30/10/08
Salíamos de Amarillo, Texas, rumbo a Albuquerque, nuestro primer destino en Nuevo México. Ibamos por la ruta interestatal 40 hacia el oeste (en ese tramo la 66 fue devorada por la nueva carretera) cuando de pronto un patrullero se nos colocó detrás, con todas las sirenas encendidas. Sin sonido, por suerte, porque las sirenas eran tantas que se habrían enterado hasta en la Argentina que nos habían parado por exceso de velocidad. Frené de a poco al costado de la ruta y me detuve, con las manos sobre el volante, no sea que el uniformado pensara que tenía una pistola o algo así. El oficial se acercó a la ventanilla, pidió licencia de conducir, contrato de alquiler del auto y nos comunicó –oh sorpresa– que íbamos 5 millas por encima del límite reglamentario, de 70. Qué pena oficial, no sabíamos, somos periodistas de Argentina, no conocemos la zona, bla, bla, bla, bla, bla. La cuestión es que zafamos de la multa y sólo recibimos un “warning” o advertencia. María –a quien he bautizado “filmator”– grabó toda la escena, sin que el oficial se diera cuenta. Pero, más allá de la anécdota, que puede suceder en cualquier país, hemos recibido muchos mails y comentarios de gente que vive por aquí advirtiéndonos que la policía en Texas, Arizona y California es muy pesada. En Arizona sabemos que se ensañan especialmente con los inmigrantes latinos. En California también, pero se suman los negros, que suelen ser las principales víctimas de arrestos injustificados. ¿Recuerdan el caso de Rodney King en Los Angeles? A quienes viven en EE.UU.: ¿han sido maltratados alguna vez por la policía? Paula.
Aquí va la primera parte, perdón por la demora pero pesaba mucho. María
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Y aquí, la segunda parte.
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Publicado por ruta-66 el 30/10/08 | Enlace permanente | Comentarios (46)
29/10/08
“Cocodrilo” Lile es todo un personaje. Es el presidente de la Asociación Ruta 66 de Texas, dice tener 68 años, pero tiene la vitalidad de un pibe. Me había contactado con él antes de viajar para EE.UU. y se ofreció a acompañarnos cuando llegáramos a su Estado. Cumplió. Nos encontramos con él en Amarillo y nos llevó en su camioneta a recorrer la Ruta que atraviesa la ciudad. Entrevistamos a mucha gente. Texas es una tierra conservadora, de cowboys, granjeros y hombres de manos agrietadas, que usan escarbadientes, escupen tabaco en el piso y son bien galantes con las mujeres. Pero “Cocodrilo” nos llevó a descubrir otra dimensión de los texanos. Nos dijo que era músico y nos invitó a la noche a ver uno de sus conciertos. Debo admitir que esperábamos llegar a un antro lleno de humo, barrigas y cerveza, pero fue grande la sorpresa cuando vimos el sitio del famoso recital. Era una iglesia, la St Stephen Church. El asombro creció cuando llegamos a la sala y descubrimos que el concierto era exclusivo para nosotras: había sólo dos sillas colocadas delante de un grupo de unos 15 hombres que integraban un coro y cantaban, completamente ensimismados, música tradicional de EE.UU. ¡Bravo! Descubrimos el lado sensible de los texanos rudos. Paula.
Acá, les dejo una de las canciones que nos cantaron. María.
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Publicado por ruta-66 el 29/10/08 | Enlace permanente | Comentarios (2)
28/10/08
Uno de los periodistas que más sabe del campo en la Argentina me escribió ayer un mail, agradeciendo la nota en Clarín sobre el remate de ganado y la pintura de los rancheros texanos. Decía que él visita con frecuencia la ciudad de Amarillo y que le caen bien esos seres tan extraños “que vibran con el pelaje de un buen ternero o la agilidad de un buen caballo”. Y que bailan con entusiasmo “sacándole brillo a las hebillas con la panza de la chica”. Gracias por el comentario. Aquí, les mostramos cómo bailan estos muchachos. Paula.
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28/10/08
Ese es el desafío: comerse un churrasco de kilos en menos de una hora. Pero no solo, con ensalada y papas. Aquí pesa 72 onzas o unos 2 kilos. Y en el Texas Ranch, en la ciudad de Amarillo, el premio es no pagar los 72 dólares que cuesta el bifecito. Pero para eso hay que tener coraje porque el pedazo de carne impresiona. Bryan Johnson es bombero del Estado de Utah y se pasó casi dos meses ayudando a reconstruir las ciudades afectadas por el huracán Gustav en Texas. La noche de su despedida de este Estado, él y sus compañeros bomberos decidieron ir al Texas Ranch. Bryan aseguró que él sí podía contra ese churrasco de dos kilos. Lo subieron a una tarima en el medio del salón con focos dignos de Hollywood y presentación a puro grito incluida. Un reloj marcó la largada y Bryan le dio duro y parejo. Cortó, masticó, tragó, puso salsa barbacoa, tomó agua, pidió más salsas. En menos de media hora ya se había comido más de medio -bastante más- churrasco. Sus amigos se acercaban a cada ratito a ver si estaba bien. Bryan no iba a claudicar. Esa cena tenía que ser gratis. Para algo medía 1,88 metros y pesaba 105 kilos. Para algo era bombero. O casi. Porque Bryan no pudo. Al final, cuando le faltaban menos de 10 minutos y 10 bocados renunció. El estómago y la mandíbula no le dieron más. Una pena. Según las mozas del lugar fue el que estuvo más cerca de ganar la competencia en todo el año. María.

Bryan, a punto de enfrentarse con este gran desafío. En Texas, dicen, todo, absolutamente todo, es mucho más grande. A juzgar por la comida, parece que sí.
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28/10/08
En este viaje me tocó estar del otro lado de la cámara. Preguntando, investigando, husmeando que se le dice. Intentando que gente que no nos conoce se abra y nos cuente sus vidas, qué les pasa y cómo se sienten frente a la crisis que atraviesa EE.UU. y de cara a las elecciones del 4 de noviembre. Por eso es raro cuando a uno le preguntan qué anda haciendo por acá. Para qué, cómo, etc, etc. Nos pasó dos veces. Una en Oklahoma donde un periodista argentino, Matías Menis, se encontró con nosotras en la capital del Estado para conversar sobre nuestro viaje. Hoy le mandé las fotos de Paula y yo en la ruta para que las agregue en la edición del diario en el que trabaja. La otra fue en Shamrock, Texas. Después de entrevistar al pastor Joe Jernigan, una de las redactoras del periódico local nos entrevistó y prometió enviarnos una copia del artículo. Les dejo la foto de la entrevista que nos hizo Candy para el County Star News. María. 
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26/10/08
El Bible Belt o el Cinturón de la Biblia es un corredor que recorre el sur de EE.UU. En nuestro viaje por la 66 atraviesa Missouri, Kansas, Oklahoma, Texas y parte de Nuevo México. Pero sobre todo Texas. En Shamrock, ahí donde la Ruta 66 posa sus ojos, este pueblo de origen irlandés parece tener más iglesias que habitantes. Sobre la calle principal se reparten una detrás de otra, todas con la misma consigna aunque con diferentes palabras: Dios es el camino. Joe George Jernigan es el pastor de la Iglesia Cristiana del Calvario. Hace 27 años que tiene una tarea dura: evangelizar a los que están “perdidos”. El resto de sus “ovejas”, como le gusta llamar a sus feligreses, llegaron por motu proprio (se dice así) a su templo. Joe da la mano firme, es amable, muy pero muy amable. Apenas se entera de nuestra presencia nos invita a participar de la misa del domingo a las 7 de la tarde. En el templo hay unas 40 personas y lugar para muchas más, que suelen venir y llenar el lugar pero en la misa de la mañana. Todos cantan, se emocionan y escuchan a Joe que lo primero que hace al comenzar su sermón es bendecirnos, y pedirle a Dios que nos ayude a lograr “lo que sea que hayan venido a hacer aquí”. Joe repasa sus comienzos pastor y cómo Dios llamó a su puerta. Imagino que sus seguidores se saben la historia de memoria, pero Joe tiene la amabilidad de repetirla para nosotras. Sabe que llevo la cámara en mano. Al final de la misa, vuelve a agradecerle a Dios por nuestra presencia y les pide a todos: “shake your hands with Mary and Paula”. En menos de 40 minutos ya soy Mary para él. Supongo que por influencia divina de la madre de Jesús. Y le hacen caso. Se acercan, de a uno, casi todos, a darnos la bienvenida. Luego nos regalará dos de sus cds, “Memorias preciosas” y “Gospel para camioneros”. Es que Joe canta y muy bien. En Kansas nos topamos con Sue Gast que nos regaló un dije con forma de angelito para protección y aquí en Texas, este pastor regordete, de cachetes colorados por su ascendencia irlandesa, nos regala música religiosa que ya escuchamos en Lilly. Y empiezo a pensar que este viaje terminará siendo mucho más espiritual de lo imaginado. God bless America. María.
PD: les dejo un pedacito del sermón.
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24/10/08

Paula, haciendo rugir los motores sobre esta Harley de 20.000 dólares.
En el estacionamiento del museo de la Ruta 66 de Chandler, Oklahoma, nos topamos con Tom. Nos llamó la atención su look de motoquero de película, con guantes y botas de cuero, gorro de la Ruta, aire rudo y barriga generosa. Pero Tom no era un pesado ni mucho menos. Era pura simpatía. Nos contó que viajaba con un amigo, en dos poderosas Harley Davidson, en un modelo diseñado especialmente para viajes largos. La moto era alucinante. Llevó un tiempo entender los vericuetos de la máquina, sobre todo para quien dos ruedas sólo significa bicicleta. Lugar inmenso para guardar la ropa –nos dio una cierta envidia, casi lleva más que nosotras– cd, radio para comunicarse con la otra moto, calefacción, aire acondicionado y otros chiches. Dice que le costó unos 20 mil dólares. Nos dejó subir y hasta pude acelerarla y sentir su ronco ronroneo. Los amigos habían partido desde Los Angeles e iban para Chicago. Ya nos hemos cruzado con muchos que están cumpliendo un sueño por la 66, con bandanas y pantalones de cuero. Es más, hay agencias que organizan excursiones para que los turistas puedan recorrer la ruta en moto. Les doy un ejemplo: un tour de 15 días por la 66 de punta a punta cuesta, con el alquiler de una Herley inlcuido, unos 9.000 dólares por pasajero. Si lleva acompañante, paga sólo unos 3.000 dólares. El cupo suele llenarse rápidamente de europeos, que son los más fervientes fans de esta carretera. ¿Les gustaría hacer un viaje así? Paula.
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23/10/08
La salida hacia Texas por la Ruta 66 iba a sorprendernos. Con Barack Obama como candidato a la presidencia hay un tema del que pocos se animan a hablar abiertamente y tiene que ver con su color de piel. Nos hemos topado con decenas de personas que ponen mil excusas tontas para decir por qué no les gusta Obama cuando en realidad lo que hacen es ocultar un profundo sentimiento racista. Lamentablemente, aún siguen habiendo personas así en el mundo y en EE.UU., sobre todo en la “América profunda”. Uno lo sabe, lo percibe. Obama no es bien recibido en muchos hogares sólo por ser “color café” como dicen aquí. Pero encontrárselos así, de frente y sin reparos, choca y mucho. Saliendo de Oklahoma decidimos parar en Yukon para almorzar allí en el restaurante Primo´s. Dos de los mozos se quedan casi anonadados con nuestro idioma. Van y vienen, preguntan de dónde somos, qué estamos haciendo, etc. Cuando nos ven filmar preguntan para qué y cuando explicamos que vamos por la Ruta 66 cubriendo la campaña presidencial dicen a dúo: “Cool” y detrás de ese cool vendrá un golpe en la nuca. “No quiero un negro en la Casa Blanca”, dice Aaron Phillips. Es flaquito, de pelo corto y oscuro. Tiene los ojos chispeantes y cuenta que por la mañana escuchó en un programa de radio que el próximo líder de Al Qaeda vendrá desde adentro de EE.UU., que será negro y de unos 40 años. “Es| Obama”, asegura y cuando uno le pregunta de dónde sacó esa información la gente de la radio dice que no sabe, que escuchó el programa por la mitad. “Además es musulmán y los musulmanes son todos terroristas”, dispara. Me salgo de la vaina e intento que reflexione: “Soy musulmana y es muy doloroso que piensen así de nosotros, la religión no tiene nada que ver con la violencia”. Kayla Kain, la otra moza, intenta suavizar el golpe y dice que no tiene nada que ver que sea musulmán, pero que a ella tampoco le gusta Obama. Cree que McCain será un mejor presidente. “Es un héroe de guerra”, subraya. Aaron se va y ya no vuelve. Y yo me pregunto ¿será que le dio un poquito de vergüenza ser tan sincero o es que no quiere estar cerca de una musulmana? María.
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21/10/08
No sé cómo, pero se nos olvidó contarles. En la Ruta 66 no sólo se pueden recorrer los pueblos que inspiraron la película “Cars”, o entrevistar a Lorn, el de la licorería. En la Ruta 66 también se puede tener sexo y a toda hora. Lo comprobamos (vimos) de camino hacia Kansas. Veníamos de Missouri y nos dirigíamos hacia el Estado más conservador de EE.UU., cuando de repente empezaron a aparecer, uno tras otro y sin respiro, carteles en los que se anunciaban “an hour hotel”(así les dicen a los hoteles alojamiento), “cines” para ver películas de adultos y sex shops. Lo más curioso era justamente que todos estos locales (por lo menos unos 15) estaban de camino hacia Kansas, el Estado donde ciertos valores son casi indiscutibles, donde el sexo antes del matrimonio es considerado un pecado, donde la fidelidad es una obligación ante Dios y la sociedad y hablar de sexo es -casi a 10 años del año 2000- todo un tabú. Al pasar por estos locales se podía ver cantidad de camiones estacionados en sus garages y otros tantos autos con patente de Kansas. Parece que allí, donde la rigidez y lo estricto se vuelven cotidianos, no hay nada mejor que tener un Estado más liberal cerca, a donde ir a buscar lo que no se tiene en casa. María.
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20/10/08
En Kansas y ahora en Oklahoma ingresamos en la llamada “América profunda”, atravesada a lo ancho por la Ruta 66. Aquí entramos en contacto con gente menos sofisticada, simple, directa, religiosa e infinitamente amable, a la que la mayoría de los grandes medios estadounidenses –generalmente basados en las costas del Este y del Oeste–, no prestan demasiada atención. Esa es una queja constante de los conservadores con los que conversamos, a medida que viajamos por la carretera. Ellos dicen que los medios de comunicación de Estados Unidos son “de izquierda” y no les interesa qué pasa por la cabeza de un granjero de Oklahoma. Ellos leen pocos diarios, salvo los locales, y se informan de política por la archiconservadora cadena Fox. ¿Por qué a los argentinos les interesa lo que pasa aquí?, nos preguntan. Les decimos que el futuro presidente de EE.UU y sus políticas repercutirán en todo el mundo. Muchos de ellos ni siquiera saben dónde queda la Argentina y si en nuestro país hablamos español o portugués. Por supuesto que hay excepciones. Pero sigan viendo nuestra cobertura en Clarin y Clarin.com para más detalles. Nos vemos. Paula.
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