ABDUCIDOS

El pequeño Germán jugaba con su nave espacial de juguete. La hacía volar con su control remoto por toda la habitación.
- Capitán, nos estamos acercando al objetivo. A preparar los motores. Moderando la velocidad.
Su padre lo miraba con orgullo. Germán era un niño muy despierto, como todos los chicos de hoy- pensó.
Había decidido pasar todo el día, el último de sus vacaciones con su hijo.
- Preparados, listos ya. Abducción- dijo Germán pegando un grito.
Se posesionaba de tal manera que hasta su madre lo hubiese escuchado y se habría preocupado. Pero había ido a visitar a una amiga.
- Papa. ¿Es cierto que los alienígenas secuestran gente y se la llevan a su planeta para hacer experimentos?
- ¿Quien te contó esa historia?
- Los que manejan los platillos voladores son malos, papa. Me lo dijeron en la escuela
El padre se acercó a su hijo Germán, le acarició la pequeña cabecita, removiendo sus cabellos y le dijo:
- Eso es una tontería. No les hagas caso a quienes te dicen eso.
-¿Cual es la verdad, papa?
-Que los platillos voladores no existen. No hay alienígenas ni personas secuestradas. No es más que una estupidez de cierta prensa oportunista que hace un gran negocio con eso. Pura superstición.
Germán escuchó, lo miró a su padre, le dio un abrazo y siguió jugando con su nave espacial.
-Volvemos a nuestro planeta- dijo Germán y llevó la nave espacial, multicolor hacia el otro cuarto.
Su padre sonrió y fue hacia el dormitorio del primer piso a tomarse un descanso, justo cuando su esposa regresaba.
Apoyó la cabeza en la almohada. De pronto recordó algo y se levantó de nuevo. Fue hacia un maletín que había sobre el piso. Lo apoyó a los pies de la cama y lo abrió. En su interior había una carpeta donde estaban las órdenes. Mañana regresaba a su trabajo.-Germán es inteligente, pero aun muy pequeño para saber la verdad.
.Formaba parte de la flota espacial secreta en su rol de piloto de platillos voladores como le decían los seres humanos a sus naves.
Podía considerarse humano, salvo que era más alto y tenía ocho dedos en cada una de sus tres manos, como todos en ese mundo. Era lo que los terráqueos llamaban alienígena. Abducir habitantes del planeta Tierra, era su profesión.

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A DESTIEMPO

Desde la mañana, al salir de su departamento, cuando la niebla comenzó  a cubrir la ciudad, Octavio intuyó que algo estaba funcionando mal. Los semáforos titilaban con su luz amarilla, fuera de servicio. El ruido del tránsito dio lugar a un silencio acorde con la paz inevitable de los cementerios. No podía verse a más de un par de metros.
Tenía una rutina cada día antes de ir al trabajo. Pero al levantarse, no la hizo como de costumbre. Tardó más de lo habitual en desayunar. Incluso pensó que llegar unos minutos tarde, en nada alteraría el mecanismo repetido de su monótona y repetida  existencia.
La niebla era tan espesa que parecía formar muros infranqueables  para los peatones, que temerosos circulaban por las calles.
Casi adivinando, tomó el subte, consiguiendo sentarse. La niebla había invadido los andenes, vagones y el maquinista se guiaba seguramente por la luz verde o roja, que se veía como una clara señal en el camino de los túneles.
De pronto cerró los ojos, tensionado por el confuso panorama que se presentaba.
Al abrirlos en un breve lapso de tiempo, que no superó el minuto, descubrió que las personas habían desaparecido, así como la niebla y que la formación se había detenido en la estación donde debía bajarse.
Se levantó del asiento y empezó a correr desesperado y aturdido, en busca de alguna persona. Al llegar a las calles, el sol radiante lo recibió.
La ciudad, completamente vacía, apareció devastada ante sus ojos, como si una explosión o un hecho misterioso la hubiese destruido.
Esqueletos de edificios, autos abandonados, calles con el asfalto levantado, pero ningún ser viviente.
El terror se apoderó de él. No sabía que rumbo tomar. Pensó que si cerraba los ojos por otro minuto, todo volvería a la normalidad. Lo hizo de inmediato, pero nada cambió.
En la oficina donde trabajaba lo esperaron todo el día. Y la semana siguiente. Y la otra.
-Octavio desapareció como si se lo hubiese tragado la tierra- dijo uno de sus compañeros de oficina.
Con el paso de los meses, la ciudad fue quedando despoblada. Miles de personas desaparecían sin dejar rastros. Así en todas partes del mundo y en las grandes ciudades. Cada persona que salía a destiempo de su casa, cambiaba el destino que tenía marcado.
El tiempo, sobrepasado en su tarea de organizar los momentos e intervalos de la vida, decidió dejar que cada uno maneje su destino individual.
Pero entonces, ya era demasiado tarde.
Y con una paciencia que podía tomar miles de millones de años, todo volvió a suceder desde el principio, el principio de los tiempos.

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DISCONTINUIDAD

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Tuve la extraña sensación que algo se movía debajo de mi cama. Desperté empapado en transpiración o eso creí.

En realidad era un líquido gelatinoso. Encendí la luz y estuve cara a cara con el monstruo.

-Es un sueño, solo un sueño- dije para convencerme.

A mi lado, una mariposa negra de un metro, intentaba desplegar sus alas sin conseguirlo.

Decidí apagar la luz esperando que aquello desapareciese.

No me animaba a salir del cuarto ni a levantarme de la cama. Mi familia estaba en viaje de vacaciones por el sistema solar Bet 4 y me extrañó que pasarán los días y no regresasen.  Los ruidos, en el resto de la casa, durante la noche, fueron constantes.

En los días siguientes, sentía un aroma putrefacto que inundaba mi cuarto.

Algo rondaba  mi cama, para  quedarse allí  inmóvil como si  me estuviese vigilando .

Vivía en la oscuridad , acostado, incómodo, dando vueltas, dormitando.

Débil porque hacía días que no me alimentaba. Temeroso porque cada vez que intentaba levantarme ,algo, como una barrera invisible, me lo impedía.

Me fui acostumbrando a ese aroma nauseabundo que hedía en mi cuarto y a tocar ese líquido gelatinoso que brotaba de la cama, cada tanto, de manera discontinua .

Prefería estar quieto, antes que encender la luz de nuevo.

Hasta que por fin  abrieron la puerta a medias y sentí un tenue aleteo en todo el cuarto. Los gritos de mi familia, que regresaban de las vacaciones , callaron muy pronto del otro lado. La puerta volvió a cerrarse.

Siento que el liquido gelatinoso, ha inundado el cuarto y ya forma parte de mi cuerpo.

Me animé, falto de fuerzas, de manera inevitable, a encender la luz y vi mi dormitorio lleno de mariposas negras de un metro, moviendo sus alas muy despacio, silenciosas, sobrevolando alrededor mío, expectantes.

Como si esperasen ansiosas, el momento justo para iniciar un festín.

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HIJOS DEL UNIVERSO NUEVO (JorgeLuis)

“Cuando lo vi la primera vez me sentí atraído por su mensaje de paz y amor.

-Todos somos hijos del Universo Nuevo. Les cuento que los buenos tiempos están por venir y dependen de ustedes- decía a sus seguidores en todos los planetas del sistema conocido.

Toda su prédica, eran palabras nuevas y valiosas, jamás escuchadas; sus acciones, nunca vistas.
Solidario, imponía sus manos, bendiciendo, reconfortando, curando a quienes se acercaban a él.
Fui uno de ellos. Me llené de gozo cuando miles se reunieron en los parques cerrados de Marte, Venus y las colonias terráqueas en Alfa Centauro, a vitorear su nombre aquellas tardes maravillosas de oratoria atrapante.
Me hizo su discípulo predilecto, porque entendía su mensaje a la perfección.
Además recorrimos todas las regiones y provincias del planeta tierra, predicando las buenas nuevas.
Comenzaron a seguirlo en todo el nuevo universo.
Su nombre competía con las viejas creencias.
Decía ser el nuevo Mesías, el que decía que la tierra Prometida, estaba más allá de Alfa Centauro, adonde jamás había llegado la raza humana.
Lo denuncié ante las autoridades.
Era demasiado peligroso, porque criticaba a la Federación Universal, que había conseguido el orden y la obediencia, en todos los planetas, bajo su órbita de dominio.
Me uní a él porque lo admiraba, pero como quería reemplazarlo, lo entregué a las autoridades, desprestigiándolo, junto a testigos falsos que conseguí.
Me dieron como premio, un puesto jerárquico en el gobierno central de la Tierra, con sueldo millonario y me hice cargo de la congregación, diciendo que yo era el verdadero Profeta.
En todos los medios de comunicación, resaltaron mis méritos y me mostraron como ejemplo, por ser el entregador.
Él, desprestigiado por mi y otros falsos testigos, fue asesinado en su celda por un fanático esta madrugada. Sus fieles seguidores descubrieron mi complot. Escribo esto para confesar mi culpabilidad. Golpea a mi puerta una turba enardecida. “

El mail del entregador, haciéndose responsable del complot contra el gran Predicador debe conocerse públicamente- dijo el presidente de la Federación Universal al jefe de seguridad del planeta Tierra. – No será necesario- dijo el jefe de seguridad. Este correo nunca existió. No podemos reconocer que nos hemos equivocado. Además ya me encargué de hacer desaparecer los datos de la computadora del entregador, que ya fue linchado por los seguidores del Profeta. El Presidente no lo pensó dos veces: -Tiene razón.

Luego de borrar el mail de su correo electrónico, para que no quedasen pruebas, le preguntó más animado al jefe de seguridad: -¿Que otros temas importantes tenemos que tratar hoy?

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VOLVER A SOÑAR

Tomás no soñaba. Todos le decían, no te hagas problema. Soñar, soñamos, pero al despertar olvidamos todo o solo recordamos el último de los sueños.

Pero Tomás se aferraba a la realidad de cada día. Los amigos, su familia, tenían por costumbre, en algunas reuniones, comparar lo que soñaban, interpretándolo cada uno a su manera.

No tenía cabida en estas conversaciones, porque no había nada para contar. A nadie parecía importarle. Si algo le salía mal, enloquecía. Cada acto de su vida tenía que ser perfecto, porque para él, la vida era una obra de arte que construía en cada uno de sus movimientos. La realidad era su única verdad.

¿Cuales son tus proyectos, tus sueños? le preguntaban. Trabajar, que otra cosa, decía. Y después lo que salga.

Preocupado fue a una clínica para hacerse estudios sobre el comportamiento mientras dormía. Su novia, le decía que descansaba tan profundo, que parecía un muerto. ¡Como quisiera tener la paz de tus sueños, aunque a veces me asustes!!

Pero Tomás no soñaba. Lo sabía. Por eso fue a la clínica. Pidió vacaciones anticipadas y estuvo haciéndose chequeos médicos.

El doctor comprobó que cuando dormía profundamente no tenía parámetros ni reacciones cerebrales. Como si estuviese clínicamente muerto.

Lo enviaron a un sanatorio de alta complejidad. No era el único caso. Había millones que no soñaban en el mundo.

Era una epidemia.

Al no soñar durmiendo, tampoco lo hacían despiertos.

Tomás comenzó a sentirse como un robot.

Por las calles todos marchaban como autómatas, saludando por compromiso aprendido, cumpliendo la vida como un reglamento al que nadie imaginaba trasgredir, ni cambiar.

La ausencia de sueños era determinante para el estado general de las cosas y había afectado a toda la humanidad.

Los gobiernos dejaron de prometer cosas que a nadie le importaban. La depresión cubrió al mundo como una mortaja.
Tomás soñó aquella noche por primera vez en su vida .Al despertar vio en la mañana las cosas de otra manera.

Sintió que el cambio era posible dentro suyo, y que si entre todos unían sus sueños y luchaban por ellos, podrían hacerlos realidad.

Soñó  con un mundo más tolerante, lleno de buenos sentimientos y hechos positivos.

Tomás fue el primer hombre nuevo en recuperarse de la epidemia.

Volver a soñar era posible.

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UN MUNDO DE FANTASMAS

Cuando me desperté, estaba sentado en un banco de la plaza Alberdi. Al principio me costó. Estaba muy cansado. No sabía cuanto tiempo estuve así. Veía a las personas de manera distorsionada, como si sus cuerpos no tuviesen materia. Como imágenes tridimensionales que se movían por la plaza y las calles con la serenidad y la ignorancia de desconocer sus actos.

Por un momento pensé que era una alucinación. Me restregué los ojos, pero todo seguía igual. Decidí entonces, volver a casa. Venía de pagar unas boletas del banco.

Estar sentado frente a la computadora, me había desgastado la vista, al punto de no poder leer las letras pequeñas y perder la señal de las personas, transformándolas a mis ojos, en fantasmas que caminaban entre la espesa niebla.

Porque eso fue lo que noté distinto. La niebla que cubría, primero como una humareda, luego espesamente, los espacios y las calles.

Me asusté y me sentí perdido. Pensé que llegaba a casa, pero en realidad me alejaba a cada paso, más y más. El miedo me invadió cuando vi como dos mujeres se atravesaban, literalmente hablando. Mis ojos no parecían tener ningún problema. Las personas eran en realidad fantasmas que andaban de un lado a otro, perdidos como zombies.

Al llegar a lo que parecía una avenida, la niebla apenas me permitía ver a un par de metros. El silencio era casi total. No había vehículos. Por un momento, imaginé estar en otro mundo.
Nada más alejado de la realidad. Un hombre, vestido de conjunto deportivo me saludó. No lo conocía.

-Al fin llegó- me dijo
- ¿Me conoce?- le dije. Me tendió la mano y sentí que no podía tocarla, ni él podía tocar la mía.

-¿Qué les pasó a todos?- le pregunté.

-Es la ciudad de nuestros fantasmas- me dijo.

-¿Ciudad de nuestros fantasmas?- le dije, entre asustado y confundido.
-Acá vivimos, este es nuestro sitio. En lugar de tratar de cambiar y ser auténticos, preferimos vivir de mentiras, negaciones, caprichos y envidias- me dijo.

-Sigo sin entender- le repliqué.

-Cuando nos conviene, no queremos entender- dijo irónicamente.

-Mire esa vidriera- me señaló el escaparate de un local vacío, con un cartel de alquiler. No se veían nuestras imágenes.

-Igual que vampiros que no se reflejaban en los espejos- pensé.

La niebla comenzó a diluirse. El hombre se despidió, levantando la mano, en señal de saludo, desapareciendo en un segundo.

Miré mi brazo y lo noté de nuevo consistente. Un tenue rayo de sol, comenzaba a disolver la niebla. Las personas recuperaban su apariencia humana. ¿Habrá sido todo un sueño?-pensé.

Pero vi las caras largas y tristes de los demás. Los niños corriendo descalzos, pidiendo una moneda para darle de comer a sus hermanitos. En los televisores, el presidente de turno, daba un discurso mintiendo y vendiendo falsas ilusiones. La agresividad de todos, multiplicada por los problemas de cada uno, los verdaderos y los inventados. Afortunadamente se escuchaban algunas risas de jóvenes que desentonaban con el paisaje urbano. Un paisaje desolador, donde todos o casi todos pasaban indiferentes, convencidos, que corriendo, escapaban de sus pálidos destinos.

Jamás le había prestado atención a lo obvio.

Deambulaba pagando las cuentas de otros y quedando en deuda conmigo. Descubrí entonces que todo era niebla en aquel mundo y que el sol aparecía, muy de vez en cuando. Aquello era un pasar sin ser nosotros mismos, fingiendo nuestras realidades.

Me di cuenta, además, que vivíamos en un sitio donde los fantasmas y las personas se mezclaban de manera confusa, donde los sentimientos eran superficiales, donde la apariencia era moneda corriente.

La revelación final fue, que en este mundo, las personas no morían.

Simplemente se esfumaban.

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PERDIDOS

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Estamos remando a la deriva sobre las aguas de un río desconocido, a bordo de una pequeña embarcación.

Es noche cerrada y la vegetación cambia a cada paso. A tramos se asemeja a una selva enmarañada, con ruidos que asustan y peligros ocultos. A los pocos metros una pradera que contrasta con lo anterior, y las novedades en los paisajes  son continuos,  parece una escenografía pintada  para asombrar hasta dejarnos perplejos.

Es una trayectoria a ninguna parte, porque estamos perdidos. No recordamos nada. No sabemos quien nos puso en esta barca.

Por suerte, José, mi compañero de penurias e incertidumbres, me señala unos claro pocos metros más adelante. Remamos entonces con más empeño. Son horas de cansancio y hambre. El seco ruido al chocar con un improvisado muelle parece más fuerte de lo que es.

Luego de amarrar el bote, vemos a unos  metros una mansión. Mientras nos aproximamos con la lógica ansiedad de nuestra angustia, nos ilusionamos con encontrar alguien en la casa. ¿Cuántas horas pasaron desde que nos despertamos en la cubierta del bote? No tenemos ni  idea. Sin relojes y en medio de una larga noche, a la deriva, es imposible no desesperarse.

No tenemos ganas de pensar… No podemos entender el porque de una mansión en medio de tanta soledad. Solo queremos tocar timbre, que nos abran y nos dejen llamar por teléfono. Lo que no sabemos es a donde comunicarnos, ya que no recordamos nada. La amnesia es nuestra aliada. El miedo nos ha bloqueado.

Nadie contesta. Golpeamos la puerta y  se abre sola. La mansión es inmensa, casi indescriptible, llena de belleza y opulencia, nos ha pasmado de tal manera que estamos inmóviles ante tanta pulcritud. A pesar de la escasa luz, decidimos sentarnos y descansar un minuto.

Pero de pronto todo se ilumina, las luces nos enceguecen. Son reflectores, me dice José. Comprobamos con sorpresa que puertas y ventanas son de cartón impecablemente pintado; que los muebles y los adornos son de utilería. Es un estudio de televisión. Y todo lo demás es decorado. Hay un monitor en una mesa y nuestra imagen en ese monitor.

Algunas risas nerviosas se escuchan, como si un público invisible nos observará. Casi no podemos vernos por el brillo de las luces que de pronto bajan su intensidad. Hay aplausos ahora, murmullos y toses nerviosas. No sabemos bien que hacer.

Una voz en alguna parte nos dice:- A ver, demuestren lo que saben hacer.

José improvisa un baile con pasos de ballet y es abucheado.

Para shockear al público, cuento chistes, intento una rutina para sacarles una sonrisa, pero nadie ríe. Estamos aterrados y se nota demasiado. Silbidos y aplausos que piden acción. Nos quedamos inmóviles, sin responder. Tenemos sueño, fueron muchas horas y el hambre y el cansancio nos vencen, las luces se apagan, los ruidos se silencian y nos dormimos.

Cuando nos despertamos estamos remando a la deriva, sobre las aguas de un río desconocido, a bordo de una embarcación pequeña.

A lo lejos, un inmenso cartel luminoso dice:

“Escuela Previda. Necesitamos un bailarín y un humorista. Demuestre su talento y obtendrá lo que muchos pretenden. Un ovulo fecundado por un espermatozoide será su premio”.

Cuando amarramos la barca, nos juramentamos que esta vez pasaríamos la prueba.

Habíamos recuperado la memoria.

El premio que ofrecían era tentador.

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Los vengadores del cielo

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El precio universal del uranio y el titanio, descalabraron la economía mundial. El gobierno unificado para la nueva colonización espacial, hizo que las piedras de cualquier tamaño y precedencia fuesen consideradas armas peligrosas, en caso de ser usadas, durante manifestaciones de protesta. El desarme compulsivo casa por casa,  había dejado indefensos a los habitantes del planeta Tierra, que pese al nuevo orden establecido de seguridad total las 24 horas, continuaban siendo robados y asesinados por bandas salvajes que habían escondido armamento y municiones, para combatir al gobierno unificado.
Los bloques de cemento no tenían cotización. El mundo se había transformado en un mercado de materias primarias. Las industrias palidecían. Comenzaban a aparecer las primeras comunidades que vivían en cavernas, por las afueras de las grandes urbes, escapando de la contaminación ambiental, las lluvias ácidas y los escapes radioactivos de las centrales nucleares que por miles se reproducían, como hongos después de la lluvia, por toda la superficie terrestre.
Los llamaban los nuevos cavernícolas. Las primeras epidemias terminaron con las poblaciones urbanas. La violencia del gobierno unificado, en respuesta a los rebeldes, provocaba el exterminio donde hiciera falta, para evitar la propagación de los nuevos virus y bacterias, que diezmaban a la raza humana.
-Volvamos a la naturaleza- gritaban los cavernícolas.
Pero era demasiado tarde. Pocos, apenas unos cientos, pudieron escapar de la debacle anunciada.
Los últimos sobrevivientes soñaban con un mundo nuevo. Algunos conseguían escapar hacia las colonias extraterrestres, dispersadas a lo largo de las galaxias más cercanas. Pero incluso hasta allí, llegaban las plagas, terminando con todo ser viviente.
Alguien interpretará nuestras señales. Abandonemos las viejas costumbres- repetían todo el día los cavernícolas que desde las montañas  veían el fin del supuesto mundo civilizado y ultra seguro
- La tierra renacerá y nosotros con ella-decían convencidos.
-Crearemos un nuevo lenguaje, para un nuevo planeta.
Todos los grupos se unieron en cada lugar del mundo.
Aquella mañana, en cada zona de cavernas, aparecieron los autodenominados vengadores del cielo, con sus armas.
Hombres que no podían permitir un nuevo padecer a quienes soñaban con lo imposible.
Uno a uno, los vengadores del cielo mataron a todos los sobrevivientes, para luego inmolarse.
Los animales y las plantas eran los nuevos reyes de la Tierra. Sin contaminación, las tierras y aguas se depuraban, mientras las especies sobrevivientes, continuaban viviendo y muriendo de acuerdo a sus instintos.
Luego de miles de millones de años, los animales consiguieron comunicarse entre ellos y se asociaron para mantener coexistencias pacíficas; mientras los vegetales se desarrollaban en plenitud, sosteniendo el sistema ecológico entre todos. Hubo entonces, abundancia, aires sanadores y luminosidad plena.
Quienes padecieron estos cambios, fueron los virus y bacterias, que no consiguieron prevalecer ante tanta pureza ambiental y uno a uno  fueron desapareciendo.
Todo lo que hubo sobre la tierra, se transformó en lo que los humanos llamaban Paraíso Terrenal.
Ningun ser vivo, animal o vegetal, volvió a padecer dolor alguno.
La inmortalidad había regresado, luego de millones de años, al desaparecer la raza humana, inteligente, llena de grandes sueños y proezas, pero contaminante, belicosa y destructiva.
Los animales observaban sin comprender lo que habían dejado escrito, antes de inmolarse, los vengadores del cielo, en las paredes de las cavernas ,  para que nadie olvidase porque y por quienes habían hecho aquellas masacres finales.
En varios idiomas, de acuerdo al lugar de procedencia, ante la indiferencia animal,vegetal y mineral, podía leerse:
“En memoria de quienes murieron hasta el último hombre , para mostrarnos el verdadero e inevitable camino de la raza humana en la isla de Pascua, la autodestrucción.”

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PRESIDENTES ROBOTS

asimov-robot[1]

Aunque haya que cambiar la constitución, nuestro país necesita un presidente robot. Y paso a enumerar algunos de los motivos por los cuales considero que sería imprescindible un presidente de estas características:
Porque no habrá manera de corromperlo.
Porque no tendrá deudas políticas de campaña, ni con el partido.
Porque no tendrá familiares para acomodar en ningún cargo público.
Porque no tendrá amantes, ni pasado dudoso.
Porque solo cobrará por servicio de mantenimiento.
Porque aplicará impuestos con sentido común y no se dejará influenciar por personajes inescrupulosos.
Porque todos aprobarán sin chistar todos sus proyectos, incluso los países de la comunidad internacional, ya que nadie le querrá estrechar la mano.
Porque si funciona, podríamos nombrar a muchos como el, en todos los cargos públicos.
Ahora viene la pregunta que me tiene preocupado; ¿Quién o quienes lo programarán y como no transformaremos al mundo en un sistema computarizado como el que proponía el gran Isaac Asimov en su libro Yo Robot?


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La torre más alta del mundo

Mitologia_Torre_de_Babel[1]

Un multimillonario excéntrico, construyó en medio oriente la torre más alta del mundo. En el año 2010, comenzaron los estudios previos y el nuevo nombre, de la ciudad elegida para dicho fin,era un misterio hasta el día de hoy, 24 de febrero de 2040.
Las cámaras de televisión develarían el misterio. En las afueras de aquel pequeño país, independizado a principios del sigo veintiuno, se conocerían las buenas nuevas . Horas antes, los arquitectos habían dado los motivos, no solo económicos, sino simbólicos de la construcción. En la antigüedad,  según cuenta la Biblia, los hombres decidieron construir la torre más alta del mundo en Babel, más precisamente los descendientes del patriarca Noé, con la intención de alcanzar el cielo.
Dios castigó su soberbia, confundiendo sus lenguas para que no pudieran entenderse entre ellos, dando de esa manera, el inicio de miles de nuevas lenguas, tornando confusa la relación entre los pueblos, que a su natural belicosidad, debieron agregarle el malestar de hablar idiomas distintos, a partir de entonces.
Alejados de aquellas creencias, este proyecto hoy concretado, sería una fuente de trabajo para miles de personas y un centro de turismo permanente, culminaban las entrevistas los arquitectos, mostrando una alegría que los sobrepasaba.
Millones de personas escuchaban ahora de boca del multimillonario constructor, el nombre de la ciudad, fundada solo a fines de esta obra maravillosa. Babel 2, se llamaba la ciudad y Nueva Babel, la torre.
No resultaron ni originales ni sorprendentes los nombres. La sorpresa y el asombro vinieron a los pocos minutos.
Los allí presentes hablaban y se entendían todos en un mismo idioma. Los televidentes llamaban a los canales de televisión de todo el mundo . Unos y otros hablaban la misma lengua.
Pero la mayor sorpresa y problema, fue la torre, que ante el asombro de todos ,había tomado vida propia y continuaba creciendo, hasta superar las alturas más impensadas.

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