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La civilización del espectáculo

Mario Vargas Llosa dio hoy una conferencia magistral en la asamblea de la SIP en Madrid. Magistral realmente. Me hizo acordar a la que dio Gabriel García Márquez hace años en otra de nuestras asambleas en la que dio su discurso magistral “El mejor oficio del Mundo” en referencia al periodismo.

Hoy, Vargas Llosa en sus 40 minutos de charla con “La Civilización del Espectáculo” hizo una dura crítica sobre la banalización o trivialización de la cultura, con un análisis profundo sobre cómo nuestras costumbres, lo que hacemos, los que vemos, los decimos, lo que leemos, están basadas más sobre la cantidad que sobre la calidad.

Se paseó por el periodismo, los medios, la literatura, el teatro, el cine, las artes plásticas y criticó que la cultura actual está dominada por lo “light”, por el consumo y por la demanda del público, que, en definitiva, condiciona la creación y el mercado. El público está acostumbrado a hacer un mínimo esfuerzo intelectual.

Se refirió al vacío dejado por el valor de la crítica, espacio que ha ocupado la publicidad, disciplina que ejerce la influencia sobre las costumbres de la gente. “Se trata de la sustitución de las ideas por la imagen”.

En esa trivialización dijo que actualmente los modistos y los artistas han suplantado como eje del pensamiento a los filósofos y a los científicos de ayer. “Se ha llegado al eclipse del intelectual”. Dijo también que varios intelectuales se han desacreditado por apoyar dictaduras o regímenes que condujeron al Holocausto al Gulag.

“Tenemos ahora una literatura basura, por su carácter efímero”, refiriéndose a los best sellers que no tienen ideas ni profundidad, sólo cosas y artilugios para vender.
Sobre el cine dijo que se perdió la profundidad de gente como Bermann o Buñuel o se abrazó a los Woody Allen. Y de las artes plásticas se refirió al “carnaval del arte”, siendo muy crítico de artistas como Damien Hirst que hizo una broma poniendo un tiburón en formol por el cual se pagaron doce millones de dólares, con el mismo criterio que Dechamp hizo su aparición con un inodoro, pero que al menos este último había roto algunos esquemas.

Agregó sobre el arte que “la frivolización ha llegado a extremos alarmantes donde hay mínimos consensos sobre la estética porque ya no se puede definir lo que es el talento de lo que no lo es. Hay artistas embusteros que están revueltos con los artistas”.

No dejó de pegarle a la política. Se refirió a la banalización de los gestos ya que para el político la imagen es mucho más importante que la idea.
“La frivolidad – dijo – es tener una tabla de valores invertida. Todo es apariencia, teatro, juego, diversión”.

Sobre el periodismo fue profundo y mostró su disgusto por el sensacionalismo, por el auge de las revistas del corazón y lo audiovisual sobre el periodismo apegado a sus valores tradicionales como la verdad, el rigor, el respeto por la intimidad.
Por último, dijo sentirse pesimista, y metafóricamente hizo un llamado a dejar de lado la diversión, el entretenimiento o adular a las masas, sino mas bien a enfocarse en el drama, en el buen periodismo bueno y que apunte a contribuir con ideas y al bienestar del alma, no solo del cuerpo.

Pronto esa conferencia estará disponible. Para los periodistas es, como la que dio García Márquez, de lectura obligatoria.

García Márquez se agarrará la cabeza

Gabo tiene una preocupación notable por el buen periodismo y suele criticar a menudo la falta de calidad. Esta semana, desde Monterrey, donde su Fundación Nuevo Periodismo realizó un seminario sobre el tema, dijo que “sufre como un perro” por la mala calidad de los periódicos. Acusó que el periodismo actual se hace muy de prisa, con lo que los periodistas no pueden pensar mejor lo que escriben.

Digo que se agarrará la cabeza porque el periodismo también es negocio y a veces esa vertiente hace que la calidad desmejore o se pierda a propósito. Mientras el Premio Nobel decía esas palabras, en Bogotá, anoche, el diario de referencia, El Tiempo, lanzaba el periódico gratuito ADN, cuya marca la heredó de la empresa española
Planeta que este año compró al líder del periodismo colombiano.

Hasta ahí la historia va bien. ADN será un diario de éxito, gratuito, como se distribuye en Europa, de 24 a 32 páginas, y tendrá una tirada de 300 mil ejemplares por día que circularán en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla a partir del 15 de septiembre. Sin embargo, El Tiempo tiene una estrategia diferente para su diario popular, “Hoy”, al que desde ayer lo han convertido en un diario más amarillista de lo que era, casi goteando sangre, con la idea de que compita en un segmento mucho más popular para restarle mercado a un nuevo periódico, “QuiHubo”, que entrará el 1 de octubre en Bogotá, un diario propiedad de un conglomerado de periódicos del interior del país.

La mala noticia para la calidad del periodismo es que desde que “Hoy” se transformó en un diario más amarillo, de un día para el otro, su circulación pagada trepó de 11.000 a 24.000 ejemplares. No habrá mejor periodismo, pero sí un mejor negocio y no se puede culpar a una empresa que trate de hacer dinero con lo que el mercado pida, siempre dentro de la ley, más aún cuando no claudica su calidad en su periódico de referencia.

Es una difícil ecuación. Lamentablemente la no calidad también es un buen negocio y la calidad muchas veces es mal negocio. Los diarios están creando o alcanzando nuevos segmentos porque sus lectores tradicionales están desapareciendo, sus empresas se debilitan, y no por un problema de calidad sino por una cuestión de costos de producción, menores índices de lectura y mayor penetración de las nuevas tecnologías.

En Estados Unidos el problema es aún mayor. Los periódicos se están resistiendo porque para sobrevivir están recortando costos y lo primero que se ve afectado es la reducción de periodistas de las salas de redacción. (En posts anteriores di cifras sobre los principales diarios). Obviamente, la calidad se resentirá en el corto y mediano plazo arrastrando a los diarios – al menos en sus versiones impresas – a un callejón sin salida.

De todos modos, entiendo que Gabo se refiere a la calidad de los diarios de referencia, a los líderes, a los que crean opinión en cada ciudad. Y se preocupa con razón. El periodismo, para cumplir cabalmente su misión, debería tener mayor calidad que el contexto donde ejerce, pero rara vez sucede, está inmerso y mimetizado con su propio contexto. Hay mucha mediocridad cuando se habla de la técnica, la profesión y la ética periodística. Puede ser que sea una cuestión del poco tiempo que tienen los periodistas para hacer buen periodismo, como dice Gabo, pero creo que es un tema más profundo, es una cuestión de formación, de liderazgo y de estrategia dentro de los medios.


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