga ensayando hasta la madrugada, pero, a lo mejor, podrá enterarse a través de Pocho (si previamente el de allá arriba compromete su apoyo irrestricto e incondicional a la causa) quién es el que anda regalando botellas con un velero enorme adentro sin su permiso y quiénes son los que cuando todos duermen pintan en las paredes del cielo:

los ángeles de lata,

los chicos del pueblo,

las luciérnagas,

las lucecitas,

los Juanes,

las Gracielas,

las Yaninas,

los Cañetes,

los perros,

los huesos,

los ninguneados,

los chuecos,

los lápices,

las Hormiguitas

y los murguistas.

Todos seguimos de pie y luchando.

Gustavo Martinez, no es periodista ni suele frecuentar mundillos literarios. Escribió esta nota para sus hijos Micaela, Santiago y una tercera que aún descansa en el vientre de su mujer.

El dice que lo empuja una buena carga de dolores, de odios y resentimientos que no se ven reflejados en las líneas de este texto. No obstante PocHormiga: el Ángel de la Bicicleta es una traducción de todo eso que siente, mediatizado por sus hijos, por el recuerdo de Pocho, y fruto de un esfuerzo muy grande para procesar tanta pero tanta rabia.

a vuelta de correo

“Saludos Alfredo, por fin puedo enviarte esto.  Estas fotos y los vídeos  los tomé la semana pasada. Existe una señora llamada Danelia, que recuerda clarito a ustedes “los cheles”. Es la hija de un vecino de la hacienda (Q.E.P.D), donde unstedes llegaban a descanzar”.

Así comienza el correo de mi hermano Nicaraguense José Esteban Perez, que al pasar por la zona  de San Ramón se detuvo para fotografiar y filmar este vídeo que habla por si mismo.

un excelente  fin para este blog

aquí les dejo la dirección para verlo:

http://www.youtube.com/watch?v=Yy8EcPQ2FoA

Encuentro de Brigadista del Café en Taguatinga.

Compas realizamos el encuentro de Brigadistas del café en Taguatinga, Brasil, tal cual lo planeado. En el encuentro hubo muchos recuerdos de aquellos años y muchas ganas de retomar, en conjunto, la Solidaridad organizada y constante con Nicaragua.

Nos pueden dar pautas de que se necesita, de quienes están trabajando en estos temas.

Queremos organizar un encuentro de Brigadistas en el 2011 allí, con ud, y convocar a varias brigadas Latinoamericanas y Europeas para hacer de esto un gran evento que reúna nuevamente las miradas sobre la tierra de Sandino

Un abrazo.

Alfredo fonticelli

En camino a Río Blanco

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En camino a Río Blanco desde Juigalpa, paramos para revisar un problema en uno de los camiones.

Mientras estábamos ahí, se aparecieron 2 periodistas estadounidenses preguntándonos si sabíamos algo de un reportero americano que había sido secuestrado. Nos tomaron unas fotos y se fueron. La sorpresa fue que después se aparecieron en la oficina del papá de Pedro y le regalaron la foto. Yo soy el de la izquierda, el de la derecha es mi gran amigo Pedro.

El del centro no sé quien es, le íbamos dando un aventón.

fotos del Barricada

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Gracias por permitir que estas paginas de la historia no sean borradas.  Algún día alguien podrá anexarlas a un libro y que sirvan para que las futuras generaciones sepan que fue defender la patria con honor. Respeto a los lisiados de guerra que deambulan por el mundo, los ven como seres extraños fuera de este mundo, no se dan cuenta que esos camaradas lucharon para que ellos estubieran gozando la libertad que hoy tenemos.

En esta foto sale mi hermano que esta en España: Mario Ampie esta asomando la cabeza, al centro y el otro que esta detras es Hiber tercero con cara de niño, tiene apoyado el brazo derecho sobre el compañero siguiente. Sale franklin caido. qepd

Salen otros camaradas como Huber tercero….al centro: mi persona: Andres Orozco, salgo levantando la mano derecha sentado en la parte inferior el primero de los que estan al frente.

FONTI: si alguien se conoce que lo haga saber y que se anote. un abrazo Andres Orozco Amador.

Da montanha para o meu cantinho, por Viviane

Da montanha para o meu cantinho

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Fiquei um tempão parada diante das palavras de Alfredo sobre sua volta da Nicarágua, sua chegada em Buenos Aires: “Los cinco integrantes de ‘La Tosco’ nos despedimos en un local vacío. Yo no hablé con ellos en 20 años. Nunca. Nicaragua y sus personajes se fueron alejando en el tiempo. Casi podría pensarse que no sucedió.”

A volta da 2ª Brigada ao Brasil, em meados de março de 87, me veio à cabeça imediatamente. Leonardo Severo bem comenta sobre a nossa dispersão no regresso, separados em pequenos grupos ou sozinhos mesmo; alguns tiveram que aguardar uns dias no Panamá, outros viajaram no mesmo dia em vôos diferentes. As malas meio vazias porque doamos quase tudo aos campesinos antes de sair de La Pintada. Eu desembarquei com alguns companheiros em São Paulo, depois de um vôo interminável pela Aeroperu. Era tarde da noite. Os que moravam em São Paulo correram pra casa, outros se apressaram para pegar as conexões para seus estados. Tentei o mesmo, mas não deu certo. Vôo para Florianópolis só no dia seguinte.

Fiquei arrastando a mochila pelo aeroporto. Tomei um cafezinho, fumei até arranhar a garganta (naquele tempo os fumantes ainda não eram criminosos), sentei num banco, depois em outro banco, depois em outro que me pareceu mais confortável. As lojas fecharam, pouquíssima gente circulando. Lá pelas duas da manhã estava pelos tubos. Olhei em volta e havia um cantinho simpático embaixo de uma escada, não tive dúvidas tirei da mochila um edredom branco com florzinhas cor-de-rosa (que eu tive a caradura de levar para a colheita e não doar) estendi no chão, me cobri com uma jaqueta xexelenta rasgada e puída do cafezal; deitei a cabeça naquela mochila onde guardava dobradinho com todo o cuidado umpañuelo rojo y negro, presente de uma compita da Juventude Sandinista, meu “reconocimiento” pela participação na colheita do café, alguns livros de Ernesto Cardenal e um de Omar Cabezas “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”. Lembranças ainda vivas, coração quentinho, dormi pesado. Lá pelas 6 da manhã o guardinha um pouco incomodado, mas gentil, me acordou e fui fazer o check in.

Dias atrás passando por Guarulhos tentei lembrar o lugar exato da escada protetora. Em vão. Roubaram-me. Não tenho a menor idéia aonde foi parar o meu cantinho.

Viviane ( Zumbi dos Palmares-1987)

a) El héroe de la patria, por Homero

El héroe de la patria

Por Homero desde nicaragua

La emboscada

Todo alrededor había quedado en silencio; el olor a pólvora mezclada con carne humana quemada saturaba el ambiente. Me quedé allí; oyendo el llanto de mi hijo recién nacido oliendo la sonrisa de mi esposa acunando a nuestro hijo cumiche.

Había logrado sacar a Pedro; pisó una mina y se le fue por los aires su pierna izquierda.

“No vaya Teniente; no vaya.”

No le hice caso a la tropa, tenía que sacar a mis soldados heridos.

Logré sacar a Timoteo; con las vísceras de fuera sosteniéndolas con su mano derecha ensangrentada para no botarlas.

Pero a Carmelo ya no lo pude sacar; me lo había “echado a tuto” y no calculé bien su peso y caímos en una mina.

Su cuerpo me protegió del impacto y después se me borró todo.

Solo oigo voces, ruidos, gritos.

Olores infernales a sangre y orina en los hospitales.

No se si estoy soñando o estoy en la otra vida.

Desperté muchos días después; no se cuanto tiempo estuve en coma.

¿Y mi pierna derecha? Médico ¿donde está mi pierna?

¿Y mi brazo izquierdo? Enfermera ¿que le hicieron a mi pierna y mi brazo?

Contésteme; es una orden.

¡Oh Dios! No veo bien; solo veo con un ojo; Enfermera, Médico

¿Que pasó con mi ojo izquierdo?

La enfermera solo me quedó mirando con ojos llenos de compasión.

Me eché a llorar como un niño.

¡Mátenme! ¡Mátenme! ¡Médico! ¿Por qué no me dejaron morir?

¿Qué voy a hacer ahora que soy medio hombre?

Habían transcurrido seis meses.

Estuve en el Hospital Militar y nadie me había llegado a visitar de mi familia.

Tuve por compañía una ventana y la luz que se filtraba por ella; de vez en cuando oía algún pajarito cantar por las mañanas; solo eso.

Un día se apareció un General con un grupo de oficiales perfumados y bien vestidos y después de leerme un manifiesto me impusieron la medalla al valor en oro. El grado máximo. Una “Camilo”. Era un Héroe de la Patria.

Al día siguiente me dijeron que me fuera a mi casa; me dieron las gracias y una ayuda económica por parte del ejército por que al ser miliciano reservista voluntario, no tenía derecho a salario alguno.

Me dio risa; me dijeron que firmara un papel y con el lápiz en la mano les puse una “equis” y le dije que así firmaba. Pero no era cierto, me dio pena decirles que nunca había cursado escuela.

Me vistieron de militar, me pusieron mi medalla y me dejaron en la parada de buses que me llevaría hasta cierto punto en la montaña para después coger camino, unas tres horas a pie (antes lo hacía en 45 minutos) para llegar a mi casa.

Un miembro de mi plana me llegó a despedir y me regaló unos anteojos oscuros y me dijo: “Para que se parezca a Steve McQueen.”

Yo no sabía quien era Steve McQueen, después supe que era un actor famoso.

Se miraban bien y me ocultaba el ojo de vidrio que me habían puesto los cubanos.

Por fin había agarrado el bus en el “Mayoreo” que me llevaría a la casa.

Los héroes también viajan en bus.

Subí con cierta dificultad por las gradas del bus.

Las muletas no me dejaban subir por lo estrecho del espacio.

Alguien quiso ayudarme y rechacé la ayuda; soy un militar que puedo valerme solo.

Cuando logré superar las escalinatas; todo el mundo dejó de hacer lo que estaba haciendo.

Se hizo un silencio cargado de miradas de lástima y de admiración.

Mi medalla brillaba como un sol en mi pecho; al menos así lo sentía.

¿Había valido la pena?

Pienso que sí; los que peleamos por la patria sentimos de alguna manera que la sociedad nos debe algo; al menos un reconocimiento por nuestro sacrificio.

Para no ponerme en evidencia ante tantos “civiles” me senté en el primer asiento en la fila derecha del bus; justo detrás de la entrada principal; había un poco mas de espacio y podía acomodar mejor mis muletas y la mochila militar donde llevaba mis pocas pertenencias.

Escuché los murmullos de la gente; pero no le hice caso, era un Héroe de la Patria ¿Qué daño me podían hacer?

No habíamos avanzado mucho tiempo cuando se sentó a mi lado un señor un poco mas mayor que yo; tal vez de unos 35 años y me comenzó a hacer plática.

Al principio no le puse mente; no quería hablar de la muerte de mis compañeros y de como había quedado desgraciado para toda la vida.

El bus paró en Tipitapa; el municipio mas cercano a Managua y una avalancha de vendedores; niños, hombres, mujeres y ancianos se lanzaron encima de las ventanas para ofrecer sus productos.

“Agua helada…agua helada… el fresco, el fresco, el fresco; van las enchiladas, las pupusas, la rosquillas, va querer marchantillaa..”

Un colorido de pregones; mezcla de productos, sudores y calores.

Puufff… estaba acalorado; compré unas rosquillas somoteñas y un fresco de cacao con leche.

Me sofocaba ver tanta gente vendiendo y gritando.

No estaba acostumbrado a los ruidos de la ciudad.

Después de comerme las rosquillas y beberme el freso; cerré el único ojo que tenía y me tiré un “peloncito”.

No quería hablar con nadie; solo quería llegar rápido a mi casa; abrazar a mis hijos y a mi mujer.

Las bocinas de los camiones y buses me despertaron; estábamos en la gasolinera principal de Río Blanco; un pueblo blanco norteño enclavado en la montañas de Matagalpa.

El chofer resopló del calor que le daba la máquina del bus; sacó una toallita de mano de la bolsa de su pantalón y se secó a manotazos el sudor de su cara y cuello.

La toallita desde hace mucho tiempo había perdido su color; estaba totalmente mugre.

No me importó en absoluto; en la guerra hemos andado sin bañarnos por semanas enteras y ya no sentimos el tufo entre nosotros es como si quedara sellado el olfato.

“Señores pasajeros tienen una hora para comer”__ anunció el ayudante del bus.

Bajé del bus un poco mas rápido de como me había subido.

Tenía entumida la pierna.

Miré a un lado y a otro sin poder decidir a qué lugar dirigirme.

Yo solo había estado de paso por ese pueblo de hermosas mujeres blancas; una vez que pasamos en unos camiones del ejército cuando iba con mis tropas a la montaña.

“Disculpe Teniente”__ me habían tocado el hombro suavemente; empuñé rápidamente mi pistola “TT”escondida en la cadera derecha de mi pantalón.

Tranquilo héroe; solo lo vengo a invitar a una cerveza.

Era nuevamente mi acompañante hablador.- Me tendió la mano

“Mucho gusto”._ Me llamo Dionisio.

“Teniente López”__ le dije a secas.

Asentí con la cabeza y nos metimos a una comidería bar cruzando la calle; desde allí podíamos controlar el bus.

Comenzamos a beber; una, dos, tres, ya no me acuerdo cuantas cervezas me bebí.

El bus se había atrasado mas de la cuenta por un desperfecto mecánico y estuvimos bebiendo mas de 3 horas.

Era mi primera borrachera después de 6 meses de estar en ese hospital entre la vida y la muerte.

El bus tocó nuevamente la bocina anunciando su partida.

Me incorporé con mucha dificultad; ya me había quitado la camisa militar; la medalla y mis grados.

Ya no me importaba nada parecerme a cualquier soldado que andaba de “pase”.

Era un lisiado de mierda; jodido no solo por una mina si no por una sociedad que le importaba un “bledo” mi desdicha.

Dionisio pagó la cuenta y me ayudó a montarme al bus; ya tampoco me importaba eso.

Mi orgullo se había quedado en esa cantina.

La llegada a Siuna

Enrumbamos hacia el mineral de Siuna, por un camino pedregoso lleno de baches.
Oscureció; y poco a poco se fueron apagando las voces dentro del bus y el traqueteo de la carrocería alternaba con los ronquidos de uno o dos pasajeros.
Unos niños hurgaban con avidez una bolsa de confites aprovechando el sueño de sus madres.
Cerré el único ojo que tenía y abrí mis oídos.
Un militar nunca puede descuidarse; debe controlar los ruidos y los silencios de la noche.
Me sumí en mis pensamientos; recuerdo cuando llegaron los políticos del Frente a la Escuela San Martín para arengarnos con discursos antimperialistas y conminarnos a que nos integráramos a las tropas del Ministerio del Interior; prometían buena paga, ropa y calzado y un futuro de gloria al servicio de la patria.
Recuerdo que nos integramos 15, todos campesinos; estudiantes que abandonamos la cartilla para ir a la guerra.
Yo venía de Coperna; una cooperativa agraria sandinista ubicada a unos 40 kilómetros de Siuna en dirección al Mineral Rosita.
No tuve ni tiempo de despedirme de mi familia; mandé aviso con uno de mis amigos.
Me acuerdo que firmamos por seis meses y después el Ejército nos reclutó voluntariamente; ninguno de nosotros andaba obligado como otros.
Mi mujer estaba embarazada de mi hijo cumiche.
¿Como será? ¿Se parecerá a su papa?
Entramos a Siuna temprano en la mañana.
Dionisio se había dormido toda el camino y se quejaba de lo entumido que andaba.
El bus estacionó en la única gasolinera que había y buscamos donde desayunar.
Había movimiento de tropas; al parecer la “contra” andaba cerca. Se escucharon algunos disparos de ak en la lejanía.
Me encontré con uno de los políticos que me había reclutado e hizo como que no me había visto.
Un ligero ademán y continuó su camino en una prisa justificada por su vergüenza.
No tenía por qué sentirse mal; así era la guerra. Nadie gana.
Entramos en el Comedor de Estolano y pedimos un desayuno siuneño; gallo pinto; huevos fritos; mortadela; cuajada; tortillas de harina recién hechas; jugo de naranja y un buen café negro.
Nos sentamos a la orilla de la puerta para controlar la salida del bus; no podía quedarme en Siuna; tenía que llegar a mi casa.
No había terminado de acomodarme cuando entraron unos jóvenes y se pusieron a reír de mi desgracia.
Me agarraron asoleado y los traté; les dije que ellos no sabían quien era yo; el Teniente López; Héroe de la Patria y les enseñé con mi única mano mi medalla.
Uno de ellos; la mas jovencita me quedó viendo con sus profundos ojos negros y me dijo:
“Esa es su guerra señor; no la mía.”
Me sirvieron el desayuno y ya no tuve ganas de comer.
La llegada a mi comunidad.

Un helicóptero del Ejército había caído en la pista de Siuna; se que iban a evacuar heridos por que la gente comentaba que desde temprano se estaba combatiendo por “Casas Viejas”. Me quedé viendo el viejo aparato soviético tratando de recordar cómo me habían sacado de la emboscada; pero no recordaba nada; excepto las bombas y las metrallas que estallaban en mi memoria. El bus volvió a reiniciar la marcha; una de las cosas que me impresionó ver eran los campos desolados a lo largo de carretera de macadán. Los campesinos varones habían abandonado sus huertas y se habían ido a la guerra. Sólo encontrabas mujeres, niños y ancianos caminando por la carretera o lavando ropa en los caños y riachuelos. Como pesadillas despiertas azotaban mis pensamientos esos lugares donde habían emboscado a muchos amigos y vecinos. La sangre estaba regada en los caminos y nadie las miraba; solo yo. Cada vez que nos acercábamos a un punto de emboscada; mi corazón se oprimía y me ponía en guardia; tocaba incesantemente la cacha de pistola esperando el mas mínimo movimiento de un enemigo fantasma. Dionisio me miraba y no me decía nada; el sabía lo que era andar en la guerra. Nos habíamos reconocido como hermanos de lucha. Pasamos por Siunawas; Yaoya; Mongallo; Negrowas.

En ese trayecto logré ver por unos momentos la Escuela “San Martín” y mis antiguos compañeros de estudio; no quise dejarme ver. No quería que me vieran con ojos de lástima. El bus paró en Coperna. Mi lugar. Mi cooperativa. Dionisio iba a continuar su viaje hacia Rosita; nos habíamos despedido con un fuerte abrazo y lo invité a que me visitara algún día. No había terminado de bajarme del bus cuando un montón de niños, jóvenes y amigos llegaron a saludarme. Era el reencuentro con mi gente; mi comunidad. Todos nos conocíamos, todos eramos amigos. No había secretos entre nosotros. Me ayudaron a cargar con la mochila; la prótesis en la pierna me estaba haciendo paste. Me llevaron a la Casa Comunal; tocaron insistentemente un riel colgado en una de sus soleras. Era el llamado general; en pocos minutos estaba reconcentrada toda la comunidad; saludándome; abrazándome. Eran como doscientas personas congregadas alrededor de mi persona. Mis ojos se llenaron de lágrimas por primera vez en mucho tiempo. Los niños no dejaban de tocarme la prótesis y el muñon de mi brazo y me preguntaban si no me dolía. Mandaron a matar gallinas y un cerdo; salieron las botellas de cususa y comenzó la fiesta del pueblo. Bebí hasta quedar borracho en un tapesco; no me acuerdo cuanto tiempo dormí. Cuando desperté estaba la vieja Petrona atizando el fuego de la leña para hacer un café. Por fin te despertaste. ¿Quieres un trago de café? ¿Qué hora es Petrona? Son las 8 de la mañana; dormiste la mona toda la noche. Petrona era una de las líderes de la cooperativa; había sido correo de Carlos Fonseca y del “Danto”. Su rancho en las montañas de Matagalpa había sido refugio de los guerrilleros del Frente Norte; hasta que lo quemó la Guardia y mató a toda su familia. Ella se salvó de milagro por que cuando llegaron a su casa; ella se encontraba en una misión clandestina. En lo que me incorporé del tapesco; la Petrona me extendía mi pistola; sabía que la estaba buscando. Estaba entrenada para eso. “Ahora que te jodieron te has vuelto muy confiado” comentó la Petrona en son de broma y sonrió dejando ver los orificios en su dentadura. Había perdido varias piezas dentales; nunca le pregunté qué le había pasado, a las mujeres no les gusta hablar de eso. ¿Petrona y mi mujer? ¿Has visto a mis hijos y a la María? Petrona retiró del fuego la porrita de café; buscó un posillo, lo llenó y me lo ofreció. El café humeaba. Bebete el café y después hablamos.

El héroe de la patria

Después de tres horas de caminar penosamente por una picada que ni las bestias transitaban; llegué a una chocita enclavada en medio de la montaña.

Los primeros en recibirme fueron unos perros famélicos que lastimosamente movían sus colas de un lado al otro olfateando mis botas y mis pantalones enlodados hasta las rodillas.

Estaba reventado; no en balde uno suma años a su vida y el cuerpo como que se destempla y se ponen flácido los músculos y duras las coyunturas de los huesos.

Todo te duele, hasta el último huesito.

¡Buenas…!

Buenas.__ contestaron desde adentro de la chocita.

Salía humo de una chimenea improvisada, el fogonero estaba encendido; podía adivinarse por el chirrido de la leña seca cuando prende lumbre.

Cuatro niños; dos varones y dos mujeres asomaron sus cabecitas desde el hueco que hacía de entrada a la choza y tapándose la boca se ponían a reír en una mezcla de timidez y pena ante la presencia de un hombre extraño como yo.

Pase… pase.__ Oí una voz femenina desde adentro.

¿En qué le puedo servir?

Ando buscando al Teniente López ¿Se encuentra él?

¿Y para qué lo quiere?

La mujer volvió su rostro hacia mí; era una mujer de unos 60 años, fuerte, de buen temple.

Una mujer campesina de esas que cuando nacen se pegan a la teta de la vaca y la dejan seca de leche.

Usted debe ser Doña Tula; hermana de Petrona; le traigo un encargo de ella: unas cuajaditas; unas tortillas recién hechas, café de grano, azúcar, sal, aceite y pan.

“Aquí lo tiene.”___ le dije extendiéndole un saco macen que ya me traía chimado el condenado.

Doña Tula; agarró el saco con cuidado y lo puso en la única mesa de madera que tenía la choza.

Siéntese amigo; allí tiene una pata de gallina. ¿Quiere un poquito de café?

Asentí con la cabeza y me senté a observar los movimientos ágiles de esa mujer; movía los tizones del fogonero con una sola mano; acomodando rápidamente la porrita del café.

Los niños en la entrada observaban.

¡Vayan para afuera a jugar niños!__ ordenó Doña Tula con voz enérgica.__

¡Nada de estar velando a la visita que es mala educación!

Los niños no dejaron que Doña Tula les dijera dos veces la orden y desaparecieron en un santiamén.

Con cierta dificultad puso en la mesa un jarro de café y un pedazo de pan del que había traído y se sentó Doña Tula.

Sabrá usted que el Teniente López ya no está con nosotros.

No. No lo sabía. Contesté en voz baja; mientras apuraba un sorbo de café

¿Mi hermana la Petrona no se lo dijo?

No. No me dijo nada. Solo me dijo que platicara con usted.

Bueno; al pobre hombre solo vainas le habían pasado.

Primero lo jodieron en la guerra, usted sabe. Lo dejaron como mono mal tirado; en pedazos.

Al poco tiempo de eso; lo dejó su mujer, la María, por otro hombre más joven; un ganadero de Río Blanco y se fue “fugada” con él; dejándolo con sus tres hijos mayores: La Ana de 15 años que a los pocos días se la robó un hijo de Tacho y vive por aquí nomás a una hora de camino. La Rosa y Goyito que están afuera jugando. Ella solo se llevó al “cumiche” que nació cuando López andaba movilizado.

¿Y los otros dos niños? Le pregunté. Esos son los míos; los mas pequeños. Los más grandes ya tienen su vida hecha.

¿Cuénteme y qué le pasó al Teniente López?

Pues después que vino a su casa; solo vivía en pleitos con su mujer; ella le reclamaba que por su culpa había quedado desgraciado; sin trabajo y que eso le había perjudicado a ella y a toda la familia.

El hombre después que ella lo abandonó y los dejó con sus 3 hijos mayores comenzó a beber y a beber; no paraba.

Después se le fue la hija mayorcita que era la que atendía las labores de la casa.

Yo le estuve cuidando la casa y los chavalos por un tiempo hasta que la mujer me dijo que ya no me necesitaba y me regresé al pueblo.

Usted sabe que venimos de largo huyendo de la guardia de Somoza.

En eso él tomó la fatídica decisión. Se ahorcó en una solera.

Nos dimos cuenta por que los chavalos caminaron hasta el pueblo a dar aviso.

En la reunión de la Cooperativa se decidió que como yo no tenía donde vivir me viniera para acá y me hiciera cargo de sus hijos. Y aquí estoy, sobreviviendo con lo poco de la siembra y la ayuda que me mandan del pueblo; mas que todo productos básicos como los que usted me trajo.

Nos quedamos en silencio.

Podía sentir en el ambiente ese vacío que solo lo da la miseria; la pobreza extrema.

Saqué un dinero de la cartera y se lo di a Doña Tula: “tome para que se compre algo y le compre algo a los niños.”

“Pero señor; yo no puedo pagarle”._ me dijo la señora.

No me debe nada; este dinero yo se lo debía al Teniente López.

La mujer no muy convencida asintió con un ligero ademán, tomó el dinero, lo envolvió rápidamente en un pañuelito y se lo acomodó en el escote.

Me levanté y le dije que tenía que irme por que no quería que me agarrara la noche en el camino.

Al levantarme pude observar que en una de la paredes de madera rústica de la choza; junto a un rosario, estaba colgada una medalla “Camilo Ortega” en oro. La de un Héroe de la Patria; el Teniente López.

Me despedí salí hacia el patio y le di unos confites a los niños que andaba en la bolsa del pantalón; todos saltaban de alegría.

Por cierto señor ¿Como se llama usted?

Dionisio, Doña Tula. Amigo del Teniente López.

Comencé a caminar en la dirección del pueblo seguido por la mirada de esos niños que no sabían por qué no tenían padre; que no sabían por qué no iban a la escuela; que no sabían, maldita sea, por qué no tenía nada qué comer.

Acompañado en mis pensamientos por el recuerdo de un hombre que su único pecado era haberle servido a su patria: el Teniente López.

Fin

Las cosas tienen movimiento

“Las cosas tienen movimiento”

Una conversación vía mail entre Martín Guevara y Alfredo Fonticelli

Para el 19 de julio yo era aun un peladito de 12 años. Desde entonces integré la asociación de niños Sandinistas, posteriormente me integré a la Juventud Sandinista 19 de julio y en el año 1984 me integré al Ejercito Popular Sandinista como miembro del servicio militar patriótico en la defensa armada de la revolución. Antes participé en la cruzada nacional de alfabetización, y en otras jornadas de la revolución en aquella etapa, en el ejercito fui integrante del Batallón de Lucha Irregular Farabundo Marti donde fui jefe de escuadra, modestia aparte mi unidad de combate fue una de las mejores y mas laureadas del ejercito por su capacidad combativa y calidad de sus combatientes entre ellos varios compañeros Montoneros, del MIR, Uruguayos entre otros como del M-19, así mismo soy militante del F.S.L.N. desde 1985 condición que con orgullo mantengo y defiendo, soy a la vez ingeniero agrónomo especialista en genética vegetal o fito genetista, igualmente soy de la tercera región (Managua) y actualmente trabajo en el sector privado y realmente me va bien en términos económicos.

Te cuento que soy hijo de un Vasco-Argentino, mi padre es hijo de vascos que emigraron a Argentina y mi madre es Nicaragüense, esa combinación pana es complicada y poco común ¡imagínate!!!!!

Nosotros encabezamos al día de hoy un movimiento de excombatientes del ejercito sandinista cuyos objetivos son varios pero el primordial es la defensa de las conquistas de la revolución de antes y ahora, muchos compañeros hoy no están con nosotros o están en la acera del frente y son los peores pero los procesos son así, y hay quienes no entendieron que los hombres son transitorios así como los cargos o bien se acomodaron y se olvidaron de donde venían, hay muchos aspectos que podemos discutir, la verdad es que Sandinismo hay para rato y con mucha frescura pues siguen siendo los jóvenes los que encabezan estos procesos.

En la cruzada nacional de alfabetización fui brigadista. En el campo me tocó enseñar a leer y escribir a 10 compañeros y compañeras campesinos. Fue una tremenda experiencia y pude sacar la jornada de manera satisfactoria pues 8 de 10 quedaron al menos letrados cuando finalizo la campaña.

Mi unidad de combate operaba en la 5ta región que comprende los departamentos de Chontales y Boaco asi como en la 6ta región que comprende los departamentos de Jinotega y Matagalpa, que fue donde tu estuviste, y asi mismo operábamos donde hubiese presencia enemiga pues éramos uno de los 2 batallones del ejercito que cumplían la misión de destino múltiple, éramos un batallón de muy alto nivel académico pues todos éramos estudiantes pre-universitarios y universitarios y por ello éramos uno de los mas temido y mas castigados también por el enemigo, cada compañero mio al menos tuvo entre 70 a 80 combates y claro también nos moríamos, pero de eso no quiero hablar.

Mi rol como jefe de escuadra era la dirección de 9 compañeros en combate y dependía de las capacidades de liderazgo y otras cositas que no se venden en los supermercados la designación de estos cuadros intermedios que al final era en quienes recaía la dirección de las tropas en los combates, perdí en los 2 años a un par de compañeros y yo en una ocasión resulte herido en combate de forma leve lo que me permitió recuperarme y regresar a mis funciones.

Mi padre fue Montonero y vino a Nicaragua después de estar un tiempo exiliado por Venezuela, mi madre allá trabajaba para unos franceses y ahí se conocieron, posteriormente mi padre se integro a la brigada Simon Bolívar que era integrada por compañeros sudamericanos y entro combatiendo con el Frente Sur del FSLN en la ofensiva final contra la dictadura somocista en el 79,el ahora esta tranquilo y vive acá en Nic. se separo de mi madre hace ya algún tiempo pero es un gran compañero, mi madre esta también acá en Nicaragua y ya esta retirada de todos estos bemoles pero ambos siguen siendo sandinistas de a línea dura.

Vivo en Managua, en el centro de la capital en una zona bonita de la ciudad, ha cambiado mucho mi capital en relación a la que conociste, y tengo dos hijos, mi nene se llama: Irati Raiti que son dos montañas, una de Euskadi y la otra de Nicaragua y Xabier Alejandro en memoria de un compañero de infancia caído en combate, ella tiene 7 años y el 19, mi hijo pues le toco comerse los gobiernos neoliberales y a mi nena algo de lo mismo pero ambos conocen una Nicaragua en paz pero con hambre retrazada, aunque ellos no han tenido que pasar ese flagelo por mi condición económica estable si he tratado que se enteren siempre de donde venimos y hacia donde queremos ir y tengo fe en que recogerán la estafeta.

Veamos, perdimos el poder en el 90, pero la revolución siguió y sigue vigente. Hoy en esta nueva etapa sigue habiendo una alta cuota de sacrificio internacionalista, obviamente desde otras perspectivas, el de ustedes fue en un momento histórico irrepetible pues nos toco una de las épocas mas agitadas de la historia reciente, sigue ese esfuerzo aun al día de hoy teniendo validez después de tanto bombardeo mediático, consumista, y por eso te pido: ojo!!! con lo que dicen nuestros adversarios, la mayoría de ellos fueron los que dirigieron los rumbos del país y de la revolución por aquellos días, se acostumbraron al poder y sus delicias y por supuesto que lo añoran y no aceptan que haya una nueva generación que empuje estos cambios.

Si fueron muchos Latinos y algunos europeos, tanto los que murieron como los que se quedaron, yo personalmente conozco a varios, algunos se acompañaron con nicas y formaron pareja otros establecieron sus “negocios de cooperación” (ONG), fíjate bien lo que te escribo pues los europeos sobre todo son mucho mal paridos y con sus doctrinas y países que están para cagar se creen los perfectos y que de alguna manera pueden condicionar nuestro futuro. Para mi son los españoletes modernos, realmente no han cambiado mucho de aquellos que vinieron ya hace varios siglos.

¿Por que se quedaron algunos? Por utopías, por compromiso verdadero, esta es para nosotros una de las revoluciones mas bellas de la historia, no se que criterio tendrás ahora pero si te aseguro que tu esfuerzo, el de Cleo, y resto de la Tosco es invaluable en ese derrame de solidaridad que despertó y despierta nuestra revolución, seguimos alfabetizando, seguimos transformando el consciente colectivo de los Nicaragüenses dignos, y entonces Sandino esta mas presente que nunca.

No se si me quede atrapado en esos sueños, o si es que me volví un romántico pero mira como después de 200 años resurge el pensamiento de Bolívar, entonces la historia le da la razón y nos toca a nosotros rescatarla, la oligarquía en nuestros países nos ha querido privatizar hasta la memoria compañero, entonces hay razones para seguir luchando y con todas las imperfecciones de nuestros procesos pero estamos seguros que son mas justos e incluyentes, por eso se quedaron muchos internacionalistas.

El día después: no jodas!!! que clase de cachimbazo, se me vino el mundo abajo compadre… hijueputa!!!!!!!!!!!! es que de solo recordar me aguevo de nuevo, después ya viendo las cosas mas en calma empecé darme cuenta que era lo mínimo que nos podía ocurrir, el país estaba en coma en términos económicos, la guerra si bien no la teníamos para nada perdida por que la contra ya estaba frita en términos militares, y sus jefes o delincuentes estos no eran mas que una camarilla de mercenarios que se habían quedado con los recursos no tenían ya mayor interés, pues el daño ya estaba hecho a eso agreguémosle los errores concientes o inconcientes de los dirigentes la mayoría de ellos hoy en la oposición queriéndose lavar las manos como buenos fariseos pero además con una gran fortuna acumulada del ejercicio del poder por aquellos años (el poeta basura este de Cardenal, el escritorucho de Ramirez, tantos comandantuchos de guerras no libradas, entre otras ratas saltarinas que al día de hoy se autoproclaman los salvadores de los verdaderos ideales del sandinismo),y los millones de dólares de la CIA, y la campaña mediática y de terror, mas la caída del bloque socialista, puta: estábamos feos para la foto y peor para el video, pero bueno los que nos quedamos acá seguimos y estamos sacando la jornada en medio de todo lo que se pueda decir.

No te entiendo cuando decís que no te quiero hablar de la lucha en el Frente, si es que nosotros no hemos dejado de luchar, las desigualdades son las mismas o peores, los argumentos de lucha siguen vigentes, las historias siguen en pleno desarrollo y claro que en otros escenarios pero es que también nosotros hemos forzado estos nuevos escenarios, sigue la pobreza siendo la mayor causa de tristeza, el analfabetismo, la falta de acceso a los servicios básicos, estos años de neoliberalismo fueron brutales, el retroceso fue salvaje y el progreso para unos pocos y los que se acomodaron, como te dije anteriormente, nos quisieron privatizar hasta la memoria, nos hablaban de futuro y tenían empeñado el presente, ¿me entendes?.

El roll del Frente es y seguirá siendo la reinserción de todos en un proceso incluyente, participativo, no paternalista pero muy humano, los problemas son tantos y las heridas son tan frescas que la gente esta muy susceptible y entonces hay que ir con mucho pulso, el rescate de la memoria histórica de nuestras gestas es una misión mas, llevarla a los mas jóvenes, divulgarla, acompañarla de acciones de gobierno concretas con programas sociales como viviendas de interés social, salud gratuita pero a su vez de calidad, son tantas las acciones y ahí vamos.

Mi primer combate fue en una comarca del Atlántico sur de mi país llamada Piedra Fina, en el municipio de Nueva Guinea, el 28 de Nov. del 84. Yo estaba al mando de la 2a Escuadra del 1er Pelotón de la 2a COI y a pesar de ser nuestro bautismo de fuego estuvo buena la vaina, al final del combate les causamos 12 bajas y desgraciadamente perdimos nuestros 2 primeros compañeros en combate y tres compas heridos, para ese entonces la contra se fajaba, no se corrían tan fácilmente y estaban altamente equipados.

Déjame explicarte que antes yo ya había tenido experiencia militar pero en la reserva o milicias y ya sabia que cosa era un combate pues como reservista en el año 83 tuve un par de refriegas pero no comparable con los combates del BLI, después el batallón fue trasladado mas al norte y ahí la cosa fue mas fuerte y vinieron éxitos y por supuesto fracasos.

Los pertrechos que les quitábamos a los contras muertos les llamábamos “recuperes” y eso le quedaba al compañero que aniquilaba al contra o al que llegara primero al lugar donde estaba el muerto. Tengo aún en mi casa como recuerdos los equipos militares (mochilas, ponchos, cintos, cananas) que recuperé a los mercenarios así como mis medallas.

Te cuento que hay una película sobre mi batallón que realizo un Frances, se llama “TESTIGOS”.

Al final de la guerra y ya sin razones para seguirnos enfrentando militarmente, con la guerra fría en su minima expresión, no habían razones para sostener tantas armas que podían fácilmente caer en manos de personas que le darían otro uso como en efecto ocurrió, entonces lo mas viable era un desarme general y el gobierno de Chamorro realizó algunos intercambios que fueron desde alimentos hasta dinero por cada arma recolectada, esto no significó que muchas las de estas armas fueran a parar a las manos de los “paras” de Uribe y a las guerrillas colombianas, maras y otros grupos delincuenciales que no se adaptaron a las nuevas circunstancias, pero todo quedo en poco, al final los pobres se tornaron más pobres aun, y con armas y sin armas hoy la brecha social es mas ancha.

Mi ultimo cachimbeo fue en Julio de 1986, ya estaba de salida pues había concluido mi periodo de servicio, es mas; ya nuestros mandos nos venían bajando de la montaña al punto de concentración para el regreso a nuestras casas y familias con el dolor y el recuerdo de los hermanos caídos, es difícil volver de una guerra, triste por que los hermanos caídos no marchan a tu lado entonando los himnos de victoria, ver el rostro de sus madres, hermanos, novias, hijos, carajo hermano!!! Eso no se puede expresar en palabras, y alegre por que el regresar te abre una nueva oportunidad y aprendes a valorar cada segundo con los tuyos y de ahí pa’ delante compadre.

Ya para el año 86 “la contra” estaba empezando a mermar su accionar militar pues el efecto de los golpes de nuestro valiente ejercito y la falta de apoyo que empezaba a resentir mas los escándalos como el Irán-Gate, el repudio internacional a la política gringa entre otros factores, les daba menos capacidad de respuesta aunque seguían siendo los criminales de siempre y se dedicaban a la destrucción de la infraestructura productiva, vial, de salud, estaban cayendo en lo que se llamo la derrota estratégica que se culmino con la operación Danto 88 que fue lo que les obligo a sentarse a negociar la paz aunque para esa fecha ya estábamos jodidos todos.

Te aclaro que “la contra” nunca puso en riesgo nuestro control del país, si nos puso en algunos aprietos pero jamás tuvieron control de área alguna del territorio nacional no así de Honduras donde tenían sus santuarios, (siempre Honduras, la prostituta de C.A.), se aguevaron y se fueron desmoronando, no peleaban, se corrían o se desmovilizaban, lo que mas nos jodia eran las emboscadas que era la única forma en que nos hacían daño.

Los jefes se mantenían en Honduras gastando la plata, puteando, negociando, y los soldaditos sin norte o conciencia de la guerra que libraban y esa era la diferencia entre ellos y nosotros.

El Comandante Cero: grande Edén!!!!!, nos echamos algunos tiritos con sus tropas cuando se fue del Frente y organizo su grupo armado, a mi batallón le toco asestarle el golpe mas duro en un lugar llamado La Penca en la zona del Río San Juan, al sur del país, creo que fue al 4ta compañía. Él esta de regreso con nosotros, lo queremos mucho, es un hombre muy digno y valiente, no tiene nada mas que su alma guerrera que esperamos los años no dobleguen y sigue siendo inspiración de muchos que recordamos sus gestas junto a Daniel en el Frente Sur insurreccional.

Edén es muy polifacético pero muy sincero, una gran cualidad que a veces los revolucionarios nos olvidamos de ejercer.

EL REGRESO A CASA, por Pablo Benavente

EL REGRESO A CASA

COMO LATA DE SARDINAS.

Primera Parte.

La vida del soldado en el Puesto de Mando del BLI transcurría sin muchas emociones más que la tensión normal y constante de estar en una zona de guerra, y el sueño ligero. Entre la posta nocturna (Apá…. Apá…..tu turno a las dos de la mañana) limpieza, las caminatas eventuales y los interminables baldes de agua para las cocineras (no sé qué hacían con tanta agua estas mujeres heroínas) pasaban los días. La comida era invariablemente, arroz y frijoles, 3 tiempos, 7 días a la semana y aunque no me quejo por haber tenido algo que comer, hay momentos en que la falta de variedad le cierra el estómago a uno. No recuerdo cómo, pero un día logramos que uno de los retaguardieros nos abasteciera con unas latas de sardinas.

Hay 2 tipos de latas de sardinas, las entomatadas y las que simplemente vienen en un aceitito; bueno, estas eran las de aceitito pero al inicio eran un majar, una delicia; después de unas semanas eran intolerables. Pero de nuevo, gracias a Dios que teníamos comida cuando tanta gente en el mundo no la tiene. La situación fue mejor cuando estábamos en el Muelle de los Bueyes, puesto que estábamos muy cerca del pueblo y se podía comprar algún complemento en las pulperías pero después nos movieron a Río Sucio y posteriormente cerca de Río Blanco donde estábamos aislados.

Las latas de sardinas las abríamos con unos abrelatas que venían con las latas de tiros. Eran unos pequeñitos y filosos que eran perfectos para andarlos con uno, hasta eran de color verde olivo. Esas latas de tiro, una vez lavada la grasa, eran las que servían para hacer el cofano (cafecito) en las mañanas, estilo turco, sin filtro.

Cada cierto tiempo, como parte de la Comisión de Apoyo al Combatiente del BLI, íbamos a Managua u otras ciudades, para organizar reuniones con los familiares, traer los “barcos”, cartas, etc. Y creo que fue en una de esas que recibí una llamada por teléfono en mi casa en Managua: Habían traído a un compañero a enterrar y se necesitaba apoyo porque la situación estaba un poco conflictiva. Ni corto ni perezoso y más bien con gusto me puse mi uniforme y esperé que me pasaran trayendo.

Llegamos a Ticuantepe y lo siguiente que recuerdo es que íbamos cargando el ataúd hacia una pequeña capilla. Al parecer tomó unos 3 días para poder sacar a este compañero de la montaña, y por lo tanto venía en estado de descomposición. Esto lo relaciono totalmente con las historias que nos han relatado Frank y Copalar. En ese caso, dentro del ataúd venía otra caja metálica sellada y dentro venía el cuerpo, me imagino que esto era por razones sanitarias. Aún así, el olor se salía y se sentía fuertemente. Como todos aquí lo saben, el olor del humano muerto es diferente del olor del animal muerto, no sé porqué.

El ambiente era hostil, se sentía denso. Me sentía como si estábamos rodeados lo 5 del BLI que estábamos ahí más o menos. Era finales de 1987 o principios de 1988, y como ustedes recordarán la situación política estaba seria, la población en general estaba totalmente cansada de la guerra y en ese preciso momento, nosotros estábamos viviendo una de las razones de este cansancio de la población como era, los caídos en el SMP.

Cuando llegamos al cementerio, hubo una pequeña ceremonia. Recuerdo que el compañero Iván Díaz que era uno de los políticos de las COI del BLI, contó cómo este joven por ser un muchacho alto y recio era el que cargaba con el mortero y cómo se destacaba durante los combates. Al final de su pequeño discurso, gritó un par de consignas que obviamente sólo nosotros contestamos. Después de esto, empezó a ver para todos lados como diciendo “y ahora qué?”. Sólo fueron un par de segundos pero pareció eterno. Y entonces se escuchó “Bueno pues! Que lo abran!”… era el padre del soldado que quería ver si en realidad, el que estaba ahí era su hijo.

Esto fue totalmente inesperado, al menos para mí. Y sin embargo tenía una cierta lógica. Al parecer en Ticuantepe habían enterrado a varios supuestamente, y de repente los muertos se aparecía en la casa que llegaba de vacaciones, o los familiares se daban cuenta que el que había muerto era otro y no su soldado. A mí mismo me “mataron” una vez, realmente el que había muerto era un buen amigo mío y de boca en boca se armó la confusión, más de una vez me dijeron que me creía muerto. En otras ocasiones, se descubría que en lugar de enterrar el cadáver, los familiares habían enterrado una cepa de plátanos o piedras. Lo anterior no me consta en lo absoluto, sin embargo era la creencia general y la gente estaba bien escéptica.

Los del BLI estábamos acompañados aquella mañana por dos miembros de la Comisión de Apoyo al Combatiente de Managua, que fueron los que trajeron el cadáver a Ticuantepe, y ante el requerimiento del padre de abrir la caja (y creo yo que la situación política del país tuvo que ver en eso también) prácticamente saltaron sobre el ataúd. Al parecer no era la primera vez que les pedían que abrieran una caja puesto que andaban sus “abrelatas” y así procedieron, sin delicadeza ni cuidado, burdamente (“sin asco ni bastimento” como decíamos en la jerga cachorril) como si se tratara de una simple lata de sardinas, ni siquiera de las entomatadas. Realmente me pareció como una total falta de respeto para el soldado que estaba dentro, el niño hecho hombre a la fuerza que había pasado por combates, riesgos, hambre, sacrificios, pies desechos, lágrimas y todo tipo de carencias y sacrificios….

La gente que estaba congregada en el cementerio, que eran bastantes; se acercaron todos alrededor del ataúd para ver. Este exceso de curiosidad “cuechera” también me pareció irrespetuoso. Cuando el corte estaba hecho, el tipo levantó la tapa recién cortada de un jalón y en medio del grito de susto del gentío se escuchó: “es él, es él!!” (de nuevo el padre) y se procedió a taparlo de nuevo y enterrarlo.

Contrario a la gente, al ver lo que estaba sucediendo yo más bien me aparté del lugar. Cuando destaparon la caja, la gente salió en desbandada y los que pasaban junto donde yo estaba decían: “hasta que estaba morado, morado….”.

Finalmente, el soldado había llegado a su destino final, al seno de la madre tierra.

Después de ese día, no he vuelto a comer sardinas; ni entomatadas ni de las de aceitito.

EL PUEBLO DE UNA SOLA CALLE.

Segunda Parte.

A pesar de la situación política de finales de los años 80, me parece que la población sabía que nosotros los jóvenes como humanos, no éramos los culpables de lo que estaba sucediendo. Nadie quería más guerra, y nos reconocían como actores de la misma, pero nos tenían cariño y compasión por lo que estábamos viviendo.

Como miembros de la sección política, teníamos también la misión de hacer base social con la población, en este caso de Muelle de los Bueyes, que fue donde estuve la mayoría de mi tiempo en el SOSA. El puesto de mando del BLI estaba ubicado en una loma cerca del puente sobre el río Mico en la carretera al Rama y mis compañeros y amigos para siempre Pedro, Hilario y yo, que éramos “los músicos” participábamos entre otras actividades, en la misa dominical del pueblo. El padre Bernardo Boulang, un francés de más de 6 pies de altura, no era muy apreciado en la población debido a su ideología religiosa que era la de la Teología de la Liberación; eso alguien me lo contó. Sin embargo, las misas siempre estaban llenas y no recuerdo al padre utilizando el altar para lanzar mensajes políticos.

Este puente sobre el río Mico (que entiendo que es el segundo más grande de Nicaragua) estaba en la mira de la contra, y no es casualidad que el Puesto de Mando del SOSA estuviera ahí, aunque los que defendían el puente directamente eran unos COPETES (Compañías Permanentes Territoriales para los que no lo saben o recuerdan).

Nosotros bajábamos algunos domingos, a tocar música en la misa, llegábamos temprano, poníamos los AKA, tiros y pecheras detrás de la puerta y agarrábamos las guitarras. Uno de estos domingos casi al terminar la misa, el Padre Bernardo se disponía a dar los anuncios finales, cuando se fue la luz en todo el pueblo y entonces escuché un fuerte tiroteo no tan lejos de donde estábamos. Creo que Pedro me contó después que el había estado escuchando la balacera desde antes que se fuera la luz.

Como era de esperarse, nosotros saltamos en segundos a coger los fusiles y municiones, y estar listos, pero era difícil saber qué hacer pues no sabíamos qué estaba pasando porque no teníamos comunicación con el puesto de mando… no sabíamos si estaban atacando el puente, o el pueblo o qué, así que lo único que podíamos hacer era esperar. El Padre Bernardo, quien en su juventud vivió la segunda guerra mundial, revivió sus experiencias esa noche y tenía a toda la gente rezando padre nuestros y un rosario a como hacían los sacerdotes en su tiempo de juventud durante la guerra. La tensión se nos miraba en el rostro, la gente empezó a venir llorando donde nosotros a decirnos “no se vayan muchachos, no se vayan…por favor no se vayan…”. Esta fue una de esas escenas donde pude ver que a pesar de la situación política, ideología, etc.,. la población nos tenía aprecio y cariño.

Finalmente el tiroteo cesó. Y Pedro, nos dijo que fuéramos a Telcor a comunicarnos con el PM y avisar que íbamos para allá. Esto es porque el PM del BLI estaba al otro lado del río, y teníamos que cruzar el puente para poder llegar allá y no queríamos que nos confundieran. Así salimos en la oscuridad del pueblo y sin saber que esperar, llegamos al puente e íbamos avisando a gritos que éramos nosotros hasta que llegamos al PM sin novedad.

Tiempo después, cuando nos movilizamos del Muelle hacia Río Sucio, pensé que nunca iba a volver a visitar esa área del país, pero estaba equivocado.

Un día mientras estaba en Juigalpa (“Fuigalpa” para los chontaleños y Boaqueños jeje) llegó uno de los compañeros que creo que era un nuevo político de COI. Venía con el cuerpo de un jefe de pelotón que era permanente del ejército, y al igual que en la historia anterior, me pidió que lo acompañara a entregarlo. La idea era que dos miembros de la Comisión de Apoyo al Combatiente de Juigalpa junto con nosotros dos, íbamos a ir a juntarnos con más gente en La Gateada, quienes iban a estar a cargo de hacer la entrega, notificar a los familiares, etc. Y así partimos hacia el pueblito de donde este compañero era originario: La Batea, a escasos kilómetros del Muelle. Llegamos a La Gateada, y nadie tenía ni p… idea de lo que estaba pasando. Esa desorganización es algo que yo detestaba, sobre todo porque me daba la impresión de que no se le daba la importancia debida a la memoria de este soldado y no en balde a veces la población se mostraba hostil a nosotros. Así que seguimos nuestro camino sólo los cuatro; los dos del SOSA y el cadáver íbamos atrás en uno de esos camiones verde olivo chiquitos.

Finalmente llegamos a La Batea. El pueblito a como lo recuerdo era un pueblo de una sola calle, pedregosa, interminable, cuesta arriba, con casitas a los dos lados, y eso era todo. Quizá había más, pero esa es la impresión que me dio. Llegamos a una casa que creo que era la casa del FSLN y bajamos el ataúd. Al igual que en La Gateada, nadie sabía nada, ni les habían avisado que llegábamos. La gente curiosa empezó a llegar a ver el cuerpo, y nadie reconocía al compañero. En mis adentros yo pensaba, “será que realmente el no es de aquí? Qué vamos a hacer ahora?” hasta que alguien dijo: “……..ahhh ese es el hijo de aquella viejita que vive en aquella casita cerca de la entrada.” Y así se conformó una comisión de mujeres del pueblo para irle a avisar.

En ese momento me di cuenta que los cuatro estábamos metidos dentro de la casa, y me pareció que por razones de seguridad eso no era conveniente. Así que me salí, y al rato de estar afuera escuché un grito. Al principio no sabía que era, pero al tiempo me dí cuenta; era la madre. Venía caminando a llanto partido cuesta arriba por aquella calle pedregosa. En esos momentos el tiempo se hace eterno. Poco a poco se venía acercando la viejita y se entendía más lo que decía entre gritos y sollozos, “mi muchachito!, mi muchachito!…”

Qué hacer en ese momento? Qué cara poner? Qué se le puede decir a una madre en esta circunstancia? Nada, simplemente poner la cara dura, aunque por dentro el corazón esté aguado.

La situación se hace peor, cuando encima de todo……….. la madre te empieza a agradecer…. “Ya no me queda nada en el mundo, pero gracias por habérmelo traído, gracias por no dejar a mi muchachito tirado en la montaña” repetía una y otra vez mientras lloraba sin parar. Creo que fue Copalar quien dijo que nosotros no dejábamos a nuestros muertos en la montaña y Frank en su relato dijo que solamente el amor por los compañeros era lo que les daba la fuerza para cargarlos después de días de muertos en aquellas condiciones y con el cuerpo descomponiéndose. Más de 20 años después, hago llegar a todos el agradecimiento de esta madrecita.

Con un cierto sentido de culpabilidad por no haber podido hacer más por aquella viejecita, me monté al camión y salimos de regreso por aquella misma única calle pedregosa.

EL DESERTOR, LA RAYA, EL DESTINO Y LA VOLUNTAD DE DIOS.

Tercera Parte.

Suena el teléfono…

”Pablo! Te llaman!

- Aló?

- Hijuelacienputas! Comemierda!

- Aló?

- Te fuiste a la mierda y me dejaste aquí como verga! Hijueputa!!!

- Gonzalo?

Siempre me he preguntado porqué algunos estamos aquí y otros no. Porqué hoy nosotros estamos escribiendo sobre ellos y no ellos sobre nosotros? Alguno dirá que es la fuerza del destino, otro que es la voluntad de Dios y alguno que simplemente estos compañeros estaban en “la raya”. Quien viene al encuentro de quien? Vamos nosotros en busca de la muerte? O viene la muerte en busca de nosotros?

Tres meses después de integrarme al SOSA, estaba de regreso en Managua para una visita con los familiares de los soldados y recoger los “barcos”. El que me había llamado era Gonzalo, a quien conocí durante el entrenamiento en los CEM Pancasán y Zinica. Nuestro grupo conformado por universitarios, había sido asignado para trabajar en Managua en la organización del Servicio Militar de Reserva (25-40 años) y ahí pasé mi primer año del SMP, por eso sólo estuve un año en el BLI. Nuestra experiencia en Managua no fue agradable, había mucha corrupción y maltrato, y eso será motivo de otro escrito. Lo que puedo decir por ahora es que de los 4 SMP que estábamos en esa unidad, ya sólo Gonzalo quedaba, no en balde estaba arrecho. Primero se fue Lino, a quien le agarraban unos ataques epilépticos mientras dormía y se caía de la hamaca. Después fue Chinchilla, que se desertó para ir a integrarse a las TGF en el sur. Yo también me deserté de Managua, y casualmente en los días en que estaba buscando el traslado a otra Unidad, apareció mi amigo Pedro y me fui con él al SOSA. Lo peor de todo es que de los 4, el único que tenía algún deseo de ir a la montaña desde el principio, era Gonzalo,

Le dije: “mirá, yo no te puedo garantizar nada pero nosotros salimos tal día de tal lugar, y si vos estás ahí, te montás al camión y te vas con nosotros”. Para mi sorpresa, el día de partida no sólo estaba Gonzalo ahí, sino también Nabuco y El Pelón, dos compañeros que también entrenaron con nosotros y eran de otras unidades de Managua. Al llegar al PM los mandaron al área donde estaba Transporte del BLI y ahí esperaron por un mes, hasta que al fin pudieron ser trasladados por helicóptero donde se encontraban las tropas. Un més después de eso, el PM se trasladó a Río Sucio adelante de Santo Domingo en Chontales y mientras estábamos chapodando y escuchando radio Ya, escuchamos la noticia de la caída en combate de Gonzalo. En estado de shock, nos sentamos por un momento en silencio.

Siempre había pensado que el destino de Gonzalo era el de ser un gran dirigente de la Revolución, era un joven muy inteligente y preparado y con una gran convicción.

—–

El riesgo estaba presente por todas partes. Aún en el puesto de mando, alguna vez un soldado tiró una granada en un momento de locura. Otra vez durante una visita de familiares en Villa Sandino, estábamos cantando y tocando guitarra en rueda, y aquel Petro que decían que era panameño, estaba insistiendo que cantáramos “la muerte del gallero” y si no lo hacíamos iba a tirar una granada. Como estaba bolo no le hicimos caso, y al rato se apareció con la espoleta en la mano. Al parecer tiró la granada y esta no estalló. De vez en cuando, a más de alguno se le fue un disparo que bien pudo haber sido fatal. O más bien, fue fatal.

Eran como las 4 o 5 de la mañana cuando se escuchó un disparo. El PM todavía estaba en Muelle de los Bueyes para ese entonces. Lo escuché y luego volví a dormir, pero minutos después se escuchó que llegaba un camión. El compañero que estaba haciendo posta en el área de Transporte se había pegado un tiro en la cara. Nadie sabe como fue, y el no estaba en condiciones de contarlo. El riesgo estaba por todos lados. Se organizó un grupo para llevarlo a Santo Tomás a un Centro de Salud, y así salimos.

Este compañero era uno de los chóferes, o quizá era mecánico. Era un individuo callado, serio y misterioso. Era del área de Los Pueblos en Carazo. Los que lo conocían decían que era brujo y que sabía preparar la bebida de Macuá para conquistar a las mujeres. Ahora iba acostado boca abajo en el piso del camión bajo la lluvia de Zelaya Sur, un sanitario le iba poniendo suero. El cuerpo se movía cuando pasábamos los baches del camino y de vez en cuando resoplaba, y ese era el único signo de vida que mostraba.

Yo me senté en una esquina del camión, y lo único que se me ocurrió hacer fue pedirle a Dios por él, orar por el muchacho. Eso hice por todo el camino. Finalmente llegamos a Santo Tomás y esperamos un rato ahí. Alguien dijo “aquí está, venga a ver!” En el cuarto donde lo estaban tratando, una cortina estaba corrida y se podía ver lo que pasaba adentro. Se le podía ver la cara, estaba irreconocible, inflamadísimo, como pelota de futbol.

Al rato emprendimos el camino de regreso. Cuando llegamos al puesto de mando para darle el reporte al Capitán Palacios, más bien él nos estaba esperando: “Murió el compita” nos dijo. Bajé la cabeza y pensé para mis adentros que quizá esa era la voluntad de Dios para él.

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Aquella mañana salimos tempranito. Había llegado al PM un oficial que no conocíamos (creo que era de la CIM), y al parecer nos iba a guiar en una misión. Todavía estábamos cerca del pueblo cuando nos encontramos con el Padre Bernardo. Iba montado en un caballito que le daban los campesinos, y era risible ver cómo llevaba los pies casi arrastrados en el suelo de tan alto que era él y tan pequeño el caballo. El grupo estaba compuesto más que todo por soldados de los que nos manteníamos en el PM (chóferes, retaguardieros, etc.) pero también algunos de las tropas que estaban ahí transitoriamente por diversas razones, entre ellos Baquita. Se podía ver fácilmente quién era quién, porque los soldados con experiencia casi no iban enlodados, y el resto llevábamos lodo hasta dentro de los oídos. Después de algunas horas de camino sobre aquella alfombra de lodo, nos encontramos con un jinete. Yo lo reconocí porque era el padre en una familia del Muelle que era amiga nuestra, conocíamos a su esposa y sus hijas y de vez en cuando nos regalaban tortilla con cuajada y hasta desayunamos en su casa más de una vez. Lo que no me gustó fue cuando dijo.. “Ayyyy Pablitooo…..”. Llegamos a una casa que tenía pintas de la contra por todos lados. En la grama enlodada se podía ver que por ahí había pasado una fuerte cantidad de gente…. Preguntamos si habían visto movimiento de contras por ahí recientemente, y la respuesta fue la clásica, “hace como 7 meses vimos a unos que pasaron por aquél cerro allá..”

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Finalmente subimos a un cerro y nos desplegamos. La orden era disparar a otro cerro donde no se veía nadie, pero bueno, órdenes son órdenes. Me dijeron que había que apuntar a una casita que se veía a la distancia. Me acuerdo que yo disparé un magazín completo y después hubo un silencio, en el que sólo se oía el eco de los disparos resonando en las montañas.

Al rato vino la respuesta, una lluvia de balas que yo obviamente jamás había experimentado en mi vida, Baquita me explicó que ese “chop, chop” que se escuchaba eran las balas al enterrarse en el terreno. Respondimos al fuego. Creo que la idea de esa misión era solamente tentar a ese grupo contra como para tener una idea de su tamaño, ya que después de eso nos retiramos. Aquella noche, Baquita me entregó la posta pero en lugar de irse a dormir, se quedó platicando conmigo. Al rato se nos sumó Pablo Emilio “El Apache”, Político del Batallón, creo que hasta hice más posta de la cuenta aquella noche. Baquita era chaparrito, y alguien mencionó en otra parte de este blog que siempre andaba con unas botas demasiado grandes para su tamaño, sin embargo a pesar de ser pequeño, era grande como persona y siempre estaba alegre y jodiendo. Entre otras cosas, me contó que aquél día le habíamos hecho dos bajas a la contra.

Después de Río Sucio, nos trasladaron a un lugar conocido como La Pedrera, adelante de Río Blanco. Creo que eso fue a principios del 88, y ya se acercaba el mes de Abril, cuando finalmente iba a terminar mis dos años de servicio. Baquita era parte de ese grupo. Después de las actividades matutinas, agarré mi plato y mi cuchara y me fui a hacer fila para el desayuno, faltaban tan sólo 2 semanitas para terminar!, y uno como que respiraba más tranquilo y se sentía alegre. Delante de mí estaba una compañera sanitaria, y ví que estaba llorando. “Baquita” me dijo.

Se me quitó el hambre.

Al parecer, un pequeño grupo de contras los había atacado mientras se preparaban a descansar la tarde anterior. No sé si fue mala suerte, la raya o simplemente una maldita coincidencia. Al parecer mientras el se agachaba para recoger sus pertrechos, una bala lo alcanzó en la cabeza. Baquita había resistido toda la noche y finalmente se rindió en la madrugada. Se organizó un grupo para ir a buscar el cuerpo y yo fui parte de ese grupo.

Durante el día nos movilizamos de un lado a otro en los camiones. Llegábamos a un lugar, nos desplegábamos. Esperábamos unas horas y nos volvíamos a mover. Finalmente, ya tarde estábamos desplegados a lo largo de una loma cerca de la trocha. Creo que el área donde estábamos esperando se llamaba La Uló o Cara de Mono. Nos habían dicho que durante el día, el grupo que traía el cuerpo de Baquita había sido emboscado, quizá por los mismos que le dieron muerte. De pronto en el cerro frente a nosotros, se vio un movimiento… los primos! Sin embargo la orden era de no hacer nada.

Y como las 6 de la tarde, ya estaba oscuro. La única luz era la de uno de los camiones que nos había transportado. Finalmente empezaron a aparecer los compañeros que traían el cuerpo, pasaban frente al camión frente a aquella luz. Todos los que iban llegando se sentaban a descansar, tras de un día de caminata en la que fueron emboscados y de mal dormir la noche anterior después del ataque en el que Baquita fue herido. Mi misión era la de recoger la información sobre el suceso, y lo que recuerdo que me dijeron es que él fue herido en la comarca de Wanawás, mientras trataba de recoger sus pertrechos ante el sorpresivo ataque. Finalmente aparecieron los que traían el cuerpo, envuelto en la clásica hamaca de saco macen y atado a un tronco, cargado entre dos. Recuerdo como que fue ayer cuando pasaron con el cuerpo frente a aquella única luz, hasta parecía que era en cámara lenta. Partimos inmediatamente de regreso a La Pedrera cerca de Río Blanco, donde estaba la retaguardia del BLI. Al llegar, Pedro me avisó que inmediatamente partíamos hacia Matagalpa, y al día siguiente hacia Managua, a organizar y participar en las honras fúnebres del gran Baquita. Tan sólo faltaban 2 semanas para que él fuera desmovilizado con el resto de nosotros….

Después de esto, volvimos a La Pedrera, llevamos a los desmovilizados a Juigalpa y los de la Sección Política o Apoyo al Combatiente, regresamos una vez más a La Pedrera para preparar documentos de desmovilización hasta que finalmente fue nuestro turno de decir adiós al SOSA, o simplemente, hasta luego.

FIN

Palabras finales:

Cuando me veían con mis amigos durante mi tiempo en el SMP, me preguntaban acerca de la guerra. Yo empezaba a contarle estas historias y más, porque como ustedes saben a uno le dan ganas de hablar. A veces, en cuestión de minutos me daban un par de palmaditas en la espalda y daban la vuelta, y yo pensaba para mis adentros, “será que creen que estoy loco?” Obviamente la curiosidad se les desvanecía al empezar a escuchar de muerte y madres llorando. Llegué a la conclusión de que estas historias solamente nosotros las entendemos, para alguien que no vivió la experiencia estas cosas no tienen sentido.

Al salir del SMP, mi idea era la de reintegrarme a la vida civil, continuar mis estudios de Arquitectura y pasar tiempo con mi familia. El primer mes, es en el que uno salta cuando hay un ruido fuerte, y camina debajo de la lluvia como si no pasara nada. Un día al regresar de la calle me dijeron mis hermanos que un militar había llegado a buscarme. El tipo llegó otra vez al día siguiente y esta vez sí me encontró, me traía una orden de movilización para el Servicio Militar de Reserva, en el cual yo ya estaba ascendido a Jefe de Escuadra. Yo ni siquiera tenía los 25 años. Para mí fue bastante chocante; apenas acababa de salir un mes atrás y ya me iban a movilizar de nuevo. Lo que hice fue esconderme hasta que finalmente se olvidaron de mí.

Debido a esas experiencias, decidí enlatar todos estos recuerdos y meterlos dentro de un ataúd. Se acabó, ya pasó, nunca más dije. Pero no puedo negar que a lo largo de estos 20 y tantos años que han pasado, de vez en cuando el olor a muerto se salía de la lata como aquella vez en Ticuantepe. A veces ese olor se convertía en sueños, donde yo iba huyendo de una persecución vestido con mi camufle.

Hace como dos semanas, mientras navegaba en la Internet, me encontré por casualidad con fotos de Baquita y Gonzalo. Ese día lo pasé inquieto. Me parece mentira la cara de chavalito que tenían los dos. En la noche, ya en mi casa cuando llegó mi esposa del trabajo le dije que viniera a ver las fotos de mis amigos: “Este es Baquita, y este es Gonzalo….” Y ahí sí que no pude más. Volví la cara hacia otro lado porque me daba pena que mi hijita me viera llorando. De repente me convertí en aquel padre de Ticuantepe: “Bueno pues! Que lo abran!!” y saqué mi abrelatas verdeolivo de sardinas y destapé la lata para que salieran los recuerdos… y aquí los estoy compartiendo con ustedes.

Gracias a todos por seguir la historia y escucharme, un abrazo amigos.

Pablo

PD: Sabía que se me había olvidado algo, y es que a mi llegada al BLI el Capitán Palacio me bautizó como “Apá”, porque la manera como yo usaba mi sombrero le recordaba aquel programa de los Osos Montañeses.

PD2: Se me ocurre que junto al relato también debería ir el comentario del Capitán Palacios sobre “El Chinta”. Me parece que es un magnífico complemento a mi historia.

“Recuerdo a ese compa que era de la Batea, el cayo en una emboscada con minas claymore creo que en las montañas de la palma entre Waspuck y Río grande de Matagalpa, le decíamos el Chinta, ya se imaginan porque. el se incorporo con nosotros como Jefe de escuadra y por su coraje y valentía y capacidad de mando y dirección lo promoví a Jefe de Pelotón, fíjense que ese compa no sabia leer, pero su intuición de campesino y hombre de combate lo hacia sobresalir como buen cuadro de mando. recuerdo clarito que dos días antes de caída habíamos matado 15 guardias que los arrinconamos en el Kurinwason cuando estaban cruzando el río, andaban bien abastecidos y luego en el recupere me dijeron capi, como vamos a distribuir los pertechos, y les dije, quien fue el mas destacado, y todos coincidieron EL JEFE CHINTA, CAPI, entonces recuerdo que le di botas junglas nuevecitas, charro pinto cuerales, mochilla, arneses, fajon, cananas, cantimplora dos uniformes camufles nuevecitos, capote hamaca y frazada impermeable, puta el chinta lloraba de alegre, me llego a abrazar y me dijo jefe, este es el mejor regalo que he tenido en mi vida, mas que medalla y ascenso, porque para mi representa mas que eso porque todo esto lo debo a los cachorros que andan en mi pelota, sin ellos, los permatex no seriamos nada. fíjense que eso ocurrió en 1986 creo y me parece que los estoy escuchando como si fuera ahorita, el chinta después de ese reconocimiento cayo dos días después en una emboscada.

mis respetos para el chinta y muchos chintas y cachorros que derramaron su sangre en las montañas de Nicaragua defendiendo un proyecto del que estábamos claro que era para beneficio de nuestro pueblo, ahora estamos viendo los resultados de ese sacrificio, cuando vemos nuestro gobierno llevando diferentes programas a favor de nuestro pueblo.

saludos cachorros.

Silvio Palacio

pbsosa

en la foto yo soy el que esta de pie con la ametralladora, que era del que esta sentado detrás de mi riéndose porque estoy posando con ella.

Tomada en Matiguas, en 1988.

servimilbEn camino a Río Blanco desde Juigalpa, paramos para revisar un problema en uno de los camiones. Mientras estábamos ahí, se aparecieron 2 periodistas estadounidenses preguntándonos si sabíamos algo de un reportero americano que había sido secuestrado. Nos tomaron unas fotos y se fueron. La sorpresa fue que después se aparecieron en la oficina del papá de Pedro y le regalaron la foto. Yo soy el de la izquierda, el de la derecha es mi gran amigo Pedro. El del centro no sé quien es, le íbamos dando un aventón.