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La neutralización de la política

Demócratas y Republicanos pusieron toda la carne al asador y se están sacando chispas. Ahora sí, se puede decir que comenzó la carrera que terminará el 4 de noviembre con un nuevo Presidente en la Casa Blanca. La estrategia por neutralizar al oponente se puso en evidencia al cierre de la Convención Demócrata en Denver esta semana y al comienzo de la Republicana en Minneapolis este lunes. Barack Obama y John McCain hicieron movidas estratégicas eligiendo a sus compañeros de fórmula para equilibrar las críticas a la falta de experiencia y a la demasiada edad para gobernar, respectivamente.

Fue McCain quien golpeó último sorprendiendo a partidarios e incluso a los medios de comunicación con la elección de una mujer joven que a sus 44 años solo tiene dos como gobernadora de Alaska, el estado más joven y menos poblado de la nación. Sarah Palin, cuya estampa podría ser tapa de Hola y Vogue que de Times o Newsweek, derrochando belleza por sobre juventud e inexperiencia, es una jugada para atraer a los jóvenes que McCain estaba perdiendo con Obama y para robarle a los Demócratas lo que desaprovecharon: Hillary Clinton, la primera mujer al frente de la Casa más codiciada del país.

Obama golpeó en forma excelente al principio de esta semana. Eligió al experimentado senador Joseph Biden de 65 años, de un estado igualmente desconocido, Delaware, pero con un incomparable récord en materia de política internacional y sobre temas de energía, dos aspectos que neutralizan las críticas más acérrimas de McCain y sus Republicanos, y contrarresta en algo los 18 millones de votos que obtuvo Hillary abriendo una grieta que todavía Obama, ni su exitosa Convención, pudieron cerrar. En disputa interna todavía no hay certeza sobre los votos de Hillary, ya que el 50 por ciento (mujeres en su mayoría) está indeciso si dejarán sus votos en el partido o emigrarán hacia los Republicanos. Y en ese punto es donde la figura de la vice Miss Alaska tiene sentido.

En realidad, Biden y Palin, más allá de sus aciertos políticos sirven para sumar o restar las fortalezas y debilidades de los dos nominados a Presidente. La juventud de Obama, 47, es suplida por los 65 del senador de Delaware; mientras que la excesiva experiencia de McCain, 72, por la extraordinaria jovialidad que aportan los 44 de la gobernadora de Alaska. La prueba es contundente, lo que antes parecía una brecha generacional incuestionable, ahora, si se suman las edades de los respectivos compañeros de fórmula, todo queda neutralizado: 116 años para los republicanos contra 112 para los Demócratas.

Ya quedaron lejos aquellos días en que se vislumbraba una batalla despareja y en la que Obama aventajaba con su lema de “cambio” por más de 25 puntos porcentuales a McCain. Incluso antes de la Convención, Obama, según una encuesta de Gallup llevaba la delantera sólo por cuatro puntos, algo no muy alentador si se entiende que McCain personifica la continuidad de la política de George Bush, el más impopular Presidente de la historia. Hoy, según otra encuesta de Gallup, aunque sin considerar la sorpresiva nominación de Palin, Obama sacó mayor ventaja, algo que está en los cálculos para quien termina una Convención y obtiene el rédito político de la propaganda mediática que significa estar en la tapa de los diarios y en el “prime-time” de la televisión por tres días y tres noches seguidas.

Si hasta ahora las batallas fueron intensas, se augura una guerra frontal como nunca, además de global. Las nuevas tecnologías que han achicado al mundo, además de los conflictos internacionales en los que EE.UU. es protagonista, para bien o para mal, hace que todo el mundo esté pendiente y se hagan apuestas hasta en la India, para ver si el liderazgo quedará en las manos del primer negro o del más viejo de la historia. Las dos nominaciones vicepresidenciales agregan condimentos fascinantes para los expertos y desacomodan los sondeos, las expectativas y los pronósticos.

McCain ya se aprovechó de lo que parece un feliz desliz para los Republicanos. Sus spots propagandísticos comenzaron a pegar fuerte esta semana y varios de sus partidarios como el popular ex intendente neyorkino, Rudolph Guliani, adularon a Hillary tratando de seguir dividiendo a los demócratas que buscan dejar las divisiones desde las internas. Para McCain y su campaña, Biden les cae como anillo al dedo, ya que es un demócrata conocido por “bocón” que ha calificado a Obama de inexperto y de “negro limpio” durante la interna con Hillary, aspectos que usarán a ultranza para corroer la fórmula. Para los demócratas, la selección sirve para morigerar las críticas de que Obama, inexperto en política internacional, no sabría cómo lidiar con temas nuevos, como el conflicto Rusia-Georgia o los más añejos como el retiro de tropas de Irak o el influjo en Afganistán. Después de todo, Biden es a Obama lo que Dick Cheney fue a George Bush, a quien también se calificaba de inexperto en asuntos foráneos.

Hasta hace unos días, si uno se guiara por la opinión de los amigos y de lo dicen los medios de comunicación, Obama ganaría fácilmente la elección presidencial, debido a su discurso anti-establishment washingtoniano que no supo hacer nada en los últimos ocho años por controlar la inflación, el costo de la energía, atrapar a Bin Laden y dialogar con gobiernos extranjeros.

Pero ahora la batalla es más pareja. El precio del crudo algo más estable, una población estadounidense que cuatro a uno apoya las intenciones del candidato republicano para perforar las plataformas submarinas en las costas, una Rusia envalentonada y un Irán que provoca con energía nuclear, le sirvieron a McCain para emparejar los sondeos. Eso sin contar lo que la gobernadora Palin trae a la fórmula: una mirada más conservadora que la del propio McCain que tiene bastante descrédito en el interior de su partido, contraria al aborto (neutralizando la posición Católica de Biden), al casamiento entre homosexuales y a favor de un sistema de salud más socialista y que el país mantenga el derecho a la portación de armas de fuego.

Palin es una pieza de ajedrez bien jugada si se piensa en lo importante del voto femenino, en especial el de la Florida, estado que si es ganado, asegura la Presidencia, como quedó demostrado en la elección del 2000 cuando Al Gore perdió este estado por 237 votos, y así la Casa Blanca. Tres de cada cuatro mujeres en la Florida sufragaron a favor de Hillary Clinton en las internas, aunque la intención de voto femenino a nivel nacional se inclina todavía a favor Obama por arriba de McCain.

La verdadera carrera presidencial recién empezará el jueves próximo cuando termine la Convención Republicana. Seguramente empezará de cero, aunque hay un elemento natural que puede conspirar contra la fuerza de Palin, y a la que Obama supo explotar en su discurso de cierre. Se llama Gustav, y no es otro candidato, sino un huracán que está llegando adonde llegó Katrina hace tres años y hace recordar no solo el desastre de Nueva Orleans sino la ineficacia del gobierno más poderoso del planeta para ayudar a su propia gente. Este puede ser el talón de Aquiles de los Republicanos.

No hay seguridad todavía quien desembocará en la Casa Blanca, y así como los nombramientos de Biden y Palin fueron sorpresas políticas agradables, también pudieran sucederse otros hechos inesperados que podrían torcer al electorado como por ejemplo que se capture a Bin Laden o que ocurra un ataque terrorista de envergadura, no solo en el país sino en cualquiera de sus aliados. La agresión a los cuatro trenes de Madrid el 11 de marzo de 2004, además de la catástrofe nacional que significó, fue una desastre para el conservador Partido Popular que vio desvanecidas sus aspiraciones a cuatro días de ganar unas votaciones que parecían segurísimas.

Aunque ya llegamos a casi un año de tiro y aflojes entre los dos partidos más populares del país, la carrera presidencial recién empieza.

Presidentes y el control informativo

No hay nada más tentador para un gobierno que controlar a la prensa, tener el control de lo que se dice o no se dice. Esas tentaciones suelen tener aristas distintas, censura o propaganda, pero siempre están imbuidas por la misma ambición de no dejar que la población esté informada, influida, o con capacidad para tomar sus propias decisiones. En la jerga oficial, orden significa control.

Los presidentes latinoamericanos que más se quejan de la manipulación de los medios de comunicación, son quienes mayores atropellos comenten contra la información. En esta línea se destacan Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa, a quienes tanto les da por “encadenarse” continuamente para dar sus mensajes, discriminar a periodistas y medios que no le son afines o crear medios gubernamentales con los recursos del Estado.

El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, no contento con hincar a los medios independientes, discriminarlos con publicidad oficial, premiarlos a aquellos en los que trabajan sus familiares y extorsionar a otros para que despidan a los periodistas “incómodos”, ahora, como buen patrón de estancia, sigue utilizando los recursos de la nación para hacer propaganda a su antojo. El 22 de agosto lanzó un semanario propagandístico, justificado por la Primera Dama, Rosario Murillo: “Avanzamos hacia nuevos triunfos desde estos espacios de comunicación que defienden el proyecto de una revolución para la justicia y la paz”, dijo, recordando el 22 de agosto de 1978 cuando un comando sandinista tomó por asalto el Palacio Nacional y tomó de rehenes a legisladores partidarios del presidente Somoza.

Otra perlita es Hugo Chávez. No se cansa de crear medios oficiales radiales, escritos y televisivos, además de cerrar a los que considera críticos. Sancionó numerosas leyes como la de Responsabilidad Social y regulaciones administrativas con el propósito de trabar el ejercicio periodístico. En breve, espera que su Asamblea Nacional apruebe la controversial Ley Orgánica de Telecomunicaciones Informática y Servicios Postales, que le otorgará un poder absoluto y discrecional para ordenar para ordenar la suspensión de cualquier tipo de “trasmisión, emisión o recepción de signos, señales, escritos, imágenes, sonidos o informaciones de cualquier naturaleza, mediante comunicación por voz, datos y videos que esté actualmente inventada o por inventarse”, invocando razones de “orden público, la seguridad o los intereses de la Nación”. Si hay similitud con lo que hacían las dictaduras latinoamericanas, no es pura coincidencia.

Rafael Correa también tiene fuertes encontronazos contra la prensa. No está cumpliendo con su promesa de ofrecer a la iniciativa privada el control de los medios que el gobierno incautó por desfalco, como el diario El Telégrafo y algunos canales de televisión de la familia banquera Isaías. Es más, en el nuevo proyecto constitucional que se aprobará o rechazará el 28 de septiembre, existen numerosas menciones a la libertad de prensa y a los medios que despiertan suspicacias. De acuerdo al artículo 408 del nuevo texto constitucional, el estado se apropiaría del 50 por ciento de las utilidades que generen las estaciones de radio y televisión. El gobierno negó que esa sea la intención, sin embargo el texto lo justifica.

Evo Morales, por otro lado, de la forma que se benefician todos los países que participan en el ALBA, el proyecto ideológico impulsado por Chávez que contrarresta al ALCA, ha utilizado mucho dinero venezolano – además del iraní – para crear nuevos medios que le sirvan a sus intereses, lo que equivale a dilapidar dinero a favor de la propaganda gubernamental y no a una estrategia de empresas estatales al servicio de una información plural y diversa, obligación que sí tiene el Estado.


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