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¿Y los ciudadanos hondureños?

En períodos conflictivos como el que vivimos hoy en Latinoamérica, la avidez de apoyo popular crece entre los líderes políticos de la región para hacer prevalecer sus ideas, justificar sus acciones y demostrar su poder.

Las crisis más agudas exigen a los gobernantes un mayor sostén público. Así sucede en los actuales conflictos latinoamericanos – limítrofes, ideológicos, económicos o de índole militar – como en el caso de Honduras, donde la ciudadanía está siendo tironeada a diario entre dos posiciones opuestas, como las del presidente depuesto Manuel Zelaya y el designado Roberto Micheletti.

Las permanentes marchas a favor de uno y otro dirigente, demuestran que muchos ciudadanos se adhieren genuinamente a una causa. Varios son persuadidos, otros manipulados, pero, en definitiva, en las muchedumbres todos son estimulados y halagados para defender ideas propias y ajenas.

El riesgo es que ese entusiasmo y apasionamiento no sea reciprocado por quienes antes lo incitaron, ya sea porque el enfoque defendido cambia de repente, debido a que el líder modifica su posición o la altera para pactar con la otra fuerza política, como seguramente ocurrirá si la mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, resulta exitosa.

En el proceso de arbitraje actual, parece que el protagonista principal, ese que es cortejado y mimado en cada elección, está ausente. Al partidario fiel se le toma en cuenta solo para hacer masa. Nadie parece preguntarse ¿cómo se sentirían los seguidores de Micheletti si acaso su gobierno decide aceptar la restitución de Zelaya? o ¿cómo se sentirían los seguidores de Zelaya, si aceptara volver condicionado a la Presidencia, sin posibilidad de reelección?

La respuesta: muy decepcionados y traicionados. Con un ingrato sabor por haberse dejado inducir las broncas y robado las ilusiones; burlados e impotentes por haberse dejado manipular y utilizar, para luego ser desechados. Descartados.

Los individuos que se masifican en respaldo de uno u otro sector, cuanto más tiempo se someten a las arengas y a las exaltaciones, más difíciles se vuelven de controlar y mucho mayor se hace su presión.

Ni Zelaya ni Micheletti pueden negociar o ceder tan fácilmente sin considerar la presión de sus seguidores. La destitución de Zelaya es apoyada por un gran multitud que no quiere un país autocrático chavista, persuadida de que si regresa a la Presidencia, por más condiciones que se le impongan, su tozudez le hará seguir buscando mecanismos para reformar la Constitución, emulando a su gestor, Hugo Chávez, que aunque negó varias veces la reelección, consiguió esa posibilidad a perpetuidad. Quienes apoyan a Zelaya, lo consideran el líder, que de tener el tiempo suficiente, los puede sacar de la pobreza, dándoles empleos y/o dádivas, mayor dignidad, y acabar con el sometimiento a “las oligarquías dueñas del país”.

Si el presidente costarricense pretende que se cree un gobierno de reconciliación y unidad con la restitución de Zelaya – como reclama la comunidad internacional – no se debería solo articular un pacto político, sino generar un diálogo incluyendo el sentir de otros sectores sociales que claman por tener garantías de que Zelaya se irá sin chistar llegado su término a mediados de enero. Al mismo tiempo, debería pedir que bajen los decibeles belicistas aquellos ruidosos como Hugo Chávez, quien está instigando a la violencia y avivando la insurrección armada, y como Daniel Ortega, quien presta su terreno para esos objetivos.

Sería importante, además, que así como se han impuesto sanciones al gobierno de Micheletti, también se le impongan a Zelaya, en caso de que continúe arengando a lo que llama su “ejército del pueblo”, una masa transformada ya en fuerza de choque que utilizará como escudo humano para reingresar al país. El peligro, es que la alta volatilidad de la masa y la pasión que los activistas e infiltrados tienen por los desbordes y la violencia, predicen consecuencias nefastas como ya empezaron a suceder.

Si realmente se pretende la paz y la unidad para superar la crisis, además de reducir los ruidos que impiden el diálogo profundo, se deberían encontrar formas para que los ciudadanos sientan que sus preocupaciones están incluidas. Un ciudadano descartable, despechado, tarde o temprano, buscará otra masa donde anidar, para así continuar con su peligroso derrotero.

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Esperanzas, urgencias y desafíos

Hoy es un día histórico para EE.UU. y para el resto del mundo, ya que se ha depositado una confianza incomparable en la figura del flamante presidente Barack Obama quien – milagrosamente quizás y por la ayuda de la decadencia de George W. Bush – ha capitalizado las esperanzas de todos, incluso hasta de los anti estadounidenses, porque ven en él al primer personaje que ha desafiado el status quo de Washington y a la historia misma.

Este primer presidente afroamericano no la tendrá fácil a partir de hoy. Las urgencias son muchas y se espera que las resuelva. La crisis económica global que EE.UU. ha desencadenado en todo el mundo y las dos guerras impopulares de Irak y Afganistán son dos urgencias a resolver, además de otros conflictos internos y de mala imagen que el país proyectó con Guantánamo y la supresión de derechos civiles y el resquebrajamiento de los procesos judiciales. Pero las urgencias no acaban ahí, este mismo año Obama deberá regresara a reuniones del G-20, de la Otan, de la ONU y buscar de hacer relucir un liderazgo que se espera sea más diplomático que antes. A nivel interno hay otras urgencias que deberá corregir, como un sistema de salud ineficiente, un trato inmigratorio criticable y varias reformas económicas que tendrán que hacer más transparentes la forma en que se están gastando los rescates millonarios dados a bancos y automotrices.

No por esas urgencias podrá dejar de ver lo importante, donde realmente descansan los grandes desafíos. El narcotráfico empuja cada vez más desde la frontera sur con México y deberá encarar planes con aquel país, del que también pende mucho del bienestar a través del Tratado de Libre Comercio, el cual debería extender por varias regiones de América Latina que espera un mejor trato. Las energías renovables y alternativas son su otro reto mayor, así como derribar la burocracia y la corrupción de los sistemas políticos sobre los que prometió activar y desterrar respectivamente durante su campaña.

Barack Obama tiene un muy buen porvenir. Como nunca antes casi todo el mundo está expectante y a la espera de que sea un buen líder. Tiene una oportunidad histórica y es la primera vez tal vez que hasta los anti estadounidenses le permiten a EE.UU. y al presidente número 44 tener un marco de confianza razonable para trabajar. A partir de hoy se empieza a escribir una nueva historia.

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Ahorrar o consumir: ¿en qué quedamos?

A diferencia de la fábula de Jean de la Fontaine que enseña a prevenir y ahorrar como la hormiga para un futuro feliz; los gobiernos piden que vivamos como la cigarra, opíparamente y despilfarrando, convencidos que el consumo desenfrenado generará mayor producción, empleos y estabilizará la economía.

Desde que la crisis económica se fue expandiendo y ningún gobierno la pudo negar o disimular, se han instrumentado varias medidas para remediarla: rescates millonarios de bancos fundidos; estatización de empresas; reducción de tasas de interés; así como devolución de impuestos e incentivos para comprar automóviles y otros bienes, con la intención de que la circulación de efectivo provoque el saneamiento de la economía y restaure la confianza del consumidor, el bien más volátil.

Las medidas – desalentadas además por el subibaja de las bolsas, la inflación, el desempleo y el desenlace de atajos piramidales fraudulentos como el colombiano o el estadounidense de Bernard Madoff – todavía no engendraron grandes cambios ni beneficios, sino mayor incertidumbre. En EE.UU., la economía más grande y consumista, se registró este fin de año un índice de desconfianza récord, precipitando las ventas generales en un 8%; mientras que disminuyó el ingreso y aumentó la pobreza en casi todas las ciudades del país, según estableció el nuevo censo que midió la economía de esta última década.

Como el panorama no cambió, las autoridades se vieron obligadas a ser más creativas. Muchas imitaron a las australianas ofreciendo mejores garantías a los depósitos para captar ahorros y generar crédito, y otras cambiaron políticas de consumo cortoplacistas, por otras de más alcance como la construcción de obras públicas para generar empleos. Así, Barack Obama anunció planes de recuperar tres millones de puestos de trabajo mediante infraestructura, tanto para construir autopistas de cemento como virtuales, dejando en segundo plano políticas de George Bush para fomentar consumo mediante devolución de impuestos, lo que no surtió efectos deseados.

En América Latina, Brasil fue uno de los primeros países en incentivar el consumo con una campaña pública, un error que según la agencia Bloomberg, tuvieron antes EE.UU., Gran Bretaña y Canadá, que aconsejaron lo mismo tras el 11 de septiembre, lo que finalmente derivó en la burbuja y la mayor crisis desde 1929.

Tal vez esa experiencia fue la que motivó, después de negar la crisis y en menos de lo que canta un gallo, a Luiz Inacio Lula da Silva, Cristina de Kirchner, Michelle Bachelet, Felipe Calderón, Alan García y otros presidentes latinoamericanos, anunciar mega planes de obras públicas y pedir a los ciudadanos que gasten en autos, casas y viajes. India, China, Rusia y la Comunidad Europea también mostraron las mismas iniciativas tras rescatar a sus empresas, reducir impuestos, incentivar el gasto y tratar de mantener las exportaciones.

Más allá de todas las fórmulas, la crisis actual ha demostrado a los ciudadanos y sus gobiernos que consumir o gastar en abundancia sin el respaldo suficiente es, en definitiva, generar deuda y ruina segura. Vivir mejor hoy, como la cigarra, es hipotecar el futuro. Una regla básica muestra que lo que se gasta en bienes de consumo, si bien se disfruta, se desperdicia; mientras lo que se ahorra, termina en inversión.

Los gobiernos no han motivado aún la cultura del ahorro, tal vez porque necesitan beneficios repentinos. Sin embargo, economistas menos exitistas defienden la función trascendente del ahorro en la economía, ya que no se trata del mero acaparamiento del dinero o sacarlo de circulación, sino una trasferencia de poder de compra del ahorrista a otros individuos, mediante la generación de crédito. El ahorro genera así consumo a corto plazo y mantiene el potencial de la inversión a la larga, por lo que es un capital doblemente beneficioso. En realidad, ahorrar es una forma saludable de gastar.

En el 2008, en cuestión de meses, hemos pasado de un marcado crecimiento a una profunda depresión, por lo que sería prudente tomar el 2009 con calma, previniendo y ahorrando como la hormiga. El hombre más rico del planeta, Carlos Slim, lo aconsejó así en una carta a sus empleados: gasten menos, ahorren lo más posible, mantengan el dinero en los bancos y desactiven las tarjetas de crédito.

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Diarios estadounidenses acechados

La crisis financiera actual no hizo más que profundizar y acelerar los problemas económicos de los grandes diarios estadounidenses que desde hace años vienen perdiendo circulación a razón de un 4% anual, un mayor porcentaje de pérdida en ventas de publicidad – especialmente en el rubro de clasificados donde los ingresos emigraron hacia el internet – y el declive asombroso de las acciones debido al aumento de deuda por malos negocios y por la inestabilidad de las empresas.

Los diarios no han perdido dinero como negocios de entrega de papel e información, pero sus porcentajes de ganancias han estado por debajo del reclamo pedido por sus accionistas. Tras varias adquisiciones fallidas como la del grupo McClatchy al comprar Knight Ridder y de Tribune para Los Angeles Times, en la que adquirieron prácticamente deuda después de la caída de las acciones, los diarios están reacomodándose, dejando a las noticias en un segundo plano, y buscando liquidez subastando medios y patrimonio.

Esta semana la compañía Tribune Company sorprendió con la petición de quiebra para hacer frente a una deuda que se estima en 13.000 millones de dólares; The Miami Herald mostró en sus páginas las conversaciones que McCaltchy tiene en la comunidad para vender no solo los dos diarios incluido la versión en español El Nuevo Herald, sino también los terrenos de valor millonario sobre la bahía de Biscayne. La compra del Minneapolis Star por una cifra sideral en su época es hoy para McClatchy un lastre muy pesado. El mismo criterio de vender patrimonio inmobiliario ya también lo ha asumido The New York Times para enfrentar sus deudas y a sus accionistas.

Gannett, la cadena más grande Estados Unidos anunció también sus proyecciones de venta de publicidad para el 2009, pronosticando una caída del 8%, lo que se cree es un declive moderado, ya que otros periódicos están teniendo problemas para sellar los contractos con los grandes anunciantes que también se han retraído. La caída está atada a inclusive a la incertidumbre y la recesión del mercado general para el 2009 que recién podría estar remontando para finales del próximo año.

Los periódicos están cada vez más dependientes del sistema público y la exigencia por mantener o aumentar sus porcentajes ha hecho recurran a recortes de personal, siendo las salas de Redacción las más afectadas. Algo, que según los expertos, ineludiblemente afectará la calidad editorial en el futuro cercano creando un círculo vicioso difícil de destrabar.

Los periódicos en Estados Unidos desde hace años han comprendido la indiferencia de los lectores jóvenes para leer sobre papel, por lo que han destinado recursos y personal a mantenerse como referencia noticiosa en plataformas multimediáticas. Sin embargo, da la apariencia que debido a sus estructuras paquidérmicas no ha podido adaptarse velozmente a los cambios.

La encrucijada es grande y el debilitamiento también. Sin dudas, esta es una época de crisis. En las anteriores era sólo momento de esperar a que llegue de nuevo el ciclo de la bonanza, esta es diferente. Tendrá que venir un cambio fundamental de modelo de negocio, de repente es hacer lo mismo pero alejado de Wall Street y volviendo al sistema de ownership familiar, o un modelo en que el papel como plataforma desaparecerá pronto y acomodarse a los cambios repentinos de tecnologías y de los hábitos que crea y modifica año tras año en sus audiencias.

La crisis financiera actual no hizo más que profundizar y acelerar los problemas económicos de los grandes diarios estadounidenses que desde hace años vienen perdiendo circulación a razón de un 4% anual, un mayor porcentaje de pérdida en ventas de publicidad – especialmente en el rubro de clasificados donde los ingresos emigraron hacia el internet – y el declive asombroso de las acciones debido al aumento de deuda por malos negocios y por la inestabilidad de las empresas.

Los diarios no han perdido dinero como negocios de entrega de papel e información, pero sus porcentajes de ganancias han estado por debajo del reclamo pedido por sus accionistas. Tras varias adquisiciones fallidas como la del grupo McClatchy al comprar Knight Ridder y de Tribune para Los Angeles Times, en la que adquirieron prácticamente deuda después de la caída de las acciones, los diarios están reacomodándose, dejando a las noticias en un segundo plano, y buscando liquidez subastando medios y patrimonio.

Esta semana la compañía Tribune Company sorprendió con la petición de quiebra para hacer frente a una deuda que se estima en 13.000 millones de dólares; The Miami Herald mostró en sus páginas las conversaciones que McCaltchy tiene en la comunidad para vender no solo los dos diarios incluido la versión en español El Nuevo Herald, sino también los terrenos de valor millonario sobre la bahía de Biscayne. La compra del Minneapolis Star por una cifra sideral en su época es hoy para McClatchy un lastre muy pesado. El mismo criterio de vender patrimonio inmobiliario ya también lo ha asumido The New York Times para enfrentar sus deudas y a sus accionistas.

Gannett, la cadena más grande Estados Unidos anunció también sus proyecciones de venta de publicidad para el 2009, pronosticando una caída del 8%, lo que se cree es un declive moderado, ya que otros periódicos están teniendo problemas para sellar los contractos con los grandes anunciantes que también se han retraído. La caída está atada a inclusive a la incertidumbre y la recesión del mercado general para el 2009 que recién podría estar remontando para finales del próximo año.

Los periódicos están cada vez más dependientes del sistema público y la exigencia por mantener o aumentar sus porcentajes ha hecho recurran a recortes de personal, siendo las salas de Redacción las más afectadas. Algo, que según los expertos, ineludiblemente afectará la calidad editorial en el futuro cercano creando un círculo vicioso difícil de destrabar.

Los periódicos en Estados Unidos desde hace años han comprendido la indiferencia de los lectores jóvenes para leer sobre papel, por lo que han destinado recursos y personal a mantenerse como referencia noticiosa en plataformas multimediáticas. Sin embargo, da la apariencia que debido a sus estructuras paquidérmicas no ha podido adaptarse velozmente a los cambios.

La encrucijada es grande y el debilitamiento también. Sin dudas, esta es una época de crisis. En las anteriores era sólo momento de esperar a que llegue de nuevo el ciclo de la bonanza, esta es diferente. Tendrá que venir un cambio fundamental de modelo de negocio, de repente es hacer lo mismo pero alejado de Wall Street y volviendo al sistema de ownership familiar, o un modelo en que el papel como plataforma desaparecerá pronto y acomodarse a los cambios repentinos de tecnologías y de los hábitos que crea y modifica año tras año en sus audiencias.

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Diarios estadounidenses acechados

La crisis financiera actual no hizo más que profundizar y acelerar los problemas económicos de los grandes diarios estadounidenses que desde hace años vienen perdiendo circulación a razón de un 4% anual, un mayor porcentaje de pérdida en ventas de publicidad – especialmente en el rubro de clasificados donde los ingresos emigraron hacia el internet – y el declive asombroso de las acciones debido al aumento de deuda por malos negocios y por la inestabilidad de las empresas.

Los diarios no han perdido dinero como negocios de entrega de papel e información, pero sus porcentajes de ganancias han estado por debajo del reclamo pedido por sus accionistas. Tras varias adquisiciones fallidas como la del grupo McClatchy al comprar Knight Ridder y de Tribune para Los Angeles Times, en la que adquirieron prácticamente deuda después de la caída de las acciones, los diarios están reacomodándose, dejando a las noticias en un segundo plano, y buscando liquidez subastando medios y patrimonio.

Esta semana la compañía Tribune Company sorprendió con la petición de quiebra para hacer frente a una deuda que se estima en 13.000 millones de dólares; The Miami Herald mostró en sus páginas las conversaciones que McCaltchy tiene en la comunidad para vender no solo los dos diarios incluido la versión en español El Nuevo Herald, sino también los terrenos de valor millonario sobre la bahía de Biscayne. La compra del Minneapolis Star por una cifra sideral en su época es hoy para McClatchy un lastre muy pesado. El mismo criterio de vender patrimonio inmobiliario ya también lo ha asumido The New York Times para enfrentar sus deudas y a sus accionistas.

Gannett, la cadena más grande Estados Unidos anunció también sus proyecciones de venta de publicidad para el 2009, pronosticando una caída del 8%, lo que se cree es un declive moderado, ya que otros periódicos están teniendo problemas para sellar los contractos con los grandes anunciantes que también se han retraído. La caída está atada a inclusive a la incertidumbre y la recesión del mercado general para el 2009 que recién podría estar remontando para finales del próximo año.

Los periódicos están cada vez más dependientes del sistema público y la exigencia por mantener o aumentar sus porcentajes ha hecho recurran a recortes de personal, siendo las salas de Redacción las más afectadas. Algo, que según los expertos, ineludiblemente afectará la calidad editorial en el futuro cercano creando un círculo vicioso difícil de destrabar.

Los periódicos en Estados Unidos desde hace años han comprendido la indiferencia de los lectores jóvenes para leer sobre papel, por lo que han destinado recursos y personal a mantenerse como referencia noticiosa en plataformas multimediáticas. Sin embargo, da la apariencia que debido a sus estructuras paquidérmicas no ha podido adaptarse velozmente a los cambios.

La encrucijada es grande y el debilitamiento también. Sin dudas, esta es una época de crisis. En las anteriores era sólo momento de esperar a que llegue de nuevo el ciclo de la bonanza, esta es diferente. Tendrá que venir un cambio fundamental de modelo de negocio, de repente es hacer lo mismo pero alejado de Wall Street y volviendo al sistema de ownership familiar, o un modelo en que el papel como plataforma desaparecerá pronto y acomodarse a los cambios repentinos de tecnologías y de los hábitos que crea y modifica año tras año en sus audiencias.

La crisis financiera actual no hizo más que profundizar y acelerar los problemas económicos de los grandes diarios estadounidenses que desde hace años vienen perdiendo circulación a razón de un 4% anual, un mayor porcentaje de pérdida en ventas de publicidad – especialmente en el rubro de clasificados donde los ingresos emigraron hacia el internet – y el declive asombroso de las acciones debido al aumento de deuda por malos negocios y por la inestabilidad de las empresas.

Los diarios no han perdido dinero como negocios de entrega de papel e información, pero sus porcentajes de ganancias han estado por debajo del reclamo pedido por sus accionistas. Tras varias adquisiciones fallidas como la del grupo McClatchy al comprar Knight Ridder y de Tribune para Los Angeles Times, en la que adquirieron prácticamente deuda después de la caída de las acciones, los diarios están reacomodándose, dejando a las noticias en un segundo plano, y buscando liquidez subastando medios y patrimonio.

Esta semana la compañía Tribune Company sorprendió con la petición de quiebra para hacer frente a una deuda que se estima en 13.000 millones de dólares; The Miami Herald mostró en sus páginas las conversaciones que McCaltchy tiene en la comunidad para vender no solo los dos diarios incluido la versión en español El Nuevo Herald, sino también los terrenos de valor millonario sobre la bahía de Biscayne. La compra del Minneapolis Star por una cifra sideral en su época es hoy para McClatchy un lastre muy pesado. El mismo criterio de vender patrimonio inmobiliario ya también lo ha asumido The New York Times para enfrentar sus deudas y a sus accionistas.

Gannett, la cadena más grande Estados Unidos anunció también sus proyecciones de venta de publicidad para el 2009, pronosticando una caída del 8%, lo que se cree es un declive moderado, ya que otros periódicos están teniendo problemas para sellar los contractos con los grandes anunciantes que también se han retraído. La caída está atada a inclusive a la incertidumbre y la recesión del mercado general para el 2009 que recién podría estar remontando para finales del próximo año.

Los periódicos están cada vez más dependientes del sistema público y la exigencia por mantener o aumentar sus porcentajes ha hecho recurran a recortes de personal, siendo las salas de Redacción las más afectadas. Algo, que según los expertos, ineludiblemente afectará la calidad editorial en el futuro cercano creando un círculo vicioso difícil de destrabar.

Los periódicos en Estados Unidos desde hace años han comprendido la indiferencia de los lectores jóvenes para leer sobre papel, por lo que han destinado recursos y personal a mantenerse como referencia noticiosa en plataformas multimediáticas. Sin embargo, da la apariencia que debido a sus estructuras paquidérmicas no ha podido adaptarse velozmente a los cambios.

La encrucijada es grande y el debilitamiento también. Sin dudas, esta es una época de crisis. En las anteriores era sólo momento de esperar a que llegue de nuevo el ciclo de la bonanza, esta es diferente. Tendrá que venir un cambio fundamental de modelo de negocio, de repente es hacer lo mismo pero alejado de Wall Street y volviendo al sistema de ownership familiar, o un modelo en que el papel como plataforma desaparecerá pronto y acomodarse a los cambios repentinos de tecnologías y de los hábitos que crea y modifica año tras año en sus audiencias.

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Confianza volátil

Nunca el mundo se enfrentó a una época tan volátil. Lo que se piensa hoy o se pronosticó ayer, ya no tiene validez mañana. Así como las nuevas tecnologías de la comunicación han acelerado los procesos, ya sean productivos, creativos, destructivos, la confianza ha terminado siendo un bien con un capital cortoplacista.

Desde el comienza de la debacle financiera (¡hace sólo un mes que comenzó con la amenaza de quiebra de Lehman!) hasta hoy, las bolsas, el mundo, los líderes y los ciudadanos hemos participado y estamos participando en un proceso de aprendizaje acelerado en el que hemos aprendido que todo es válido y todo puede ser inválido en cuestiones de semanas, días o minutos.

La confianza – o cómo se percibe el mensaje – sobre lo que está aconteciendo es más importante que la realidad. No da la impresión que la situación en cada uno de los países europeos, en los tigres asiáticos, en Estados Unidos o en los latinoamericanos la situación sea de crisis profunda; sin embargo, esa relativa gravedad está dada por la desconfianza que el sistema financiero le tiene al económico.

La semana pasada fue un ejemplo. Estados Unidos salió al rescate de Wall Street con 700 billones de dólares y hasta se habló de nacionalización de la banca, los países europeos actuaron con medidas individuales parecidas para inyectar dinero a los bancos privados dándoles mayor liquidez y, sin embargo, todo se fue en picada… y en una picada histórica.
El mundo tan globalizado pareció que envió un mensaje sobre que no sería suficiente con que Zapatero, Sarkozy, Brown o Merkel dictaran medidas unilaterales, sino que se necesitaría una confrontación conjunta y global contra la crisis. El mensaje fue evidente y ayer el Eurogrupo, 15 países, acordaron tomar medidas comunes para “asegurar la liquidez de las instituciones financieras” y “proporcionarles recursos adicionales de capital para asegurar un adecuado funcionamiento de la economía”.

Hoy lunes, los mercados abrieron en Europa en alza y se tuvo la sensación de alivio, como la de un chaparrón después de meses de sequía. Pero no hay seguridad sobre cuán efectivas o volátiles pueden ser estas medidas hasta que el factor confianza las apruebe o desapruebe.

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Latinoamérica está mejor preparada

América Latina está mejor preparada para afrontar la crisis financiera y económica mundial dijo Enrique Iglesias, secretario general de la Organización Iberoamericana, en el almuerzo del último día de las sesiones de la asamblea general de la SIP aquí en Madrid.

Iglesias argumentó varias razones para ello: 1) buena situación fiscal, 2) baja inflación, 3) sistema bancario saneado, 4) reservas acumuladas de 460 mil millones, mientras que en el 2000 eran de solo 160 mil millones, 5) reducción de la deuda externa, que es del 22% en relación al PBI mientras que en el 2002 era del 44%.

Dijo además que la crisis sí afectará en forma dura a la región latinoamericana anotando lo siguiente: 1) precio de materias primas en baja, 2) reducción de la recolección fiscal debido a la baja de venta de las materias primas, 3) muchas empresas que se financiaron en los mercados de capitales, y ese financiamiento se debilitará, 4) reducción de las remesas familiares; en México se redujeron en un 12%, 5) caída del turismo, 6) reducción de las inversiones foráneas, 7) se enfrentará un aumento del proteccionismo comercial, 8) opinión negativa del público sobre la confianza en EE.UU., 9) aprovechamiento de esta crisis para desacreditar a la economía del mercado, 10) el 4 ó 5% de crecimiento de este año se verá reducido.

Después de su diagnóstico hizo algunas observaciones hacia futuro: 1) Vamos a tener un nuevo mundo. Una nueva relación del Estado con el mercado. 2) Nuevo sistema financiero, papel renovado y presencia de los bancos de desarrollo. 3) Cambio en el poder económico mundial. El Oriente se va a fortalecer, aunque EE.UU. seguirá, pero ahora tendrá mayor competencia. 4) Abogar por lo que se habló en los 90, una nueva arquitectura institucional global, repensar el FMI, los requisitos de Basilea, pensar en los equilibrios mundiales. 5) No dar marcha atrás en la buena conducción de lo macroeconómico y de la integración conseguida hasta ahora en América Latina.

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27 para Bush, 18 para el Congreso

Estos son los índices de popularidad que tanto el presidente Bush como el Congreso trataron de levantar en estos días con el plan de rescate de los 700 billones. Ningún político goza de popularidad como para tener el plafón político que le permita ser el propietario del plan de rescate y sumarlo a su currículum.

Hoy empezarán las negociaciones de nuevo e imagino que no hay muchas opciones. Ayer como era previsible Wall Street se hundió y su efecto cascada se hizo sentir con fuerza en las economías más desarrolladas del mundo – en esta primera parte – y no pasará mucho tiempo hasta que el remezón en los países menos pudientes. Todo es cuestión de tiempo.
El no acuerdo del Congreso también era de esperar. Cuando los legisladores invitados a la Casa Blanca salieron nerviosamente sonrientes el domingo, dijeron que faltaba la votación de sus colegas y que no sería tan fácil, especialmente porque la actualidad tiene un aditamento especial: muchos se juegan sus puestos en las elecciones.

Todo fue tragicómico. Los mercados miraban al Congreso y no lo podían creer. Los diputados republicanos desbarataron el plan no sólo como un mensaje a su líder de que no hay liderazgo cuando sólo el 27% de la población lo apoya, sino además porque no se están defendiendo los intereses de la clase media, de los contribuyentes. Algo, justamente, sobre lo que los republicanos, la presente administración y el propio McCain, es acusado en forma vehemente por el demócrata Obama, quien sí votó a favor del plan de rescate que favorece lo que él viene combatiendo, el sostenimiento de un sistema financiero que se ha engreído por arriba de la política. Por otro lado, las acusaciones entre uno y otro bando partidario son tan fuertes que hasta se sumó McCain a criticar a los demócratas a pesar de que su lema de campaña es anteponer los intereses nacionales o bipartidarios a los de su propio partido.

Aquí hay dos (entre muchas otras) lecciones: el periodo electoral nunca es buen consejero a la hora de votaciones trascendentes, y otras, es que a pesar de todo, el sistema estadounidense tiene la fortaleza todavía de ser bien trasparente como para que todos sepamos tomar nuestras decisiones anque no sepamos para que lado ir.

En cuanto a mi voto, que fue cambiando de demócrata a republicano y viceversa y con lapsos prolongados de indecisión, hoy está en blanco o directamente ni eso, sino desistiendo de ir a las urnas el 4 de noviembre.

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Como montando una montaña rusa

Este viernes empieza como cada uno de los últimos 15 días desde que explotó la burbuja, pero con la dimensión que el tiempo se le está acabando a Washington para cerrar un plan que arregle el desbarajuste financiero que amenaza con atacar nuestros bolsillos. Ni Bush, ni sus ministros, ni demócratas ni oficialistas lograron nada.

Anoche, al plan de Bush que parecía tenía un guiño demócrata, aunque no le dejarían gastar 700.000 millones sino mucho menos y con más restricciones, lo derribaron varios legisladores republicanos escépticos, quienes dudan de un salvataje estatal contrario a la filosofía partidaria de no intromisión ni regulación. Es obvio, que la campaña electoral y principalmente las encuestas que a minuto salen pulsando el sentir de la gente sobre temas varios afectan las decisiones y por eso esta montaña rusa en los consensos y disensos.

A todo esto, se suma una increíble cantidad de malas noticias que tienen que ver con el aumento de la inflación, la explosión del desempleo, la paralización de la industria y del crecimiento y la montaña rusa de la bolsa que hace perder millones a los fondos de jubilación.

Hay varias cosas interesantes de aprender de esta crisis. Primero, no creo que este es el principio del fin del imperio como anuncian los agoreros, simplemente refleja un profundo desquicio económico; no se trata de una intervención socialista o estatista del capitalismo, más bien la búsqueda de soluciones temporales que demanda el mercado y que manda la Constitución y cuyos beneficios volverán a los contribuyentes una vez se retome el curso (criterio opuesto al “corralito” argentino); un sinceramiento de los mercados y una transparencia gubernamental sobre todo tipo de índices para entender mejor los riesgos macro y micro; y un momento de fortaleza institucional, en que a pesar del descalabro, sin miramiento de ideologías y filosofías todos se sientan a la misma mesa a buscar una misma solución.

Por último, ojalá que McCain deponga su actitud, que parece más demagógica que otra política, y esta noche aparezca en el debate con Obama. Es cierto, la política internacional no es el tema del día, como está pactado para el primer round, pero por lo menos será un modo de entretenernos y despejar un poco el estrés de estos primeros quince días de montar una montaña rusa.

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Obama-McCain: crisis económica e indecisos

En un escenario normal, un descalabro económico como el actual, a pesar del discurso rescatista de anoche de George Bush, daría una ventaja inalcanzable al partido opositor, en este caso a Barack Obama por sobre el oficialista John McCain.

Las encuestas sin embargo lo ubican todavía bastante parejos, aunque Obama, como era lógico esperar, se está despegando. Si habrá o no debate este viernes, lo decidirán hoy en su reunión en la Casa Blanca a la que han sido llamados otros legisladores para ver como arreglan y tienen consenso en este entuerto y deciden cuanta plata es justa para el Estado y los contribuyentes para desembolsar y comprar temporalmente la deuda privada de la banca nacional.

Si bien Obama aventaja entre cuatro a 10 puntos porcentuales en la intención de voto a McCain, según quien sea la encuestadora, lo cierto es que el 18 por ciento de los electores todavía se mantiene indeciso, y ésta, para los candidatos, pareciera ser una crisis más profunda todavía que la económica teniendo en cuenta que solo faltan cinco semanas para el gran día.

En gran medida, la indecisión que antes se basaba en quien sabría manejar mejor las crisis internacionales – guerras de Irak y de Afganistán, y los conflictos con Irán, Pakistán, Rusia y Corea del Norte de por medio – ahora se basa en quien manejaría mejor las crisis financieras y la recesión económica que se avecina; y que en el bolsillo ya se siente desde el último año.

Pocos dudan de que el Estado debe salir a rescatar a la banca privada y sanear la economía, 2 x 1 indican los sondeos, pero la gente está más preocupada si esos avaros banqueros terminarán o no en la cárcel acusados de corrupción o si se pavonearán por ahí con que sólo obedecieron las reglas especulativas del mercado, al que le echan la culpa de haber sido el causante de crear la burbuja inmobiliaria que arrastró todas las demás pompas de jabón.

Obama lleva la delantera y parece que la tienen también en el conteo de electores de los colegios estatales. Al menos hasta ayer, Obama llevaría 229 votos electorales con 18 estados ganados, principalmente los de California y Nueva York; mientras que McCain tendría 200 con 24 estados más pequeños.

Pero hasta aquí no hay nada seguro. Todo es suposición, resultados de sondeos que pueden tambalearse para cualquier lado dependiendo de las noticias diarias (un repunte repentino en Wall Street o que atrapen a Bin Laden o que de nuevo suceda un ataque terrorista en suelo norteamericano) el papel de la raza, el de la popularidad de Sarah Palin en sectores más machistas, etc…

Yo soy parte de ese 18%.

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