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Canal 8: torpeza y ridiculez

La reciente medida adoptada por el gobierno hondureño de quedarse con Canal 8, no es más que una orden torpe y ridícula que raya en la expropiación y afecta las instituciones democráticas, la libertad de empresa y la libertad de prensa. Digo esto en contestación al señor Eduardo García que me hizo la pregunta en un comentario al post anterior.
Hay tres cosas que molestan de este decreto enviado por el presidente Porfirio Lobo que fue definido por el Congreso, quedándose con el Canal 8 que pertenece a Elías Asfura.
Primero, que produce una colisión sobre potestades de los poderes públicos, ya que la propiedad de Asfura había sido cosa juzgada por parte de la Corte Suprema de Justicia. El ciudadano común queda en la duda sobre cuán eficiente y confiable puede ser una Justicia a la que se le despoja su ecuanimidad por decreto.
Segundo, es una medida torpe, si se considera que arrebatándole el medio a Asfura y prometiéndole otra licencia a cambio, no habría sido mejor que el gobierno hubiera elegido la otra licencia para sí mismo y evitar así la polémica. Uno se pregunta, ¿qué diferencia hay entre este gobierno y el de Manuel Zelaya para quedarse con un medio cuando se le ocurre y de la forma que se le ocurre?
Tercero, Asfuera ya había cumplido con las medidas judiciales. No se quedó con Canal 8 durante el período de Micheletti porque se lo alquiló al gobierno a pedido del Ejecutivo, pero con la condición de que se lo entregaran apenas se iniciara el de Lobo. Ahora no solo que el Estado no ha cumplido sino que faltó a su palabra, lo que lo hace un gobierno menos creíble y confiable. De por sí malo para la democracia, para la libertad de prensa y para los intentos de insertar a Honduras en la OEA.
Ojalá este próximo martes el Congreso de marcha atrás, se respete la institucionalidad jurídica del país, se garantice la libertad de empresa, Asfura tome el control del canal que le pertenece y que el gobierno construya un canal de televisión público, que sirva a todos los hondureños, evitando hacer solo propaganda a favor de su gestión.

Honduras a la OEA

Excelente camaradería la del presidente salvadoreño Mauricio Funes con Honduras, para que vuelva a la OEA.
Lo más importante, es que su posición, además de haberla asumido entre los países SICA el mes pasado, la adoptó frente al propio Lula da Silva, y de esa forma equilibró la postura que ante el presidente brasileño tuvo y tiene el nicaragüense Daniel Ortega, quien sigue los designios y petrodólares de Hugo Chávez.
Lula insiste que Honduras debe mostrar más vocación democrática. Seguramente porque todavía tiene la sangre en el ojo de que lo hayan hecho quedar en ridículo cuando prestó la embajada a Manuel Zelaya como residencia temporal, la que se convirtió en celda permanente para el ex presidente y pésima imagen para el brasileño.
Funes fue valiente en su posición, al seguir desairando a su partido, el FMLN, que estaría más cómodo si se siguiera castigando al gobierno democrático de Porfirio Lobo, y mantener así la postura del cubano. Una verdadera contradicción latinoamericana; una Cuba que sin democracia, pura dictadura, y sin los mínimos principios que se le exigen a Honduras, logró reinsertarse en el concierto de naciones.

¿Honduras castigada?

El Unasur, a través de su presidente temporal, Rafael Correa, asumiendo la representación de todos los ciudadanos sudamericanos declaró que muchos países no concurrirán a la cumbre que está preparando el presidente Zapatero entre americanos y los europeos; equivocándose, debiendo aclarar que son los gobiernos, sin necesaria representación de los ciudadanos, los que han decidido boicotear la reunión española como protesta por la invitación a Porfirio Lobo.
La prédica de Correa y los demás gobiernos progresistas neopopulistas encabezados por Hugo Chávez no es otra cosa que una defensa corporativa de ese clan, que no quiere dejar morir el caso de Manuel Zelaya, porque sería traicionar a uno de los suyos. Lo que no quieren entender es que Honduras ya dio vuelta la página, que una Comisión de la Verdad establecerá y aclarará para octubre que fue lo que realmente pasó – algo que también pidió Zelaya en los acuerdos – que se hizo una elección limpia y que el legítimo ganador está en el poder, además de estar siendo reconocido por numerosos gobiernos.
Unasur, busca con esta defensa corporativa establecerse como un grupo de poder, que no es más que una amplificación de los temas que se implantan en la agenda hegemónica e ideológica de los países del Alba, lo que será más ampliado todavía, con un secretario argentino que en su país está sospechado por muchísimos actos de corrupción y que goza con el arte de la propaganda, los rumores y las agresiones contra todo el que piensa diferente. Es decir, una réplica fiel de la personalidad de otros presidente neopopulistas.
Lo peor que podría pasar es que España se deje embaucar por el supuesto boicot que harían algunos gobiernos latinoamericanos o por el propio Lula da Silva que pide un cambio de figuritas: que se le permita a Zelaya regresar a Honduras con plenos derechos civiles, lo que es incoherente hasta que, por lo menos, la Comisión de la Verdad no de su opinión. Zelaya en Honduras en este momento, sería un estorbo para el proceso de reconciliación y un paso hacia atrás, ya que de inmediato se abocaría a la constituyente, tema causante del golpe de Estado.
De cualquier forma, a no ser que España siga invitando a Lobo y deje de lado los reclamos de algunos en el Unasur, se estaría castigando injustamente a Honduras… a los hondureños.

Unasur y el aquelarre

La reunión del UNASUR arrojó más sorpresas aún a este aquelarre latinoamericano.
El ex presidente (y no tan ex) Néstor Kirchner fue elegido como secretario de la Unasur, promoviéndose así una contradicción única: se espera de él que promueva la integración latinoamericana cuando lo que ha hecho hasta ahora es promover la división y la polarización en su propio país. Todos en la reunión se fueron de boca sobre las dotes y cualidades de quien para el 2011 correrá para presidente para extender el kirchnerismo, pero nada sobre sus pobres credenciales en la política internacional
El Unasur busca la integración, pero uno de sus puntos principales fue seguir negando a Honduras y boicotear una reunión europea-latinoamericana en España en caso de que el presidente Porfirio Lobo sea también un invitado, alegando que el hondureño no hizo nada para amnistiar a Manuel Zelaya. Sin embargo ayer se instituyó en Honduras la Comisión de la Verdad, cumpliéndose así el acuerdo que Zelaya y Micheletti; por lo que tampoco se hizo honor a la mentada integración.
En mucho se adularon unos a otros para condenar la Ley de Arizona (y con buena razón) pero poco para denunciar a sus propios países del trato injusto que dan a inmigrantes de países limítrofes. Tampoco se habló del armamentismo galopantes, ni del hambre ni la pobreza en alza.
Seguramente, la integración será entendida como buscar el consenso para culpar al “imperio” de todos los males.

Marzo negro

En Honduras, sin dudas este marzo de 2010 será recordado como un año trágico para el periodismo, así como en Cuba se conmemora la “Primavera Negra” en recordación del aciago mes de marzo de 2003 en el que fueron encarcelados 75 disidentes, entre ellos una treintena de periodistas independientes.

Cinco periodistas han sido asesinados en el país este mes, en una espiral de violencia contra la prensa, difícil de comprender, como especifiqué en el post anterior, y que seguramente acarreará un nivel cada vez mayor de autocensura, lo que conspira directamente con el derecho del público a saber.

Presumiblemente a las denuncias sobre corrupción que siempre terminan llevando consecuencias contra los periodistas y a la violencia que despliegan las pandillas, podríamos estar ante un fenómeno de aumento de la violencia generado por el apoltronamiento en la zona, de grupos de narcotraficantes que están escapando del conflicto con los militares mexicanos en la frontera con Estados Unidos. Honduras es un territorio a medio camino entre las grandes zonas productoras de drogas, como Colombia, y consumidoras, como Estados Unidos; un territorio muy apetecible para el crimen organizado.

Esta mañana, 26 de marzo, fueron asesinados a mansalva José Bayardo Mairena y Manuel Juárez en la carretera a Juticalpa, Olancho, quienes dirigían un programa de radio en la localidad de Catacamas.

Este mes, el 1 de marzo fue asesinado Joseph Hernández Ochoa, periodista de Canal 51, en un atentado en el que milagrosamente salvó su vida la periodista Carol Cabrera, de Canal 8, quien en un atentado anterior contra su vida, perdió una hija. El 11 de marzo en La Ceiba, Atlántida, fue acribillado el periodista radial y televisivo David Meza Montesinos, de 51 años, quien venía denunciando disputas sobre tenencia de tierras. Y el 14 de marzo, en la ciudad de Tocoa, fue asesinado Nahúm Palacios, de 34 años, quien fungía como director de noticias de Televisora del Aguán y de un noticiero en radio Tocoa. Un camarógrafo salió ileso del mismo atentado.

El 2009 tampoco fue un año fácil para la prensa hondureña, que se vio arrastrada por el conflicto que se generó antes, durante y después del golpe de Estado del 28 de junio. Además, ese año cargado de agresiones, fueron asesinados Bernardo Rivera Paz (secuestrado el 13 de marzo y sus restos encontrados el 9 de julio); Santiago Rafael Munguía (el 31 de marzo) y Gabriel Fino Noriega, el 3 de julio.

Todavía no hay certeza sobre los móviles, así como tampoco hay pistas que permitan identificar a los culpables, por lo que queda a las autoridades locales y nacionales su mayor esfuerzo para que no trepe esta espiral de violencia que conspira contra el derecho a buscar, difundir y recibir información.

El Estado hondureño, y su principal administrador, debe hacerse cargo de esta tragedia y no permitir que la impunidad genere mayor violencia.

Cinismo presidencial

Ciertos gobiernos latinoamericanos no cesan de exhibir una ambigüedad cínica cuando les toca definirse en el ámbito de la democracia. Esta semana desistieron de invitar a Honduras a la cumbre presidencial en Cancún porque el golpe de Estado era incompatible con los objetivos democráticos del encuentro, pero sin ningún escrúpulo recibieron con grandes abrazos a Cuba con sus 51 años de sangrienta dictadura y a Venezuela con los 11 de progresivo autoritarismo.
Mientras Raúl Castro y Hugo Chávez distraían con amañados discursos anti imperialistas a una audiencia de colegas impávidos, en Cuba el gobierno dejaba morir al disidente Orlando Zapata tras una huelga de hambre de 83 días con la que buscaba reconocimiento como “preso de conciencia”; y Venezuela recibía un severo informe sobre violación a las libertades individuales, elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA.
La muerte de Zapata concitó la repulsa inmediata de Estados Unidos, de la Comunidad Europea, en particular de Francia y España. En cambio, los presidentes latinoamericanos optaron por el silencio. El brasileño, Ignacio Lula da Silva, por hallarse de visita en La Habana, fue presionado a pronunciarse, pero su tímido lamento hipócrita, se sumó al cinismo de su par cubano, quien insólitamente recriminó a EEUU por el incidente, objetando que en Cuba no existen torturados ni presos políticos, “como en Guantánamo”.
El paso de Lula da Silva por Cuba fue lamentable. No porque se retrató junto al “trofeo mayor” de la dictadura como ya lo hizo una docena de presidentes latinoamericanos, sino por su reiterada torpeza en desconocer la existencia de una disidencia con más de 200 presos políticos que el gobierno no puede ya ocultar, y más de 50 opositores a los que detuvo o forzó a permanecer en sus casas para evitar protestas públicas o que asistan al entierro de Zapata.
Chávez pavoneó su habitual cinismo en la Cumbre de Cancún. Junto a otros líderes del Alba, aprovechó para tirar loas a la futura Comunidad Latinoamericana y del Caribe, con un dejo de sarcasmo por la exclusión de EEUU y Canadá, países que lejos de reprochar el gesto, alabaron que haya un nuevo foro donde limar asperezas, buscar unidad y cooperación.
Su intención también fue seguir desacreditando a la OEA y a la CIDH, a la que aborrece por ser la caja de resonancia donde llegan los venezolanos a denunciar y buscar la justicia que no encuentran en los tribunales de su país.
Los informes de la CIDH de todos los años le incomodan, pero por el de esta semana, al que llamó “basura”, amenazó con renunciar a la organización. Claro que es solo una jugada retórica, porque si la OEA fuera menos débil, antes que su renuncia, correspondería que Venezuela sea expulsada, sancionada y aislada, como sucedió con Cuba y recientemente con Honduras.
El documento de más de 300 páginas no sorprende con denuncias nuevas, pero su valor radica en que esquematiza las violaciones, dentro de un marco de impunidad profunda, falta de independencia judicial y serias restricciones de asociación y de expresión.
El informe es un rosario de atropellos. Denuncia la inhabilitación de 260 candidatos opositores; la inexistencia de concursos públicos para cargos judiciales; el procesamiento penal de 2.200 personas por manifestarse en público; cierre de medios de comunicación; excesivo uso de fuerza estatal; existencia de grupos paramilitares y galopante inseguridad ciudadana.
Lo significativo es que la muerte de Zapata y el informe de la CIDH corporizan violaciones sistemáticas a los derechos humanos, permitiendo que se comprenda la gravedad que atraviesan ciudadanos en ambos países. De esta forma, se evita que caigamos en la superficialidad de la sarcástica retórica de micrófono, con la que los líderes nos regalan epítetos divertidos que solo sirven de comidilla en las redes sociales o de ring tones de celulares, como el “sea varón”, “vete al carajo”, “por qué no te callas” o el “aquí huele a azufre”.
Es condenable que haya presos políticos y perseguidos en nuestra América Latina, pero es tan reprobable como nefasto, que haya gobiernos que finjan que estos crímenes no existen. De continuar este cinismo e hipocresía, nuestro continente flaqueará en credibilidad y en promover verdadera democracia.

Honduras, con plenos derechos

La reunión que se inicia hoy en Cancún, la Cumbre del Grupo de Río, debería tener como prioridad que se deje de discutir el tema de Honduras y simplemente avalar el proceso electoral por el que fue ungido Porfirio Lobo y consensuar su reintegración a la OEA y pleno goce de todos los derechos.

Más allá de la discusión sobre el reconocimiento que ya ha logrado de varios países y la reticencia de algunos, Honduras no se merece no haber sido invitada a esta reunión y que todavía siga debatiéndose su reinserción a la OEA, un camino que los gobiernos allanaron a Cuba, siendo que se trata de una larga y sanguinaria dictadura.

Es bueno que la Cumbre de la Unidad – que buscará crear un organismo americano sin EEUU ni Canadá – sea justamente eso, de unidad. Pero habrá que ver que futuro tiene o el que le quedará a la OEA, un organismo medio inepto cuando se trata de hacer valer los derechos democráticos en cada país. No creo que el nuevo organismo tendrá mejores opciones que los que ofrece la OEA, teniendo en cuenta que los gobiernos autoritarios, como el de Venezuela, se mostrarán como verdaderas democracias, a pesar de los fraudes electorales o de que no haya independencia entre los poderes.

Lo que llama la atención también es el conflicto de interés que tendrá este organismo sobre su soporte económico. La OEA sobrevive, así como la UNESCO, gracias al aporte de EEUU, y uno entonces se pregunta: ¿Será que los gobiernos latinoamericanos sí tienen dinero para crear y mantener económicamente un organismo periférico y no tienen para aportar a la OEA?

Rescatando a Honduras

Así como la solidaridad humanitaria internacional está rescatando a Haití tras la  catástrofe natural, la solidaridad gubernamental internacional debería consolidarse ahora como un frente solidario para apoyar el nuevo proceso político que se inicia hoy con Porfirio Lobo, tras la debacle que propició Manuel Zelaya y los posteriores acontecimientos.

Salvando las distancias entre los dos hechos más importantes de los últimos meses, Honduras necesita del reconocimiento internacional y así abrir los canales económicos que le permitan continuar con su desarrollo. Seguir castigando a un país que dio muestras fehacientes tras las elecciones pasadas y el correcto procedimiento político con el que Lobo asumirá hoy, es seguir negando la confianza a un país que ha dicho, rectificado y afirmado que no se trató de un golpe de Estado sino de una necesaria transición democrática para eliminar a un gobierno que venía dando golpecitos continuos.

Con lo que está sucediendo en Venezuela en estos días, se puede apreciar que la destrucción de la democracia también la pueden hacer aquellos que han sido elegidos y ungidos por el pueblo. Las elecciones no pueden darle a nadie “patente de corso” para desvirtuar los valores democráticos.

La discusión sobre si estuvo o no bien el procedimiento del golpe de Estado en junio pasado seguirá en la palestra, pero lo que no puede cuestionarse es que el gobierno democrático hondureño que asume hoy tras unas transparentes elecciones necesita del apoyo de la comunidad internacional. Y este es el rescate más necesario que se necesita hacer en la presente historia latinoamericana después de la incruenta catástrofe haitiana.

Alba y Honduras

Nunca deja de impresionar Hugo Chávez cuando con desparpajo sigue hablando de Honduras sin reconocer que el problema que llevó al país a la situación compleja en el que está sumergido, se debió a su injerencia directa en los asuntos internos del país centroamericano.

No hay mayor responsable en los desvaríos que tuvo Manuel Zelaya que el propio Chávez, a quien los hondureños rechazaron cuando Zelaya decidió integrarse al Alba hipotecando un futuro ideológico, y cuando posteriormente quiso imponer su voluntad a pesar de las restricciones constitucionales.

Está bien y en su derecho que Chávez y su Alba condenen lo que quieran condenar, despotriquen contra el imperialismo yanqui y hayan tenido todo tipo de opiniones a favor y en contra de EEUU por su papel durante la crisis; pero está mal que no reconozcan la infinita cantidad de errores que hicieron cometer a Zelaya para que la situación siga empantanada.

Con su posición ideológica belicista tampoco le están haciendo un favor a la democracia, ni a la reconciliación que desde este lunes está buscando mediante el diálogo Porfirio Lobo, ya que simplemente pretenden salirse con la suya, lograr que Zelaya obtenga un salvoconducto antes del 27 de enero y así empezar un interminable peregrinaje rasgándose las vestiduras.

El permitir la salida de Zelaya solo a través de una petición de asilo, es una forma inteligente del gobierno actual para lograr cierto silencio en el fututo. La única forma, quizá, de comprometer a la comunidad internacional a que desatienda oídos a Zelaya y que se le permita gobernar con tranquilidad a Lobo. Pero claro, del otro lado está el imprevisible Hugo Chávez, y con él nada es seguro ni tranquilo.

Mercosur y Honduras: intransigencia

El Mercosur buscó la unión de posiciones en la política, la que no puede alcanzar en lo económico, esta vez atrincherándose bajo el lema de no reconocer las elecciones presidenciales recientes en Honduras.

Era de esperar, ya que sus países integrantes y asociados, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Bolivia, siempre se mostraron partidarios de Manuel Zelaya, incluso gestionando por él, albergándolo, además de seguir sosteniendo que el golpe del 28 de junio es un nefasto antecedente para Latinoamérica.

Lo que es a todas luces inconcebible es que estas naciones, que han sido atropelladas por dictadores de toda calaña, no reconozcan que Zelaya estuvo dando golpes continuos a la Constitución y a las leyes en los momentos previos al desenlace del 28 de junio y que él mismo desconoció arreglos pactados con el gobierno de Micheletti antes de las elecciones y que ahora insiste con total desparpajo en que debe haber una reforma constitucional.

El Mercosur hace aguas en un mar que se está calmando y debería reconocer a Porfirio Lobo que nació de un proceso electoral legítimo que estaba especificado antes del 28 de junio, y permitir que Honduras sea parte de la OEA, como así se buscó que Cuba, la gran dictadura americana en perpetuo golpe de Estado, fuera nuevamente reconocida.


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