Esa noche lloré
| # Enlace permanenteNo lo pude contar en el artículo que publiqué en Clarín esa noche, porque fue muy tarde y el cierre de la edición apretaba. Pero quiero compartir con ustedes lo que fue esa histórica madrugada del miércoles aquí, en Washington, la sede del poder y una de las ciudades con mayor porcentaje de afroamericanos en el país. El conteo de la votación lo vi en un restaurante del centro, donde la Asociación Nacional de Gente de Color (NAACP) había organizado una “fiesta de la victoria”. Es casi imposible describir la sensación del momento en que Barack Obama fue anunciado ganador. No era sólo un festejo. Fue una especie de estallido contenido por años y años. La gente se abrazaba, gritaba, lloraba de alegría y de emoción. Otros quedaron paralizados, como sin poder creer lo que estaban viviendo. Los más jóvenes eran los más efusivos. Los mayores, simplemente lloraban en un rincón, seguramente recordando una película nefasta de segregación y odio que habían padecido no hace tanto tiempo. Como asustado, petrificado en la oscuridad, estaba Sam Elliott, que nació en Panamá hace 78 años y se vino a los Estados Unidos en 1952. “En este país parecía que uno no era un ser humano si es de color negro. Y siempre pensaba cuándo íbamos a acabar con ésto. Finalmente sucedió”, me contó en voz baja Elliott quien, como tantos, había sido maltratado. La fiesta de felicidad siguió más tarde en las calles, con blancos, negros, latinos, jóvenes y viejos bailando casi hasta el amanecer, abrazándose, dándose las manos, besándose entre desconocidos. Esa noche corrió una energía muy fuerte, había algo mágico en el ambiente, una comunión de almas tan infrecuente como magníficamente poderosa, emotiva, que no tenía demasiado que ver con la política. En eso también esta elección fue histórica, increíble. ¿Cómo lo vivieron ustedes? Debo confesarles que no soy una mujer de lágrima fácil. Pero esa noche lloré. Y creo no haber sido la única. Paula.

Paula y Maria: Enormes felicitaciones por el laburo. Realmente brillante! Soy periodista en Córdoba y me ha conmovido el profundo “toque humano” de todas sus crónicas. Sus visiones nos han hecho conocer a la gente “real” de carne y hueso más allá de los estereotipos y sin exagerar, creo que “Ruta 66″ ya tiene valor histórico por sí mismo. Fuerza y sigan adelante! Un beso.