CALAMARO, MUCHO MÁS QUE UN GARDEL DE ORO
Calamaro tiene eso que el mismo define en una de sus canciones en La Lengua Popular, es sexy y barrigón, es biblia y calefón, éxtasis y agonía, un producto 100% argento, que conoce las contradicciones de esta nación, que a veces parece que se debatiera entre el manicomio y el cementerio como decía Abelardo Ramos.
Calamaro ya no es sólo el apellido de un gran músico de estas tierras, es un adjetivo calificativo, trascendió el propio cuero de Andrés su apellido.
Es mezcla de Pappo y Miguel Abuelo, como a él le gusta cantar en el vivo de la canción Paloma, es Atahualpa y Goyeneche, es burgués y revolucionario, es pose y autenticidad, es un adelantado, conoce la esencia del argentino, entonces se adelanta a lo que dirán y bromea de sí mismo, para ganarle la pulseada a los mezquinos que denostarán algún lunar encubierto, porque en este país es difícil tragar el éxito ajeno sin más; los hay, algunos grandes se alegran profundamente, pero igual son los menos.
Calamaro es un poeta, maldito en algunos casos, amable en otros, un camaleón, un calentón, un dulzón, una parte que trasciende a ese todo que todavía no sabemos de que se trata pero está, perdido por algún lugar.
Pero no paga para hacerse nombrar, como decía Atahualpa, porque no es compadrito, porque como dije al principio, Calamaro dejó de ser sólo un apellido.-
Florencia Arietto.-
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