Conmigo pan y cebolla
Que el amor no mata, y bueno, sangre con letra entra, decían hace tiempo. Eficaz, real, verdadero.. aunque no por ello dejamos de amar y en mi caso, también de soñar.
Al igual que Penélope volví a sentarme en el banquillo de la estación a esperar su regreso. Si, el de la sonrisa abierta acompañada por musas de diferentes nombres y colores.
Que es hermosa la vida, decían.. que vale la pena vivirla..
Mmm palabras, palabras, palabras.. respondía..
Un amanecer me sorprendió con sus rayos y la brisa me exigía: mira a tu costado, qué ves? a mi madre en sus últimos años, enferma, necesitando ahora de mis manos, mis pasos, mis palabras y mi escucha.
Mira ahora al otro costado, qué ves? a mi hermano, necesitando mi abrazo y coherencia.
Mira ahora al frente y dime, qué ves? No veo un final, es un paisaje infinito. No hay huellas por dónde seguir, arboles solitarios y resecos.. en ese momento no entendí.
El día amaneció y quedé pensando.
Estoy viva me respondí. Si ellos me necesitan es porque estoy, porque tengo un destino que cumplir. Pero.. y el horizonte? bueno, depende de mi. Está, existe, sin final, infinito… depende de mi riego y mi cuidado. Sin huellas porque dependerán de mis pasos, espera que ese camino selle mi andar! Sola, sí, porque cada persona tiene sus propios pasos.
Ya no hay literatura, no hay letras ni cortas ni extensas. La rima son los latidos. Prosas cotidianas que entibian mis venas.


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