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Propaganda y autoritarismo

Los métodos de propaganda de algunos gobiernos populistas latinoamericanos no difieren mucho de los del pasado nazista, comunista o fascista; tal vez son más sutiles pero conllevan la misma intención: desacreditar y neutralizar al adversario, al tiempo de halagar y manipular a las mayorías a cambio de su apoyo y obediencia debida.
Los gobiernos de Argentina, Ecuador y Venezuela, tienen una maquinaria propagandística bien aceitada para estos propósitos, y al igual que los regímenes autoritarios de otrora, coinciden en su intención de domesticar o destruir a la disidencia y, en especial, a la prensa independiente, a la que consideran de oposición.
El presidente ecuatoriano Rafael Correa puso a prueba esta estrategia jugando su propia Copa del Mundo. En los horarios de mayor sintonía durante el Mundial, gastó una millonada en una campaña de propaganda televisiva bajo el lema “La libertad de expresión ya es de todos; la revolución ciudadana está en marcha”, acusando a los medios en general de mentir, fomentar la violencia, desestabilizar al gobierno y ejercer el periodismo con el único fin de ganar dinero.
Con un estilo inconfundiblemente cínico, Correa siempre asume una postura de confrontación y revanchismo con los medios tratando de restarles credibilidad y blindándose ante denuncias e investigaciones sobre corrupción y opiniones críticas, que la prensa, debido a su función social, está obligada a formular. Más aún, así como el gobierno argentino, como férreo impulsor de una Ley de Comunicación que dará al Estado amplios poderes sobre los medios, Correa se desnuda, mostrando su real aversión por el periodismo y la crítica libres.
En Argentina el gobierno del matrimonio Kirchner es aún más directo y sin tapujos a la hora de confrontar con la prensa, hasta incentivó escraches públicos y “juicios éticos” en las plazas, como en la primera época del chavismo venezolano, para incriminar públicamente a periodistas por golpistas y desestabilizadores.
Cada vez que se denuncian actos de corrupción, los medios sufren ataques, desde inspecciones impositivas hasta complots contra sus sistemas de distribución y la fabricación de papel, sus periodistas son espiados y los familiares perseguidos. El reciente escándalo sobre la “embajada paralela” entre Buenos Aires y Caracas con la que se escondían negociados y sobornos a espaldas de la Cancillería, desembocó en la renuncia del canciller Jorge Taiana, a quien la presidenta Cristina de Kirchner le recriminó ser el único funcionario al que “la prensa no le pega”, designando en su lugar a Héctor Timerman, quien de inmediato desvió la atención de las denuncias periodísticas, atribuyendo “conspiraciones mediáticas”.
Así como en Ecuador y Argentina, en Venezuela, no estar en el halo protector del gobierno, ya sea en medios amigos o estatales, implica ser vulnerable a vejámenes y discriminación. De ello es consciente, el directivo de Globovisión, Guillermo Zuloaga, que salió del país para evitar el “enjuiciamiento” del presidente Hugo Chávez, quien en arengas públicas lo acusó por distintos delitos, entre ellos, de desestabilizar la democracia; señaló la cárcel en el que lo hospedarían, anunció que expropiaría Globovisión; todo eso, sin la intervención de jueces, lo que demuestra procesos indebidos y justicia sin independencia.
El problema es que a veces, los medios suelen actuar en forma contestataria y se olvidan de hacer periodismo, convirtiéndose en actores políticos o simples propaladores de opiniones y denuncias, exponiéndose en la arena como oposición o adversarios partidarios, como también sucedió en Guatemala a principios de este mes, cuando el presidente Alvaro Colom acusó a periodistas, en espacios pagados, de atentar contra la democracia.
Pero aún así, esa actitud poco cuidada de muchos medios no debería servirle de justificativo a los gobiernos para descalificarlos, ya que su deber natural en democracia es protegerlos. Cuando no existe esa protección de la libertad de prensa, lo que el público no comprende, es que tarde o temprano, se empiezan a reducir los demás espacios de libertad.
Por ello, la mejor contribución de los medios para desenmascarar el autoritarismo gubernamental, no es replicar opiniones o manejar los mismos hilos de la propaganda política, sino hacer lo que mejor hacen: buen periodismo; es decir, fiscalizar mediante la investigación, corroborar hechos, denunciar la corrupción, y desafiar al gobierno y al público con sus posturas editoriales.

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Correa: ataque mundialista

La propaganda es más contundente y eficiente cuando el mensaje se utiliza en el momento adecuado. El presidente ecuatoriano Rafael Correa sabe mucho de estrategias y ha combinado astutamente cuatro elementos: el Mundial de Sudáfrica, una campaña de propaganda gubernamental, la televisión y la nueva ley de Comunicación que está gestando su gobierno.
Con el lema “La libertad de expresión ya es de todos. La revolución ciudadana está en marcha”, el gobierno está gastando más de un millón de dólares en una campaña televisiva en la que es utilizada para pegarle a los medios de comunicación y en apoyo a una futura ley de comunicación. La campaña, en el aire en momentos de mayor audiencia televisiva entre los partidos de fútbol del Mundial, desprestigia a la prensa, radio y televisión, medios a los que acusa de “tergiversar la verdad, intentar volver a manejar el país por la ley del más fuerte, creando una dictadura de determinados medios”.
Los cuatro “comerciales”, de 30 segundos cada uno, que se transmiten por la televisión estatal que tiene los derechos de trasmisión del Mundial, forman parte de la campaña “Más Respeto”, un sarcasmo de Rafael Correa, quien tomó prestado el nombre de una campaña de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos (AEDEP) que pedía mayor respeto a los medios durante el debate social respecto a la nueva Ley de Comunicación.
La idea de Correa, quien está defendiendo la campaña a capa y espada – claro está, porque es de su propio estilo, puño y letra – está destinada a apoyar el debate que se reiniciará el próximo 6 de julio en la Asamblea General sobre la ley de Comunicación, la que de ser aprobada representará un grave retroceso a la libertad de prensa en el país. Se trata de un mensaje injurioso de parte de un Jefe de Estado, ya que acusa a la prensa en general de mentir, fomentar la violencia, desestabilizar al gobierno y ejercer el periodismo con el único fin de ganar dinero.
Correa considera que la prensa no tiene cabida en su sistema democrático. Quiere controlarla, y ahora hace todo lo posible para ganar adeptos en la opinión pública y así desprestigiar y debilitar a los medios de comunicación.

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Controlar la conversación

Controlar la conversación 24-06-10

En la constante puja por establecer la agenda pública o controlar la conversación, son los medios de comunicación y los políticos consumados los que no se dan por vencidos con tal de “anotar un gol”, a pesar de que la atención en estos días de Mundial la tiene la FIFA que ha visto casi colapsar su página en el internet, así como Cristiano Ronaldo, el hombre más buscado en Google y quien ya suma unos cinco millones de “amigos” apenas debutó en Facebook.
Más allá del tema obligado del fútbol, son los políticos del continente los que están tratando de imponer la agenda pública, mediante frases de impacto, pegajosas y altisonantes, en un repulsivo ambiente de eterno período electoral.
Así, con un léxico de campaña por los votos, se escuchó esta semana a Barack Obama que le “patearía el trasero” a los ejecutivos de British Petroleum y que crearía un “plan de guerra” para contrarrestar el peor desastre ecológico de todos los tiempos, a cuyos efectos negativos comparó con “el ataque terrorista” de “Setiembre 11”. Como otros políticos, Obama busca que la resonancia en los medios le de legitimidad a sus palabras y, así, desviar la atención ante la ineficiencia y la falta de liderazgo que se le reclama a gritos y que está empezando a carcomer su popularidad.
Instalar la agenda no es fácil. Es que a diferencia de los medios, los mensajes de los políticos, para que prendan en el público, tienen que ser consecuentes con sus acciones. Por eso los problemas del presidente mexicano Felipe Calderón, cuyos discursos y estrategias sobre “seguridad pública” y “guerra contra el narcotráfico”, se ven cada semana contrarrestados por las más de cien víctimas y decenas de cabezas degolladas rodando por doquier.
Lo del presidente Alvaro Uribe es diferente. Esta semana demostró la concordancia entre lo que dice y hace, entre su política de seguridad democrática y el rescate de cuatro secuestrados en manos de las FARC. No solo reinstaló el tema de los rehenes y la guerrilla como en el 2008 tras la liberación de Ingrid Betancourt, sino además, disipó cualquier duda de que el candidato oficialista, Juan Manuel Santos, apabullará a Antanas Mockus en esta segunda vuelta electoral.
Pero no siempre el fenómeno de la “agenda setting” está enfocado en la coherencia entre tema y acción. Los medios, como caja de resonancia, suelen legitimar incoherencias, mentiras repetidas mil veces como decía el propagandista hitleriano Joseph Goebbels, o palabras bizarras que terminan siendo válidas por la jerarquía del interlocutor, así sea loco o cuerdo, maniático o narcisista.
En esta categoría entran Hugo Chávez y Rafael Correa. Ávidos y diestros en frases altisonantes capaces de crear los mejores titulares y despertar la réplica de sus víctimas; pero, al mismo tiempo, conscientes de las debilidades del poder político frente a los medios de comunicación para imponer la agenda social, optan por renegar de ellos; los desprestigian, asfixian y persiguen.
Convertida Venezuela, después de Cuba, en el país latinoamericano con más periodistas y políticos presos o exiliados, Chávez se ha perfeccionado en esta política de censurar y crear temas de conversación. Es un hombre de palabra cínica y teatral, pero peligroso, todo lo que promete lo cumple. Anuncia nacionalización y nacionaliza, expropiación y expropia, intervención e interviene, encarcelamientos y encarcela; y rotula a los medios de “objetivos militares”, y los cierra.
Globovisión es ahora su próximo objetivo, y seguirá degradando a la opinión pública hasta lograrlo, como lo hizo con RCTV, otros cinco canales y una treintena de radioemisoras. Chávez se confunde en creer que cerrando a la televisora o presionándole para cambiar su independiente línea editorial le bastará para controlar o manipular la agenda pública. Ni siquiera podrá hacerlo con su propia maquinaria de propaganda, porque otros medios independientes suplirán el espacio de Globovisión.
Estos días de fútbol se prestan para la manipulación de la agenda política, como el aprovechamiento de los tempraneros éxitos de la selección “albiceleste” por parte de la pareja presidencial argentina. Pero así como Cristina, su aliado Chávez, que pregona la “democracia socialista”, debería saber que para controlar la conversación no bastan frases rimbombantes, sino coherencia entre dichos y hechos.

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Chávez y la saturación

Imagino que los venezolanos ya deben estar cansados de ver a Hugo Chávez hasta en la sopa. No hay presidente alguno que se le parezca. Aparece en cualquier lado y a toda hora. Muchos se preguntan, claro: ¿Cómo hace para gobernar alguien que habla y habla?

La estrategia es inteligente desde su punto de vista. Chávez siempre incrementó su presencia en los medios y en sus impuestas cadenas y sus Aló Presidentes en años con elecciones. Pues claro, con setiembre 2010 en su objetivo, no es raro que esté experimentando con otras formas de presencia mediática. Esta vez lo hizo con “De repente con Chávez”, título que muestra el carácter de periódico y sorpresivo que tendrán sus alocuciones radiales por Radio Nacional y YVKE Mundial.

Chávez anunció que este nuevo programa aparecerá cuando él quiera y a la hora que quiera. Amo y Señor; ya que cierra el espectro de todos los medios, con su Aló Presidente en la TV, con sus columnas en la prensa “Las líneas de Chávez”, además de todos los programas y páginas de internet donde su batallón de mercenarios y propagadores están al pie del cañón.

Lo que sus consejeros no parecen decirle o él no escucha, es que en comunicación, más no significa mejor. En cuestiones de propaganda se puede pasar muy rápido de la persuasión a la saturación. Y Chávez parece ya entrar en este estadio.

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Correa y la excusa perfecta

El presidente Rafael Correa de Ecuador tiene un látigo por lengua y siempre encuentra la excusa perfecta para atacar la libertad de prensa, a los “mentirosos” medios y periodistas, con tal de seguir argumentando a favor de un emporio de medios estatales que está creando con el dinero de los contribuyentes para aumentar su capacidad de propaganda estatal.
Este fin de semana atacó a El Universo de Guayaquil (por denuncias sobre maquinarias de la industria petrolera que afectarían la ecología) y al diario Hoy de Quito (por denuncias sobre irregularidades en la compra de turbinas para generar energía eléctrica) quejándose que ambos diarios publican información falsa y mentirosa, y que estarían boicoteando al gobierno.
Correa aprovecha sus programas sabatinos para dedicar gran parte de los mismos a criticar a los periódicos y cualquier medio que haga denuncias sobre corrupción, considerando que es una fórmula para desprestigiar y desestabilizar a su gobierno. Obviamente, nunca se le ocurre agradecer a la prensa, y plantear que le pedirá a las autoridades competentes que investigará las irregularidades, lo que debiera hacer un gobierno normal y sensato de acuerdo al mandato que tiene en una democracia: administrar en forma eficiente el dinero de los ciudadanos.
Pero lo de Correa va más allá. En sus programas no solo hace propaganda de los medios que el su gobierno mantiene, expropió y creó, sino que además plantea que seguirá aumentando su capacidad de comunicación con una línea de medios oficiales, que por más que él los llame público, con la forma que maneja su gobierno, no caben dudas de que los usará para la propaganda oficial.
Este es un párrafo textual de su alocución del sábado pasado, que habla por sí mismo: “Gracias a Dios – dijo Correa – es que tenemos estos enlaces los sábados para poder aclararlo, sino se quedan con esta mentira. Como conclusión, no compren estos periódicos, infórmense un poco con la televisión, los canales públicos, compren El Telégrafo, estamos preparando un diario más popular que informe objetivamente, porque diario El Telégrafo está posicionado por un diario editorial, de cosas más profundas, pero tendremos un diario de consumo más popular para no ser víctimas de los que nos quieren engañar, engañar y engañar, para hacerle daño al Gobierno, para tratar de abortar la revolución ciudadana, un proyecto político inédito y volver a los privilegios de siempre, pero no pasarán nunca más al pasado”.

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Información y propaganda

El nuevo gobierno hondureño cometió de nuevo un error en materia de libertad de prensa hostigando a periodistas de la agencia venezolana de noticias Telesur y del canal Venezolana de Televisión, VTV, ambos órganos del gobierno de Hugo Chávez. Si bien los hechos son confusos, respecto a que los periodistas aseguran que fueron expulsados, mientras que las autoridades dicen que abandonaron el país, lo cierto es que el episodio es reprobable y no ayuda a generar un mejor ambiente. La policía, en algún momento, mencionó que los periodistas habían violado el toque de queda, sin embargo, las autoridades habían dicho que no tendría alcance para periodistas y medios de comunicación

Telesur, que nació básicamente como una agencia informativa de propaganda del gobierno de Chávez para neutralizar a la “propaganda imperialista de CNN”, jamás pudo sacarse de arriba su estigma de trabajar informativamente para un gobierno. Generalmente, es difícil descifrar cuando la cadena reporta sobre los hechos con desinterés y cuando tiene una intención específica de torcerlos de acuerdo a los mandatos estratégicos y políticos de su dueño.

Esta noche hubo una prueba más de esa intención, cuando en una entrevista con el presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la SIP, Robert Rivard, para lo cual se había pautado hablar sobre el tema de Honduras, antes de cualquier pregunta, Rivard tuvo que escuchar una larga perorata del presidente nicaragüense Daniel Ortega sobre la falta de libertad de prensa en Honduras, desafiando a la SIP a que se pronuncie al respecto. Nada original, ya que lo mismo, entre ayer y hoy, lo solicitó el presidente Hugo Chávez y periodistas de Telesur en forma pública.

Rivard, muy tranquilo, en pocos minutos que se le permitió estar en el aire, respondió que Daniel Ortega era justamente uno de los presidentes más peligrosos contra la libertad de prensa para los medios de su país y que nada tenía que decirle a la SIP sobre Honduras, al tiempo que recordó que la institución ya ha había expedido tres peticiones oficiales (y públicos) al gobierno de Roberto Micheletti y que había un nuevo pronunciamiento para reclamar sobre libertad de prensa.

Una semana antes, el presidente de la SIP, Enrique Santos, también había sido entrevistado en Telesur, pero gran parte de la entrevista en la que se refirió a las violaciones constantes a la libertad de prensa de Hugo Chávez, nunca fue transmitida.

Lo bochornoso, en todo caso más allá de los políticos como Chávez y Ortega, quienes lamentablemente siempre buscan echarle la culpa a la prensa de los desmanes que producen, es que haya periodistas que asumiendo un papel político, propagandístico y desafiante reclamen ante instituciones como la SIP que nunca se han fijado cuando claman por el respeto a la libertad de prensa, así sean gobiernos de las más variadas ideologías como sobre periodistas que laboran en medios privados o estatales. No se trata de que denuncien esos atropellos, todo lo contrario, sino que lo hagan con esa desafío que los desacredita de cuajo por adoptar los mismo criterios que los políticos en cuestión.

Por más que la SIP saque cientos de pronunciamientos a favor de Telesur, la cadena y el gobierno de Chávez – como el de Ortega esta noche – se harán los distraídos y aprovecharán para distorsionar los hechos y crear propaganda, fieles a sus objetivos de crear polarización y divisiones.

Finalmente, la discusión puede ser eterna cuando se tocan estos temas entre información y propaganda, quedando al público el discernimiento sobre la credibilidad de los medios y los periodistas.

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Propaganda totalitaria

Antes del domingo pasado para las elecciones regionales de Venezuela, la diatriba del presidente Hugo Chávez contra sus opositores políticos demostró que utiliza la propaganda política desde que asumió el poder en 1999 al mejor estilo de los nacionalismos totalitarios europeos del siglo pasado.

Sus insultos y de que “sacaré los tanques a la calle” en caso de que perdería su Partido Socialista Unido de Venezuela no son nuevos, sino los mismos que durante 10 años ha despachado contra empresarios, obispos, sindicalistas, periodistas, universitarios o los “oligarcas”, “jinetes del apocalipsis”, “golpistas”, “pitiyanquis” o quienquiera que desafíe su revolución.

Ducho en las armas de la propaganda totalitaria, Chávez ha sabido cohesionar, agitar y entusiasmar a las masas y crear miedo en sus opositores a quienes, por el solo hecho de disentir, califica de enemigos. “Quien retroceda (de la revolución) es un traidor”.

La estrategia comunicacional chavista, a diferencia de la propaganda política que busca “convencer para vencer”, está diseñada para “manipular y vencer”. De esta forma, Chávez ha polarizado al país detrás de la idea “a favor o en contra”, no permitiendo la indiferencia. Para ello utiliza tácticas variadas. Marchas y concentraciones de masas; discursos interminables para machacar ideas simples; elocuencia para trasmutar la desesperanza del pueblo hacia ideas mesiánicas; slogans como el “año de la batalla mediática” del 2002; exageración de mitos con conspiraciones de asesinato, golpes de estado e “invasiones del Imperio”; y utilización dramatizada de medios de información, públicos y privados, para repiquetear sus ideas hasta el cansancio, al mejor estilo que en los fascismos de Franco, Hitler, Mussolini y Lenin.

Todo esto, sin dejar de lado la importancia de los símbolos, desde los más insignificantes como el cambio de escudo, bandera y nombre del país, hasta el uso del “rojo y rojito” y sus “Canciones para la batalla”, y el más relevante, el rescate de la figura de Simón Bolívar, emulando al fascista italiano que incentivaba el inconsciente con la otrora grandeza del Imperio Romano.

La propaganda es la savia de la estrategia chavista, la cual se basa en el control de los poderes públicos, Judicial, Electoral y Legislativo, para que toda acción tenga viso de legalidad. Con un Congreso unipartidista, jueces dóciles, hizo reformas para acorazar su revolución. Criminalizó la disidencia; recreó el desacato aumentando sus penas en el Código Penal; creó sistemas de vigilancia vecinales para que todos se observen y desconfíen; fundó universidades y escuelas para el adoctrinamiento y hasta en la Constitución incluyó como “atentado” que en un medio escriban columnistas de una sola tendencia.

El cierre de RCTV en el 2007, y los ataques continuos contra Globovisión, no son casualidad, sino acciones que se vienen fraguando con la sanción tres años antes de la “Ley de Contenidos” creada para amordazar a los medios. La expulsión de Human Rights Watch en octubre pasado, se desprende de la “sentencia 1942” de 2003, con la que se desconocen los tratados internacionales sobre derechos humanos.

Chávez tiene obsesión por la comunicación y los medios. Insulta y agrede a periodistas de la misma forma que sanciona o maniata radios y televisoras. Pero al mismo tiempo se desespera por comunicar y crear medios, siguiendo las enseñanzas de Goebbels: “Hacer propaganda es hablar de la idea en todas partes”.

Durante su Presidencia, según Nielsen Media Research, Chávez ha encadenado a los medios en 1.751 oportunidades, hablando hasta cuatro o cinco horas por vez, y en un 57% de veces, en horario primetime. Ha creado más de 229 radios y 36 televisoras comunitarias, además de la Agencia Bolivariana de Noticias, la internacional Telesur y TVes, que funciona en la frecuencia y con los equipos confiscados de RCTV en todo el territorio.

Como todo sistema, sin embargo, enfrenta debilidades: resistencia y adaptación al cambio.
Por un lado, su aparato propagandístico tiene que probarse a diario, contra la tenacidad de la prensa que denuncia cada atropello, la persistencia de la oposición que equipara sus marchas y el surgimiento de una juventud que ha descifrado la incoherencia entre sus promesas y la realidad, y teme perder libertad.

Por otro, Chávez sigue enfocado en la propaganda totalitaria, manipuladora, usando métodos tradicionales sin avizorar los cambios. Hoy en día, la propaganda política, la vendedora de ideas, ve que las masas y las marchas más efectivas no están en las calles, sino en las nuevas tecnologías, en el internet y sus redes sociales.

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30 minutos con Obama

Barack Obama lleva la delantera en todos los frentes, desde el apoyo de las celebridades, grandes márgenes de ventaja en todas las encuestas que lo favorecen con todos los grupos de votantes y esta noche, además, dará su zarpazo final con un mensaje pagado de media hora en las grandes cadenas televisivas, incluida Univisión, que transmitirá su propaganda en español con la intención de robarle a McCain los votos hispanos indecisos.

Será un golpe de gracia para Obama. Se da el lujo de este espacio debido al récord de dinero recaudado en la campaña, un aspecto que ha traído gran controversia en la puja política, ya que mientras McCain solo utiliza los fondos públicos, Obama, desdiciéndose de promesas anteriores, recurrió a los simpatizantes que han abierto sus billeteras en forma generosa. McCain no podrá competir en este rubro y seguramente desde mañana atacará el contenido del mensaje de Obama con propaganda más austera.

La expectativa del mensaje de Obama de esta noche se compara al de los tres debates presidenciales, pero llega cuando millones de votantes ya han tomado su decisión y han dado ya su voto votado en las elecciones anticipadas que comenzaron hace dos semanas en muchos de los estados como la Florida, con la intención de captar mayor atención y evitar que el 4 de noviembre algunos votantes se desanimen, ya sea por cuestiones de clima, enfermedad, trabajo o por ver largas colas de espera.

A pesar del costo adicional que representa para el Estado tener las urnas abiertas por 15 días en lugar de uno, estas elecciones muestran día a día una celebración anticipada de democracia y civismo.

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OBSESIÓN

No se trata del perfume de Kalvin Klein, sino de un documental que ayer The Miami Herald repartió con su distribución. “Obsesión: la guerra islámica fundamentalista en contra de Occidente” (Obsession: Radical Islam’s War Against the West” es un documental del 2006 que trata de crear conciencia sobre la guerra santa que el terrorismo islámico le declaró a Estados Unidos y al Occidente después del ataque contra las Torres Gemelas en Nueva York.

“Obsesión” compara los objetivos, intención y sobre todo la propaganda musulmana radical con la de Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda del régimen hitleriano, para influenciar en sus poblaciones sobre la amenaza de los judíos conquistando el mundo y de toda persona que no tenga como religión venerar e idolatrar a Alá, así sean cristianos, hindúes, budistas.

Muestra especialmente el adoctrinamiento de menores musulmanes quienes están convencidos de que en la Guerra Santa, deben combatir el demonio para que Alá reine sobre todo el planeta a cualquier costo, incluso para inmolarse implotándose contra los objetivos. Confundir a los menores o influenciarlos mediante la propaganda no es nada nuevo, lo han utilizado los regímenes más despóticos y no hace falta irse más allá de nuestras fronteras latinoamericanas. En Cuba el adoctrinamiento es parte de la educación formal, lo mismo que lo está solidificando el régimen chavista con la nueva reforma educativa y lo hizo en su tiempo el general Juan Perón a través de textos que idolatraban la vida “santa” de Evita, por ejemplo.

“Obsesión” no se queda solo en la denuncia del terrorismo sino también pide acción para denunciar actividades sospechosas o denunciar a los profesores universitarios que pudieran, con su escepticismo, ayudar a los jóvenes estadounidenses a creer que el terrorismo no es una amenaza, como lo trató de hacer ver en su documental “Farenheit 9/11”, Michael Moore, quien se mofa de George W. Bush y de los medios de comunicación por su cobertura sobre la guerra declarada al terrorismo.

El documental es un instrumento de propaganda que busca contrarrestar el escepticismo de una población que no cree que puedan ocurrir otros atentados. Alienta a estar atentos y a no bajar la guardia. En el sitio de internet http://www.obsessionthemovie.com ofrece numerosas alternativas de cómo actuar ante la amenaza del terrorismo.

Este tipo de propaganda masiva aparece el mismo día en que el principal editorial de The New York Times critica que el país ha sido calificado con una “c” en su lucha para defenderse del terrorismo, según una junta del Congreso, pidiendo mayores esfuerzos al gobierno federal.

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