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CIUDAD ZETA(Dr.Fernet)

CIUDAD ZETA

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“Bienvenidos a Ciudad Seta”, decía un cartel al final del camino.

-Que increíble. Desde que yo era pequeño le dije que se escribía con Z. Nunca lo modificó y encima se reía como burlándose de mi!

Vicest detuvo el auto justo en la entrada de la hermosa finca que acababa de heredar de su abuelo francés, fallecido tras un confuso episodio. Descendió para abrir los pórticos de madera torneada, e ingresó hasta la entrada de la masía esperando encontrarla en condiciones precarias por el paso del tiempo.

Se sorprendió por un momento hasta casi tropezar al ver que las luces se encendieron, el hogar comenzó a arder, y una música relajante inundo el aire, solo con el hecho de poner un pie en la sala. Realmente hubiera sido extraño en cualquier caso salvo en éste, donde el antiguo dueño de casa ejercía la profesión de físico experimental y biólogo genetista .

Con cierta extrañeza encontró que la casa estaba impecable después de varios meses, y se pregunto si habría alguien encargado de mantener todo impecable. Escrutó un poco los ambientes, y parecía que el orden y la limpieza se multiplicaban por toda la casa. Luego se fue hacia la cocina y abrió la portezuela que dirigía directamente al sótano donde estaba la despensa, pero la puerta estaba sellada de alguna manera. Sobre el dintel, otro cartel. “CIUDAD SETA”

-Jajaja. Ciudad Seta- Dijo Vicest en voz alta entre carcajadas.

-Reconocimiento de voz correcto. Sujeto Vicest Russeau

L a puerta se abrió y una luz apareció desde el fondo de la despensa. Vicest bajó por las escaleras como empujado por una mano invisible que lo obligaba presionándole la espalda. En el techo se mantenía flotando una bola de energía amarillo-rojiza, de unos 25 cm, que iluminaba toda la superficie.

Vicest sintió que al querer acercarse para tocarla se quemaba las manos y los ojos, y se apoyo contra la pared, descubriendo un par de anteojos protectores. Se los colocó, y después de unos segundos, al sentir que sus ojos se habían acostumbrado, miró todo el lugar nuevamente.

Sus facciones regalaban una mezcla de incredulidad, alegría, asombro, sorpresa y locura.

Valles, pequeños lagos, barcos, electricidad, nubes y edificaciones biológicas hechas con hongos silvestres o “setas” daban vida a una ciudad repleta de seres humanos diminutos, en un sótano de 9 metros cuadrados.

Vicest tomó la finca de su abuelo como residencia permanente, y desde hace una semana baja cada día con una lupa para examinar uno por uno a los habitantes del sótano. Sabe que alguien estuvo manteniendo la casa y sospecha que su abuelo no murió. Solo se mudo a Ciudad Seta…

CIUDADSETA