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Los tres Uribe

Hoy Alvaro Uribe deja su puesto. Lo hace por la puerta grande. Los colombianos tienen mucho que agradecerle; los latinoamericanos también.

Hay dos Uribe formidables que me fascinaron y uno grotesco que detesto.

Me gusta este Uribe que sale por la puerta grande, erguido y orgulloso. Con casi el 80 por ciento de aprobación, comprometido con la seguridad democrática, consciente de las necesidades económicas y que puso de rodillas a las guerrillas de las FARC y que hizo que todo el mundo se dejara de romanticismos con los violentos de izquierda; cobardes armados. Que tuvo el pulso firme para defender sus ideas, a su gobierno y a su pueblo.

Me fascina este Uribe que fue equilibrio y balanza en un continente en el que en la última década se plagó de izquierda. No me importa si la derecha o la izquierda son buenas o malas, lo importante es que sin Uribe el monopolio de la izquierda hubiera arrasado. Me gusta este Uribe que nunca le temió a Hugo Chávez, que polemizó y no se quedó callado ni se amilanó. Que hasta último momento puso a Chávez a la defensiva, denunciando su apego a las FARC o demandándolo, casi en su último día de mandato, ante la Corte Penal Internacional.

El Uribe que no me gusta es ese que flirteó con la segunda reelección, que irrespetó a la justicia y detesto ese que estuvo sospechosamente contaminado por el paramilitarismo e hizo que los servicios de inteligencia espiaran a opositores, jueces y periodistas.

En el balance, me quedo agradecido con un Uribe que hizo mucho por Colombia y mucho más por Latinoamérica, aunque no lo haya vociferado. Su presencia, estar ahí, fue suficiente.

Chávez, Uribe, Santos

Si la OEA accede al pedido del gobierno de Colombia de que este jueves la sesión sea pública, en la que presentará pruebas contundentes sobre la presencia de guerrilleros colombianos en suelo venezolano, se estaría en presencia de un evento que deschavaría a Hugo Chávez como uno de los gobernantes protectores del terrorismo; algo sobre lo que se ha escrito y dicho muchas veces y que denunció la computadora de Reyes, aunque el presidente venezolano lo desmintió categóricamente.
No es de fiar que la OEA acceda a tal petición, que más que dar a conocer la verdad, busca además tener un efecto en la opinión pública, en parte para aquietar las aguas entre el presidente colombiano Alvaro Uribe y quien asumirá en tres semanas, Juan Manuel Santos. La relación ha crecido en tirantez en las últimas semanas debido a que el presidente electo hizo designaciones que no fueron del agrado de Uribe y porque denunció a Chávez como protector de guerrilleros, justo en el momento en que Santos había logrado cierto compromiso para que el líder venezolano asista a su ceremonia de asunción; y así, recomenzar un diálogo para reabrir las fronteras comerciales, cerradas desde la incursión colombiana en Ecuador para abatir a un grupo de las FARC.
Aunque la mayoría de analistas colombianos hayan calificado de grotesco el gesto de Uribe o contrario a los intereses del nuevo Presidente, me parece todo lo contrario. Primero, porque si es cierto que posee evidencias sobre la presencia guerrillera en Venezuela, Chávez quedaría como lo que es, un líder mentiroso ante la comunidad internacional y no habría por qué ocultar esa información o condicionarla políticamente; segundo, porque Uribe no puede dejar resbalar su responsabilidad por más que le queden solo tres semanas de poder; y tercero, y aún más importante, porque le quita presión a Santos de tener que iniciar una presidencia teniendo que denunciar un problema. De esta forma, su primera acción no será denunciar sino buscar cómo solucionar el problema, lo que lo pone en una posición proactiva, ni reactiva ni defensiva.
La denuncia de Uribe es la mejor primera salida para Santos.

Mejor sin Uribe

La Corte Constitucional colombiana hizo justicia y se definió en contra de favorecer el proceso que permitiría a Alvaro Uribe intentar la reelección, a pesar de que el presidente colombiano tiene la popularidad necesaria para un tercer mandato consecutivo.

Pero por el bien de la democracia, es mejor que Colombia se quede sin Uribe, ya que la Corte bien ha establecido que el tiempo prolongado es una tentación para los abusos; sino, basta con mirar con lo que sucede con Hugo Chávez, o lo que pasó con Carlos Menem y Alberto Fujimori, quienes estuvieron tres términos seguidos al frente de sus países.

Lo mejor tras la decisión fue el discurso pronunciado por Uribe que lejos de lamentarse o justificar alguna acción para apelar la decisión, simplemente habló de la democracia colombiana, la separación de poderes y la necesidad de independencia de un Poder Judicial, necesario contrapeso a los otros dos poderes públicos.
“Acato y respeto la sentencia de la honorable Corte Constitucional…El estado de derecho exige que todos los ciudadanos nos sometamos a la ley, pero especialmente un gobernante”, dijo Uribe.

La decisión de Colombia va mucho más allá de haber establecido que un presidente solo puede tener una opción para ser reelegido, ha sentado un ejemplo para otros países de América Latina, donde ciertos presidentes buscan seguir atornillados al poder, así sea con reformas constitucionales aguijoneadas como procesos electorales fraudulentos.

¿Comunidad?

No sólo por el “sea varón” que Alvaro Uribe le espetó a Hugo Chávez pasará esta cumbre de presidentes en Cancún a la historia, sino por el consenso de querer formar una Comunidad latinoamericana y caribeña, excluyente para los países más ricos de las Américas, Estados Unidos y Canadá.
Si bien les asiste el derecho de hacerlo y nunca está de más que haya más asociaciones dedicadas a la cooperación internacional, uno se pregunta si sería importante para la Comunidad Europea, excluir a Alemania y Francia, quedándose sin interlocutores válidos que todos quisieran tener en su grupo. O si la comunidad asiática excluiría a Japón y Corea del Sur, dos de los países más importantes de aquella región.
El hecho de que esta Comunidad sea una petición especial de Chávez, acompañada por Evo Morales y con el consentimiento expreso de los hermanos Castro, evidencia de que se trata más de una cuestión de conveniencia y de pulso ideológico que de estrategia política.
Si se consolida lo que ahora es una idea, ojalá que se transforme en una asociación que permita zanjar las diferencias entre países latinoamericanos y acabar con esta suerte de diplomacia de micrófono que parece ser la tónica en cómo se zanjan las diferencias en América Latina.
Desaprovechar a los ricos e igualar para abajo entre los menos pudientes, como parece ser la premisa de esta nueva comunidad, no parece ser una estrategia razonable, sino una mera ambición política.
Si algo quedará en el colectivo popular sobre esta cumbre, de la misma forma que quedó el “por qué no te callas” que le gritó el rey Juan Carlos de España a Chávez en la Cumbre Iberoamericana anterior, es el “sea varón y quédese aquí y hablemos de frente, porque usted insulta a la distancia” que Uribe le regaló al presidente venezolano.
Es que a Chávez, tan mandado a hacer para sus elucubraciones públicas, desde que olió a azufre en la asamblea general de la ONU cuando aludió al presidente George Bush, ya se la tienen medio jurada y porque saben que el pescado por la boca muere.

Uribe y la concentración de poder

Lamentablemente, todo parece indicar que los vientos reeleccionistas que tanto se critican en toda Latinoamérica por permitir a los gobiernos seguir concentrando poder, debilitando a las democracias, será el mismo camino que seguirá Alvaro Uribe en Colombia, para quien se reformaría una vez más la Constitución para que siga siendo presidente por tercera ocasión consecutiva, después de que ganó las elecciones en el 2002 y una reforma en el 2006 que le permitió quedarse en el Palacio de Nariño.
En vísperas de lograr una nueva autorización para un plebiscito que le permita a los colombianos decidir si puede haber una reforma adicional a la Constitución para un tercer mandato consecutivo, Uribe se muestra y se deja idolatrar por los sabuesos que predominan en todo el continente halagando a las mayorías – y gastando plata por doquier – para que le sigan dando su voto de confianza, lo que indudablemente terminará desgastando a la democracia y haciendo del presidencialismo uno de los peores pecados que existen en América Latina.
Seguramente muchos colombianos se inclinarán por darle otra oportunidad a Uribe, un presidente que tiene alta popularidad por su sabiduría en haberle devuelto a Colombia gran parte de la seguridad y estabilidad que gobiernos anteriores no pudieron asegurar tras décadas de drogas y violencia provocadas por las FARC y otras narco guerrillas.
De todas maneras, lo que indican las mayorías no siempre es bueno y muchas veces es perjudicial y la historia lo viene demostrando en muchos procesos. Muchas veces estas mayorías son compradas, como se está demostrando con las denuncias de cientos de políticos colombianos que han sido “ayudados” por el estado con asignaciones y dineros a favor de la reelección, así como se prevé que el gobierno pondrá toda su maquinaria para trabajar a favor de un plebiscito que no le será desfavorable. El problema mayor, es que el plebiscito no solo autorizará una posible reforma constitucional y reelección presidencial, sino que legitimará una excesiva concentración de poder, proceso político que siempre terminó en abusos de poder.

Cansados de Chávez

Estoy en Bucaramanga, en el departamento de Santander en Colombia, y con varios amigos de Cúcuta, ciudad colombiana fronteriza con la localidad venezolana de San Antonio. El tema de conversación mientras descansamos durante un seminario con ejecutivos de diarios no es otro que el de Hugo Chávez y su diatriba contra Colombia, las relaciones diplomáticas estancadas y los problemas generados por los políticos, los que finalmente terminan afectando el comercio y las relaciones entre la gente.

Ayer, en el puente Simón Bolívar, el paso fronterizo por donde los colombianos envían a Venezuela carne avícola, otros productos alimenticios, automóviles, repuestos, artículos de cuero, y los venezolanos exportan gasolina, productos de aseo y otros enseres, los guardias se pusieron díscolos y por cuatro horas duraron las escaramuzas, interrumpiéndose el comercio pero también el traspaso de la gente que va y viene de la frontera.

En los últimos años, las discusiones entre los políticos de ambos países que no se realiza por los canales formales diplomáticos sino a través de los medios de comunicación, causa escozor y debilita las relaciones entre los vecinos de ambos país, mientras que por las necesidades – comerciales, inmigratorias, educativas, familiares – y la globalización se necesitan cada vez más. Un contrasentido.

El sentimiento generalizado de los pobladores de esta zona de Colombia es que ya están muy cansados de que Chávez arbitrariamente corte el paso fronterizo, amenace con enviar soldados a la zona, sabiendo, por otro lado que las FARC “exportan” mucho de sus drogas y mantienen relaciones con gente en Venezuela. Un doble discurso.

Colombia está siendo perjudicada más que Ecuador y Venezuela juntos con estos problemas entre los países, debido a que su balanza comercial está inclinada a su favor en miles de millones de dólares. Colombia exporta alrededor de 7.500 millones de dólares a ambos países, mientras que compra alrededor de 3.500 en conjunto.

Las relaciones se empeoraron con ambos países porque se reflotaron cuestiones y nacionalismos añejos, después de las declaraciones del gobierno de Alvaro Uribe contra el de Hugo Chávez porque Venezuela habría vendido armamento de origen sueco a las narco guerrillas FARC; mientras que las relaciones están rotas con Ecuador desde el 1 de marzo de 2008 cuando los militares colombianos ingresaron a territorio ecuatoriano y destruyeron un campamento de las FARC.

Reelecciones lamentables

Lamentablemente el fantasma anti democrático de las elecciones está de nuevo abalanzándose en América Latina. El presidente Alvaro Uribe logró esta noche que el Senado colombiano autorizara un referendo para que pueda buscar su reelección por tercer período consecutivo.

Un diputado brasileño también logró presentar un proyecto de ley que permite el tercer período de Lula da Silva, mientras que Leonel Fernández, presidente de República Dominicana, antes de su viaje a España esta semana, logró un acuerdo con la oposición para intentar también la reelección.

¿Quién pierde? La respuesta es fácil, la democracia. A pesar de que estos tres presidentes están teniendo buenas y populares presidencias, el problema es que la democracia se fortalece con la alternancia. Cuando los poderes de turno tienen la posibilidad de perpetuarse en el poder – la experiencia latinoamericana es rica en estas experiencias – puede suceder que los gobiernos corruptos intenten quedarse mediante corrupción y fraude electoral. Lo importante de una democracia, es que los gobiernos malos quedan en el tiempo y los poderes judiciales pueden actuar contra las irregularidades indebidas. Prueba de ellos es que numerosos presidentes que han dejado su posta, fueron procesados.

La obligación a la alternancia permite mayor diversidad y pluralidad, dos atributos esenciales para la democracia. Las reelecciones, en cambio, incentivan la corrupción.

Popularidad y reelecciones indefinidas

Evo Morales en su visita a Francia, incentivado por el referendo ganado por su homólogo venezolano, también ahora se desprendió con la alucinación de la reelección indefinida. Morales se fue un poco más allá, al decir que si un político extiende su mandato en el poder público, se garantiza que será menos corrupto que si solo tiene un par de años para robar. Increíble posición para un jefe de Estado.

Lo de Morales no inquieta mucho realmente a esta altura, ya que con la excusa de aggiornar al país hizo cambios constitucionales como lo hicieron Chávez y Correa para perpetuarse en el poder y lo han hecho mientras tienen su popularidad en alza. Lo que preocupa ahora, después de hacerse el distraído, es que el presidente colombiano, Alvaro Uribe ya haya admitido que le gusta la idea de la reelección dando carta blanca a aquellos que recolectaban firmas – basadas en su popularidad – para reformar la Constitución y extender así su mandato para una tercera presidencia a partir del 2010.

Los presidentes populares siempre lo ponen muy bien con sus palabras a sus ansias de poder. Uribe, en visita a Brasil, dijo demagógicamente que si bien no quiere perpetuarse en el poder, tampoco quiere “ser irresponsable” con el futuro del país al insistir en que se debe dar continuidad a su política de seguridad.

“Quiero infundirle a las nuevas generaciones el amor por Colombia. Nuestro deseo es que puedan vivir felices en Colombia y no quiero que se vaya a pensar que en lugar de amor por Colombia, a mí me anima la ambición de poder”. Es obvio que con esta declaración Uribe se está erigiendo como alguien especial, endiosado, bajo el supuesto de que no hay nadie mejor que él para dirigir al país.

Es evidente que Uribe no puede y hasta se cuida de criticar a Chávez por el referendo del domingo. En realidad actúa de la misma forma. Utiliza su popularidad para estar en el poder, dejando de lado principios democráticos muy válidos como la alternancia del poder.

Entre rehenes de las FARC y periodistas

Como es costumbre en momentos que se maneja información sensible, la liberación de rehenes por parte de las guerrillas colombianas de las FARC trajo consigo una polémica (siempre rica) sobre el papel de los periodistas en épocas de conflicto y sobre la libertad de prensa.

La polémica se desató entre las acusaciones verbales del presidente Alvaro Uribe contra dos periodistas, Jorge Enrique Botero y Hollman Morris, siendo que el primero era parte de la comitiva oficial que actuaba de garante de la liberación y el segundo cubría una información y entrevistó a los secuestrados antes de que fueran liberados. La Fundación para la Libertad de Prensa de Colombia tiene en su sitio una excelente cronología de los hechos para quienes quieran mayor información: http://www.flip.org.co

Mi opinión es simple. Uribe – como siempre lo hace – estuvo mal de poco más de calificar a los periodistas de terroristas por difundir fotos e información de los hechos, consultar a un jefe guerrillero o a través de Telesur informar que había aviones colombianos sobre la zona que debía estar despejada. Sus declaraciones crean mayores riesgos en contra de los periodistas y son contrarias a la libertad de prensa que siempre dice defender.

Botero estuvo mal por haber aceptado como periodista ser parte de una comisión de este tipo. Un periodista no puede cubrir una manifestación política y al mismo tiempo ser parte de ella. No se puede ser juez o parte. A uno de los dos terminará traicionando. Un trabajo o el otro. Botero finalmente divulgó fotografías que tomó como periodista cuando su función era otra. Conflicto de intereses.

Lo de Morris tiene matices menos claros, más grises. Es natural que un periodista tiene la noción de la urgencia, la espontaneidad y de la primicia para reportar de inmediato. En situaciones como éstas, sin embargo, entrevistar a alguien después de años de prisión, casi bajo de esclavitud y torturas permanente, y hacerlo sorpresivamente (los rehenes pidieron que no se publiquen sus declaraciones porque se sintieron que las hicieron bajo presión) no parece algo muy humano de hacer. Desde el punto de vista de un periodista independiente es probable que alguien se sienta compelido a hacerlo, pero desde un punto de vista del editor, lo más probable que al periodista se le pida prudencia y que no interfiera en una situación tan delicada como ésta, donde la vida y la muerte pueden ser alcanzadas indistintamente por un pequeño detalle o traspié.

¡Cartón lleno!

Si algo le faltaba a la tómbola o al bingo latinoamericano es que se sumara otro país al fenómeno reeleccionista, ansia política que como un virus se extiende por todo el continente.

Es una vergüenza que a solo seis meses de asumir, el presidente paraguayo, Fernando Lugo, ya se haya sumado a Hugo Chávez (el 15 de febrero va por su segundo cambio constitucional), Evo Morales (ya lo logró el 25 de enero), Rafael Correa (ya irá a votación con su reelección debajo del brazo), Alvaro Uribe (todavía no se definió) y Daniel Ortega (ya hizo el pacto Con Arnoldo Alemán a quien acaba de liberar), para hablar de reelección y cambiar la Constitución a su antojo.

El presidente Lugo es, en realidad, quien menos tardó en inclinarse por una reelección (asumió el 15 de agosto de 2008), ya que los demás, tanto en la campaña, como en los primeros años de Presidencia, dijeron, sostuvieron y confesaron que se irían a su casa apenas terminados sus mandatos. Uribe es el único que todavía está esperando a dar luz verde y tratar de ir por su tercer mandato.

¿Será que estos presidentes creen que la democracia es solo una cuestión de elecciones y de perpetuarse en el poder? ¿Cuándo aprenderán que la democracia no significa apoderarse del poder sino que también es necesaria la alternancia?


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