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Ameyal(Ana Tosi)

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Ameyal

Cuando el límite de la velocidad de la luz fue superado, los hombres, tuvieron la posibilidad de viajar hacia el pasado o hacia otras estrellas.

En el siglo XXI, los neutrinos, llegaron 62.000 millonésimas de segundos más temprano, esto había puesto en duda la teoría de un tal Alberto Einstein, de allí en más, pasados cuatro siglos, viajar al pasado, en el siglo XXV es cosa de todos los días. Esto beneficia a los historiadores porque ¿hay algo más fidedigno que presenciar la Guerra de Troya y escribirla o viajar al lado de Marco Polo? Ni hablar de los geólogos, estudian in situ las eras geológicas, comenzando por el cenozoico hasta el precámbrico en sólo un par de días. Algo emocionante es pasar caminando de América a África porque en el paleozoico, sus costas, encajaban perfectamente como un rompecabezas. Los verdaderamente interesados son los oceanógrafos porque, no muchos siglos atrás, había agua en abundancia. Había océanos, de hecho, América y África estaban separadas por uno, también ríos, cascadas, lagunas y vertientes. Hoy en el siglo XXV el maravilloso elemento H2O es escasísimo, esto produjo el continuo desplazamiento de los refugiados climáticos, viven en zonas áridas o desiertos, en grandes colonias donde se los abastece de agua cada tanto y cuando se puede, ya que los caminos y las tormentas de arena o tierra, hacen intransitables los caminos. Hay muchos perdedores y pocos ganadores en este mundo, los últimos tienen acceso ilimitado al preciado elemento llamado agua y los primeros quieren llegar.

Ameyal, es una muchacha que le tocó vivir del lado de los perdedores. Sus padres, descendientes de los mexicas, se vieron obligados a convertirse en migratorios al igual que sus antepasados por falta del agua. Ellos querían establecerse definitivamente en un lugar habitable: como los ganadores. La bautizaron con ese nombre porque significa “Manantial”, al nacer habían tenido la fortuna que el parto se produjera cerca de un hilo de agua que brotaba entre las piedras. La suerte fue escasa, el manantial era temporal y a los pocos días estaban como antes, como siempre “con sed”. Cada día había que llegar un poco más allá, ese era el futuro “más allá”. Ameyal quiere un futuro “más acá”.

La piel resquebrajada por el sol, la ropa sucia por el polvo, a veces deshidratada, fatigada, lleva a los buscadores de agua a viajar siempre de noche, para no transpirar y perder agua en el camino. Se guían por las estrellas naturales y artificiales. A la hora del descanso, dormir es imposible porque el sol raja la tierra, sólo los duerme el cansancio. Ameyal, en sus largas horas en vela, saca de entre sus cacharros, una servilleta bordada con la bandera de la White Star Line, la acaricia con el dedo rugoso pero con el alma esperanzada. Un antepasado de parte de su padre, en la época de los grandes océanos, había muerto al chocar el transatlántico en que viajaba contra un iceberg –Qué contradicción, piensa, morir en el agua, ahora morimos sin agua- . Ella recuerda con emoción los momentos en que sus padres, ya fallecidos, le contaban esa historia real y llena de magia. Un verdadero sueño, impensado para ella que no era una mujer instruida en ninguna ciencia. Los únicos que podían hacer ese viaje hacia atrás eran los científicos.

Cuando llegó a N.Y. una de las pocas grandes ciudades que aún quedaban, leyó en la cartelera digital de la entrada “Necesito changarín (mujeres excluidas) para expedición al Titanic, salida el 10 de junio, al alba”

Con sombrero y ropa de hombre, se presentó a la hora señalada, era la primera en la fila, ella fue elegida entre otros más corpulentos, no por mérito sino por cábala, la de ella, tenía alrededor del cuello, la servilleta de los sueños.

El científico le dio los bártulos, subieron a la cápsula del tiempo y bajaron en una estación para subir al Batiscafo que los llevaría a tres mil ochocientos metros de profundidad en el pasado.

Ameyal quedó impresionada por el tamaño del Titanic. Mientras su superior, aprontaba el ingreso, se acercó a una de las escotillas, la abrió y entró al gran salón. Arañas con caireles tornasolados iluminan el gran baile inaugural. Las mesas con manteles blancos, servilletas iguales a la de Ameyal, cubiertos de plata y copas de cristal, engalanan el acontecimiento. Los hombres de smoking y las mujeres con vestidos largos y exquisitas joyas, bailan el vals como quien se desplaza en punta de pie entre las nubes. Seguramente, allí debe estar su antepasado, pero hay tiempo para encontrarlo. –Ellos viven el “más acá” no saben lo que el futuro tiene escrito para ellos, tampoco saben cómo es vivir en el siglo XXV, un futuro que sus descendientes ya preveían y no hicieron nada para no llegar a esta vida seca, tampoco se los voy a contar, ya es tarde- Ameyal eligió “el más acá” y baila como una pasajera más, todos se ríen, abrazan, salen a la cubierta a pasear del brazo o ubicarse en las reposeras y ver las estrellas en su máximo esplendor. Noche de enamorados.

El impacto contra el iceberg sobresalta y obliga a abandonar el gran salón, la nave comienza a inclinarse para alcanzar el descanso definitivo sobre el lecho marino, o no Los hombres se arrojan al agua, mujeres y niños van hacia los botes salvavidas, todos se abrazan y se dicen, quizás por primera y última vez “te quiero”. El Capitán se mantiene en su puesto mientras que Ameyal se encierra detrás de un ojo de buey y en posición fetal sabe que ya no necesitará agua pero tampoco tendrá sed por el resto de su cósmica Vida Eterna.

Ana Tosi

Hada del Universo(Ana-Tosi)

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foto F.J.Aceituno

Hada del Universo

Es un majestuoso cometa, su nombre es Hada pero, para todos, Hada del Universo. Su larguísima cola, cola de novia, está formada por partículas de polvo iluminado por el Sol que la convierten, a la vista de los humanos, en polvo de estrellas, allí el arcoíris hace su entrada triunfal.

No se necesitan binoculares ni telescopios para verla pasar. Ella surca los cielos con su cola al compás de la Tierra, se desliza con vuelos de rotación y translación, así la envuelve y protege. A veces es imprudente y se acerca demasiado al Sol, su brillo no depende de él, es el reflejo de su alma. Ella sabe que tras un cierto número de órbitas se habrá apagado y se convertirá en un asteroide normal y corriente.

Ellos habían llegado para quedarse. Una Turbina de 5 mil kilómetros de diámetro se había instalado en el cielo austral, rotando al boreal los años bisiestos.

Los androides manejaban la vida de los humanos en la Tierra, desde la panza ya tenían una ficha y un destino: trabajar para El Supremo. Nunca nadie vio su rostro, pero se decía que era diabólico, su cabellera larga y blanca acariciaba sus enormes hombros, era sumamente alto, vestía de negro y era el único autorizado a llevar capa y cadenas en sus muñecas. Su único objetivo era llegar a colonizar cada uno de los planetas que se desplazan por el Universo. Era un desafío personal, él con él mismo. El Amo del Universo sentía un gran placer al saberse temido y odiado por la raza inferior: los humanos.

Su nave viajaba cada tanto a la Turbina para controlar que allí, la tarea se cumpliese como él lo había ordenado, de dos en dos, en pareja.

De regreso a la tierra, no se le escapaba detalle, la humanidad trabajaba desde los primeros años de vida, haciendo tareas posibles para la edad, hasta los sesenta años. Luego en compensación les regalaba un viaje a la Turbina. Un viaje de ida. No quería viejos en el Planeta. –Los viejos son un lastre, son antiestéticos, se cansan, enferman y mueren. Son costosos económica y anímicamente hasta la última exhalación. Haré desaparecer todo lo que no es “liso, seguro y autoportante” frase del siglo XXI. El bebé crecerá y será mano de obra, a viejo no llegará-

Los humanos nunca se preguntaron porqué no regresaban sus amigos, vecinos y familiares, caminaban con la cabeza gacha, no podían ver la Turbina. No querían verla.

Falta poco para que termine el año 4011, Papa Noel se está preparando para visitar a los más chicos de la Tierra. Hada, está dando sus últimas vueltas del año, un poco despidiéndose, muy a su pesar. El Supremo, a sus anchas, en el centro de la Turbina dando órdenes para que las parejas de dos en dos vayan acomodándose en las paletas de la Turbina para que al girar en forma vertiginosa, convertidos en polvo, sean desparramados en el cosmos.

Hada, al pasar frente a la Turbina, ve al amo del mundo rodeado de su séquito androide en el centro del motor, también a la multitud, apesadumbrada con llanto en los ojos, prolijamente en fila. Da una vuelta alrededor de la Turbina que ya estaba comenzando a girar levemente. Pensó en todas esas personas que morirían dejando a sus familiares y amigos, pocos días antes de reunirse como era costumbre cerca del árbol de Navidad. Ella no permitiría que eso sucediese, pero ya era tarde, las primeras partículas habían comenzado a diseminarse, sin pensarlo más, se arrojó al centro de la Turbina y su kilométrica cola se enredó en las paletas trabando, definitivamente, su movimiento. Ya convertida en asteroide fue a dar contra el cuerpo macizo del Supremo quien perdió por el impacto, su nefasta vida. Ella también, inmolándose.

Las partículas del asteroide cayeron sobre los árboles navideños en forma de nieve. Hada es recordada de esta forma, cada Navidad, por los habitantes del lugar y del mundo. Los que perdieron la vida son mártires de una devastadora colonización. Las personas que salvaron la suya, volvieron a los brazos de sus seres queridos y conviven: niños, adultos y viejos como desde que el mundo es mundo. Los viejos serán testigos de los acontecimientos y de las actitudes que los adultos quieran aprender de ellos, “a repetir y a no repetir”. Los niños sabrán de fábulas, cuentos y mitos para volver a empezar.

Ana Tosi

No hay dos sin tres (Ana Tosi)

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No hay dos sin tres (Ana Tosi)

Dos fracasos consecutivos era algo imperdonable para quien supo ser un robot de elite elegido por todos sus congéneres sin importar distinción de Naves. RR se sentía sin energía para una nueva invasión. Primero perdió a R14, su robot de confianza y tecnológicamente “de punta”, en aguas de Oriente, luego un chiquillo rebelde, echó a perder un plan maestro, ya que dejarían de ser hombres de metal para ser humanos y por generaciones iría transmitiéndose genéticamente la estirpe R hasta conquistar el planeta Tierra. Esa vez, había confiado en R1, su secretario, éste, había fallado a la hora de introducir a Robi05/1º, en el mercado terrícola.

-Pero, como la “tercera es la vencida” debo pensar un plan que yo mismo ejecutaré sin ayuda de nadie y así voy a recuperar la confianza de mis congéneres cósmicos e invadir definitivamente el planeta en cuestión- pensó RR al mirar telescópicamente, desde el lado Sur de la nave, ese mundo que giraba burlándose de él.

En el sector Norte de la nave, R1 ya vestido con la marca con la cual pensaba mimetizarse para entrar en Tierra y con la mano derecha en alto, trataba de acallar el murmullo que producían los cortos circuitos al intercambiar sus ideas telepáticas. Chispas de colores rebotaban contra las paredes metálicas, generalmente en los tonos del rojo por la furia que tenía la tropa al no poder hacer pie en el continente. La superpoblación que se produjo al abrir las compuertas a sus congéneres hizo colapsar no sólo el sistema eléctrico sin físico, debían permanecer agrupados por falta de espacio, ya no toleraban ese desmanejo por parte de RR.

R1 aprovechó este descontento y pareciendo alabar a RR les dijo que éste hacía muchos años que estaba al mando y que se iba opacando su resplandor por el deterioro que producía el paso del tiempo, que no había dos sin tres por lo tanto fracasaría en el próximo intento, él era un joven robot y al ser la mano derecha de RR había heredado su habilidad para planificar la conquista. También les dijo que RR había fracasado por falta de capacitación en las nuevas tecnologías que cruzaban el Universo y que él poseía. No tenían mucho tiempo, la Energía Oscura haría estragos a corto plazo.

RR pidió a la plana mayor que lo acompañara en este triunfo que estaba próximo a emprender, ellos no lo aprobarían, si él no les explicaba el plan ya que un nuevo fracaso sería muy riesgoso, podrían perder la credibilidad de sus súbditos y no estaban dispuestos a tirar “el poder” por la borda.

-Voy a secar el planeta, por supuesto que no de un día para el otro, la falta de agua los hará mis esclavos, de allí en más sólo obedecerán mis órdenes por algunos cm3 de agua-

-Es una buena idea, nosotros no la necesitamos, recargaremos nuestros circuitos con energía solar – Todos firmaron el plan y lo acompañarían. Comenzaría por Australia, el calor de las naves invasoras iría haciendo estragos hasta llegar a uno de las reservas acuíferas que estaba al norte de un país llamado Argentina y que quedarían secas como el desierto. Lo que RR les ocultó fue que en su recorrido harían un viaje al pasado, en él había menos personas instruidas en esta materia y sería más fácil provocar el calentamiento global. Esto lo tenía sin cuidado porque una vez en la nave, no se opondrían a viajar unos minutos a la velocidad de la luz.

Los primeros refugiados climáticos llegaron a Misiones (Argentina) desde una isla de Australia, ellos habían oído hablar de las Cataratas del Iguazú otros las conocían personalmente. Partieron convencidos que el agua, en pocos años, sería imposible de conseguir en su país. Los primeros estragos comenzaban a notarse: los gomeros blancos se estaban extinguiendo, quedaban menos pardalotes moteados ya que se alimentaban de una especie de azúcar que se encuentra en los gomeros. Hacía varios años que no regresaban los pingüinos enanos y habían desaparecido algunas especies de peces.

Luego de viajar varios días, llegaron a la hermosa tierra colorada, impactados por la vegetación exuberante se dejaron llevar por sus sentidos, una música de cuerdas los acompañó toda la travesía. Caminaron por senderos angostos, llenos de pájaros de colores, pequeños animalitos cruzaban su andar, alguna que otra víbora pero lo constate era el canto del agua cayendo estrepitosamente para unirse luego al río que por kilómetros llevaba su espuma. Cruzaron muchos arcos iris hasta llegar a un lugar donde un grupo de indígenas guaraníes estaban deliberando sobre algo que surcaba el cielo, provocando incendios forestales por el calor que arrojaba, y el agua de su río se estaba evaporando rápidamente. El padre jesuita que estaba con ellos hablaba español y los australianos también. Éste les contó que la tribu estaba más interesada en este espectro que surcaba el aire que en la enorme y monstruosa serpiente llamada Boi, que una vez por año recibe como sacrificio una doncella de las tribus indígenas guaraníes quienes la arrojan al río para ofrecérsela. Todas las tribus guaraníes fueron invitadas a la ceremonia, aún las más alejadas pero esta vez no para elegir la doncella sino para atacar, según ellos, a las fuerzas del mal. Y verdaderamente lo eran. RR era el mal, un terrible mal al que le quedaba poco tiempo de vida. R1 lo sabía – no hay dos sin tres- dijo en vos alta, ahora era él el que miraba con el telescopio desde el lado Sur de la nave.

Una noche, tres gigantes y plateadas lunas se posaron sobre las cataratas y descendiendo sobre la Garganta del Diablo comenzaron a evaporar su agua. En el lecho del río y por los ruegos indígenas, apareció la tan temida Boi que contorneando su enorme y pesado cuerpo subió al cielo y abriendo sus fauces deglutió una por una esas lunas que no eran de los enamorados. -Luna hay sólo una- pensó Boi, olvidando la leyenda de los enamorados que una vez él separó. Ésta le pertenece a los deseos y lágrimas de los que viven un gran amor.

Ana Tosi

Otra vuelta de tuerca (Ana Tosi)

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carloshernandez144.blogspot.com.

RR tenía los circuitos alterados, microchispas golpeaban su cuerpo. La que hubiese sido una exitosa invasión, tan detalladamente planeada, termino en un rotundo fracaso, no sólo hizo agua sino que terminó con la existencia de R14, el único capacitado con tecnología de punta para programar un avance disimulado sobre otro planeta. Lo que más molestaba al jefe era que algo tan simple como una inundación, había terminado con su tropa oxidada y dispersa en el océano o lo que era peor vendida por los terrícolas como chatarra.

RR no se dio por vencido. Llamó a R1 – esta misión fue un fracaso, tenemos que encontrar una forma de adueñarnos del planeta Tierra, es el único lugar donde hay todo lo necesario para luego conquistar el Universo, piense R1, ayúdeme a pensar-

A esta altura R1 pensaba que su jefe quería resolver en un minuto lo que realmente era algo delicado y complejo.

De pronto, golpeando contra una de las ventanillas de la nave RR dijo – ya sé, tenemos que ser humanos, no parecer humanos. Nada de circuitos y metal, debemos correr por las venas humanas, inocular células transmisoras y así, de a poco, ir transmitiendo a los niños en gestación las órdenes para convertirlos en mis esclavos terrestres y así por fin la Tierra será nuestra-

R1 pensó que su superior era una mente brillante y esperó los detalles para ejecutar pero, ésta vez RR con voz monocorde, le dijo – Irá usted, es el único congénere en quién confío.

A pocos metros del Obelisco, un mega negocio de electrónica y robótica, abrió con toda la pompa, sus puertas al público. Artículos de telefonía celular, computadoras de todo tipo, incluso robots hogareños, hospitalarios, de juguete, se ofrecían en la vidriera.

Éstos últimos los trajo un hombre con vasta experiencia en el mercado de robots, así se anunciaba él mismo. Parecía un androide y algo loco, pero era muy cuerdo –los genios somos raros le dijo, entre dientes, al dueño del negocio- éste último no reparó en su aspecto, a él qué le importaba la pinta del vendedor,- raritos hay en todos lados- pensó y para empezar le compró treinta minirobots de una serie de mil.

-Éstos se llaman Robi 05 ya que van de cero a cinco años- le dijo el vendedor y se fue con el dinero que terminó tirando a la basura al poco tiempo.

En el Centro de Inseminación Artificial, estaban de fiesta, habían incorporado un nuevo asistente: Robi05/1º, seguramente, les gustaría a los futuros hijos. Lo llamaron así porque sería el primero de varios ya que, cuando los futuros padres lo vieran, querrían llevar uno de recuerdo y la secretaría del doctor no tendría más que darles la dirección del mega negocio.

La tarea a cumplir por Robi05/1º era dar vuelta las probetas de la incubadora que estaban a una temperatura bajo cero donde los futuros niños esperaban a sus futuros padres. Éste permanecía dentro de la bóveda las 24 horas del día pero la abrían para que las parejas pudieran ver el cuidado que le prodigaban a esos futuros hijos. Al cerrarse la puerta RR, cada noche, le trasmitía a Robi05/1º las instrucciones para inocular los transmisores antes del nacimiento y él cumplía al pie de la letra, casi al pie, las órdenes de su superior.

Los primeros treinta niños llevaron un Robi05 cada uno, adquiridos en el mega negocio. Éstos permanecían cerca de la cuna y durante la noche RR les trasmitía a los minirobots órdenes por medio de ondas para que fueran retrasmitidas a los trasmisores inoculados al torrente sanguíneo de los bebés.

Todo funcionaba de maravillas, RR estaba satisfecho de su nuevo plan, sólo que no había tenido en cuenta que al crecer, estos niños los rompían, los metían en el agua, en el barro, los olvidaban en casa de sus parientes. –Ellos tienen una vida desordenada, le decía a su secretario R1, si bien, hemos logrado que los niños pisen insectos, le den vuelta la cola al gato o psicopateen a su padres hasta hacerlos sentir culpables de todo, no hemos conseguido que los transformen en súbditos, algo anda mal-

Una noche fue a ver personalmente a Robi05/1º al Centro de Inseminación, él no estaba, lo esperó. Se acercó a una de los ventanales y lo vio en una manifestación que llevaba un enorme cartel que decía “POR LOS DERECHOS DEL NIÑO”. Cuando Robi llegó, RR le contó que las cosas no estaban saliendo como lo había planeado y le pregunto si él estaba haciendo bien su trabajo. – Por supuesto que sí- le dijo. Pero no.

El Centro cerró sus puertas en la Capital y se fue a las sierras. Cuando quisieron embalar a Robi05/1º, él no estaba, comprarían otro.

Robi salió del Instituto sin ser visto, quería ser un compañero de juegos de cualquier niño, tomó su llave fija y dio, en su lateral derecho, una vuelta de tuerca para desconectarse de sus congéneres y otra para comenzar a vivir.

Ana Tosi

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Manos orantes (Ana)

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Manos orantes

-Debemos pensar algo rápido, encontrar una solución ahora, ya no alcanzan nuestros circuitos eléctricos de alimentación en la nave. El último ingreso de nuestros Idénticos colmó las bocas de energía, hicimos mal en abrir, a otros congéneres, las compuertas de nuestra nave Madre.
-Déjeme pensar R1. Podríamos mandar a R14 que es nuestro robot más avanzado, a hacer una recorrida por el espacio y ver si podemos aterrizar en la Tierra para abastecernos sin ser descubiertos y volver a nuestro circuito universal hasta la fecha de la invasión definitiva a ese planeta, estoy cansado de aterrizar esporádicamente y provocar un revuelo en los habitantes que perjudica nuestros verdaderos objetivos.
-Me ocuparé de los detalles, RR.
R14 viajó incalculables días para encontrar un lugar que reúna las condiciones adecuadas según las órdenes recibidas. En el ínterin, un desperfecto lo obligó a aterrizar, según su radar, en un país de Oriente.
Su cuerpo, sólo tenía energía para 48 horas más y su misión le llevaría unos cuantos días. Esperó la madrugada para hacer un relevamiento de la zona y buscar dónde recargarse. En el trayecto fue descartando lugares hasta que vio un complejo industrial de varios pisos donde fabricaban robots para el armado de productos electrónicos. En un patio descubierto, enormes cajas de cartón con nombres de empresas electrónicas, llenaban la superficie. Entró y vio que en las cajas había muñecos semejantes a él esperando para ser despachados, no eran iguales pero, bien podría pasar por uno de ellos. R14, pulverizó uno y tomó su lugar. Aún tenía 40 horas de carga en su batería.
A las pocas horas sintió que era cargado en un camión y por el ruido, los demás también. Cuando abrieron la caja estaba en una gran fábrica donde se producían computadoras, lo sacaron y lo alinearon junto a los otros. Todos fueron conectados a grandes bocas de energía, él tuvo que tomar la rápida decisión de cambiar su código para poder recargarse como el resto.
El Ingeniero de la planta pasó revista, miró largamente a R14, algo no le cerraba pero no era su tema, “será el guía” pensó, ya tenía los robots necesarios para ir cubriendo los puestos vacantes, serían cien mil de un total de un millón en toda la planta donde se producían otros artículos electrónicos.
Los trabajadores no eran útiles, pensaba el Ingeniero, se cansaban y provocaban accidentes irreparables como ser la pérdida de una mano o una pierna, trabajaban sólo 16 horas, pedían vacaciones adicionales, perdían la salud y a veces la vida, en forma natural o suicidándose por las presiones laborales que no podían afrontar. A él le pagaban muy bien a diferencia de sus obreros que cobraban sueldos magros y estaban obligados a pedir reiterados aumentos pero, debía tener listo el número acordado de computadoras de lo contrario, correría la misma suerte que ellos.
Llegó la noche, la fábrica quedó en silencio y R14 levantando el dedo les dijo a los otros “ustedes son mis esclavos, despídanse”. Se comunicó con la nave base y relató a RR los hechos, tenía cien mil bocas de alimentación, acordó que le mandaran tandas de cien Idénticos para no llamar la atención. A medida que iban llegando, ellos y R14, iban pulverizando los muñecos con forma de robots y tomando sus puestos.
Todo iba de maravillas, el plan de RR se estaba cumpliendo a la perfección, hasta que una noche estrellada y tranquila se convirtió en caos, muerte y destrucción. Una ola gigante tapó la ciudad, el agua arrasó todo a su paso, playas, calles y construcciones. Autos, micros, barcos y cuerpos deambulaban a la deriva sin tope, la gente que aún conservaba su vida miraba angustiada, desde los techos, su desolado futuro.
Por semanas no tuvieron agua potable ni electricidad. Un equipo trabajó contra reloj para dar a la sociedad lo mínimo indispensable para una subsistencia precaria. Las fábricas perdieron todo, las maquinarias convertidas en chatarra, eran una perdida incalculable, pero sus reclamos no fueron escuchados por el gobierno, había que rescatar vidas, la Vida.
Los primeros en recibir electricidad fueron los hospitales, los refugios y las escuelas, luego sería el turno de los hogares y los templos.
El primer atisbo de electricidad llegó, dos meses más tarde, a un barrio obrero. Una luz tenue e insegura halló a una familia con rostro agradecido y manos orantes. En ese instante, en un templo cercano, el Ingeniero pedía perdón.
Ana Tosi

fuente:

http://www.lanacion.com.ar/1394098-un-millon-de-robots-para-fabricar-la-ipad

Imagen:

http://yectzinambarcampos.blogspot.com

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Infierno en el bosque (Ana tosi)

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Infierno en el bosque

Policías, bomberos y ambulancias habían llegado al Planetario, un revuelo infernal sacudía el bosque de Palermo. Había cientos de cuerpos esparcidos y sin vida, carritos y bicicletas tiradas, esta imagen daba al lugar un aspecto de fin de los tiempos en miniatura.
Lo primero que me llamó la atención al llegar al lugar fue que los cuerpos estaban todos boca arriba, bien acomodados y observé uno por uno, todos tenían en el centro del pecho una sutura quirúrgica desconocida, sólo un punto coronaba la herida casi imperceptible.
Rodearon el Planetario con cintas blancas y rojas. Los que estaban adentro no podían salir hasta ser interrogados por la policía y contar qué habían visto desde el interior. El aire estaba enrarecido, no por gas o polvo, sino que eran finas estelas brillantes que surcaban la zona. Los expertos tomaban partículas para analizar, estaban desorientados. Cuando me iba acercando al edificio, un policía me pidió que me identificara y ahí me di cuenta que no llevaba la placa donde acreditaba mi tarea como investigadora científica del Conicet. Pasé la cinta y vi en el pasto huellas extrañas, me agaché, tenían tres dedos y en la parte del talón tres círculos que se hundían unos cuatro centímetros en la tierra. Parecía un pie o un zapato preparado para escalar.
Entré en el Planetario, nadie había visto nada, salvo un niño que estaba en ese instante mirando por el telescopio y vio como enormes naves cilíndricas sobrevolaban el lugar. Sin embargo, cerca de la puerta, encontré a un adolescente que estaba paralizado, la mirada fija en el exterior y no respondía a ninguna pregunta. Le hablé y no reaccionaba, recurrí al el método más antiguo, le vacié en la cabeza una botella de agua mineral que siempre llevo en mi bolso. Cuando despertó se puso a llorar, lo abracé y el terror que sentía le hizo describir entre lágrimas los hombres de acero que habían desembarcado de unos cohetes enormes que fueron expulsados del medio del lago que está al costado del edificio, él estaba ahí justamente tratando de remontar el barrilete. Estos tenían la cabeza en forma de lanza y llevaban en una mano una especie de reloj y en la otra algo parecido al torno del dentista, ahí recordé la sutura perfecta y ¿los pies o zapatos de escalador?. Le agradecí y continué mi camino.
Me fui del pandemónium, crucé la calle y caminé por El Rosedal, mi cabeza estaba embotada, qué era todo eso, una pesadilla, jamás vi algo parecido salvo en las historias de los extraterrestres pero supuestamente estos venían de adentro de la tierra, sería por ese motivo, los pies preparados para escalar. Estoy empezando a enloquecer, es como pensar en la existencia de espíritus aunque algunos los vieron, doy fe.
Di una vuelta por la glorieta y el Patio Andaluz, a la derecha de éste un enorme pozo cilíndrico, justo ese día decían en el noticiero, que en un país de Centroamérica se producían cada tanto, pozos profundos y perfectos, llamados “efecto sumidero” pero acá no existe esa rareza de la naturaleza. Mientras observaba el pozo, vi salir entre los árboles un hombre alto, acerado y que llevaba en su mano derecha un reloj que acababa de sacárselo del supuesto pecho, una pechera de acero. El susto me paralizó pero igualmente salí a su encuentro, era más fuerte develar el misterio que mi vida.
• ¿Usted me entiende?
• Sí.
• Esta matanza es obra de ustedes.
• No es una matanza, sólo subimos a cambiar un reloj de alta precisión como usamos nosotros por el corazón de cada persona que había en el bosque.
• ¿Si son tan avanzados, no sabían que nosotros los humanos no podemos vivir con un reloj en lugar del corazón?
• Lo lamentamos mucho, sucede que nosotros nos superamos en todo, vivimos desde hace millones de años en el centro de la tierra, fuimos obligados por el Superhombre a refugiarnos ahí, salimos de ella a través de pozos como éste que usted ve acá, superamos la ciencia, llegamos a la inmortalidad y al tiempo infinito.
Lo siento por usted, esto que le voy a decir será un secreto que se llevará a la tumba, nosotros tenemos todo, menos corazón.
Ana Tosi