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Bien por Google

Ahora que Hugo Chávez se estaba disponiendo a censurar el internet y a reforzar su estrategia electrónica a través de “Mi trinchera” su nuevo blog y los cibermilitantes o mercenarios del internet, algunos de los cuales se pronuncian continuamente en este blog solo para insultar a los demás, Google decidió retirarse del negocio en China y así evitar tener que corresponder con las leyes chinas que le obligaban a censurar a quienes el gobierno decidiera.

¿Por qué es bueno este paso de Google o Google.cn? Simplemente porque deja de tener un doble estándar como he criticado aquí en varios posts, anteponiendo sus intereses económicos por sobre el respeto a los derechos humanos, es decir dejar de violar la libertad de expresión.

De esta forma, se evita que este buscador, así como otras compañías, tales como Microsoft, Yahoo o cualquier red social YouTube, Facebook, Twitter, acepten ajustarse a las leyes de un país teniendo que censurar, filtrar o bloquear información, como se han prestado para hacerlo en numerosos países, como China, Vietnam, Corea del Norte, bajo la excusa de que cumplen con las leyes nacionales.

Como el régimen chavista justifica todos los atropellos a la libertad de expresión y los derechos humanos mediante pulcras leyes que decide una Asamblea Legislativa adicta, seguramente Chávez buscaría tecnicismos legales que permitirían la censura, teniendo de esa forma la excusa perfecta y justificación legal para censurar diciendo en forma cínica – como lo hace Diosdado Cabello continuamente – de que el gobierno no censura ni viola los derechos humanos, sino que administra el orden jurídico haciendo cumplir las leyes.

Hasta ahora la culpa no la tenían solamente estos gobiernos déspotas como el chino y el venezolano, sino estas grandes compañías que se prestaban a hacerlo. Ojalá que esta nueva actitud de Google quede ratificada en la práctica y sea imitada por todos los demás buscadores. Habrá que estar atentos.

Responsabilidad cibernética

El internet y las redes sociales han expandido el conocimiento, la comunicación y nuestros horizontes. ¡Nos han hecho más libres! Esta afirmación, sin embargo, es válida para quienes vivimos y navegamos la Web en países democráticos, porque en regímenes represivos, las nuevas tecnologías de la información son usadas también para oprimir y censurar.
La polémica reflotó esta semana en el Congreso estadounidense, donde el reverenciado buscador Google fue confrontado por complicidad con gobiernos que, como el de China, Vietnam o Cuba, suelen censurar información y encarcelar internautas.
En cambio, Google pidió al gobierno de EEUU que interceda ante las autoridades de China, después de denunciar ataques cibernéticos que afectaron cuentas de correo Gmail de activistas pro derechos humanos, y amenazó con retirarse de ese país ya que no permitirá más la censura a la que le obligan sus leyes.
Pero en la audiencia legislativa del martes, enfocada a promocionar mundialmente la libertad en el internet, Google mostró un patético doble estándar. Mitigó las críticas a China, minimizó la censura y aunque dijo que prosigue sus negociaciones, se mostró inclinado a quedarse en un mercado de 384 millones de internautas del que obtuvo récord de ganancias en el cuatrimestre pasado.
La codicia de Google, al anteponer intereses económicos sobre principios de libertad de expresión, tuvo consecuencias para toda la industria del internet. El senador demócrata Dick Durbin, presidente del subcomité de Derechos Humanos, ofuscado, anunció una ley que sancionará, penal y civilmente, la doble moral de aquellas compañías de tecnología estadounidense que sean permisivas con la violación de los derechos humanos en donde presten sus servicios.
Google no es la única señalada por sus prácticas ambiguas. Microsoft y Yahoo vienen siendo criticadas por permitir a gobiernos autoritarios que usen sus software para filtrar y bloquear información, así como Twitter y Facebook reniegan ser transparentes en sus manejos empresarios, aunque no tienen empacho en acudir por ayuda al Departamento de Estado cuando son bloqueados en el extranjero.
La doble norma corporativa deja mal parado los esfuerzos por promover la libertad de cualquier ciudadano en el mundo a conectarse y transferir información en la red sin restricciones, y puede debilitar mecanismos de defensa para neutralizar ataques cibernéticos promovidos por gobiernos corruptos y grupos extremistas. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, había aprovechado la denuncia de Google para reclamar que “los países o individuos que participan en ataques cibernéticos deben enfrentar consecuencias y condena internacional”. Palabras ahora amortiguadas, tras la nueva “diplomacia googliana”.
Lo reprochable contra Google es que ha puesto en dudas la eficiencia de la Iniciativa de Red Global, una institución de carácter voluntaria a la que pertenecen Microsof y Yahoo, no así Twitter y Facebook, cuyo fin es proteger, defender y promover parámetros de autorregulación, para evitar que sus miembros actúen en países donde deben cumplir con leyes que contradicen principios internacionales sobre libertad de expresión y derechos humanos. Justamente esa iniciativa nació con la idea de disuadir al gobierno de crear legislación, como la anunciada, que privaría a las compañías tecnológicas de lucrar en mercados donde deben prestarse a censurar contenidos en la red.
Aunque una ley especial como propuso el senador Durbin pudiera verse como ideal, se correría el riesgo de que termine por engendrar mayores problemas, en especial cuando ya existen leyes ordinarias que castigan desviaciones a los derechos humanos, y porque los contenidos, en el largo plazo, siempre terminan evadiendo la censura y sirviendo para minar sistemas represivos.
En realidad, más que una legislación que solo busque controlar a las compañías de tecnología, sería más beneficioso que se promueva un nuevo orden o tratado internacional cibernético que involucre a todos los actores, especialmente a los gobiernos, para que se responsabilice y castigue a quienes censuran o usan las tecnologías para lanzar ataques cibernéticos. De lo contrario se podría caer en una “guerra del internet” como alerta Hamadoun Touré, jefe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU.
Es que si algo quedó en claro con el conflicto entre Google y China, es que la tensión por los temas del ciberespacio seguirá en aumento, y que es necesaria una mayor responsabilidad cibernética global para mantener la paz.

La próxima gran guerra

Olvídese de la amenaza nuclear de Corea del Norte, de los campos de batalla convencionales al estilo Irak o Afganistán, o de la futurística y obsoleta guerra de las galaxias como la concebía Ronald Reagan. La próxima gran guerra se librará entre computadoras; y es probable que ya haya comenzado.

Las computadoras nos han arrojado a un campo de batalla virtual, sin camuflaje y donde la Convención de Ginebra no tiene sentido ni alcance. El internet es un arma poderosa, pero también invasiva. Las nuevas tecnologías nos trajeron avances descomunales, pero también nos han hecho más vulnerables, poniendo en riesgo nuestra privacidad. De repente, podemos ser víctima de una ciberguerra en la que el botín más preciado son los datos y mensajes personales; donde un AK 47 es un arma ineficiente y ni se compara a los virus y gusanos informáticos capaces de penetrar sistemas de seguridad militar, espiar secretos industriales, suspender operaciones bancarias, cortar el suministro de electricidad o paralizar el tráfico aéreo.

La preocupación de los gobiernos por la ciberseguridad es proporcionalmente creciente al avance tecnológico. El Pentágono estadounidense anunció esta semana un plan cibernético para proteger la seguridad nacional y librar la guerra on-line contra más de 4.000 grupos terroristas en el internet, y que junto a hackers internacionales, son responsables de los 32.000 ciberataques a diario que tratan de violar los sistemas informáticos; algunos con éxito, como el que en marzo sustrajo información secreta sobre los nuevos cazabombarderos F35.

El ciberdelito, que mueve más de 100 mil millones de dólares anuales, puso a Barack Obama a la defensiva, creando la oficina de un ciberzar, cuya tarea será blindar las redes informáticas públicas y privadas que sustentan “la prosperidad económica de EE.UU.”, y así proteger al país de los ciberataques, que han costado más de 8.000 millones en los últimos dos años.

Todos los gobiernos están adoptando medidas similares. Esta semana, Gran Bretaña divulgó sus planes para reforzar su ciberseguridad y proteger la información militar, industrial y empresarial ante ataques de grupos terroristas como Al Qaeda y otras mafias de Rusia y China, que intentaron recientemente penetrar sus redes eléctricas y de telecomunicaciones.

España, donde el cibercrimen en el 2008 aumentó un 570% respecto al año anterior debido al robo y secuestro de información industrial y financiera, propuso dentro de la Comunidad Europea emular la figura del ciberzar de Obama, erigiendo un Plan Estratégico de Seguridad Nacional, que serviría para bloquear ataques cibernéticos como los que Rusia lanzó cuando invadió a Georgia o el constante espionaje que practica contra empresas alemanas.

Los ciberataques son cada vez más poderosos y sistemáticos. Al ejército chino, experto en reclutar a los mejores hackers, se le achacó en marzo haber infiltrado computadoras, robado documentos clasificados en 103 países, espiado en computadoras de la OTAN, bancos, medios y entrometerse en la del líder espiritual de los tibetanos, el Dalai Lama.

Si bien es comprensible la sensibilidad de gobiernos y militares por crear sistemas defensivos contra el ciberespionaje y el ciberterrorismo, es también preocupante que bajo esa excusa, se puedan cometer abusos en contra de los derechos individuales.

Mientras los empresarios y entidades privadas se concentran en resolver asuntos complejos en torno a la privacidad, los delitos al honor y los derechos de autor en la nueva jurisprudencia internacional cibernética; los gobiernos aprovechan y buscan reformas legales que permitan a los militares y a la justicia tener mayor acceso a los mensajes personales on-line para realizar registros equivalentes a los exámenes físicos que practican las aduanas en los aeropuertos.

Si bien la posición de Obama y de otros gobiernos sobre la ciberseguridad está aceptándose cada vez más, se corre el riesgo de que las teorías de seguridad nacional irrumpan nuevamente, creando más divisiones y mayores conflictos.

Sin dudas, la seguridad cibernética es un reto para la comunidad internacional, pero algunos expertos consideran que los modelos de cooperación internacional como el manejo de la salud pública que hace la Organización Mundial de la Salud, pudieran ser esquemas más apropiados para defenderse en forma concertada en contra de epidemias y pandemias informáticas, sin necesidad de practicar políticas abusivas y tan invasivas.

Venezuela autoritaria

Un nuevo informe de la organización Freedom House pone muy bien a Venezuela en el mismo saco que China, Rusia, Irán y Pakistán como uno de los países cuyos regímenes autoritarios minan el desarrollo democrático no tan sólo dentro de sus fronteras, sino también afuera.

Acusa a estas naciones de desacreditar a las organizaciones pro derechos humanos de una forma sofisticada, en un informe que se dio a conocer esta semana en coincidencia con el aniversario de la masacre de la Plaza de Tiananmen, justo cuando el gobierno chino prohibía la entrada a la plaza a los periodistas, corresponsales extranjeros y curiosos, al tiempo que censuraba el internet y las redes sociales para que los ciudadanos chinos siquiera pudieran intercambiar comentarios al respecto.

El informe denominado “Degradando la democracia”, ofrece ejemplos concretos sobre cómo en estos cinco países se está socavando el imperio de la ley, los derechos humanos y la libertad de expresión. Dado a conocer ayer, también coincidió con nuevos ataques del gobierno de Hugo Chávez contra la cadena Globovisión, televisora que tiene los días contados, así como ya los tuvo la señal de aire de Radio Caracas Televisión.

El informe completo que se puede encontrar en el sitio de internet de Freedom House, se refiere a la ayuda millonaria que algunos de estos países están haciendo a otros, minando estrategias de organizaciones intergubernamentales sobre el mejoramiento de la gobernabilidad y la reducción de la corrupción. También explica que estos regímenes están contrarrestando las acciones de organizaciones como la OEA, creando nuevas instituciones como lo hace Chávez sin definiciones en materia de derechos humanos.

Peligroso además, es que estos autoritarismos están modificando los parámetros y definiciones de la democracia, confundiendo a las poblaciones internas y externas a través de amplias campañas de propaganda mediática. Al mismo tiempo, cercenan las comunicaciones en el internet y manipulan los sistemas educativos para distorsionar la historia mediante un lente nacionalista, hostil, antidemocrático y sospechoso del mundo exterior.

Listas negras de periodistas

Muchos editoriales esta semana reflejaron el asombro contra el gobierno chino porque anunció que creará un banco de datos con listas de periodistas de “mala trayectoria” que trabajan en los medios estatales de comunicación, con lo que aumentará la censura. Sin embargo, pocos recalaron que esas listas negras existen en países latinoamericanos y fueron siempre bien utilizadas por los gobiernos para acallar a la prensa.

Lo de China es una práctica deleznable que merece ser criticada. Todo el mundo ya tuvo oportunidad de ver en las Olimpíadas de Beiging a las autoridades en acción, no sólo porque censuraron a sus periodistas, crearon fuegos artificiales que realmente fueron artificiales (inexistentes) sino que negaron a los corresponsales extranjeros que pudieran hacer una cobertura libre y sin ataduras. No es por nada, pero China es el país con más periodistas presos, más censura y filtros para blogueros y cibernautas.

Hace unos días, el gobierno de Argentina presionó abiertamente para que no se le renueve el contrato a Nelson Castro, uno de los comentaristas de mayor reputación en el país. Castro, así como otros periodistas de trayectoria, como José Eliachev, Jorge Lanata y Víctor Hugo Morales tuvieron que proseguir sus carreras después de que sus contratos fueron suspendidos o no renovados.

No hace falta recordar el caso de Venezuela, donde todos los periodistas que critiquen al gobierno son calificados de opositores y donde Hugo Chávez no tuvo vergüenza para cerrar medios de comunicación, perseguir y acosar a periodistas. En Nicaragua la lista de periodistas perseguidos es interminable, con el caso de Carlos Fernando Chamorro y Jaime Arellano; mientras que en Colombia en estos días saltó a la luz el caso de Holman Morris al que el gobierno trata de vincularlo con las FARC.

Las listas negras de periodistas en toda América Latina han estado una vez y otra en la agenda pública y desvergonzada de los gobiernos, así se haya tratado de dictaduras de derecha, de izquierda o democracias de todos los colores ideológicos. Por ello, siempre se habla del periodismo como una de las profesiones más riesgosas del continente.

Pobreza y Luna: la misma fórmula

La crisis económica mundial ha eclipsado la reconquista de la Luna y otros importantes objetivos espaciales trazados durante el 2008, aunque la historia lo reacomodará como el año en el que los países asiáticos avivaron el progreso de la humanidad.
Rompiendo con la hegemonía de EE.UU. desde que Neil Amstrong caminó sobre el polvo lunar el 20 de julio de 1969, las economías emergentes de China e India lideraron este año la carrera espacial, tras recoger los frutos de grandes inversiones en educación de Ciencias y Matemáticas, ecuación también indispensable para la competencia económica y la fortaleza laboral.
Los adelantos de China en materia espacial no son casualidad. Su estrategia estuvo inspirada en el modelo de John Kennedy durante la Guerra Fría de consagrar eficacia educativa en las Ciencias Exactas, lo que a la postre desembocó en el proyecto Apolo, aportando al país liderazgo científico y económico.

Bajo esa estrategia, fue notable el desarrollo tecnológico y mercantil de China aunque su progreso sólo quiera atribuírsele a la apertura de sus mercados. El sondeo de este año de Tendencias en Estudios Internacionales de Matemáticas y Ciencias (Timss), que mide las calificaciones en Algebra, Geometría, Química y Física, concluyó que varios países asiáticos como China, Taiwán y Singapur continúan a la vanguardia mundial en esas materias, superando ampliamente a EE.UU.
Sin dudas, la visión educativa de Asia a largo plazo le redituó avances sostenibles. China conquistó en setiembre un paso gigantesco al realizar su primera caminata espacial; mientras que India, un mes después, colocó un satélite en órbita lunar. De esa forma, la nave india Chandrayaan-1 y la china Change se sumaron a la japonesa Selene y a la europea Smart-1, todas en preparación para un pronto alunizaje.

Los expertos estiman que China será la primera nación en poner un hombre en la Luna en este siglo, tal vez antes del 2016. EE.UU. recién lo haría para el 2020, no porque haya perdido su liderazgo, sino porque sus prioridades han cambiado tras una reestructuración de la NASA, cuyos objetivos ya no son sólo científicos como los que alcanzó con las seis misiones humanas Apolo enviadas a la Luna entre 1969 y 1972.
Las motivaciones ahora son diferentes. Se trata de establecer bases permanentes en la Luna con la misión de explotar recursos minerales para producir energía y utilizar el satélite como trampolín para alcanzar horizontes tan lejanos como los de Marte.

Las Ciencias Exactas juegan en este propósito un papel trascendente. Al alinear los objetivos de la NASA con los del país y del sistema educativo, en su discurso de enero de 2004, el presidente George W. Bush, emulando a John Kennedy, expresó: “la fascinación generada por la futura exploración inspirará a nuestros jóvenes a estudiar matemáticas, ciencias e ingeniería, creando una nueva generación de innovadores y de pioneros”.
EE.UU. ha mejorado el aprendizaje de las Matemáticas en los últimos años, según el Timss; sin embargo todavía permanece a la zaga de Asia. El Programa de Seguimiento de Estudiantes Internacionales (PISA) que evalúa cada tres años los conocimientos de alumnos de 15 años en Ciencias, Matemáticas y Lectura, ubicó a China, Taiwán y Japón junto a Finlandia, Canadá, Estonia y Nueva Zelanda, entre los mejores puntajes del mundo. Asimismo, demostró que mientras en Australia y Japón uno de cada siete estudiantes comprende Ciencias, esa relación alcanzó sólo a uno de 20, en México y España.

Aquel estudio entre 400.000 alumnos realizado en 2006, mostró, sin embargo, calificaciones bajísimas de aprendizaje para Latinoamérica. Chile obtuvo el mejor lugar (40) de entre 57 países, seguido por Uruguay (43), México (49), Argentina (51), Brasil (52) y Colombia (53). Estos resultados confirman evaluaciones recientes, como las del Banco Mundial, que relacionan la mala calidad de la enseñanza con el bajo nivel de desarrollo económico de un país.
Ir al espacio es un objetivo irreal para una Latinoamérica que tiene otras prioridades y que no posee tecnología ni aspiraciones. Sin embargo, mantener objetivos altos con proyectos cualitativos de enseñanza en Ciencias Exactas, permitirían ventajas económicas más competitivas; y si bien llegar a la Luna no sea el resultado, al menos ayudarían a salir de la órbita de la pobreza.


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