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Wikileaks y la responsabilidad de EEUU

Las primicias siguen apareciendo, los gobiernos enardeciendo y la gente sonriendo. Por más que se discuta si está bien que Wikileaks haya publicado información clasificada o secreta que fue obtenida mediante robo, lo importante es que la gente sigue consumiendo y enterándose de cosas que de otra forma no hubieran quedado jamás en la superficie.
El hecho de que la palabra secreto o clasificado anteceda a toda información, pareciera que le diera a cada chisme la veracidad y rigurosidad de una información contundente, cuando en realidad, mucho de lo que se dice en los cables tiene que ver más con opiniones de funcionarios diplomáticos, chismes obtenidos de lo que dicen y rumorean los medios y en las fiestas sociales y en las tertulias de café, que en verdades rigurosamente obtenidas y contrastadas.
Si en realidad quisiéramos estar frente a secretos importantes y perturbadores que podrían desnivelar el balance en el mundo, deberíamos remitirnos a los que mantiene y ejecuta la CIA y todas las demás organizaciones de inteligencia, así sea el Mosad israelí, el M16 británico, el DAS colombiano o la SIDE argentina. Las filtraciones actuales son importantes igualmente no tanto por su contenido, sino porque demuestran cómo actúan los equipos diplomáticos de un país, como manejan las percepciones, prejuicios e imágenes de su contraparte, lo que terminan siendo en muchos casos solo opiniones subjetivas.
Varias cosas que se sacarán en limpio de toda esta maraña de información en las próximas semanas. No pareciera que el mundo va a la deriva, aunque EEUU está perdiendo cada vez más credibilidad. Esta cuarta etapa de filtraciones masivas es tal vez la más contundente, ya que mina la credibilidad del actual gobierno, dejando de lado las culpas que siempre se le cargaron a George Bush. Esta desconfianza en EEUU y entre todos los diplomáticos tendrá un efecto importante en las relaciones diplomáticas y de comunicación entre todas las naciones; creo que, así como el derribo de las Torres Gemelas trajo aparejado la molestia de la seguridad y de la revisión de los viajeros en los aeropuertos, las filtraciones de información de Wikileaks generarán medidas de prevención que coartarán las comunicaciones internacionales. Los gobiernos asumirán con mayor naturalidad recortes a la libertad de expresión, bajo la excusa de que les resultará más fácil convencer al público de que las regulaciones deben ser adoptadas para evitar problemas a la seguridad nacional.
Seguramente el gobierno estadounidense esté tentado a perseguir a Wikileaks y su dueño el australiano Julian Assange – ahora prófugo de la justicia internacional por delitos sexuales cometidos en Suecia – y ya se está estudiando si puede ser procesado por la Ley en contra del Espionaje estadounidense. Los abogados y la nueva fuerza de tarea creada por el presidente Barack Obama para evitar nuevas filtraciones, seguramente encontrarán la forma de neutralizar a Assange.
Este es justamente el peligro. Imponer cortapisas a Assange, podría servir de excusa a muchos países opresores y autoritarios del mundo a justificarse en el ejemplo de EEUU para impulsar leyes y regulaciones que les permitan violar la libertad de prensa y de expresión legalmente.
EEUU tiene ahora la responsabilidad, más que antes, de actuar de la forma más apropiada para que cualquiera acción en contra de las filtraciones no se transforme en un boomerang en contra de la libertad de prensa en el mundo.

De Lobo todo depende

El futuro de Manuel Zelaya depende de Porfirio Lobo. Los políticos tienen gran facilidad para adaptarse a los buenos y malos tiempos. Manuel Zelaya no se fue de Honduras todavía, pero como sabio zorro político ya augura su llegada.

Creo que Porfirio Lobo es tan responsable de su salida, como lo será de su llegada nuevamente. Todo dependerá de que tal haga las cosas como Presidente. Si lo hace bien, demorará la entrada de Zelaya al terreno político, pero si no le va bien en su primer año, pronto se empezará a hablar de Zelaya. Muchos lo reclamarán y se sentirán arrepentidos y sus amigos lo apoyarán como si se tratara del regreso del salvador.

Los ejemplos son muchos. La política es un péndulo y lo que hoy parece muy descartado mañana es totalmente viable. ¿Quién hubiera pensado sobre el giro de Zelaya hacia la izquierda? ¿Quién hubiera pensado que Sebastián Piñera le arrebataría a la Concertación chilena la presidencia que mantuvo por más de 20 años? ¿Y que de Scott Brown quien arrebató a los demócratas liderados por Barack Obama el principal asiento del senado? ¿Y que del PRI que está repuntando en México para las futuras elecciones presidenciales, después de que fue expulsado por el PAN tras más de 70 años de hegemonía política?

Y hasta Carlos Menem piensa en la presidencia aunque haya pasado por más de un juzgado y ni hablar de Alberto Fujimori, que aunque está purgando cárcel por 25 años, pudiera ser amnistiado por su hija Keiko, como prometió, en caso de que llegue a la presidencia.

El futuro de Zelaya no le pertenece a él mismo sino al desarrollo de los eventos. O bien tendrá que escuchar a la justicia, aunque una amnistía lo reivindicará desde República Dominicana o México donde él elija vivir después del miércoles, o dependerá de cómo le vaya a Lobo. Pero lo que es definitivo, es que así esté fuera o dentro del giro político, independiente o fuera de su partido, Zelaya se mantendrá expectante en la órbita política hondureña.

Obama disfrazado de Bush

Barack Obama criticó con vehemencia durante la campaña electoral a George Bush por no retornar las tropas estadounidenses a casa, aunque ahora está haciendo exactamente los mismo o peor: no solo no las retira, sino que las incrementa, con un total de 30 mil soldados adicionales que enviará a partir de enero a Afganistán.

Más de 30 mil millones de dólares costará esta nueva escalada que se suma a los 400 mil millones ya gastados en los últimos ocho años, una cifra que hace mucha mella en las finanzas de los hogares estadounidenses, que seguramente harán bajar aún más la popularidad del presidente, a pesar de que anunció el retiro de las tropas a partir de mediados de 2011, como estrategia para morigerar las críticas.

Con esto queda demostrado que, demócratas o republicanos, por más que critiquen a sus contrincantes, siempre decidirán ir a la guerra cuando consideren que los intereses nacionales estén en juego, un mandato constitucional que no pueden desoír a pesar de su ideología.

Sobre esta idiosincrasia guerrerista de los presidentes estadounidenses escribí mi columna de diciembre de 2008. En algunos párrafos decía:

“La percepción – porque la memoria es corta y solo se recuerdan las tres últimas guerras, dos todavía en juego – es que los demócratas son más pacifistas que los republicanos; pero la realidad indica un mejor balance. La historia presidencial estadounidense está repleta de guerreros de ambos partidos, apoyados casi siempre en forma unánime por un Congreso bipartidista y con amplio respaldo popular, que se deteriora conforme no llegue la victoria.

Si bien los republicanos tienen en su haber la Guerra del Golfo con Bush padre y la de Vietnam que empezó a finales de los 50 con Dwight Eisenhower y terminó a mediados de los 70 con Gerald Ford; las otras no le correspondieron. La de Corea fue durante la presidencia del demócrata Harry Truman, cuando también Hiroshima y Nagasaki sufrieron la bomba atómica; mientras que la Segunda Guerra Mundial fue liderada por Franklin Roosevelt y la Primera por Woodrow Wilson, ambos demócratas.

En materia bélica, la diferencia entre demócratas y republicanos es mínima, como se puso de manifiesto este Setiembre 11 con el gesto de unidad nacionalista entre Obama y McCain. El candidato demócrata quien hasta hace poco reclamaba el retiro de las tropas de Irak, ahora promete un desvío de las mismas hacia Afganistán. Esto deja boquiabiertos a europeos y latinoamericanos, que se inclinan holgadamente hacia Obama por su vocación más diplomática; y no entienden cómo en materia de política exterior – manejo de la guerra – los estadounidenses prefieren tres a uno a John por sobre Barack.

Las guerras y el patriotismo son valores culturales que trascienden las filosofías partidarias. A la hora de la verdad, ambos son iguales y actúan similar”.

Obama en campaña: ¿de nuevo?

No soporto a los presidentes que hacen campaña electoral. Por el bien de la democracia debería estar prohibido. Es un abuso de privilegios, que alguien, apoderándose de su puesto, a quien se paga con los recursos públicos, de todos, los utilice para el beneficio de su propio partido. Me parece un acto de corrupción.

Más todavía, creo que es un agravante, que ese presidente esté recién en la función pública, como es el caso de Barack Obama, quien estuvo en Miami ayer y otras ciudades de Florida hoy, Miami recaudando donaciones para los legisladores demócratas.

Obama haría mejor cuidar de los intereses del país, no del partido. Debería concentrarse en su decisión de enviar o no más soldados a Afganistán, qué hacer con el desempleo, los paquetes de estímulo, la reforma de salud e inmigración y, entre otras cosas importantes, ayudar a que la crisis de Honduras desemboque en elecciones a fines de noviembre y así se legitime un nuevo gobierno aceptado por la comunidad internacional y los públicos internos.

Chicago, Río, Tokio o Madrid

Este viernes se develará quien tiene más fuerza, si Obama, Lula, el Rey Juan Carlos o el primer ministro japonés para que sus ciudades sean escogidas como sede de las Olimpíadas del 2016.
Tuve la oportunidad de visitar las cuatro ciudades – y con mi mujer las caminamos en todos los detalles de sus puntos cardinales – y cada una presenta sus atractivos magníficos, ventajas y debilidades, más allá de las condiciones políticas que jugarán muy fuerte en el comité de elección. Será difícil arrebatarle a Estados Unidos la sede, teniendo en cuenta que el propio presidente Obama y su esposa estarán en Copenague, aunque claro, ahí también se dará cita el Rey para cinchar por su Madrid.
Madrid, tal vez la más linda ciudad de todas, por lo que además representa estar situada a solo un par de horas de otras capitales europeas, debería ser la que más rápidamente se descarte teniendo en cuenta que en el 2012 los juegos se harán en Londres. Tokio, la más moderna y espectacular de todas las ciudades en competencia, está en el continente de los últimos juegos de China, y Río, más allá de su espectacularidad, presenta un cuadro de seguridad espeluznante, con una favelas en donde la mafia del crimen organizado lo domina todo, aunque tiene la ventaja de representar a una Sudamérica que jamás fue anfitriona de los olímpicos. Queda la ciudad de los vientos, en el estado del que fue senador Obama, majestuosa y sofisticada como ninguna otra de los Estados Unidos, aunque con cierto problemas de fondos públicos para sostener unos juegos que son carísimos por el solo hecho de tener la obligación de estar a la altura de los chinos.
Más allá de que cualquiera de las cuatro serían anfitrionas de gran valía, mi pálpito es que Chicago se llevará la sede por un contexto político favorable con el carisma de Obama a nivel internacional. Diferente hubiera sido si todavía George Bush comandaría el país.

Obama, padres y educación

La salud y la educación por lo general son temas independientes en las políticas de gobierno de Estados Unidos, pero esta semana estuvieron estrechamente vinculadas por los encendidos mensajes del presidente Barack Obama ante el Congreso y las escuelas.

Muchos padres de familia y distritos escolares, exacerbados por activistas conservadores, se opusieron a que los estudiantes escucharan el mensaje con el que Obama inauguraría el ciclo lectivo. Temían que manipulara la tribuna escolar para arengar sobre las ideas liberales y “socialistas” que el presidente promueve en la reforma del sistema de salud. Hubo quienes optaron por no enviar a sus hijos a la escuela, aunque los distritos escolares de todo el país pudieron ejercer su criterio para transmitir en directo el discurso, diferirlo o no usarlo.

Como se comprobó luego, los temores fueron exagerados, con la consecuencia de haber negado a estudiantes y maestros la oportunidad de generar un rico debate sobre el fondo del mensaje.

Las críticas cayeron en saco roto cuando la Casa Blanca reveló el contenido del mensaje antes de su alocución. Obama tranquilizó con que no buscaba una manipulación ideológica, sino que incentivaría a los alumnos a estudiar y trabajar duro, plantear objetivos y -utilizando experiencias personales – pediría responsabilidad ante las adversidades para perseguir sueños, por muy ambiciosos que fueren.

Más allá de que uno comparta o no las ideas de Obama, el discurso terminó siendo aleccionador y motivador para un país cuya educación está en crisis, si se considera que a nivel de secundaria la deserción escolar alcanza a un 30 por ciento, lo cual se dispara hasta un 50 por ciento en las grandes ciudades por la incidencia de las poblaciones negra e hispana. “Si abandonan la escuela, no se están abandonando a sí mismos, sino a su país”, dijo Obama, empoderando a los estudiantes a ser responsables del destino común, una versión actual de aquella arenga del presidente John Kennedy: “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por el país”.

El celo y actitud de los padres y distritos escolares estuvo politizado y por ello careció de sentido común. Porque mientras se prohíbe a los estudiantes a escuchar a un presidente, cuya responsabilidad está demarcada y condicionada por los votos, no se ponen pruritos a la exposición negativa que los estudiantes pueden tener durante todo el año frente a maestros malos o politizados, o frente a la incidencia de la televisión, los videojuegos, el internet y sus redes sociales.

A pesar de la preocupación exacerbada de que Obama pudiera “ideologizar” la educación casi comparándolo a Fidel Castro y Hugo Chávez, posición que la prensa criticó y tomó en sorna, también es importante ver que el sistema tiene en cuenta las decisiones de los padres y motiva a través de asociaciones con los maestros, que sus opiniones se conviertan en acción cuando se debate sobre los presupuestos, el currículo y la calidad de la enseñanza.

Esta consideración a la participación desacredita aún más la actitud de no haber permitido a los estudiantes escuchar a Obama. Se desaprovechó utilizar sus palabras para debatir, pensar, establecer objetivos educativos que sirvieran al sistema y a los alumnos para atacar la deserción escolar y mejorar la calidad de la enseñanza, dos prioridades insoslayables y en crisis, que tienen una directa relación con el bienestar y la salud del país.

Las estadísticas demuestran esa estrecha vinculación. Según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, aquellas personas que poseen un diploma de escuela secundaria tienen mejores condiciones para alcanzar un buen nivel de vida, son afectadas menos por desempleo y por ende su incidencia en el costo de los beneficios del sistema social es menor, además de que en su vida productiva, sus ingresos superan en 200 mil dólares a los de quienes no se graduaron.

Pero el dato más relevante de esa simbiosis entre salud y educación, que quedó relacionado en los dos mensajes de Obama, es que según un estudio de la facultad de Educación de la Universidad de Columbia, quien obtiene un diploma de escuela secundaria tiene una expectativa mayor de vida de nueve años por sobre quien no lo tiene.

Obama, educación y democracia

Me pareció totalmente exagerado que los conservadores estadounidenses hayan hecho tanta alharaca por el discurso del presidente Barack Obama en la inauguración del ciclo escolar en una escuela de Arlington, Virginia.

Los conservadores, apenas se enteraron que Obama daría un discurso, pusieron el grito en el cielo sobre unas declaraciones con las que se podría ideologizar a los estudiantes con sus “ideas socialistas”, lo que terminó creando temor en muchísimos padres de familia.

También me pareció exagerado que muchos distritos escolares o sistemas educativos hayan decidido no reproducir en los televisores o permitido a los estudiantes mirar el discurso siquiera por internet por ese temor a que alguien, por más que sea el Presidente, puede politizar las aulas, temor que está fundado tal vez, por el lobby que Obama está haciendo a favor de su proyecto de reforma del sistema de salud.

Más allá de que me pareció exagerada la reacción a un discurso que finalmente terminó siendo de motivación para que los estudiantes sean responsables, estudien por el bien de ellos y de su país y no abandonen la escuela, lo que me pareció inconmensurablemente bueno es la discusión democrática que originó y la importancia que se le da en el sistema educativo, a la reacción y opinión de los padres de familia.

Apenas sucedió eso, me pregunté si ese nivel de involucramiento lo permite la nueva ley de educación que fue adoptada en Venezuela, una legislación que ideologiza y que le quita a los padres la potestad sobre sus hijos. Otra forma más de acabar con la democracia.

Zelaya y la encrucijada para EE.UU.

En Brasilia, Zelaya siguió tejiendo su estrategia de aumentar la encrucijada que tiene Estados Unidos de apoyar su restitución a través de medidas económicas más fuertes que pudieran desestabilizar por completo al gobierno de Roberto Micheletti.
El problema es que bien sabe también, que Obama se ha mostrado un poco más frío después de solicitar que se vaya por el camino pacífico con el Pacto de San José y luego de haber cancelado las visas a funcionarios del nuevo gobierno hondureño. Es que la administración estadounidense tiene la presión interna de los legisladores republicanos que en su mayoría siempre se han manifestado en contra de las actitudes gubernamentales chavistas de Zelaya y del juego contrario a Estados Unidos que ha venido jugando en los últimos meses de la mano de Hugo Chávez, del Alba y de sus disparatados sueños por la “cuarta urna” para acicalarse en la presidencia con un proyecto contrario a los intereses norteamericanos.
Sucede también que el gobierno de Obama se ha percatado del juego actual de infiltración que han tenido varias manifestaciones de Zelaya apoyadas por personas de otras nacionalidades, cuyos gobiernos no han hecho mucho contra el narcotráfico, y del aporte que habría venido a los revoltosos de parte de las FARC, según las denuncias públicas y de inteligencia que se vinieron haciendo en las últimas semanas. Así que resulta un poco difícil que Obama se vea tentado a tener que apoyar muy enérgicamente a quienes incentivan o, al menos, toleran el narcotráfico y el terrorismo, dos políticas de lucha cruciales para Estados Unidos.
Obama seguirá apostando a la diplomacia y se defenderá acusando de hipócritas a quienes como Zelaya, Chávez y los Castro le piden que sea injerencista, una política por la que se le ha calificado de “imperio” y “pitiyanqui” a su antecesor.

Ciencias exactas: objetivo para el crecimiento

Más que conmemorarse el cuadragésimo aniversario de la llegada a la Luna, en realidad lo que se celebró esta semana es la vocación humana por plantearse objetivos audaces, bizarros e inalcanzables, sin los cuales, la historia sería chata y desabrida.

Cuando Neil Amstrong pisó la Luna el 20 de julio de 1969 no fue casualidad, sino fruto de ese tipo de objetivos excéntricos, los mismos que esbozó Cristóbal Colón en 1492. Llegar a la Luna no fue posible solo por el conocimiento (ciencia y experiencia) y la voluntad (espíritu y trabajo), sino por cierto sentido de locura para alcanzar desafíos desproporcionados. De ahí la fascinación por dos epopeyas irrisorias y utópicas, que solo se materializaron cuando alguien las visualizó, les trazó una estrategia y contagió la idea a los demás.

El mérito más reconocido de John Kenendy fue haber planteado sueños y metas desmesuradas, a pesar que lo suyo, fue una lógica competencia con la Unión Soviética durante la Guerra Fría. Así quedó plasmado en el discurso del 25 de mayo de 1961 ante el Congreso, cuando no solo prometió llevar y traer un hombre desde la Luna, sino que justificó esa meta para “ganar la batalla que ahora se está desarrollando alrededor del mundo, entre la libertad y la tiranía”.

Su carrera por la supremacía, de todos modos, hizo que con esa libertad, individual y social, se sincronizara la investigación científica con la reevaluación de los currículos escolares haciendo de las ciencias exactas una materia obligatoria. Desde entonces, la creatividad, la invención y la innovación se fueron forjando como marca registrada de la cultura estadounidense.

Aquellos conceptos nunca pasaron desapercibidos. Esta semana, cuando el presidente Barack Obama honró a los famosos Amstrong, Aldrin y Collins, habló del aporte que las Ciencias y las Matemáticas representan para el espíritu nacional, elogiando a los astronautas porque “han inspirado a una generación entera de científicos e ingenieros que alentaron la innovación, el espíritu empresarial y la creatividad aquí en la Tierra”.

Pero en la actualidad, habiendo perdido EE.UU. el liderazgo en los resultados educativos de las ciencias exactas y enfocado en las urgencias del Plan de Estímulo para sostener la economía, el riesgo es – como lo aventuraron los veteranos astronautas – que se paralicen los objetivos audaces, como el de llevar misiones humanas a Marte.

Hasta ahora, el más osado de los presidentes después de Kennedy fue el impopular George W. Bush. El 14 de enero del 2004, dedicó gran parte de su discurso a los planes para volver a la Luna y empezar la travesía hacia Marte, con una estrategia a 20 años. Para convencer al Congreso que apruebe su presupuesto, Bush habló de los “beneficios tangibles” de la exploración espacial, “que han mejorado nuestras vidas de innumerables maneras”, con avances en medicina, comunicaciones, meteorología, industria aeronáutica y nuevas tecnologías.

Como lo hiciera Kennedy antes y Obama ahora, Bush también pidió un compromiso pedagógico especial, sabiendo que la investigación y la educación se retroalimentan a sí mismas. “La fascinación que genere la exploración futura inspirará a nuestros jóvenes a estudiar matemáticas, ciencias e ingeniería, y a crear una nueva generación de innovadores y pioneros”.

Estas arengas presidenciales a favor de la educación, demuestran la importancia que los países desarrollados le dan a las ciencias exactas como generadores de crecimiento. Las naciones asiáticas descubrieron la ecuación educación-desarrollo décadas atrás y hoy tienen una evolución superior a cualquier otro país, a pesar de que también sufren la pobreza, excusa que otros ponen como obstáculo insuperable. El gran desarrollo científico y tecnológico, además de los sueños audaces que se impusieron, les permitirá a muchos países, como China e India, llegar a la Luna en poco tiempo, con todo lo colateral que de ello se desprende: mejoras en la economía, la producción y el empleo.

Invertir en Ciencias y Matemáticas, y en instrucción general, nunca fue prioridad en América Latina, porque no otorga beneficios dentro de las políticas cortoplacistas a las que estamos acostumbrados. Sin embargo, por la experiencia de las naciones más ricas, queda demostrado que abrazar las ciencias exactas es el primer paso para poder diseñar objetivos audaces, tan atrevidos como el que soñó Kennedy

Obama muestra su liderazgo

El presidente Barack Obama, favorecido por una popularidad inigualable, está desplegando una estrategia inteligente para neutralizar en América Latina a los agoreros de siempre, como el presidente Hugo Chávez que ya empezó a patalear en una cumbre paralela que está manteniendo en Venezuela hoy, porque no soporta que la atención de las cámaras no esté sobre él.

Obama está haciendo bien los deberes. Fue a Europa desplegando numerosos compromisos y acuerdos económicos, políticos y militares. Ahora, antes de partir esta mañana hacia México, donde hizo un mea culpa sobre los problemas del consumo de drogas en Estados Unidos que acarrea mayores problemas de narcotráfico en México, Obama publicó una columna en los principales diarios del país en la que habló de acercarse a América Latina, sin considerarla “el patio trasero” como otros presidentes estadounidenses, sino como un socio con el que debe trabajar en materia de seguridad, pobreza y, especialmente, en energías renovables.

“Podemos superar los desafíos que compartimos con un sentido de unión en este propósito común o podemos seguir enfrascados en los trillados debates del pasado. Por el bien de todos nuestros pueblos, debemos optar por el futuro”, escribió, como tiro de elevación a los presidentes como Chávez, Castro y otros que se le plegarán a patear el tablero de la Cumbre que empieza mañana.

Obama admitió que Estados Unidos no ha tenido estrechas relaciones con sus vecinos del Sur, pero prometió su compromiso de mejorar las relaciones, para lo cual enumeró medidas adoptadas y por adoptar. Entre las ya tomadas, la flexibilización del embargo a Cuba condicionándola a mayor apertura política en la isla, fondos para la lucha al narcotráfico en México y Colombia así como en Estados Unidos como el congelamiento de bienes mal habidos, y a tomar, como que el BID pueda otorgar nuevos créditos y la creación de una Alianza de las Américas para la Energía y el Clima que nos “ayude a aprender a unos de otros, compartir tecnología, potenciar la inversión y sacar el provecho máximo a nuestra ventaja comparativa”.

Está por verse en estos días si la Cumbre en Trinidad y Tobago que empieza mañana servirá para unir al hemisferio y acortar la brecha ideológica, tratando de que todos remen juntos, como exhortó Obama, o si la idea será poner piedras en el camino y seguir polarizando al continente.

Chávez seguramente esta segunda y penosa opción. Así lo hace e hizo en su país desde hace 10 años. Será ésta, la oportunidad entonces, de dejarlo de tener en cuenta.


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