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Defender la democracia ¿pero de quién?

El presidente salvadoreño, Mauricio Funes, propuso una excelente idea: que el sistema interamericano prevea una suerte de alarma o alerta capaz de detectar y prevenir golpes de Estado o que sea capaz de desbaratar eventos que puedan servir para desestabilizar la democracia, el que deberá estar basado en una serie de penalidades y castigos en contra del país desequilibrado.
Funes trajo así a colación los últimos acontecimientos que desestabilizaron la región, entre ellos la sublevación policial en Ecuador que fue denunciada por Rafael Correa y otros líderes como un subterfugio para perturbar el orden institucional y el golpe en contra de Manuel Zelaya en Honduras; y la incapacidad del sistema de la OEA para resolver de inmediato asuntos de esta naturaleza.
Pero ante esta excelente propuesta, cabe también preguntarse ante quién debe defenderse la democracia. Existe claridad en cuanto a los agentes externos que tratan de desestabilizar el orden del gobierno, ya sean policías, militares o civiles conspiradores.
¿Pero qué pasa cuando es el propio gobierno el que no defiende la democracia? ¿Qué tipo de alertas deberían dispararse? Y si acaso ¿Qué efectividad tendrían esas alertas? ¿Qué pasa cuando el Poder Ejecutivo desobedece al Poder Judicial?
En el caso de Manuel Zelaya ¿no fue acaso su gobierno el que arremetió contra la democracia cuando desacató las órdenes del Poder Judicial y continuó su marcha hacia una reforma para buscar la reelección? ¿No es el gobierno de Daniel Ortega el que implementó una Corte Suprema adicta para conseguir burlar las leyes y la propia Constitución en busca de la reelección? ¿Se puede decir que Hugo Chávez respeta la democracia cuando sigue desestabilizando el país sobre la base de expropiaciones de la propiedad privada cuando ni siquiera obtuvo esa permisividad tras los resultados de las urnas electorales? ¿O será que el gobierno de Cristina Kirchner puede seguir organizando marchas en contra de la Corte Suprema porque sus fallos los considera adversos, sobre todo cuando se trata de temas relacionados a los medios de comunicación?
Creo que más allá de crear sistemas de alertas necesarios, lo más relevante es que los gobiernos cumplan con los requisitos de la Carta Democrática Interamericana que ya están en vigencia, cuyos principios pasan desapercibidos para la mayoría.
Se debe condenar y prevenir cualquier intento de golpe de Estado, pero también los abusos del poder de turno, que terminan siendo auto golpecitos de estado que desgastan permanentemente a las democracias y a sus habitantes.

Honduras a la OEA

Excelente camaradería la del presidente salvadoreño Mauricio Funes con Honduras, para que vuelva a la OEA.
Lo más importante, es que su posición, además de haberla asumido entre los países SICA el mes pasado, la adoptó frente al propio Lula da Silva, y de esa forma equilibró la postura que ante el presidente brasileño tuvo y tiene el nicaragüense Daniel Ortega, quien sigue los designios y petrodólares de Hugo Chávez.
Lula insiste que Honduras debe mostrar más vocación democrática. Seguramente porque todavía tiene la sangre en el ojo de que lo hayan hecho quedar en ridículo cuando prestó la embajada a Manuel Zelaya como residencia temporal, la que se convirtió en celda permanente para el ex presidente y pésima imagen para el brasileño.
Funes fue valiente en su posición, al seguir desairando a su partido, el FMLN, que estaría más cómodo si se siguiera castigando al gobierno democrático de Porfirio Lobo, y mantener así la postura del cubano. Una verdadera contradicción latinoamericana; una Cuba que sin democracia, pura dictadura, y sin los mínimos principios que se le exigen a Honduras, logró reinsertarse en el concierto de naciones.

OEA, Unasur, responsabilidades

La defensa de la libertad de prensa es una responsabilidad que deben asumir todos los gobiernos y organismos multilaterales del área para encontrar métodos eficientes, alternativos y coordinados para combatir el clima de violencia e impunidad en contra de la prensa. De esta forma lo planteó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en una reunión y conferencia de prensa que ofrecimos ayer desde Washington, reclamando que todas las organizaciones políticas deben tener en su agenda el tema de la libertad de expresión.

Es que la premisa es básica. Uno de los fundamentos de la democracia es la libertad de prensa y de expresión, así como la de reunión y asociación; pero son éstas justamente, las garantías cada vez más vapuleadas por parte de los gobiernos, los que, por el contrario, por mandato constitucional, tienen el deber de proteger esos derechos de todos los ciudadanos.

El problema es que a veces el público se confunde y entra en la confrontación entre gobiernos y medios de comunicación tomando partido por uno u otro lado en un ambiente totalmente polarizado. Y lo que no se da cuenta es que cuando se deja embaucar por los gobiernos de que los medios se comportan mal y que por ello se justifica que los castiguen o cierren, lo que está permitiendo es que se vaya crenado un ambiente donde se hace posible que las demás libertades se vayan coartando.

El hecho de que la SIP haya pedido la responsabilidad a agencias internacionales como la OEA, UNASUR, ALBA, ALADI, el BID y la CAF, para que incluyan en su agenda el tema de la libertad de prensa, lleva la intención de que se proteja la libertad de prensa como un bien común para toda la sociedad, en la consideración de que esa libertad no le pertenece ni a los medios ni al gobierno, sino al pueblo.

La SIP pidió, asimismo, en concreto, responsabilidad a los gobiernos por el incremento de la violencia en este primer semestre del año, en el que han sido asesinados 17 periodistas, nueve en México, siete en Honduras y uno en Colombia, además de que 11 fueron secuestrados, de los cuales ocho permanecen desaparecidos.

Honduras, con plenos derechos

La reunión que se inicia hoy en Cancún, la Cumbre del Grupo de Río, debería tener como prioridad que se deje de discutir el tema de Honduras y simplemente avalar el proceso electoral por el que fue ungido Porfirio Lobo y consensuar su reintegración a la OEA y pleno goce de todos los derechos.

Más allá de la discusión sobre el reconocimiento que ya ha logrado de varios países y la reticencia de algunos, Honduras no se merece no haber sido invitada a esta reunión y que todavía siga debatiéndose su reinserción a la OEA, un camino que los gobiernos allanaron a Cuba, siendo que se trata de una larga y sanguinaria dictadura.

Es bueno que la Cumbre de la Unidad – que buscará crear un organismo americano sin EEUU ni Canadá – sea justamente eso, de unidad. Pero habrá que ver que futuro tiene o el que le quedará a la OEA, un organismo medio inepto cuando se trata de hacer valer los derechos democráticos en cada país. No creo que el nuevo organismo tendrá mejores opciones que los que ofrece la OEA, teniendo en cuenta que los gobiernos autoritarios, como el de Venezuela, se mostrarán como verdaderas democracias, a pesar de los fraudes electorales o de que no haya independencia entre los poderes.

Lo que llama la atención también es el conflicto de interés que tendrá este organismo sobre su soporte económico. La OEA sobrevive, así como la UNESCO, gracias al aporte de EEUU, y uno entonces se pregunta: ¿Será que los gobiernos latinoamericanos sí tienen dinero para crear y mantener económicamente un organismo periférico y no tienen para aportar a la OEA?

Renovando a la OEA

A la OEA no le hace falta solamente una renovación de su liderazgo, como casi seguramente sucederá con José Miguel Insulza, su secretario general, sino también un replanteo sobre sus funciones y sobre su misión.

Con la elección de su connacional derechista Sebastián Piñera, Insulza perderá seguramente el respaldo de su gobierno para la reelección de mayo en la OEA, dado que apoyó al centroizquierdista Eduardo Frei. Peor aún, Insulza tendría el apoyo de quien lo calló tildándolo de “pendejo”, es decir Hugo Chávez, y los demás países satélites al venezolano que buscaron – con el liderazgo de Insulza – la reinserción de Cuba a la organización. Obviamente, se trata de una asociación no muy prestigiosa que digamos.

En el tema de Cuba, Insulza mostró un liderazgo inhabitual, así como el que erigió en contra de Honduras buscando su aislamiento en represalia por el golpe del 28 de junio. Pero todos saben que se trataron de causas muy allegadas a su ideología, ya que no tuvo la misma predisposición para reclamar a gobiernos electos que gobiernan en forma anti democrática, como el de Chávez, actitud por la que Barack Obama le mostrará su espalda, un voto que tiene peso, dado que EEUU aporta el 37% del presupuesto de la organización.

Más allá de la ideología de Insulza que permea en su trabajo, lo que se viene notando con mayor rigor, es que la OEA no está cumpliendo una buena labor, ya sea porque tiene las manos atadas o su misión es difusa.

Un informe conocido esta semana, preparado por la oficina del senador republicano Richard Lugar, tiene un balance bastante mixto sobre el papel de la OEA. Por un lado, alaba que haya tenido un buen papel en el golpe de estado del 2002 contra Hugo Chávez y el de 2009 contra Manuel Zelaya, además de supervisar elecciones, cooperar en la lucha contra el narcotráfico y terrorismo proteger los derechos humanos. Sin embargo, por otro lado, critica lo poco que ha hecho en contra de Chávez y Zelaya por sus actividades anti democráticas que devinieron en los intentos por derrocarlos.

En realidad, la OEA tiene una fantástica Carta Democrática Interamericana que es una lista de buenos deseos que no puede aplicar y por otro, sus organismos autónomos como la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, son prohibidos en países como Venezuela, y nada puede hacer.

¿Y la OEA dónde está?

Honduras sigue siendo el juguetito de la OEA. Mientras otros países se están cayendo a pedazos con golpes tan fuertes como el de la semana pasada dio Daniel Ortega contra la Constitución o con los que Raúl Castro sigue pegando a los disidentes a los que libera a cuentagotas, la OEA sigue desviando su atención para meterse de lleno y ganar algo de terreno donde lo perdió todo y no supo ganar nada: es decir Honduras.

Ahora la OEA está dispuesta a insertar a Honduras en su seno después de un pacto entre Roberto Micheletti y Manuel Zelaya en el que se juega la restitución del segundo y así dar a Honduras la legitimidad (internacional) de sus elecciones del 29 de noviembre. Más allá de que finalmente este acuerdo tenga sus frutos bajo las exigencias de Zelaya de ser restituido sí o sí o si el Congreso tendrá la autonomía para no hacerlo, lo que nadie olvida en Honduras es que la OEA nunca se pronunció adecuadamente con todo lo que sucedió la semana previa al golpe del 28 de junio, cuando Zelaya venía dando golpes en contra de la Constitución y de las instituciones democráticas al mostrarse testarudo detrás de la idea de la reelección.

Lo mismo sucedió la semana pasada con Daniel Ortega. Para obtener su pasaje a la reelección, Ortega maniatado por una Asamblea que no le es del todo favorable, se fue por el lado de la Corte Suprema, donde tiene la mitad de los jueces, abiertamente sandinistas, por lo que éstos, a la espera de darle a su tutor y maestro lo que quería, esperaron a que los otros jueces, abiertamente liberales (después nos quejamos cuando las cosas andan mal en nuestros países latinoamericanos si la justicia lo que menos tiene es independencia) se fueran a casa para poder invalidar la Constitución el artículo que no permitía a Ortega reelegirse.

Será que golpear la Constitución, como hizo Zelaya (y sus partidarios ahora dicen que proseguirán por ese camino) no es un golpe de estado. Cerrar un Congreso – como Fujimori – lo es; echar a un presidente – como en Honduras – lo es; pero acaso pisotear la Constitución ¿no lo es? Justamente esos artículos como lo establecen las constituciones de Honduras, Nicaragua y Paraguay, entre otras, era para evitar los abusos de poder como los que los guaraníes sufrieron con Alfredo Stroesner.

Pero la OEA no ve estos temas. Seguramente sí verá lo que el gobierno de Hugo Chávez está recalcando durante las sesiones de la Comisión Interamericana de de Derechos Humanos esta semana, donde se queja de que es tratada con parcialidad, acusando a su secretario ejecutivo, Santiago Cantón, de que es un golpista porque avaló por silencio y omisión el golpe de Estado que Chávez sufrió en el 2002.

Es muy probable que ante la presión de Chávez, la OEA o la CIDH terminen sacando a Cantón permitiéndole a Chávez que siga defenestrando a todo aquel que lo señala por su violación a los derechos humanos. Y lo que llama la atención que la OEA jamás haya dicho nada de todas las veces que la CIDH emitió opiniones o la Corte Interamericana dictó fallos y sanciones contra el estado venezolano, así como tampoco cuando Chávez sacó a patadas a Cantón de Venezuela y a otros dirigentes en materia de derechos humanos como José Miguel Vivanco de Human Rights Watch.

Ni sordos ni ciegos sobre Zelaya

Nadie puede negar que hoy comenzó un período de esperanza para Honduras con las negociaciones incentivadas por los cancilleres de la OEA.

La primera jornada, muy al estilo de un primer round de boxeo, sirvió para estudiar al rival y saber sobre sus armas y estrategias. Roberto Micheletti de frente puso dos condiciones: se va si no vuelve Zelaya, y reconocimiento a las elecciones del 29 de noviembre “no matter what”. Los cancilleres, casi en tropel, se abrazaron al Acuerdo San José propuesto por Oscar Arias, pero argumentaron que “no está escrito en piedra”. Y Manuel Zelaya, recluido en la embajada brasileña despotricó contra todos, por “duro” al gobierno de facto y por “blanda” a la delegación de la OEA>

Más allá de que las negociaciones irán atrayendo las posiciones extremistas hacia el centro en los próximos días, lo que nadie puede obviar es que muchos desconfían de Zelaya, a pesar que al unísono le piden de que si ocupara transitoriamente la Presidencia no debería tener siquiera la intención de proponer una reforma constitucional para la reelección.

Es que nadie es sordo ni ciego a todas las actitudes y dichos encontrados que ha tenido Zelaya en su Presidencia. Es que la situación está donde está porque él insistió con la “cuarta urna” a pesar de una orden constitucional en contra y de una decisión de la Corte Suprema. A pesar de ello entró a un cuartel desobedeciendo órdenes constitucionales para quedarse con una urnas y papeletas que importó de Venezuela, país cuyo presidente quiso instalar una base satélite similar a la de Bolivia. Se ha mostrado cada vez más testarudo para implantar políticas izquierdosas tras haber ganado las elecciones con ideas y plataformas de derecha.

Si uno revisara los comentarios de este blog y las encuestas, podría darse cuenta de la gran desconfianza que gran parte del pueblo hondureño tiene de Zelaya y sus actitudes testarudas y muchas veces mentirosas. Y esa percepción de desconfianza que tienen muchos hondureños es la que también tienen que tratar de entender los cancilleres.

Incluir al ciudadano de a pie

Roberto Micheletti restauró los derechos civiles, se reunió con diputados estadounidenses que defendieron la transición constitucional y las futuras elecciones, y recibirá el miércoles a la delegación de cancilleres de la OEA, ¡y todo en un día! … como si los planteas se hubieran alineado de golpe, y algo positivo podría pasar esta semana.

Más allá de cualquier arreglo, Acuerdo de San José o no de por medio, lo importante será ver que las partes tengan en cuenta a los ciudadanos de a pie, quienes, en muchos casos, han sido tironeados a favor de una u otra posición y son quienes en una negociación política podrían sentirse desahuciados o tener la sensación de terminar con las manos vacías.

Será importante esperar que en el proceso de arbitraje o negociación el protagonista principal, ese que es cortejado y mimado en cada elección, no sea dejado de lado. De lo contrario, los ciudadanos se sentirán decepcionados y traicionados.

La paz y unidad de los hondureños no se logrará tan solo si los políticos se despojan de las pasiones y ceden. Necesitarán más que eso. Necesitarán que los ciudadanos de a pie se sientan incluidos, que sus sentimientos y preocupaciones sean tenidos en cuenta. En ello radica el verdadero arte de la política, en la inclusión y la búsqueda del consenso.

Honduras y su escenario futuro

Es difícil predecir lo que sucederá con Honduras en los próximos meses. La cuenta regresiva hacia las elecciones comenzó este lunes, mientras el gobierno de Roberto Micheletti no da vuelta atrás y la comunidad internacional apoya la moción del Consejo permanente de la OEA para no reconocer al próximo gobierno que los hondureños elijan el 29 de noviembre.
Por ahora el acuerdo propuesto por el presidente Oscar Arias no parece permear en la voluntad del nuevo gobierno y la prensa internacional – además del mentor presidente venezolano – está dejando caer las pretensiones de Manuel Zelaya de regresar al poder. A esta altura, muchos se preguntan: ¿regresar para qué? Antes de que logre reacomodarse debería dejar lugar a unas elecciones que se adelantarían por un mes, según Arias, y en las que no se podría colocar ningún tipo de cuarta urna.
La Comunidad Europea está proponiendo más sanciones contra Honduras y tal vez Zelaya logre algún otro compromiso de parte de Hillary Clinton este jueves, que muchos esperan que no sea en contra de lo que queda de ayuda económica, inversiones ni remesas y que todo siga por el lado de la política, tal el caso de restricciones inmigratorias para que las sanciones no penalicen a los millones de hondureños que no están a favor de una u otra postura en pugna y que no tienen la culpa de lo que sucede, sino que quieren vivir en paz y que no los manipulen acercándolos a cualquiera de los dos extremos en la polémica.
Nadie sabe que significará en la práctica que el nuevo gobierno que emerja de las elecciones de noviembre no sea reconocido. ¿Más sanciones? ¿Qué se piense que Mel Zelaya debe regresar, aún habiéndosele acabado su tiempo? ¿Y si fuera así por cuánto tiempo regresaría?¿Es que se trata de un partido de fútbol en que el referí da un alargue porque alguien demoró el juego? ¿Pero cuánto tiempo más seguirían las sanciones y el no reconocimiento de un gobierno nuevo, legítimo, elegido por el pueblo, conformado por un candidato que nada tuvo que ver en el golpe o la sucesión, como quieran llamarla? ¿Las elecciones y todo el cronograma electoral ya estaban aprobados y autorizados antes del 28 de junio, por lo que no haberlo cumplido, hubiera significado el descarte de los candidatos?
Pero la pregunta más trascendente es ¿cómo se comportaría la comunidad internacional en caso de que las elecciones se realicen con normalidades (masivas y transparentes) y se elija al nuevo presidente en noviembre con un alto porcentaje de votos, y luego éste asuma en enero como está previsto en el calendario, mientras Micheletti se retira a su finca?

Duro golpe a la OEA

Los siete cancilleres latinoamericanos se marcharon hoy de Honduras con la cabeza baja, después de dos días de entrevistas y negociaciones con un amplio espectro de hondureños. Su misión era convencer a Roberto Micheletti de que aceptara renunciar y restituir en el poder a Manuel Zelaya, como manda la propuesta del presidente costarricense Oscar Arias.
El duro golpe continuará en estos días para la OEA. Mañana en Washington, en medio de la reunión de embajadores de la OEA, Colombia introducirá una moción para rechazar a Hugo Chávez por su “proyecto expansionista”, ya que el domingo el presidente venezolano instruyó a su ministra de propaganda a que “hay que hacer todo lo posible para que mi mensaje llegue a los colombianos”, algo que Chávez ya había hecho el 16 de agosto cuando publicó un campo pagado en los diarios de referencia colombianos denunciando la connivencia militar entre Estados Unidos y Colombia.
También el viernes, el tema militar que ha levantado “vientos de guerra” según Chávez, será la excusa para la reunión de Bariloche del Unasur que hora conduce su homólogo Rafael Correa, por lo que de haber algún acuerdo o arreglo será nuevamente fuera de la OEA, un organismo que da la apariencia que no está ayudando a solucionar los grandes problemas de una región, cuyos asuntos más importantes, como los conflictos entre chilenos-bolivianos- peruanos o entre nicaragüenses-hondureños o ecuatorianos-colombianos o venezolanos-colombianos o argentinos-uruguayos o venezolanos-contra todos, están lejos de resolverse con el liderazgo de la OEA y de su secretario general.
Micheletti no cedió a la persuasión de los cancilleres y dijo que su gobierno se mantendrá firme a pesar de las nuevas presiones del gobierno de Estados Unidos en la suspensión de las visas generales que afectarán a unos 30 mil hondureños en forma anual. Micheletti dijo que seguirá adelante con el proceso electoral y estará por verse que suspensiones impondrá la comunidad internacional, ya que difícilmente podrá no reconocerse un proceso que estaba pautado desde antes de la salida de Zelaya y que tiene la garantía de la mayoría de los partidos políticos y los órganos rectores dentro del país. El nuevo gobierno se presta a desafiar a la comunidad internacional prometiendo una participación masiva en las elecciones de noviembre para demostrar el apoyo a la democracia.
Estará por verse lo que suceda en estas próximas semanas, las presiones económicas más extremas y cuáles serán las estrategias de Zelaya y Chávez que han estado desaparecidos por un par de días del tema Honduras, lo que parece toda una eternidad.


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