ANÁLISIS MUSICAL DEL ACTO II DE TRISTÁN E ISOLDA

Escena I. El nuevo motivo será El Día, enemigo de los amores de Tristán e Isolda. En el 9° compás del Preludio se dibuja el motivo La Impaciencia, que no adquiere, sin embargo, su forma definitiva sino en el 21° compás. Su principal empleo lo encontrará cuando Isolda, después de hacer a Tristán la señal convenida, espera ansiosa. Pocos compases más allá, ese motivo, muy levemente modificado, se combina de modo afortunado con el del Ardor (que también se conoce con el nombre de Llamada de amor), de importancia considerable en todo este acto; y aquí lo tenemos en una segunda forma, que cambia completamente su carácter. En general sufre pocas transformaciones, y lo mismo sucede con el que le sigue, el impulso apasionado, que sin embargo, encontraremos de nuevo, por aumento y en parte sincopado, en la escena II, poco antes de La Invocación a la noche:

Aun reaparecerá, al final de la obra, para servir de acompañamiento a las últimas palabras de Isolda.

El Canto de amor, que forma la trama orquestal de toda la parte de esta escena que precede a la extinción de la tea, cuyo estilo italiano no deja de sorprender a cuantos no han observado todavía cuán a menudo es en Wagner, vuelve a presentarse muy frecuentemente en el segundo acto.

Entre los temas ya conocidos, los que concurren especialmente a mortal, La Muerte, La Impaciencia, y se presentan poco más o menos en el orden indicado.

Escena II. Esta escena no es más que un prolongado Dúo de amor (cierto es que Brangaña dice unas palabras, pero está invisible en la torre); durante el primer conjunto, la parte sinfónica presenta hermosísimos cruces de los motivos. El Impulso apasionado, El Ardor; más lejos reaparece el tema El Día, el de Gloria a Tristán, El Canto de Amor, El Brebaje mortal; luego aparece, primero en esta forma provisional, y casi en seguida en su forma definitiva, La Invocación a la noche, amplia y suave cantilena, que da lugar al último e importante conjunto de conmovedora belleza.

En el curso de ese mismo conjunto, constantemente sostenido por un ritmo sincopado lleno de vida y pasión, donde transparentan algunas notas de El Día, la frase sufre numerosas y profundas modificaciones; reviste principalmente el aspecto nuevo, resultando de notas de paso, y de una estructura distinta de su corte armónico, que antaño se llamaba “La noche reveladora”.

Sin embargo, es de notar que cuando esa misma frase, con sus notas de paso, pero de movimiento contrario, invertido, se oiga en el último acto, su significado será distinto y traerá la idea de La Sospecha.

Hacia el final aparece el motivo La Muerte libertadora, con sus tan curiosas disonancias, que reaparecerá a menudo en el resto del drama, unas veces en las voces y otras en la orquesta, raramente modificada en cuanto a contorno melódico, pero frecuentemente con variantes armónicas o rítmicas.

Terminado ese conjunto, Brangaña, desde lo alto de la torre, nos hace oír el motivo El Día, de penetrante hechizo y dulzura ideal, expresando tan bien la dicha tranquila y La Felicidad, el que nunca será reproducido íntegramente; pero, además de las repeticiones parciales, ser harán a él numerosas alusiones y será transformado con frecuencia; aquí señalo solamente una de las formas más curiosas, en 5 tiempos y en el bajo (acto tercero, escena II).

He aquí ahora el soberbio Canto de Muerte en los aspectos que reviste en esta escena, donde proporciona un tercero y maravilloso conjunto.

En la escena final del drama, ligeramente modificado, servirá de base al canto de Isolda, hasta el momento en que ésta, exaltándose cada vez más, encontrará su sostén en el motivo El Impulso apasionado.

Luego de diversas repeticiones de La Felicidad, La Muerte libertadora, El Brebaje mortal, El Día…la escena termina con la llegada súbita de Melot y el rey Mark.

Escena III. En seguida aparecen de nuevo los motivos. La Impaciencia, Canto de muerte, El Día, y otros dos temas, que sólo se emplearán en este fin de acto; primero éste, que, muy lejos en la orquesta, subraya la profunda pena que siente el rey Mark al comprobar la traición de Tristán: es El Desconocido de Mark, y, poco después, el sentimiento que domina al excelente rey Mark no es la ira, ni los celos, ni el deseo de venganza, ni el odio: es una gran aflicción, un profundo pesar: ¡qué bien expresado está!, este otro, que caracteriza su Consternación y quizá también la de Tristán: El final de esta escena está compuesto en gran parte con ayuda de esos dos nuevos motivos frecuentes repeticiones de La Cólera, La Confesión, El Deseo, La Felicidad, La Muerte Liberadora, y la Invocación a la noche.

Bibliografía:

Viaje Artístico a Bayreuth. A. Lavignac. Editorial Albatros. Bs.As. 1946