Morir en suspenso (Ana Tosi)

foto Internet
eventosmitologiagrega.blogspot.com
Morir en suspenso
Agláope, la de bello rostro, fue confinada a los Pantanos. Allí debería vérselas con cocodrilos y otros depredadores. Sus días de mar cálido habían terminado, ella era desobediente, en vez de ocuparse de su destino nadaba entre delfines y ballenas. Se quedaba horas mirando la luz del sol que bañaba las aguas o de la luna que convierte las olas en hilos de plata. Lo terrible fue que se enamoró de un hombre, un corsario que surcaba el mar rumbo a una isla del Caribe. Agláope, la de bello rostro, se había dejado ver por el apuesto capitán que estaba apostado en el palo mayor de la nave. Ni siquiera las velas desplegadas habían tapado, en parte, su silueta.
-Las sirenas tienen una misión que cumplir en la vida- dijo la Reina de los Océanos- deben ayudar a las personas que se accidentan en las aguas o a los acuciados por un huracán o maremoto o bien por una gran ola que los llevara a las profundidades. No están para seducir y enamorase de los humanos-
Cambiar el color del mar por el amarronado pantano disgustó a la de bello rostro y como era caprichosa, nadó contra corriente hasta llegar cerca de la costa donde ciento de personas tomaban sol en su yate o velero, para que absolutamente todos la pudieran ver. Este desafío enfureció a la Reina, endureciendo su castigo -Irás donde las rebeldes irrecuperables terminan sus días, al Polo Sur- y se perdió en una ola gigante.
***
El 17 de diciembre de 1912, la expedición de Robert F. Scott había llegado al Polo Sur, treinta y cuatro días después que su rival noruego, esto fue el principio del fin. Viajaban Robert F. Scott y cuatro expedicionarios más, cuentan los diarios de la época que los acompañaba John X. un amigo muy querido de Robert pero hoy, cien años más tarde, no se pudo comprobar.
La historia nos relata el trágico momento donde el capitán británico ve a lo lejos una carpa en cuyo pináculo flamea la bandera noruega y una vez adentro, una carta le anunciaba que había llegado segundo, ésta fue la peor manera de enterarse de su derrota. Un año después una expedición de rescate trajo los cuatro cadáveres que habían sido encontrados en sus bolsas de dormir, en una paupérrima carpa. Algo que llamó la atención de los rescatistas fue que a unos metros de la carpa había un par de borceguíes tapados por el hielo. Era el quinto par y estaban, como pidiendo auxilio, con la suela hacia cielo.
Esa noche fatídica, John, salió de la carpa. No quería morirse durmiendo, eligió morir mirando las estrellas, allí en ese cielo negro brillaban como nunca las había visto. En determinado momento caminó unos pasos y una grita se abrió tras él, perdió el equilibrio cayendo al agua gélida, convirtiéndose en su prisión de hielo ya que el calzado quedó en la superficie. Luego de forcejear logró la libertad pero el frío del agua le hizo perder la conciencia.
***
Agláope, la de bello rostro, confinada a los hielos eternos cada tanto emergía su cuerpo entre los grandes o pequeños témpanos para sentir el calor del sol. En ese ir y venir fue sorprendida por un cuerpo que flotaba al ras de la capa de hielo, era un hombre, por su ropa, dedujo que hacía varias décadas que él estaba allí. Se acercó, no sin pensar en la Reina, era la oportunidad para cumplir su misión salvadora. Lo tomó en brazos y subiéndolo a la superficie, lo abrigó con su pecho y el calor del sol. Él abrió los ojos -¿Estoy muerto? No y sí, es como una muerte en suspenso. No para mí, sí para la sociedad, nunca más lo vio, ni lo escuchó tampoco saben de su existencia en aquella expedición-¿Dónde estoy?- en el Polo Sur- Cien años atrás el había salido fuera de la carpa en ese mismo lugar.
John se incorporó no sin dificultad, miró a su alrededor y se quedó perplejo frente al hermoso rostro de su salvadora y con la boca abierta al verla de la cintura para abajo. Miró a su alrededor – ¿Qué son todos aquellos galpones?- Son Bases de distintos países – ¿Puedo ir?- Tendrá que ir y ver si puede adaptarse a la vida moderna, ya pasaron cien años desde aquel día y cuando vuelva a Inglaterra, desde luego, aceptar que no es la que usted conoció al nacer-
Se despidió de Agláope con un beso en la mejilla. – No entiendo nada, no tengo por qué entender esta mujer pez – pensó John.
Siempre estaré esperándote, si es que la nueva vida no te conforta- dijo ella
La Reina del Océano no podrá decir nada sobre su conducta ya que, la de bello rostro, cumplió su misión, pudiendo volver al mar y tampoco podrá impedir el amor de John hacia ella.
Él llegó a la Base Amundsen-Scott, se alegró al ver el nombre de su amigo en la entrada y fue recibido con todas las atenciones que se brindan a todos los hombres que arriesgan su vida surcando la pampa blanca, de inesperadas amenazas y soledad. No se dio a conocer, dijo que se había perdido y no sabía desde cuando estaba deambulando. Les extrañó la ropa pero era inútil cualquier pregunta, él decía no recordar. Entró en la Base, se sentó entre hombres y mujeres muy diferentes a lo que él recordaba, en una placa que llamaban televisión, había autos en vez de carruajes tirados por caballos, mujeres con polleras cortas en vez de vestidos largos encorsetados, hombres con remera y jean en vez de traje y corbata.
Allí se enteró que su amigo Scott había fallado por distintos motivos: llevaba comida pero no era rica en grasa, llevaba caballos en vez de perros, muertos los caballos, ellos debían llevar la carga sobre sus espaldas. No podían sobrevivir de ninguna manera. ¿Él podrá?
Llegó la noche y pensó en lo que Agláope le había dicho. – No soy un pez- gritó para sus adentro –tampoco un hombre de este tiempo ¿qué se hace cuando uno no pertenece a ningún lado, cómo se vive?-
Extasiado por todo el equipamiento que poseían, se subió a una moto de nieve, como no sabía manejarla, sus compañeros le enseñaron.
Su primera salida fue en grupo, como era de suponer, iba último. El viento crujía como un león fuera de sí y la nieve envolvía todo a su paso, les costó volver a la Base. Entraron uno a uno y vieron que faltaba el extranjero, así lo llamaban a falta de nombre pero en ese momento hubiese sido mortal para el grupo salir en plena tormenta.
Hoy, con el viento en calma salieron a buscarlo, sólo encontraron la grieta que lo había tragado con su moto, allí la vida y la muerte jugaron su suerte. Un poco más lejos, la de bello rostro, nada rumbo a las aguas cálidas que la vieron nacer.
Ana Tosi

Me trajo a la memoria un pelicula que se llama Despertares…de unas personas que una enfermedad los matiene inmoviles casi muertos por casi 50 años…cuando encuentra el remedio ellos despiertan …pero estan perdidos en la epoca y no entienden nada.
muy buena historia
saludos