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Hada del Universo(Ana-Tosi)

turbina

foto F.J.Aceituno

Hada del Universo

Es un majestuoso cometa, su nombre es Hada pero, para todos, Hada del Universo. Su larguísima cola, cola de novia, está formada por partículas de polvo iluminado por el Sol que la convierten, a la vista de los humanos, en polvo de estrellas, allí el arcoíris hace su entrada triunfal.

No se necesitan binoculares ni telescopios para verla pasar. Ella surca los cielos con su cola al compás de la Tierra, se desliza con vuelos de rotación y translación, así la envuelve y protege. A veces es imprudente y se acerca demasiado al Sol, su brillo no depende de él, es el reflejo de su alma. Ella sabe que tras un cierto número de órbitas se habrá apagado y se convertirá en un asteroide normal y corriente.

Ellos habían llegado para quedarse. Una Turbina de 5 mil kilómetros de diámetro se había instalado en el cielo austral, rotando al boreal los años bisiestos.

Los androides manejaban la vida de los humanos en la Tierra, desde la panza ya tenían una ficha y un destino: trabajar para El Supremo. Nunca nadie vio su rostro, pero se decía que era diabólico, su cabellera larga y blanca acariciaba sus enormes hombros, era sumamente alto, vestía de negro y era el único autorizado a llevar capa y cadenas en sus muñecas. Su único objetivo era llegar a colonizar cada uno de los planetas que se desplazan por el Universo. Era un desafío personal, él con él mismo. El Amo del Universo sentía un gran placer al saberse temido y odiado por la raza inferior: los humanos.

Su nave viajaba cada tanto a la Turbina para controlar que allí, la tarea se cumpliese como él lo había ordenado, de dos en dos, en pareja.

De regreso a la tierra, no se le escapaba detalle, la humanidad trabajaba desde los primeros años de vida, haciendo tareas posibles para la edad, hasta los sesenta años. Luego en compensación les regalaba un viaje a la Turbina. Un viaje de ida. No quería viejos en el Planeta. –Los viejos son un lastre, son antiestéticos, se cansan, enferman y mueren. Son costosos económica y anímicamente hasta la última exhalación. Haré desaparecer todo lo que no es “liso, seguro y autoportante” frase del siglo XXI. El bebé crecerá y será mano de obra, a viejo no llegará-

Los humanos nunca se preguntaron porqué no regresaban sus amigos, vecinos y familiares, caminaban con la cabeza gacha, no podían ver la Turbina. No querían verla.

Falta poco para que termine el año 4011, Papa Noel se está preparando para visitar a los más chicos de la Tierra. Hada, está dando sus últimas vueltas del año, un poco despidiéndose, muy a su pesar. El Supremo, a sus anchas, en el centro de la Turbina dando órdenes para que las parejas de dos en dos vayan acomodándose en las paletas de la Turbina para que al girar en forma vertiginosa, convertidos en polvo, sean desparramados en el cosmos.

Hada, al pasar frente a la Turbina, ve al amo del mundo rodeado de su séquito androide en el centro del motor, también a la multitud, apesadumbrada con llanto en los ojos, prolijamente en fila. Da una vuelta alrededor de la Turbina que ya estaba comenzando a girar levemente. Pensó en todas esas personas que morirían dejando a sus familiares y amigos, pocos días antes de reunirse como era costumbre cerca del árbol de Navidad. Ella no permitiría que eso sucediese, pero ya era tarde, las primeras partículas habían comenzado a diseminarse, sin pensarlo más, se arrojó al centro de la Turbina y su kilométrica cola se enredó en las paletas trabando, definitivamente, su movimiento. Ya convertida en asteroide fue a dar contra el cuerpo macizo del Supremo quien perdió por el impacto, su nefasta vida. Ella también, inmolándose.

Las partículas del asteroide cayeron sobre los árboles navideños en forma de nieve. Hada es recordada de esta forma, cada Navidad, por los habitantes del lugar y del mundo. Los que perdieron la vida son mártires de una devastadora colonización. Las personas que salvaron la suya, volvieron a los brazos de sus seres queridos y conviven: niños, adultos y viejos como desde que el mundo es mundo. Los viejos serán testigos de los acontecimientos y de las actitudes que los adultos quieran aprender de ellos, “a repetir y a no repetir”. Los niños sabrán de fábulas, cuentos y mitos para volver a empezar.

Ana Tosi