EL CREPUSCULO DE LOS DIOSES DE RICHARD WAGNER

Prólogo

Las tres Nornas trenzan el hilo de oro del destino, que sucesivamente pasa de una a otra. La primera Norna les recuerda que un día llegó Wotan y al beber el agua del manantial, del que brotaba la sabiduría, perdió un ojo producto de haber tenido que pagar una deuda, él arrancó una de las rama del árbol para hacerse un venablo de combate y desde ese momento el fresno pereció y el manantial se secó. Wotan había grabado en su venablo las runas de los tratados que eran su fuerza; vió, sombrío presagio, su arma hecha trizas por un joven héroe; entonces reunió a los guerreros del Walhalla y les hizo derribar el fresno del mundo. Los héroes formaron una descomunal hoguera alrededor de la morada de los eternos, y Wotan está silenciosamente sentado en medio de la augusta asamblea de los dioses. Si la madera, ardiendo, incendia el magnífico burgo, habrá llegado el fin de los señores del mundo. Wotan ha esclavizado al astuto Loge y lo mantiene en claras llamas alrededor de la roca de Brunhilda; luego hundió los trozos de su deshecha arma en el corazón del que está en llamas. ¿Qué ocurrió entonces?. El hilo que trenzan las Nornas se enmaraña; el filo de la peña lo roe; es el anatema de Alberico, el raptor del oro del Rin, que produce sus funestos frutos; por último el hilo se rompe por en medio, y con él se desvanece la clarividencia de las tres hermanas, que se levantan espantadas; anudan los cabos con precipitación y, enredándose entre sí, bajan a las profundidades de la tierra a reunirse con Erda, su madre eterna.

Sigfrido llega junto a Brunhilda con el corcel Grane. Ambos se intercambian juramentos de fidelidad. Brunhilda le entrega toda su ciencia y a cambio le pide su constancia, su ternura. Sigfrido le entrega el anillo sustraído a Fafner, ella le da a cambio a su corcel. Se separan con un gran abrazo.

ACTO PRIMERO

Escena I

En el palacio de los Gibichs, a orillas del Rin, Gunther, Gutruna y Hagen, hermanos e hijos de Grimhilda, conversan sobre la sabiduría de Hagen y sus útiles consejos.

Hagen planea en secreto recuperar el anillo, uniendo a sus hermanos, con Brunhilda y Sigfrido respectivamente. Utilizará el brebaje para hechizar a Sigfrido y enamorarlo así de Gutruna.

Escena II

Gunther recibe a Sigfrido y le promete fidelidad. Hagen interroga al huésped sobre los tesoros de los nibelungos. Sigfrido le cuenta sobre el yelmo que lleva puesto y un anillo que ha dejado en poder de su amada. Gutruna le acerca la bebida de bienvenida, la toma e inmediatamente, el héroe, se enamora de ella. Gunther le pide a Brunhilda en recompensa. Sigfrido promete tomar el aspecto de su huésped con la ayuda del Tarnhelm, para rescatarla de las llamas.

Escena III

Brunhilda recibe a su hermana Valtrauta, quien le cuenta las desgracias sufridas por todos a causa de Wotan. La salvación será devolver a las hijas del Rin el anillo maldito. Pero Brunhilda no desea sacrificar el objeto amado que le ha sido dado por Sigfrido. Valtrauta se retira decepcionada.

El guerrero se acerca a Brunhilda pero con las facciones de Gunther, le quita el anillo y se la lleva para entregarla al hijo de Gibich.

ACTO SEGUNDO

Escena I

Alberico le cuenta a su hijo Hagen que Wotan está debilitado y que Sigfrido es quien ahora posee el anillo que tiene el poder de maldecir, salvo al héroe porque, éste, no le da valor alguno. Alberico teme que sea devuelto a las hijas del Rin.

Escena II

Hagen promete a su padre recuperar el anillo. Sigfrido llega con Brunhilda para entregarla a Gunther.

Escena III

Se disponen a preparar sacrificios para los dioses en honor a Brunhilda y a su nueva unión.

Escena IV

Brunhilda observa a Sigfrido, pero él la ignora, luego descubre que el héroe lleva puesto el anillo sagrado. Hagen interviene y los confunde con sus palabras. Brunhilda les recuerda el compromiso con Sigfrido, todos lo acusan de traición. El héroe jura sobre la espada no haber tocado a la virgen.

Escena V

Sigfrido se aleja junto a Gutruna. Brunhilda desea venganza y Hagen se le acerca para conspirar contra el héroe. La walkiria le revela que puede atacarlo de frente, entre los hombros con un golpe mortal. Hagen lo induce a Gunther, quien se apiada de Sigfrido y no desea darle muerte. Planean, entonces, una cacería como pretexto para darle muerte, un jabalí le habrá herido en un lugar aislado. Mientras tanto las parejas se preparan para la boda.

ACTO TERCERO

Escena I

Las tres hijas del Rin, Voglinda, Velgunda y Floshilda añoran el oro perdido. Sigfrido se acerca a las Ondinas, quienes lo interrogan sobre su cacería, luego le prometen al animal a cambio del anillo. El se niega pero las ninfas le cuentan todo lo referente a la maldición que lleva en su dedo y que sólo puede revertirse si lo devuelve al río. Sigfrido no conoce el miedo por esta razón es que no les hace caso.

Escena II

Gunther, Hagen y Sigfrido se encuentran y conversan sobre la cacería y las ondinas. Hagen desea que el héroe recuerde más detalles y le prepara otro filtro para recuperar la memoria. Sigfrido se distrae ante dos cuervos y Hagen quiere aprovechar la situación para atacarlo. Gunther trata de impedir el asesinato pero no lo logra.

Escena III

Gutruna tiene sombríos presentimientos. Hagen le relata que su esposo ha sido atacado por un jabalí furioso.

Gunther le revela a su hermana que ha sido Hagen el verdadero asesino. Hagen pide el anillo del muerto pero Gunther se lo niega y es, a su vez, asesinado por su hermano. Hagen intenta una vez más arrebatar el anillo del cadáver, pero la mano de Sigfrido se levanta amenazadora ante las aterrorizadas miradas de los presentes.

Gutruna le explica a Brunhilda el malévolo plan de Hagen desde el principio hasta el final. Brunhilda ahora comprende todo lo que ha sucedido y hace señas a los vasallos para que lleven a la pira el cuerpo de Sigfrido, a quien primero quita el anillo y luego lo lega a las hijas del Rin, pero deseando que lo retiren en medio de las cenizas, después que el fuego lo haya purificado de la maldición que tan gravemente pesó en todos los que lo poseyeron!.

El crepúsculo eterno empieza para ellos, y el fuego que a ella misma ha de consumirla pronto, se propagará hasta el inaccesible retiro del Señor del mundo.

La raza de los dioses se ha extinguido, el universo está sin dueño, pero queda un bien, el más precioso de todos, que debe aprender a querer más que al oro, más que a la gloria y a la grandeza: el amor, único que puede salir victorioso de todas las pruebas y procurar la felicidad perfecta.

Hagen, quien aún codicia el anillo, es alcanzado y arrojado por las ondinas al fondo del abismo.

Finalmente el anillo es recuperado por las hijas del Rin.

Bibliografía

Viaje Artístico a Bayreuth. A. Lavignac. Editorial Albatros. Buenos Aires. 1946