Enero 30, 2010 | Por gabby | Claves: amor, desamor, muerte | # Enlace permanente
Después de la creación de los cuatro elementos y de todas las otras cosas, era extraño comprender que el mundo no se colmara
con iles de nacimientos y con el paso del tiempo, nunca nadie se muriera.
Los pájaros en abundancia se repartían por toda la tierra y pintaban de colores los árboles bondadosos que extendiendo sus
ramales a los puntos cardinales, eran los nidos precisos para empollar la creación.
El sol en las madrugadas cuando no quería peinarse avanzaba perezoso sacudiendo su melena, desbaratando las noches en
bocanadas de luz.
La mar toreaba las olas que se elevaban turgentes con aires de presumidas y se iban a dar de bruces sobre la arena desienta,
que acaparaba sus faldas de caracolas y espuma.
Muy cerca de por ahí, sin poder aseverar de dónde vino realmente, surgió una niña de arroz con actitudes extrañanas; no
hablaba con nadie, tampoco se sonreía y cuando echaba a llorar soltando sus lagrimales, su tristeza quejumbrosa se pegaba por
el cuerpo conmoviendo corazones.
Algunas personas decían que llegó de tierras altas; de un polo cubierto en nieve y ventiscas congeladas, o de otros extremos
crueles como las blancas salinas o el desierto desabrido, severo, desharrapado.
Abandonada a su suerte sin padres ni parentela, fue “la huérfana” sin nombre, sin cariño y sin hogar. Nunca festejó un
cumpleaños ni supo de algún ratón que le llevara sus dientes. La luna que desde arriba puede mirar lo que quiera, se apenó de
la orfandad de la niña solitaria y sin pensarlo dos veces la alimentó compasiva sin faltar un solo día. Por eso alegan los
viejos que la luna muchas veces va perdiendo su cintura hasta dividirse en dos y de tanto dar sus mieles se muestra
empalidecida, y camina debilucha arañando por el cielo.
No era una infanta común (según la gente de entonces) entre sus extravagancias estaba el tono de piel que nunca tenía
matices, toda ella era blanca al igual que sus mejillas y su boca inexpresiva que nunca decía ni “mu”.
De su cabeza infantil nunca creció ni un cabello que pudiera sujetarse, se recargaba en su cama con sábanas amarillas y
observaba el tocador que mostraba en sus estuches unas trabas pequeñitas, un cepillo suavecito que nunca pudo estrenar y a
penas el sol venia cargando con sus alhajas, amontonaba en sus brazos crisantemos percudidos y ramos recién cortados de
azhares con azucenas.
De su apetito, ni hablar: desde que empezó la historia, fue siempre la más delgada comiera lo que comiera. Ocultaba su figura
entre capas alargadas y una capucha muy grande para tapar su flacura. A medida que crecía nunca aumentaba de peso y hasta se
llegó a pensar que rompería su estructura con solo andar caminando, o que el viento en sus andanzas la arrastraría por el
aire como papel de calcar remontado a la deriva.
Coleccionaba frasquitos que rellenaba con flores cualquiera fuese su aroma o con algunas especies que aunque no tenían olores
eran blancas como ella que nunca pudo broncearse.
En eterna soledad ocultaba su apariencia. Los que lograron mirarla y estaban bien cerca, la describían con asombro, con susto
y aturdimiento; de sus cuencas oculares no brillaban las pupilas, su nariz deshinibida muy lejos de lo normal, mostraba dos
orificios abiertos en simetría y su boca enseñaba su tamaño desparramada a sus anchas.
A pesar de todo eso, ella siguió por la vida caminando solitaria con esas ganas de amar que aparecen a los veinte. Cuando
cumplió veinti tantos se enaoró del Amor que le arrancó hasta la vida… Se arreglaba como nunca y hasta programó casarse
colgando de sus orejas aros de pelotitas, zapatos de tacos altos y pintándose la boca de rojo fuerte “pasión”.
Se sentía la más bonita con solo sentir que amaba, hasta intentó sonreir y cantar algunos versos que le brotaban del pecho
como oración aprendida, pero el Amor en su apuro de juntar enamorados, la dejó sin miramientos llorando por los rincones
gastando pañuelos blancos, perdida y desangelada.
A partir de ese momento todo en la tierra cambió; el mundo empezó a morirse mientras ella… ella no. Decidieron acusarla y
culparla del desastre, de los llantos despiadados y el sufrimiento feroz. Desde entonces y por siempre con todo el reclamo
encima se oculta por cualquier lado deshecha en puros clamores, y aunque camine descalza para no ser advertida a penas se va
acercando, desprende pura tristeza mientras se gana la vida rejuntando.
Enterándose el Amor de semejante locura, se culpa de ese designio con el que llegó marcado; paradoja del destino que siendo
el Amor, amor, nunca pudo enamorarse.
¡Ay! cómo sufre la doliente, la que nació sin estrellas ni sabe lo que es un beso, la que baja querubines con plegarias y
rosarios, la que insomne por la vida nos deja en velas prendidas, suspiros y novenarios.
Sin respuestas ni consuelo se pregunta acongojada en sus largas letanías ¿Dónde estás Amor? ¿Por qué no quieres quererme? ¿No
te apena mi tristeza? ¿No te conmueve mi dolor? Mírame, soy yo, la que tiene mil apodos y lleva por nombre Muerte, la que sin
poder morirse vive muriendo por ti que nunca pudo tenerte.
Desde ese tiempo lejano hasta el hoy de nuestros días, ella aparece de golpe y por eso siempre asusta, desanda por todo el
mundo buscando alguien que la quiera y al no encontrarlo toma a alguien para aplacar de algún modo su llanto.
Nadie la puede atrapar ni tomarla prisionera, pero si eso ocurriera y fuera hasta el Tribunal, qué sentencia le darían a ésta
mujer indolente? Acaso cárcel perpetua? Acaso la muerte?.
Qué castigo, qué dolor puede caberle a quien todo lo ha sufrido a causa del Amor que no pudo quererle?
Después de la creación de los cuatro elementos y de todas las otras cosas, era extraño comprender que el mundo no se colmara con miles de nacimientos y con el paso del tiempo nunca nadie muriera.
Los pájaros en abundancia se repartían por toda la tierra y pintaban de colores los árboles bondadosos que extendiendo sus ramales a los puntos cardinales, eran los nidos precisos para empollar la creación.
El sol en las madrugadas cuando no quería peinarse avanzaba perezoso sacudiendo su melena, desbaratando las noches en bocanadas de luz.
La mar toreaba las olas que se elevaban turgentes con aires de presumidas y se iban a dar de bruces sobre la arena desierta, que acaparaba sus faldas de caracolas y espuma.
Muy cerca de por ahí, sin poder aseverar de dónde vino realmente, surgió una niña de arroz con actitudes extrañanas; no hablaba con nadie, tampoco se sonreía y cuando echaba a llorar soltando sus lagrimales, su tristeza quejumbrosa se pegaba por el cuerpo conmoviendo corazones.
Algunas personas decían que llegó de tierras altas; de un polo cubierto en nieve y ventiscas congeladas, o de otros extremos crueles como las blancas salinas o el desierto desabrido, severo, desharrapado.
Abandonada a su suerte sin padres ni parentela, fue “la huérfana” sin nombre, sin cariño y sin hogar. Nunca festejó un cumpleaños ni supo de algún ratón que le llevara sus dientes. La luna que desde arriba puede mirar lo que quiera, se apenó de la orfandad de la niña solitaria y sin pensarlo dos veces la alimentó compasiva sin faltar un solo día. Por eso alegan los viejos que la luna muchas veces va perdiendo su cintura hasta dividirse en dos y de tanto dar sus mieles se muestra empalidecida, y camina debilucha arañando por el cielo.
No era una infanta común (según la gente de entonces) entre sus extravagancias estaba el tono de piel que nunca tenía matices, toda ella era blanca al igual que sus mejillas y su boca inexpresiva que nunca decía ni “mu”.
De su cabeza infantil nunca creció ni un cabello que pudiera sujetarse, se recargaba en su cama con sábanas amarillas y observaba el tocador que mostraba en sus estuches unas trabas pequeñitas, un cepillo suavecito que nunca pudo estrenar y a penas el sol venia cargando con sus alhajas, amontonaba en sus brazos crisantemos percudidos y ramos recién cortados de azahares con azucenas.
De su apetito, ni hablar: desde que empezó la historia, fue siempre la más delgada comiera lo que comiera. Ocultaba su figura entre capas alargadas y una capucha muy grande para tapar su flacura. A medida que crecía nunca aumentaba de peso y hasta se llegó a pensar que rompería su estructura con solo andar caminando, o que el viento en sus andanzas la arrastraría por el aire como papel de calcar remontado a la deriva.
Coleccionaba frasquitos que rellenaba con flores cualquiera fuese su aroma o con algunas especies que aunque no tenían olores eran blancas como ella que nunca pudo broncearse.
En eterna soledad ocultaba su apariencia. Los que lograron mirarla y estaban bien cerca, la describían con asombro, con susto y aturdimiento; de sus cuencas oculares no brillaban las pupilas, su nariz deshinibida muy lejos de lo normal, mostraba dos orificios abiertos en simetría y su boca enseñaba su tamaño desparramada a sus anchas.
A pesar de todo eso, ella siguió por la vida caminando solitaria con esas ganas de amar que aparecen a los veinte. Cuando cumplió veinti tantos se enamoro del Amor que le arrancó hasta la vida… Se arreglaba como nunca y hasta programó casarse colgando de sus orejas aros de pelotitas, zapatos de tacos altos y pintándose la boca de rojo fuerte “pasión”.
Se sentía la más bonita con solo sentir que amaba, hasta intentó sonreir y cantar algunos versos que le brotaban del pecho como oración aprendida, pero el Amor en su apuro de juntar enamorados, la dejó sin miramientos llorando por los rincones gastando pañuelos blancos, perdida y desangelada.
A partir de ese momento todo en la tierra cambió; el mundo empezó a morirse mientras ella… ella no. Decidieron acusarla y culparla del desastre, de los llantos despiadados y el sufrimiento feroz. Desde entonces y por siempre con todo el reclamo encima se oculta por cualquier lado deshecha en puros clamores, y aunque camine descalza para no ser advertida a penas se va acercando, desprende pura tristeza mientras se gana la vida rejuntando.
Enterándose el Amor de semejante locura, se culpa de ese designio con el que llegó marcado; paradoja del destino que siendo el Amor, amor, nunca pudo enamorarse.
¡Ay! cómo sufre la doliente, la que nació sin estrellas ni sabe lo que es un beso, la que baja querubines con plegarias y rosarios, la que insomne por la vida nos deja en velas prendidas, suspiros y novenarios.
Sin respuestas ni consuelo se pregunta acongojada en sus largas letanías ¿Dónde estás Amor? ¿Por qué no quieres quererme? ¿No te apena mi tristeza? ¿No te conmueve mi dolor? Mírame, soy yo, la que tiene mil apodos y lleva por nombre Muerte, la que sin poder morirse vive muriendo por ti que nunca pudo tenerte.
Desde ese tiempo lejano hasta el hoy de nuestros días, ella aparece de golpe y por eso siempre asusta, desanda por todo el mundo buscando alguien que la quiera y al no encontrarlo toma a alguien para aplacar de algún modo su llanto.
Nadie la puede atrapar ni tomarla prisionera, pero si eso ocurriera y fuera hasta el Tribunal, qué sentencia le darían a ésta mujer indolente? Acaso cárcel perpetua? Acaso la muerte?. Qué castigo, qué dolor puede caberle a quien todo lo ha sufrido a causa del Amor que no pudo, supo, quizo quererle?
Enero 4, 2010 | Por gabby | # Enlace permanente
Cómo decir adios a tántos sentimientos?
Cómo decir “Hola” cuándo la tormenta parece calma?
Cómo reconocerme cuándo el espejo me devuelve distinta?
Cómo abrazarme sin que lastimen las espinas?
Cómo respirar sin que agobien tántas ausencias?
Cómo creer cuándo las miradas reflejan mentiras?
Cómo sentir cuándo el corazón fugó en caricias?
Cómo volver en un laberinto de utopías?
Cómo soñar en un hoy sin mañana?
Cómo vivir entre cadenas de hipocrecías?
Cómo amar entre tántas sombras?
Cómo iluminar cuándo la luz se apaga?
Cómo encontrar respuestas cuándo se multiplican las preguntas?
Cómo preguntar cuándo el sordo silencio nos acalla?
Diciembre 16, 2009 | Por gabby | Claves: pan y cebolla | # Enlace permanente
Que el amor no mata, y bueno, sangre con letra entra, decían hace tiempo. Eficaz, real, verdadero.. aunque no por ello dejamos de amar y en mi caso, también de soñar.
Al igual que Penélope volví a sentarme en el banquillo de la estación a esperar su regreso. Si, el de la sonrisa abierta acompañada por musas de diferentes nombres y colores.
Que es hermosa la vida, decían.. que vale la pena vivirla..
Mmm palabras, palabras, palabras.. respondía..
Un amanecer me sorprendió con sus rayos y la brisa me exigía: mira a tu costado, qué ves? a mi madre en sus últimos años, enferma, necesitando ahora de mis manos, mis pasos, mis palabras y mi escucha.
Mira ahora al otro costado, qué ves? a mi hermano, necesitando mi abrazo y coherencia.
Mira ahora al frente y dime, qué ves? No veo un final, es un paisaje infinito. No hay huellas por dónde seguir, arboles solitarios y resecos.. en ese momento no entendí.
El día amaneció y quedé pensando.
Estoy viva me respondí. Si ellos me necesitan es porque estoy, porque tengo un destino que cumplir. Pero.. y el horizonte? bueno, depende de mi. Está, existe, sin final, infinito… depende de mi riego y mi cuidado. Sin huellas porque dependerán de mis pasos, espera que ese camino selle mi andar! Sola, sí, porque cada persona tiene sus propios pasos.
Ya no hay literatura, no hay letras ni cortas ni extensas. La rima son los latidos. Prosas cotidianas que entibian mis venas.
Diciembre 15, 2009 | Por gabby | Claves: vida | # Enlace permanente
Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, Sin embargo estoy aquí resucitando. Pero si estoy a la desgracia y la mano con puñal por qué me mató tan mal, y seguí cantando…
Así lo sintió María Elena Walsh y ahora estoy cantando con ella el estar viva.
Cuándo un amor termina la existencia se apaga. Ilusión de cruces estampadas en el alma que pareciera morir en los te quieros acallados.
“He amado” puedo decir con los romanos quienes significando “Ha Vivido” reflejaban la muerte (palabra no nombrada) por realzar la vida.
He amado y estoy llena de vida. De alegrías y desafíos, de sueños nuevos e inquietudes de horizontes que con multicolores van creando cielos.. impensados, antes, bellos, infinitos..
Y abrí los ojos, poco a poco, con resignación primero, con asombro después al encontrar una sonrisa desconocida.
Quién sabe del mañana? Nadie, ni yo… Pero estoy feliz de estar hoy viva.
Noviembre 25, 2009 | Por gabby | Claves: sin rima | # Enlace permanente
Mueren las letras en cada latido..
Neuronas sudadas en recuerdos recreando tu presencia.
¡Cuánto daría porque esta penumbra desaparezca!…
Temo a la noche, hieren las estrellas..
Me perdí en el espacio, olvidé mis pasos
cómo ver mi destino cuando el amor es un desatino..
No entiendo.. no comprendo tus cuchillos..
Imploro tus palabras que cierren este circulo
Desátame, libérame..
de esta obsesión que sabe a muerte,
dulce sangre, sangro
en un imposible,
acabo mi dias, me acabo..
Llegué al fin, todo terminó
y estoy en el principio,
lamentablemente,
infinito,
de los sinsetidos, de las sin rimas
de la sin razón
sin despedidas,
sin fuerzas
sin luna ni sol.
Libérame,
termíname,
piedad…
muerte o resurrección.
Noviembre 23, 2009 | Por gabby | Claves: adios, amor | # Enlace permanente
Te digo Adios mordiendo mis labios
añorando el abrazo y la razón
implorando las palabras que quiebren este silencio.
Despedida que quiere espantar de una vez la pesadilla
que se aferra,
me sostiene y amordaza en la calma,
a veces sonrisa y otras tantas, lagrimas.
Te digo adios en el vacío
en la imposible visión del mañana
en no saberte real o fantasía
tan perfecta, tan mágica…
Y me enriedo en lo oscuro, temiendole a la noche
laberintos de recuerdos
donde tu silueta me aqueja,
desangrandome.. sin escape.
Ante las estrellas me confieso, amor,
a ellas pregúntales, míralas.. escuchalas,
te diran lo que tengo, lo que soy…
Vos.. solo Vos
Les grito, les lloro, les digo
este secreto..
este amor..
este sueño..
esta noche mágica
en tus ojos iniciada,
en tus labios degustada
alma mia acariciada…
Que tiene que haber una buena suerte.. sí..
te la deseo y auguro,
por tu esfuerzo y busqueda de felicidad,
por tu sonrisa placentera y alma unica,
impecable, que transformaste mi ser y mis metas.
Guardo en mi tus manos
los amaneceres y soles tan mágicos
y en este nudo de mi garganta te abrazo…
a la distancia..
a la distancia, amor..
te estaré amando, apoyando..
y en lo profundo de mis sueños.. esperando
Noviembre 18, 2009 | Por gabby | # Enlace permanente
Los caminos de la vida… tanto se ha escrito sobre esto!
Hay que andarlo, no tenemos opción.. o si.. el acabarlo.. pero de andarlo es forzoso.
Se nos presentan arcoiris fabulosos, tormentas, nubes, soles.. musica y silencio.
Silencios atroces que espantan sueños.
A veces vivimos en lo irreal, abrimos los brazos, respiramos profundo y disfrutamos.. tanto hasta no creerlo.
Y nos quedamos alli, comodamente, deseando permanecer asi eternamente..
Hasta que luego un rayo inesperado nos arranca los brazos, consume el aire, quema el paisaje y nos traslada a la pesadilla. Esa que nos despierta regalandonos una lágrima, que desencaja la sonrisa..
Los caminos de la vida en su trayecto a veces tienen espinas. Pero no, no…
Aunque lastimen y pinten de rojo mis dias me aferro a los sueños, al mundo perfecto que no me importa que sea irreal, es real en mis adentros, en mi corazón, en mi alma, porque se que la persona amada existe, tan solo falta, no coincide el tiempo de mis sueños con sus tiempos… será cuestion de esperar a que mis brazos vuelvan a ser abiertos por la felicidad de ese encuentro.
Noviembre 8, 2009 | Por gabby | # Enlace permanente
La consigna es
1- Divertirse y disfrutar de las letras propias y ajenas.
2- Escribir un relato de 250 palabras como máximo inspirado en la foto que figura abajo.

(y de mi parte, además, participar y seguir aprendiendo)
Primer relato: La Partida
No hay noche ni hay dia. La luz artificial del subterráneo se mezcla con las tinieblas del alma. Inquieta la mente pierde la calma. Se observa por última vez. Mira el pasado ya sin lágrimas. La tibia mano de la soledad la sostiene. Sujetándola fuertemente respira profundo. Todo acabó. Se marcha.
Segundo relato: El Encuentro
Lento germina la vida, entre besos y placeres. Tropiezos y caídas, la moneda de los primeros pasos. ¿Quién los recuerda?. De ellos guardamos las sonrisas y abrazos.
Picardías y aventuras, al andar de los años. Todo rápido, todo rápido. Adolescencia, amores… la vida ya fuga en su rostro entre arrugas y en el golpe inesperado, impensado. De tanto andar en el mundo le había descuidado, a el, a su padre, al príncipe azul de su niñez que ese día se marcho súbitamente de este mundo, en el otro extremo, en un país lejano. Sin poder decirle por primera vez cuanto lo quería y admiraba, la flor de su sonrisa se marchitó apagando sueños y utopías. Detuvo sus pasos.
Arranco entonces el corazón maldito que la había apart ado y se observó. Ojos que no miraron. Fantasma deambulando sin sentido, nada valía sin ese ser amado. Decidió, entonces, quedarse sin pasos.
En la estación siguiente esperó al próximo tren. Veloz, fugaz como sus vivencias que nadie recuerda. En la indiferencia del gentío era invisible su tristeza. Era la navidad, un día cualquiera para ella.
A las 03:00 pm con los ojos cerrados se lanzó a los rieles eléctricos, sus brazos abiertos intentaban abrazarlo. A el, a su padre, donde se encuentre, quien la estaría esperando también para fundirse en el amor entrañable que ambos, siempre, sin éxito, habían buscado.
En la caída los rieles se anudaron. Algunos dicen que fu e el abrazo, otros, la química de tantos “te quieros” callados.
Tercer relato: El final y el principio
Fugaz y veloz. Intentó escapar desde adolescente. Fugaz la vida. Veloz los días. Andenes, novios, amigos, ciudades, ningún sitio la contenía. Ese sentimiento tan particular la acompañaba aunque corriera, aunque se escondiera.
Harta de lo mismo pagó a una prostituta. Se miró al espejo, era ella.
Octubre 23, 2009 | Por gabby | # Enlace permanente
Como un desafío para mi escribir extenso, me atreví a participar del Concurso de Relatos cortos que realiza nuestro amigo Bicho de letras en su blog.
La consigna es no superar los 250 caracteres y la inspiración las dos fotos que comparto. Seguidamente esta mi relato que titulé “Destino”

“-Prométeme solo una cosa hija-. Le dijo con un hilo de voz moribunda su madre – Que no repetirás mi historia, que no te casarás ni dejarás que nadie te golpee ni serás pobre, que tendrás tu dinero y serás quien domine a los hombres- Candy, a sus 5 años no entendía. Acostumbrada a presenciar las salvajes golpizas que borracho ot
orgaba a diario su padrastro a su madre, sin imaginar que esa noche el sol se habría marchado por siempre.
La inocencia angelical que había en su mirar cautivó a José, un tío que nunca había visto y que inexplicablemente peleó su tenencia evitando que el Gobierno la llevara a un hogar de huérfanos. Maltratos durante siete años hasta el cumpleaños numero doce. Recibió por primera vez un regalo. Un vestido blanco que José obligo a que se pusiera delante de el. Al hacerlo vio a la incipiente mujer en el cuerpo de la pequeña y la solución a sus problemas económicos. La hizo suya a la fuerza para que aprendiera, golpeándola cuidadoso de no dejarle marcas. Y tomó Candy la sonrisa apagada de los labios de su madre mientras en sus ojos se poseyó la furia impotente del destino.
Al día siguiente José la peino y puso en su mano un cigarrillo y el vestido blanco. La llevó al parque y al divisar a tres posibles clientes se marcho en su bicicleta, perdiéndose en la neblina que para Candy permanecería por el resto de su vida”.
Octubre 21, 2009 | Por gabby | Claves: anuncio, frontera, india, muerte, tzotzil | # Enlace permanente
Menos que un asno había sido durante 30 años. Menos que el trigo y las g

allinas que útiles como ella para el alimento diario eran sin embargo cuidados con devoción. Menos que el frio del cuerpo de María al que abrazaba. Menos que la nada en la que se encontraba. Sola. En el desierto las arenas tenían follajes de selva. Selva de barbarie.
Menos que la nada. Ella, Guadalupe la india, había sido. Había.
Con su existencia corroída, sucia, ensangrentada, quién sabe qué capricho del destino quiso que sobreviviera. Destino, porque los dioses no estuvieron. No. A lo sumo se burlaron, eso pensó ella del crucificado.
Guadalupe la nueva. La que al abrir los ojos se encontró saboreando el semen, la furia y la malicia de los que la mancillaron. La que que re-mordió y re-masticó las centenarias burlas y el desprecio a su raza, a su piel, a su ignorancia, a ser mujer, india, bruta.
Nacida de la muerte. Se descubrió haciendo un juramento a las estrellas, inentendible en su dialecto tzotzil.
A las 4 de la mañana la culpa en las penumbras danzaban a favor suyo entre los hombres satisfechos.
Podrían haberla dejado abandonada. Habría sido una mujer muerta mas en el desierto de Sinaloa. Otro cuerpo, otros huesos. Sin condena ni reclamo, ni investigación policial alguna.
Pero casi al partir el pollero y un grupo de salvajes empezaron a murmurar entre los 9 hombres que en la noche anterior solamente miraron. No podían dejarla así, había que ayudarla, incluso cargarla si fuera necesario. Luego de violarla les había surgido piedad. Veían ahora a una madre deshecha con su niña muerta en el regazo.
Los que no la habían ni siquiera tocado la convencieron, mientras el resto buscó piedras y unos palos para la cruz. En círculo, todos, incluido el pollero, enterraron y despidieron a María en el lugar del olvido.
Al partir, Guadalupe se retrasó del grupo. Rompió el crucifijo tirando los palos lejos de la tumba de su peña niña.
Tres dias de camino. En el trayecto nadie se atrevió a decirle nada. Marcharon mas lento por ella. Le dieron la comida y bebida que necesitaba. La cuidaron, pero al estar frente a frente bajaban la mirada.
- Hemos llegado al fin - exclamó alguien. La muralla que separa a México de EE.UU. está colmada de cruces. Son los latinos de distintos países muertos en el intento de cruzarla. Del otro lado está la migra rondando y los estadounidenses dueños de grandes tierras que organizan torneos de cacerías para matar a indocumentados. A ellos: campesinos, indios, mujeres, niños, guatemaltecos, hondureños, argentinos, cubanos, chinos… a todo aquel cuyo único pasaporte sea un sueño de bienhestar.

– Hasta aquí los acompaño - dijo el pollero en voz baja. – Cuando yo diga ahora saltan como pueden la pared y corren a los matorrales. De ahi en más será la suerte de cada quien. Ya estarán pisando suelo americano.
La adrenalina del gran momento había hecho desaparecer el cansancio de los tres dias de camino. Cuando se escuchó la señal, una hilera de fracasos e ilusiones atravesó la muralla.
Guadalupe acostumbrada a las adversidades corrió como le indicaron, pero no muy lejos su cuerpo y espíritu herido le fueron abandonado. Una intensa luz enceguecía poco a poco sus ojos, a pesar del empeño que ponía, corría cada vez mas despacio, hasta que cayó desvanecida.
Un perfume en sus narices la regresó al mundo. Se encontró en una cama cálida, acogedora la habitación, vistiendo ropas nuevas, limpias y un tubo de suero en su brazo izquierdo. Frente suyo un joven sacerdote rubio y alto le hablabla en español.
Alcanzó a oir que llevaba dormida cuatro días, que la recogieron pensando que estaba muerta como los otros 18 latinos que encontraron acribillados a balazos.
Jonathan, el sacerdote, pertenecía a un grupo de ayuda a indocumentados. La tarea humanitaria consistía en recoger cuerpos diariamente en las cercanías para darles cristiana sepultura en una fosa común. Sin identificar, porque ninguno de ellos suele portar papel que acredite al menos su nombre por temor a los agentes de migración.
No se atrevió a preguntarle a Guadalupe el por que de las heridas y moretones. Estaba de más esa pregunta. No era correcto. Si, en cambio, le cuestionó adonde se dirigía y Guadalupe hablo entonces de José, su esposo, del segundo pueblo y la casa grande con puerta amarilla, el pino como los que hay en su Chiapas y las flores que cambia cada semana.
Compadecido de ella, prometió ayudarla.Le ofreció que se quedara el tiempo que fuera necesario. Casa, comida, cuidados y que el amor de dios todo lo cura. Aceptó lo primero, a dios lo rechazó en silencio.
Pasaron los dias, semanas y meses. Cuando Jonathan rezaba, Guadalupe planeaba. La vista fija en el crucifijo le daba fuerzas para cumplir la promesa hecha aquella noche a las estrellas.
El sacerdote le fue enseñando algunas palabras en ingles. Leer y escribir. Le compraba ropa cada semana, calzado y de vez en cuando algún perfume caro. Ella mantenía limpia la casa y la iglesia, lavaba sus prendas y cocinaba.
Reían a gusto de cualquier tontería y cantaban juntos los salmos por la mañana. El por oración, ella porque nunca antes alguien le habia permitido cantar.
A los siete meses ningún morenton atestiguaba lo ocurrido aquella noche a la india.
Guadalupe, en cambio, era una joven hermosa, de sonrisa amplia, caderas anchas y pechos generosos, a pesar de la blusa que le cubría protegiendola hasta el cuello.
Jonathan se quedaba mirandola en las noches y en las mañanas. Su compañia era perfecta para cualquier sacerdote y cualquier hombre. Guadalupe tenía todo lo que el necesitaba.
Así lo entendió su instinto una noche en que la excitación le ganó a los rezos. Durante la oración nocturna planificó el momento de encontrarla dormida y entro a su cuarto sigilosamente para dominarla y hacerla suya. Así fue.
La cruz había golpeado su rostro una vez más y la sonrisa floresciente desaparecido para siempre.
A la mañana la culpa reanudo en danzas y en un papel Jonathan entregó la dirección donde vivía el esposo al que habia encontrado dos meses atras. Sin palabras Guadalupe se marchó. otra vez nacida, recitando en tzotzil su juramento a las estrellas y con un arma letal en las mandos: Ella.
Caminó resuelta las calles de la ciudad. El sacerdote le había explicado con lujos de detalles como llegar a la casa donde vive su esposo. Entregándole, antes, todo el dinero que tenía. Mucho, todo, colectas, salarios y ahorros.
El mirar deseoso de jóvenes y viejos que hasta giraban sus cabezas al verla pasar la hacía sentir segura.
Zapatos altos, prendas de estilo, aros, anillos, collar de oro y un perfume caro que dejando una estela, exaltaba más los sentidos masculinos. Con la frente en alto y un andar de estirpe, Guadalupe, ese nombre, era todo lo que quedaba de su origen. Nada mas y nada menos que el nombre de la Virgen india de su país.
A los 10 metros divisó la casa. La puerta amarilla, el pino y el jardin florido. Blanca, bella, grande, no era la típica residencia de un inmigrante, de un indio. Sus paredes y colores parecían ser de armonía, alegría, ¿amor?, ¿niños?… ese pensamiento la detuvo. Se quedó inmóvil, mirando, pensando lo que antes nunca había pensado.
Fue cuando se abrio la puerta y alli estaba. Una gringa no mas joven que ella que con un pequeño bebé en los brazos besaba amorosamente a su esposo José para subirse luego a la impecable camioneta Crysler color azul.
Quien sabe que penso al verlos o que sintió, pero sin lagrimas y decidida ni bien se marchó ella enérgicamente tocó el timbre de la puerta. José, a la primera mirada no la reconoció. Se parecia, si, a su india pero las finas prendas, el cabello, cuerpo limpio y el mirar desafiante le hizo dudar.
– Y aquí estamos, esposo - fué lo único que expresó Guadalupe a modo de saludo.
El, nervioso, sintiendose descubierto, sorprendido, tardó unos instantes en reaccionar. La hizo pasar luego y comenzó a relatarle sus primeros sufrimientos, el hambre, las discriminaciones y que en una noche de borrachera conoció Barbara y tuvo sexo con ella. Una chica que en aquel entonces consumía droga. Hija de madre mexicana y padre americano, acaudalado empresario dueño de la sucursal de Office Depot donde consiguió luego trabajo. Que quedó embarazada y se casó por conveniencia. Era la forma más rapida de tener residencia legal. Que con ella tenía todo. Que se enamoró y que ahora era feliz a su lado.
Guadalupe solo escuchó las primeras y últimas palabras. Entre medio recordó la selva y la fusta en las manos de su esposo. Se vió con el rostro regado en orin, los 14 hombres y el sacerdote.
Repitió, entonces, en sus adentros el juramento hecho a las estrellas.
Muda se incorporó del cómodo sofa de cuero renegrido y acercándose lentamente a José comenzó a seducirlo. Tenía la convicción de saber a la perfección esas artes luego de la escuela de instintos salvajes que había soportado.
Sin defensas, Jose, por la abstinencia del embarazo y el parto reciente de su esposa e hipnotizado ante la belleza deslumbrante de la nueva Guadalupe, se dejó conducir por ella hasta la cocina. En el frenesí de la excitación, justo cuando iba a quitarle la ropa, un frío afilado, punzante, cortante, atravesó su cuello.
Con la frialdad del que mata a un manso cabrío, inició Guadalupe su ritual al infinito. Tomando una copa de cristal inclinó el cuerpo de quien fuera su esposo llenandola del liquido rojo de su humanidad.
La bebió toda. Lentamente y de a sorbos. Entre cada trago dulce y con la mirada perdida dirigida a las estrellas desérticas, con una voz que supo a grito y a coro unísono de miles, de millones, sin futuro ni pasado, exclamó:
Sangre de vida y muerte. Sangre somos. Sangre fuimos.
Sangre muerta en mis manos por tus manos. Sangre hecha en los pechos de mi madre.
Sangre de leche cuajada, estéril, evaporada en los senos mios con mi niña apagada en llantos.
Sangre regada en los muertos de Acteal, indolentes riegan los campos de gobiernos que acribillan campesinos.
Sangre que levantan machetes defensores de tierras labradas por manos de indios.
Sangre que esconde rostros ante el poderoso sin naciones,
de trigo reseco con químicos en supermercados.
Sangre de esperma muerto en el vientre de la injusticia, de la prepotencia, del no olvido.
Sangre de animal. Sangre de macho. Sangre hacedora de brutas. Sangre hacedora de putas con pies rasgados, desnudos.
Sangre de callos milenarios.
Sangre en mi garganta sedienta en silencios. Sangre de gritos callados.
Te bebo, te poseo. En la selva, en el universo. Hoy por siempre.
En sangre dormimos. En sangre despertamos.
Habiendo acabado, escondió el cuerpo de José en algún sitio de la casa y tras la cuna del bebé esperó hasta la noche con la copa y el cuchillo en mano. Repitiendo luego el ritual y el juramento a las estrellas, escapó.
En el Estado vecino, a los dias siguientes, en un clasificado de tamaño considerable se leía:
“INDIA DE LOS ALTOS DE CHIAPAS CUMPLE TODOS TUS DESEOS
AFLORA TUS INSTINTOS SALVAJES. DE LA SELVA SOLO PARA TI
SILENCIOSA Y DOCIL. SERVICIO EJECUTIVO.”
Quinientos dólares es el precio. El mismo que ocupó para pagar al pollero.
Comentan desde entonces que quien le llama no vuelve más y que la maldición cae en la familia muriendo a los días cualquier hijo menor de cuatro años.
Dicen otros que ésto no es real, sino que se trata de un invento de los americanos del sur para que sus hombres no se acuesten con latinas desvirtuando la raza anglosajona.
Cierto o no, el anuncio se repite en los diarios de indistintos Estados cada dos semanas.
Ultimos Comentarios