DIMENSIONES

escaleras[1]

Cuando llegué a Xantada, sobre la media mañana, la niebla cubría la pequeña ciudad. Era muy común que esto ocurriera. Lo particular, fue, sin embargo, la ausencia de personas. Mientras caminaba por las calles desiertas, llegué a la esquina de las cuatro carreteras, donde se encontraba el Café de Los Ángeles, sitio habitual de reunión de los parroquianos más conspicuos y de todas las clases sociales.
En una de las mesas, colocada sobre la vereda ,estaba sentado un anciano, labrador seguramente, porque esta era una ciudad de labradores, de poco más de 10.000 habitantes, distribuidos por el casco urbano y en las mas de cien aldeas que completaban el ayuntamiento.
Negaban sus habitantes haber pertenecido a Portugal, hace cientos de años. A pesar de sus raíces portuguesas, tanto idiomáticas, como históricas, ellos estaban orgullosos de pertenecer al estado español.
Me senté en la mesa opuesta a la que se encontraba el anciano. No cesaba de mirarme, como si me conociera. Me hizo un gesto que interpreté como un pedido de ayuda. Me acerqué y me invitó a sentarme en una silla al lado suyo.
-¿Tú no eres de aquí? me preguntó en perfecto castellano, sorprendiéndome, porque Xantada estaba en Galicia y aquí, todos hablaban gallego.
-No- le respondí- soy argentino, de Buenos Aires.
Su rostro afable, arrugado, le daba un aspecto frágil, como si su cuerpo pudiera quebrarse en cualquier momento.
-Estamos en este mundo, comenzó a decir, para aprender que todo es posible. Porque la suma de todos los posibles es el camino mas seguro hacia lo imposible. Xantada es el corazón de Galicia.
No supe que contestarle, solo atiné a escucharlo.
-La sabiduría- continuó- es un estado de gracia, muy difícil de alcanzar. A mis años, he descubierto, que el mundo y el universo están llenos de miles de millones de dimensiones.
No pude evitar una sonrisa que debió parecer molesta.
-Claro- siguió sin molestarse- descreer es lo primero. Hay una historia muy antigua que dice que el mundo era un paraíso, sin enfermedades, donde hombres y mujeres eran inmortales. Todos los males estaban guardados en una caja. Pandora, la mujer de uno de los dioses, recibió como regalo esta caja, con la condición de que no la abriera. Pero la curiosidad pudo más. La abrió y todos los males se esparcieron por el mundo. Al comenzar a morir, las personas cayeron en un profundo pozo depresivo. La muerte fue algo que no podían entender. Gracias a la esperanza, los habitantes del mundo, retomaron sus actividades y comenzaron a soñar de nuevo.
-¿Porque te cuento esto? Porque entonces, nacieron las dimensiones.
-Las enfermedades se multiplicaron, así como los buenos y malos sentimientos. Miles de millones de dimensiones, invisibles a los ojos humanos, rodeaban a los habitantes del planeta. Los sentimientos se volvieron abstractos, invisibles. A cambio de estas pérdidas, los espíritus de los muertos y de los vivos, tuvieron sus propias dimensiones.
-Yo mismo soy uno de esos espíritus- dijo sin inmutarse.
-Vamos abuelo- le dije, lo invito a tomar un café. En honor a todo lo que me contó.
En esta ciudad es muy común toparse con ancianos labradores, que cuentan historias llenas de fantasías, más cercanas al mal de Alzheimer que a otra cosa.
La niebla comenzaba a disiparse. Busqué al mozo y no aparecía. Me levanté y entré en el bar. Me acerqué al mostrador y pedí dos cafés. Al regresar a la mesa, el anciano se había ido. No vi hacia donde. En pocos minutos, el sol disolvió los últimos rastros de la mañana difusa. Olvidé este encuentro que ocurrió hace unos cinco años.
Este año, regresé a Xantada por cuestiones familiares. La ciudad festejaba un nuevo aniversario de su fundación. En la parte del casco antiguo, había una exposición de fotos y objetos de colección, en una vieja casa de piedra, reacondicionada para la ocasión. Me llamó la atención una de las imágenes. Un anciano, muy parecido al que había hablado conmigo, años atrás, aparecía en una foto grupal. Leí el epígrafe: “Foto del primer alcalde de Xantada, computarizada y remasterizada de un cuadro de época del siglo 15. No pude hacer otra cosa que reírme en voz alta, provocando las miradas de asombro y sorpresa de los escasos visitantes.
Al lado del alcalde, en otra foto, más al fondo de la exposición, estaba sentado un tipo muy parecido a mí, haciendo un gesto, como si estuviera llamando a alguien.
“Habitante de Xantada, conversando  con el primer alcalde de la ciudad”, decía el texto al pie.
No salía de mi desconcierto. Pensé que había sido un sueño. Creí en la posibilidad de una circunstancia fortuita, de un parecido casual. Pero el lunes de mi regreso a Buenos Aires, mientras caminaba hacia la fila de taxis, llegando a la salida del aeropuerto, sentado alrededor de una mesa, estaba el anciano que me había contado fantasiosas historias de dimensiones, sentimientos, males esparcidos por el mundo y supongo que por el universo .Lo acompañaba una persona, sentada de espaldas a mi, lo que me impedía verle el rostro.
Un mundo, un universo, lleno de miles de millones de dimensiones, donde los espíritus y los sentimientos, se encontraban, de manera inesperada, en algún punto de la historia, en algún sitio del infinito, repiqueteaban en mí, las palabras de aquella disparatada conversación o monólogo, según se lo mirase.
El hombre de espaldas, giró su cabeza. Era alguien muy parecido a mí. Casi un doble. Se levantó de improviso, pasó a mi lado, tomó mi valija, ignoró mi presencia y se fue con mi equipaje. No pude hacer nada.
Simplemente lo seguí y desde hace un tiempo indefinido que no puedo precisar, intenté hablar con muchas personas, pero nadie me contestó. Me traspasaban. Era como si estuviese en otro lado. Otra dimensión. O una de las miles de millones de millones que debía haber. No sabía que me estaba pasando.
-Estoy acá- les decía, pero solo hablaban con este tipo, que me había reemplazado, pero nadie notaba la diferencia.
Por eso había decidido escribir un relato.
Para que quienes lo leyeran en el futuro , pudieran entender ; que si cometía de ahora en más algún acto disparatado,  fuera de lo habitual, no sería porque había cambiado radicalmente, sino porque no era yo. El otro cargaría con toda la responsabilidad de esos actos. Pero escribirlo me sonaba inverosímil y como y donde lo haría. Por eso abandoné, antes de comenzar . Renuncié a contar lo increíble que me estaba pasando.
-¿Quería saber donde estaba,  que sitio era este?
¿Sería mi espíritu que se había separado de mi cuerpo? ¿Estaba muerto y  pagando mis errores vividos en un sitio al que algunos llamaban purgatorio?¿Que había de mis virtudes o las que yo creía haber tenido; no servían para equilibrar la balanza a la hora de los supuestos premios y castigos? Y de ser así, ¿hasta cuando, hasta la próxima reencarnación si la hubiera o hasta el fin de los tiempos?
-Mientras todos dormían, podía sentir, desde este lugar, infinidad de latidos y voces. Imágenes de una película que cambiaba a cada instante.
Esta sensación de angustia y desconcierto, sin sentir hambre, ni frío, ni calor  era como vivir en una prisión de lujo, tal vez por toda la eternidad o hasta que la eternidad misma se terminase.
¿Había llegado la hora de asimilar toda la sabiduría que había en las infinitas dimensiones y transmitirla?Todo lo que podía ver, oír y aprender, eran parte de un todo.
Como el anciano que encontré en Xantada y en el aeropuerto de Ezeiza.
Tal vez, de ahora en adelante, sería mi nueva forma de trabajar en este juego multidimensional.
La soledad interminable era el primer aprendizaje. Estaba como suspendido, congelado, en tiempo y espacio. Una minúscula partícula, en alguna dimensión, extraña , ajena, esperando una señal, para volver a existir

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TURBULENCIAS

avion-tormenta[1]

Cuando llegó al  sector de migraciones del aeropuerto, el altavoz anunciaba en un lenguaje confuso, la salida de un vuelo, su postergación o eso le pareció al menos.
Unos minutos antes, el avión en el que viajaba, había entrado en zona de turbulencias, perdiendo altura, siendo azotado por una tormenta de otoño.
Su compañera ocasional de viaje en el asiento, besaba el rosario y rezaba, mientras una azafata, trataba de ponerse de pie, luego de haberse caído por los vaivenes del avión.
A él se le habían tapado los oídos y recién se dio cuenta de lo que pasaba, cuando observó como la nave se movía al compás del viento, como si fuese de papel. Incluso el rayo que le pareció ver, supuso sería parte de su imaginación.
Comenzó a escuchar los gritos de los demás, cuando el piloto consiguió controlar el vuelo y entonces el silencio del miedo, se apoderó de todos.
Fueron minutos interminables hasta el descenso y al aterrizar sobre la pista él y seguramente la mayoría, suspiraron de alivio.
Abrieron las puertas de desembarco y comenzó la salida de los pasajeros por la manga que conducía al pasillo de recepción de viajeros en el sector migraciones.
Nadie se animaba a dirigirse la palabra, todavía shockeados por los últimos minutos que casi resultaron fatales.
Un rumor invadía el aire, rumor que crecía a medida que se acercaba  adonde debían sellarle el pasaporte para entrar en la Comunidad.
Cuando llegó al sector de migraciones del aeropuerto el altavoz anunciaba en un lenguaje confuso, la salida de un vuelo o su postergación.
No le llamó la atención eso, porque era muy común que los parlantes estuviesen mal graduados y el sonido estuviera saturado por causa de la mala acústica, haciendo imposible oir cualquier comunicado.
Pero le extrañó el silencio del resto de los pasajeros, algunos de ellos temerosos, como si no pudiesen recuperarse de los acontecimientos de la última media hora del viaje.
La fila no avanzaba y se puso impaciente.
De pronto, todos se arrojaron al piso, como si hubiesen recibido la orden de hacerlo.
Solo él quedó de pie, para escuchar lo que  decían unos policías con sus cascos antimotín, apuntando con armas largas que nunca había visto antes y que los rodeaban.

Recibió algo parecido a una amenaza. La voz sonó tan imperativa que la pálidez de su rostro debió notarse, aunque nadie le prestó atención.Al tirarse también al suelo pudo ver desde alllí los rostros escamados de los guardianes y las colas que sobresalían de sus espaldas , a los que ahora podía observar porque se habían quitado los cascos que protegían sus rostros.

Recordó entonces que durante las turbulencias que azotaron el avión en el vuelo le pareció por unos breves segundos que la nave había traspasado alguna barrera del sonido o algo asi, cuando creyó haber visto aquel rayo misterioso.

Comprendió, aterrado, que habían llegado al aeropuerto y mundo equivocados.

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Furia espacial

Estaba apurado. Llegaba tarde al trabajo como de costumbre. Cuando quiso estacionar la nave en el hangar que le correspondía, otra nave de última generación, más veloz y moderna que la suya ocupaba el espacio. Estaba harto. Todos los días lo mismo. Era tiempo de poner las cosas en orden. Sacó de su maletín, la pistola desmoleculizadora y lo desintegró. Para evitar problemas futuros, hizo lo mismo con las doscientas naves que había. Luego de recargar con energía el arma continuó con las cámaras de filmación para no dejar huellas y a los que huian despavoridos también les disparaba. Esto, no obstante, en lugar de calmarlo, incrementó su furia. Personas desconsideradas se apropiaban del sitio establecido por ley. Y los que no cumplían la ley merecian ser castigados, no ya con los reglamentos, sino con la ley de los que estaban cansados del sistema. Cuando escuchó las sirenas de los carros espaciales de asalto muy cerca, comprendió el daño que había hecho. Era demasiado tarde para dar explicaciones. Desintegró también su vehículo y utilizando el modificador visual de personas, un holograma femenino, mayor de 70 años, con bastón, profundas arrugas y de aspecto frágil, reemplazó su cuerpo a la vista de todos. Al llegar los policias humanoides, desconcertados, no se percataron del cambio y  ayudaron a la anciana a ser evacuada, mientras trataban de investigar que había ocurrido. Lo que más preocupaba al agresor, no era el daño que había hecho, sino cuanto tiempo le duraría la carga para mantenerse oculto en el holograma femenino y que no llegaría al trabajo puntual como le gustaba.

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LA FRONTERA DEL UNIVERSO CONOCIDO

A veces el hastío me contrae los músculos, recorre mi cuerpo y me ayuda a descansar. Cientos de cámaras instaladas a lo largo de la frontera del universo conocido, controlan cualquier anormalidad. Beta 4 es el primer y principal sistema solar de planetas comerciales. Allí el trabajo abunda y es muy común ver como extrabetanos llegan en busca de un futuro promisorio. Miles de naves espaciales con inmigrantes pasan por la frontera. Mi misión es darles el OK a los que están habilitados para continuar viaje a uno de los 30 planetas del sistema. Parece un trabajo difícil para uno solo al principio. Pero con la ayuda de los humanoides, el aburrimiento es el preámbulo del hastío y la tranquilidad con que transcurren los días. Soy el custodio del sistema Beta 4. El único humano permanente. Nadie quiere estar aquí mucho tiempo. Nadie lo soporta. Lejos de todo y cerca de la nada misma. Mi anterior compañero extrañaba a su familia, pero a mi nada de eso me importa ya. Divorciado de mi mujer, decidí no volver a formar pareja de nuevo. Los años pasaron y las distancias que me separan no me importan. Lo vivo como un exilio necesario. Me transformé en un lobo estepario, en un buey solitario, un monje tibetano, un francotirador desarmado.  Aunque nací en el viejo y hoy casi desolado planeta Tierra, pronto tuvimos que emigrar con mis padres y hermanos. Unos doce millones viven todavía hoy en pequeñas ciudades oxigenadas dentro de domos gigantes. La atmósfera se fue contaminando con el paso de los milenios. Los recursos naturales se agotaron. Y el planeta madre de la raza humana se transformó en un inmenso desierto donde la nostalgia por los valles, mares y ciudades imperiales que la componían, forman parte de un pasado que solo puede verse en viejas filmaciones de época y libros de historia. A la hora que me toca el relevo, mi nuevo compañero Ronaldo, llegado hace 3 meses ya está pensando en el regreso. Se pregunta como llevo 25 años acá. A veces yo mismo lo hago. De a ratos, pienso si no soy uno más de los humanoides que me ayudan en el trabajo. Hoy la vida se ha extendido hasta los 180 años. Cócteles de vitaminas antioxidantes y el descubrimiento de vacunas contra todas las enfermedades existentes, más el vencimiento del cáncer y el sida, derivaron en largas existencias. Hoy la vida promedio es de 320 años. Las operaciones para reemplazar partes del cuerpo desgastadas por piezas biónicas es cosa de todos los días. En realidad somos mitad humanos mitad máquinas. Nos cuesta aceptarlo. Me cuesta aceptarlo. A veces el hastío es un mecanismo que corroe el ánimo. La rutina de controlar la frontera del universo conocido. ¿Vivir tantos años tiene sentido? Millones se lo preguntan en estos años. Los planetas más atrasados en tecnología dependen de Beta 4. Esta frontera tiene un campo magnético que no permite el paso de naves con inmigrantes ilegales. Millones de extrabetanos han muerto intentando cruzar los límites permitidos. Y esas muertes en la conciencia de los betanos tienen un peso extra. Hace dos horas veo desde las pantallas plasma multidimensional como cientos de naves se están agrupando en la extensa línea prohibida. Se preparan para cruzar aunque no tengan permiso. El hambre y la escasez de recursos son los principales motivos de esta rebelión espontanea y necesaria. Por más que me reemplacen el corazón, las piernas o las manos, el complejo y misterioso cerebro humano es irreemplazable. Esas naves  que se agrupan traen en su interior miles de inmigrantes del planeta tierra, mi planeta de origen. Los betanos tienen poco de humanos. Son altos, longevos, de cabellos platinados y ojos saltones. Pueden adaptarse a cualquier atmósfera, incluso las contaminadas. Esa adaptación les permite tener éxito, no solo en el sistema de planetas Beta 4, de donde son originarios, sino en cualquier planeta con temperaturas adecuadas. Pero desprecian a quienes no son como ellos. Por eso me dieron este miserable trabajo. Ronald, mi nuevo compañero y yo estamos listos. Vino para avisarme que llegó el momento que estuve esperando estos 25 años. Mi verdadera misión comienza ahora. Quitamos el campo magnético en pocos segundos y permitimos que las naves espaciales terrestres pasen el límite prohibido. Yo, el guardián de la frontera del universo conocido, no puedo olvidar donde nací. Me uno a ellos, junto con Ronaldo y nos vamos muy rápido, a velocidad ultra estelar, dentro de una nave vetusta pero eficaz, camino a Beta 4. Ellos son inmigrantes ilegales y yo, desde ahora, un desocupado más, en busca de trabajo, a la aventura, como todos los que viajan en las naves espaciales.

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EL MENSAJE DEL MAR

Te lo dije, Mariel. A veces cuando el viento estremecía el cielo y las nubes tapaban el sol, cuando la tierra se conmovía por un sismo y las aguas superaban los niveles máximos, era difícil pensar hasta cuando nuestro planeta soportaría la tortura del progreso desmedido del hombre.

Hablaban de calentamiento global, disminución de la capa de ozono, de lluvias ácidas, de glaciares que se evaporaban.

Pero lo que yo notaba diferente era el mar.

Me sentía un estúpido cuando les contaba a mis compañeros de trabajo, que por las noches mis sueños eran invadidos por pesadillas que no podía recordar a la mañana siguiente.

Les dije, como te decía entonces, cuando viviamos juntos, que el sonido del mar tenía un significado. Creí que me volvería loco, porque así me sentía.

Los terremotos, el tsunami, las inundaciones fueron comunicaciones de dolor. Dolor de la tierra madre herida, mutilada, arrasada por la codicia del ser humano.


Ahora, mientras el viento estremecía el cielo y las nubes tapaban el sol del mediodía, llegaste a nuestro refugio, el que abandonaste, porque no podíamos convivir.

-Quiero que me abraces-,te dije. -

Que cierres los ojos y no hablemos.

Unidos en comunión

Hoy, el sueño me reveló el misterio del sonido del mar.

Era un mensaje.

De furia, dolor y desconsuelo.

Por eso te llamé. Para que sellemos nuestro amor . Aqui, en el noveno piso de este departamento, que a veces fue nuestro.

Abajo, en las calles, había calma, pero, ¿hasta cuando?

Pasaron las horas, hasta que estalló la noche y con ella, comenzaron las tempestades.

El cielo se cubrió de sombras y el miedo se apoderó del tiempo.

-Mariel. Te pido que no temas por los gritos que estremecen el aire, ni por el ruido de miles de cristales rotos, ni por el viento majestuoso que acrecienta nuestros silencios.

Seamos solamente dos extraños ,  jurándose amor eterno, entre besos y abrazos,  mientras esperamos que las aguas del mar, devastadoras, impiadosas,  no nos alcancen.

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UN VIERNES 13


Había nacido un viernes trece. Hacía mucho calor aquella tarde y en la noche se desató un temporal que destruyó gran parte de la ciudad, le contaron sus padres. Con el paso de los años, descubrió que amigas y amigos, caían en desgracia al conocerlo y entablar amistad con él. En cuanto a sus enemigos, la situación empeoraba. Accidentes de todo tipo, roturas de huesos,  operaciones de urgencia a causa de enfermedades desconocidas, eran solo algunos de los contratiempos que tenían.
Lo tildaban de “mufa”. Lo mismo  ocurría con sus romances. Su primera novia terminó en un neuropsiquiátrico de manera inexplicable. Sus familiares le echaban la culpa de lo que le había pasado. Pero en pocos días  recibió el alta y se recuperó cuando dejó de visitarla en el hospicio.
Al iniciar una relación nueva, no tocaba este tema, pero era lo mismo. Los accidentes y enfermedades para amigos y enemigos, se multiplicaban. Varias veces cambió de barrio, amistades, amores y trabajo, para evitar que le reconocieran.
Todo fue en vano.
Decidió marcharse, para intentar reiniciar una nueva vida en otro lado.
Sus padres, inmunes a las desgracias que provocaba, se lo advirtieron.
-No mires atrás cuando te vayas. No es conveniente.
Quiso despedirse de la ciudad que le vio nacer, creciendo entre sueños y esperanzas que se truncaron; dándole una última mirada, la del adiós.
Un terremoto épico, que duró interminables minutos, según informaron los noticieros del mundo, hundió la ciudad entera en un inmenso agujero.
Con el dolor de la partida, olvidó que era el día de su cumpleaños, un viernes trece.

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REGRESANDO

nave-espacial[1]

“Debajo de todo, nuestro cielo.

Y por encima de todo, nuestro amor.

Esto que nos dijimos antes de partir en el espacio puerto, alimentó mi esperanza los diez años que estuve perdido, viajando por el espacio. También me mantuvo vivo, el recuerdo del día que nos conocimos en la escuela de pilotos espaciales. Supe entonces que siempre estaríamos juntos.

Te enojaste cuando acepté la misión. Son 6 meses nada más, te dije. Pero tus premoniciones y pesadillas resultaron ciertas.

Al partir, perdí contacto con la Tierra. Con la computadora central pude controlar la nave después de varias semanas a la deriva.

Extraterrestres viajeros del espacio como yo me dieron ayuda.

Reacondicionaron todos los desperfectos. Había materiales en mal estado y fue un milagro que la nave no se desintegrara.

No pude comunicarme antes, porque nuestras frecuencias no captan sus mensajes. Me instalaron un nuevo programa de comunicaciones y me enseñaron el  sistema para convivir en forma pacífica; vuelvo con la esperanza de poder aplicarlo en nuestro planeta.

Nos visitan muy seguido, pero nos contactan poco. Nos consideran muy belicosos e inestables”

-Son  grabaciones  rescatadas de la caja negra, general.

-La nave extraviada hace diez años, tenía forma de platillo volador.

-Fue atacada esta madrugada por aviones de combate, derribándola por violar el espacio aéreo y no responder a  nuestro ultimátum.

Ella pudo olvidarlo, luego de muchos años cuando lo dieron por desaparecido.

Se dedicó a su profesión  y aunque tuvo otras relaciones, no volvió a enamorarse como aquella vez.

“Debajo de todo nuestro cielo. Y por encima de todo, nuestro amor.”

-Estas fueron las últimas palabras registradas en la caja negra antes de ser atacado, general.

“Aunque el destino nos separó, estoy regresando.

El universo es infinito, pero no vale nada sin vos.”

Ella, en cumplimiento del deber, piloteaba el avión de caza que derribó la nave.

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RESERVA

Lucio Peralta hacía su recorrido diario. El turno de la noche, al que se había acostumbrado, le resultaba agradable. El silencio de la noche, apenas alterado por los ruidos detras de las paredes de la reserva animal, antes le resultaban desagradables. Ahora, si no los oía, se preocupaba. Discusiones que eran muy comunes entre los habitantes de la reserva formaban parte del bullicio nocturno. Venido del planeta 453 Alfa en busca de trabajo, consiguió llegar a la Tierra unos años atrás. Venía sin papeles interestelares ni documentos de identificación. Luego de andar a los tumbos por unos días, vio un aviso en su tablet. Un mail en su casilla de correo electrónico, le informaba que lo habían aceptado como guardia de la empresa espacial Nosotros y el Universo, a la que le había enviado su curiculum vitae. Pronto consiguió la visa de trabajo y lo derivaron a distintos lugares de vigilancia.

Desde hacia un par de meses, vigilaba la salida y regreso de los habitantes de la reserva. Cinco kilometros cuadrados de perímetro, con paredes electrónicas de diez metros de altura, controlaban los especimenes animales que la federación universal intentaba preservar. Dotados de su habitat natural y subsidiados por el gobierno unificado de la Tierra, los habitantes de dicha reserva, tenían una sola entrada y salida. Debían reportarse a la hora de salir y ese era el trabajo de Lucio Peralta. A lo largo de millones de años, los humanos habían colonizado el universo, instalandose en otras galaxias. Pronto se adaptaron a los nuevos sitios, que al principio invadian, pero con el tiempo, se mezclaban con los originarios de cada planeta al que llegaban.

La Tierra pronto fue invadida por civilizaciones más avanzadas. Luego de interminables guerras contra los invasores, la mayoría se rindió, uniendose a los nuevos amos del planeta o fueron exterminados.

Peralta sentía pena por los habitantes de la reserva que cuidaba. Algunos y algunas le simpatizaban, por ese aire de rebeldía que portaban. Como si no se diesen por vencidos ni aun vencidos.

Muchos se suicidaban o intentaban escapar. No podían adaptarse a los nuevos tiempos. Apenas unos pocos cientos permanecían dentro.

Aquella mañana la orden fue terminante. Esas peleas que alteraban la reserva debían terminar. La Tierra era el centro del universo y no podía darse el lujo de que la paz que existía en todas partes se viese alterada por los inadaptados de dicha reserva.

Aquella noche, Lucio vio como llegaron las naves de exterminio.

Los focos rebeldes fueron exterminados.

Pero los sobrevivientes, después de arduas negociaciones, pudieron conseguir lo que habían pedido durante décadas.

Llegaron a un acuerdo con la Federación.

En la única entrada de la reserva, pusieron un cartel electrónico que los identificaba de ahora en más de manera correcta.

Desde aquel día, los ánimos se apaciguaron.

Que los reconocieran era algo  imprescindible para evitar lo que ellos llamaban discriminación del resto de los habitantes del planeta Tierra.

Los festejos duraron varios días. Le agradecieron a Dios de acuerdo a sus creencias de millones de años , la gracia que les había sido concedida.

Leer en el Cartel :  “Reserva humana, en lugar de Reserva Animal,  los llenaba de orgullo.

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PELIGRO NUCLEAR


Argentina es un peligro nuclear publican los principales titulares del mundo.

Tiene armas y ojivas nucleares ocultas en sus centros atómicos de Atucha 1 y Atucha 2.

Sin olvidarnos de la peligrosísima central atómica de Ezeiza- confirman los medios internacionales.

El gobierno norteamericano ha solicitado al presidente argentino que detengan el crecimiento nuclear.

A lo que les ha respondido con ironía: No tenemos ningún arsenal que implique peligro o riesgo para la seguridad.

Hoy, Argentina ha recibido el ultimátum.

A pesar de la visita de inspectores internacionales que afirmaron lo dicho por el gobierno argentino, los EEUU de Norteamérica, aprestan sus tropas para invadir al país sudamericano, diciendo que sus arsenales nucleares están ocultos y son de un tremendo peligro para los países vecinos, informan los principales diarios del planeta.

-Defenderemos la integridad de los países vecinos y el tratado de no proliferación nuclear- decían los señores del norte.

Cuando los primeros aviones de reconocimiento comenzaron a volar los cielos de Buenos Aires y algunas de las principales ciudades del interior, el miedo se apoderó de la gente.

El gobierno argentino pidió el inmediato cese de las acciones intimidatorias. -Todo es una farsa , no existen arsenales de ningun tipo de armas nucleares , publicaron los medios de informacíon del mundo.

-Somos un país pacifico y respetamos todos los pactos y leyes internacionales-afirmaron desde la Casa Rosada de gobierno en Buenos Aires.

A pesar del rechazo internacional, de la condena de la ONU, el Mercosur y la OEA, crecía el incesante rumor de una invasión, para preservar la libertad y seguridad de los paises limitrofes.

Los primeros portaviones y buques de guerra de la OTAN comenzaron a movilizarse, en dirección al Río de la Plata.

Cuando los tanques de la Organización del Atlántico recorrían las calles de la ciudad porteña sin encontrar resistencia y el gobierno argentino presentaba la renuncia por la presión militar de los invasores, la verdad, como un reguero de pólvora, corrió por todo el país y el planeta.

La guerra por las reservas de agua, había comenzado.


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DEUDAS PARTICULARES

En todas partes del planeta los cambios sucedían segundo a segundo.

En nuestro convulsionado mundo, las guerras entre árabes y prooccidentales, habían terminado. No existían ni los narcotraficantes, ni los guerrilleros  para terminar con los malos gobiernos o las viejas dictaduras

A nadie le importaba si el Down Jones arrojaba ganancias o se derrumbaba el Merval.

O si el petrodólar subía o el europeso bajaba.

La nueva educación global terminó con las deudas externas de los estados.

Cada habitante de cada país, tenía su deuda particular, de acuerdo a su capacidad intelectual y rendimiento en el trabajo o profesión.

Severamente vigilados por las células populares, organismos autónomos encargados de controlar el correcto funcionamiento de las recaudaciones que mantenían el bienestar general, evitando guerras innecesarias e inequidades sociales.

Y como las deudas había que pagarlas, las vidas pasaban en la monótona rutina  de mensualidades de hipotecas, electrodomésticos y  los gastos indispensables para hacer vidas llevaderas.

Como los viejos países endeudados, las personas convivían sus existencias con deudas eternas que dejaban como herencia a sus descendientes, quienes debían hacerse cargo, además de las propias, de acuerdo a las leyes vigentes.

Miles se rebelaban ante esta situación, pero eran abatidos o encarcelados, en beneficio del nuevo orden global – universal.

Las visas de turismo permanecían vedadas para los morosos.

El turismo por lo tanto, había colapsado. Escasas personas  se daban este lujo; los privilegiados controladores, sus familiares y amigos, y los ideólogos del bienestar y sus adeptos.

Porque entre los millones que mantenían el nuevo sistema, eran muy pocos los que conseguían pagar sus deudas.

A través de Internet, los deudores recorrían el mundo, soñando con ser buenos contribuyentes y poder conseguir algún día los pasaportes libre deuda.

Para cruzar las fronteras de sus obligaciones y recorrer los caminos de la libertad.

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