GORILAS EN LA OSCURIDAD
En el mundo de las apariencias, las apariencias no engañan” (aforismo implicado)
50 mil familias afectadas por cortes de luz en el día más caliente del año.
Cambio en el discurso oficial: Otra crisis que no existe ni existirá jamás
Mientras Buenos Aires se transformaba en un horno con 40,1 grados de sensación térmica, la red eléctrica evidenció nuevas fallas y dejó sin suministro a 50 mil familias en el área metropolitana. Voceros de Edesur y Edenor aseguraron que “sólo se trata de un problema meteorológico”.
“A pesar de los 40 grados de sensación térmica, todos los sistemas de media y alta tensión funcionaron, los 44.000 cortes tienen que ver con problemas en la red de baja tensión a causa de la excesiva demanda en medio de la ola de calor”, detalló De Vido en declaraciones a la prensa.
Aseguró que el país cuenta con el volumen energético necesario para hacer frente a la contingencia climática, tras haber registrado ayer un récord de generación, de 385,5 gigavatios.
(Crítica de la Argentina 28/11/08)
“Primero la patria. Después el movimiento. Por último, los hombres”. O algo por el estilo. La Patria en sus diversas acepciones y los hombres en sus diversas acepciones. En una Patria liberada puede haber esclavos, así como en una Patria Esclavista puede haber hombres libres. No aclaro que “y mujeres” porque cuando se escribió la sentencia del comienzo del artículo, las cuestiones de género no estaban al orden del día y mucho menos al desorden de la noche. No es tranquilizador que los hombres estén subordinados a la Patria, porque de este modo la confusión entre lo Universal y la Totalidad puede terminar en masacres y exterminios. Es decir: lo Universal del capitalismo no significa que todos sean capitalistas. Yo por ejemplo, soy cooperativista. Y lo Universal de que varios millones de usuarios dispongan de luz eléctrica no significa que la totalidad de los usuarios tenga energía eléctrica. Y acá aparece el momento de decisión del funcionario. ¿Mayorías silenciosas o minorías hincha pelotas? Si los que todavía algo o poco o mucho tienen no ladran, y mucho menos muerden, ¿para qué detenerse en los rugidos de ratón o los bostezos del león de los míseros porcentajes que son deprivados de lo esencial? Kilos de helados tirados a la basura, heladeras estalladas por la electricidad maníaco depresiva, semáforos más sicóticos que de costumbre, enfermos, viejos, vagos, niños, atrapados sin salida mientras observan a las inútiles bombitas de bajo consumo. Nada de eso importa demasiado, porque no son estadísticamente significativos. La mayoría manda y la minoría acompaña o se jode. Si un médico atendiera a un joven con ladilla (pitiurus inguinalis) un mito urbano decadente, podría decir con la lógica del ministro del imposible: “seguí rascándote mientras te digo los porcentajes actuales de los boludos que se contagian como vos” . La lógica de lo Universal no se paga de excepciones, ni de míseros porcentajes, y mucho menos de las situaciones concretas. Si puede ser cierto que la “parte no es el todo”, conviene estar advertido que tampoco “el todo es la parte”. Porque si el todo es la parte, entonces entramos en el peligro de privilegiar la Unidad sobre las diversidades. Una fábrica de aforismos no implicados podría ser: “la mitad más uno es todo”; “el Estado somos todos, pero sólo algunos cobran”; “la excepción confirma, y casi siempre vota, a la regla”; “los argentinos somos humanos, demasiado humanos”; “la felicidad, jajajá, es electricidad, jajajá”; “el cambio recién empieza, comprá linternas”; “¿y que hiciste de la luz que me juraste?”; “edenor, edelab, edesur, las tres son un amor”. Parafraseando al Martín Fierro, podría cantar que: “estas cosas y otras muchas, medito en mis soledades, sobre todo cuando al viejo, le faltan electricidades”. Por lo tanto el tema de los cortes de luz, y por lo tanto de agua, que si bien hay que ahorrar no era para tanto, no es un tema de Estado. Porque al Estado, ese gigante con pies de tarro, solo le interesa aquello que haga sombra, pero no la del pelo más fino, sino la de una peluca tipo león de la metro. Tenemos otros costos sociales para estas nuevas formas del ajuste, que piadosamente el ministro del imposible anuncia con disimulada alegría: “no habrá más subsidios”. Traducción: comprar vaselina pote grande para el aumento de las tarifas. No sería raro que estos cortes, que no son estadísticamente significativos, sean una especie de aviso, advertencia o amenaza (la triple A de todas las prestadoras de servicios) para que ante los aumentos inevitables de las facturas, nadie ose protestar por terror a la expropiación del servicio. Poniendo estaba la gansa y los gansos, y si no que lo diga Marsans que encontró la forma de que nosotros paguemos las deudas de aerolíneas y los aviones sigan siendo ajenos. Por supuesto que ante los ataques del fascismo esto es poca cosa, pero no deja de ser nauseabundo que millones de personas que nunca podrán subir a un avión, tengan que pagar los platos que rompieron los españolitos. ¡Linda manera de prepararse para el bicentenario! Por eso estamos frente a una nueva etapa de las privatizaciones. Demonizadas en lo discursivo, son ratificadas una y otra vez en los actos concretos. Por supuesto, pagarán multas, reconocerán daños y perjuicios. Los trámites quizá sean un poquitín engorrosos, sobre todo para impacientes ciudadanos que no entienden que estamos bien y que vamos mejor. Por último siempre queda el recurso, repetido pero útil, de utilizar una declaración pública lapidaria: “no nos preocupemos por los que protestan: son gorilas en la oscuridad.”
POR:A.G
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ESTIMADO RUBEN, comparto en buena parte tu protesta, estamos cometiendo errores, (digo estamos, porque el gobierno es LO QUE NOSOTROS VOTAMOS), yo hubiera preferido que declaren LA QUIEBRA DE AEROLINEAS (