EL ORO DEL RIN (PROLOGO) DE RICHARD WAGNER

Escena I. La acción del primer cuadro se desarrolla en las profundidades del Rin. Las tres Ondinas, hijas del Rin, juguetean entre las aguas. Ellas guardan el precioso tesoro, el Oro puro, que les fue confiado por el río.

Alberico, el más astuto de los nibelungos desea seducir a las ninfas y ellas sin querer le revelan el secreto, la magia del Oro del Rin, un anillo con poder ilimitado pero con la condición para el que lo posea, de renunciar al amor. Alberico dominado por la codicia se apodera del anillo y es ahora el quien tiene el poder supremo.

El río queda a oscuras, la joya que ha sido robada, lo deja en las más espesas tinieblas.

Escena II. El dios Wotan y su esposa Fricka contemplan el palacio recientemente construido bajo las órdenes del dios, los gigantes Fasolt y Fafner. Por instigación del astuto dios Loge, dicha construcción tiene un precio, Freya, la diosa de la juventud, del amor y de la belleza, es hermana de Fricka y de los dioses Froh y Donner. Fricka reprocha a Wotan el compromiso contraído. Ahora deben calmar a los gigantes que quieren su recompensa. Entonces Loge menciona el tesoro robado por Alberico para estimular la codicia de los gigantes y que olviden así a Freya. Pero ella es igualmente llevada por los gigantes hasta ser cambiada por el anillo. Wotan, acompañado por Loge, se hunde en las entrañas de la tierra en busca del Nibelheim, debe recuperar el anillo para poder salvar a su cuñada.

Escena III. Wotan y Loge llegan al reino de los elfos negros, donde Alberico actúa ahora como un rey, le pide a Mimo, hábil herrero que le confeccione un yelmo encantado el “Tarnhelm”, que le hará invisible. Alberico esclaviza a los nibelungos, los atormenta y Wotan al ser testigo de lo ocurrido desea asesinarlo, pero Loge, más diplomático evita lo peor y trata de conquistar al “nuevo rey”, felicitándolo por su nuevo poder pero a su vez poniéndolo en duda, entonces, Alberico, cae en la trampa tendida por Loge y para demostrarles lo que puede hacer se transforma a sí mismo en un dragón, luego en un sapo, es aquí donde aprovechan Wotan y Loge para atraparlo.

Escena IV. Wotan y Loge obligan a Alberico a entregarles el tesoro acopiado por los esclavos, el yelmo y también el anillo. Cuando Wotan toma el anillo, Alberico lo maldice diciendo: “Que en lo sucesivo su encanto engendre la muerte de quien lo lleve puesto”. Pero Wotan hace caso omiso a las maldiciones y se coloca el anillo.

Los gigantes vienen en busca de lo prometido para poder liberar a Freya, se apoderan del oro, las joyas, el yelmo mágico pero aún les queda el anillo que Wotan se niega a dar. En respuesta a la negativa de Wotan deciden llevarse a Freya nuevamente y en ese mismo instante se quedan a oscuras y aparece el alma antigua de la tierra, Erda, la madre de las Tres Nornas, que hilan el hilo del destino. Ya prevé el crepúsculo de los dioses, y conjura a Wotan que ceda el anillo maravilloso, pero maldito. Finalmente entrega el anillo sobre los tesoros de los gigantes, quienes ahora se lo disputan y Fafner le da muerte a su hermano Fasolt, escapando más tarde con los tesoros.

Wotan recoge una espada olvidada por Fafner e invita a los dioses a entrar con él en el Walhalla cuyo precio ha sido un salario maldito; más prevé la lucha que habrá de sostener con las potencias de las tinieblas y ya sueña con crear, para oponérsele, una raza de valerosos héroes.

Loge piensa apartarse de los demás dioses y edificar su fortuna sobre la ruina de aquéllos.

En lo hondo del valle se oyen los lamentos de las hijas del Rin que lloran su perdido tesoro.

Bibliografía:

Viaje Artístico a Bayreuth. A. Lavignac. Editorial Albatros-Buenos Aires. 1946.

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