SIGFRIDO DE RICHARD WAGNER

ACTO PRIMERO

Escena I. Mimo se halla en una caverna, es su guarida, aquí guarda sus alimentos. Mimo forja una nueva espada para Sigfrido, quien parece nunca estar contento con las creaciones del gnomo. Es necesario soldar los trozos de Nothung, el arma de Segismundo, de esta manera Sigfrido podría apoderarse del anillo que aún posee Fafner (ahora transformado en un temible dragón).

Sigfrido se burla del gnomo permanentemente y no cree que él sea su padre, es más, lo increpa para que le diga la verdad, quiere saber su verdadero origen. Finalmente Mimo le cuenta que una pobre mujer lo dio a luz en la selva y luego murió, pero antes le puso el nombre al niño y le dió al gnomo los trozos de la espada perteneciente al padre del recién engendrado.

Escena II. El dios Wotan visita a Mimo pero no dice su nombre, se hace llamar el Viajero. El dios le ofrece al gnomo despejar alguna de sus dudas como pago de su hospitalidad. Mimo le pregunta entonces quiénes viven en las entrañas de la tierra y Wotan responde: los Nibelungos, a quienes su jefe Alberico los había esclavizado gracias al poder del anillo mágico. La segunda pregunta refiere a los habitantes de la superficie del globo y el dios le responde que son la raza de los gigantes, cuyos príncipes Fasolt y Fafner, han conquistado las riquezas del Rin y el anillo maldito. Luego agrega que Fafner mató a su hermano y ahora transformado en dragón custodia el tesoro. La tercer pregunta es sobre los habitantes de las cimas nebulosas y Wotan responde que los elfos luminosos que moran en el Walhalla, y su jefe, Wotan, ha conquistado el universo merced a su lanza, la que lleva grabados los pactos divinos. Mimo ahora reconoce al dios Wotan.

Ahora es el turno de Wotan de interrogar a Mimo, amenazante le pregunta cuál es la raza perseguida por el dios, a pesar del cariño que les tiene. Los Walsungs, responde el gnomo, luego le pregunta sobre la espada poderosa y Mimo responde correctamente: Nothung, por último le pregunta sobre el hábil herrero que sabrá soldar la espada, y Mimo tiembla de miedo. Wotan se marcha satisfecho pero antes le dice que sólo el que no sienta miedo podrá forjar la espada.

Escena III. Mimo está aterrorizado, en este estado lo encuentra Sigfrido al volver del bosque. El gnomo comprende que sólo Sigfrido podría triunfar en soldar la espada pero también sabe que será su propio asesino, según las palabras del dios. Entonces decide atemorizarlo con diferentes historias pero no lo consigue, todo lo contrario, el joven vuelve a exigirle la espada.

Sigfrido decide forjar la espada él mismo. Mimo lo deja y con la esperanza de que el joven quede agotado frente a la lucha contra el dragón, planea darle un brebaje encantado para hacerlo caer en un profundo sueño y tenerlo a su merced.

El joven, sin dejar de cantar, ha acabado el martilleo de su arma maravillosa; la templa, la levanta sobre el yunque, y esta vez lo parte en dos con un golpe pleno de fuerza y desenvoltura. Mimo se desespera ante el logro de Sigfrido.

ACTO SEGUNDO

Escena I. Alberico merodea la guarida de Fafner con la esperanza de poder arrancarle un día su tesoro. Wotan aparece ante Alberico y le explica que sólo debe temer a Mimo y no a Sigfrido, ya que sólo Mimo desea el anillo cuyo poder conoce. Wotan ofrece a Fafner salvarle la vida pero el gigante sólo desea su anillo. Antes de marcharse Wotan le sugiere a Alberico reconciliarse con Mimo.

Escena II. Sigfrido no teme a las advertencias de Mimo sobre el monstruo, todo lo contrario, está decidido a hundir su espada en el corazón del dragón.

Fafner toma la forma de un reptil repelente intenta amedrentar a Sigfrido pero el adolescente lo ataca certeramente en el corazón. Luego penetra en la caverna y se apodera del Tarnhelm y del anillo.

Escena III. Mimo sale de su escondrijo y se encuentra con Alberico, discuten y deciden traicionar a Sigfrido. Mimo le ofrece un brebaje envenenado pero Sigfrido anticipándose al engaño lo atraviesa con su espada y deja su cuerpo en la caverna. Cuando se dispone Sigfrido a descansar escucha el sonido de los pájaros que lo guían con mensajes, le revelan que sobre una roca solitaria duerme, rodeada de llamas, Brunhilda. Él se hará cargo de salvarla. El pájaro le mostrará el camino para llegar hasta la walkiria.

ACTO TERCERO

Escena I. Wotan llega a la entrada de la cripta donde yace Erda, el alma antigua de la tierra. La evoca y por el poder de su encanto la obliga a despertar. Quiere interrogarla, pues ella es la sabiduría del mundo. Pero todo su saber la abandona cuando está despierta, no puede contestar a Wotan y le aconseja que vea a las Nornas, que en el hilo de los destinos hilan y tejen toda la ciencia de su madre eterna. Pero lo que busca el dios, no es conocer el porvenir: quisiera modificarlo. La profetisa le aconseja consultar a Brunhilda, la vidente, pero Wotan le cuenta que la ha castigado. Ahora Erda duda si ayudar a Wotan, ya que reprueba su conducta. Ahora Wotan está seguro de que Brunhilda será la que salvará al mundo, ella será quien devuelva al Rin el oro maldito, causa de tantas desdichas, también será ella quien, abrasando el Walhalla en un incendio grandioso, determinará el fin de los dioses. Wotan deshace entonces el hechizo que sujetaba a la profetisa; ésta desaparece en el abismo, que vuelve a sumirse en la oscuridad. Wotan espera la llegada de Sigfrido.

Escena II. Sigfrido dialoga con Wotan, le cuenta sus hazañas. El dios desea por una vez más no permitir el triunfo de Sigfrido y le cierra el paso con su lanza. El dios es vencido por el joven.

El fuego se apacigua y ve la roca donde duerme Brunhilda.

Escena III. Besa tiernamente a la Brunhilda y la despierta. Sigfrido cree que es su madre pero la joven le dice que es ella, la walkiria a quien siempre amó. La hija de los dioses se ha convertido en sencilla mujer. El amor terrenal sube a su corazón y se apodera de ella. Sigfrido la conquista y ella abandonará la causa de los dioses.

¡Qué todos perezcan, raza envejecida y sin fuerza; que el Walhalla se derrumbe, que el Burgo se deshaga en polvo, que los eternos se acaben!…

¡Nornas, romped el hilo de los destinos divinos; que empiece el crepúsculo de los dioses!
La virgen sólo vive ahora para el amor de Sigfrido.

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