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Ingenuidad política

A veces las cosas hay que decirlas por obligación o para cumplir con las expectativas creadas o para estar políticamente en lo correcto. Pero a veces, por hacerlo, se puede pecar de ingenuidad.

Esta semana, un grupo de legisladores estadounidenses pidió al presidente Hugo Chávez que respete la pluralidad y diversidad política en su país y que permita a Human Rights Watch volver entrar al país a recabar violaciones a los derechos humanos, después de que la semana pasada sus directivos fueran expulsados tras ofrecer un informe público en el que se criticó al gobierno chavista por la falta de garantías ciudadanas y políticas en el país.

Centrado en las elecciones regionales de noviembre, Chávez ha venido acusando a Estados Unidos de pretender invadir Venezuela, fomentar golpes de Estado futuros y achacándole los pasados (excepto el que él mismo perpetró en 1992), de tutelar un magnicidio en su contra y acusando a periodistas y medios venezolanos de ser clientes del “imperio” y plegarse a toda o esa pléyade de falsedades que buscan incentivar un patrioterismo nacionalista con tal de contrarrestar efectos negativos en la intención de voto.

La misma diatriba la tuvo en cada proceso electoral anterior, como el año pasado antes del referendo del 2 de diciembre en que el pueblo votó en contra de la “revolución socialista”, lo que él luego introdujo este año en 26 leyes que sancionó en forma directa por un permiso extraordinario que le dio su Asamblea (toda oficialista) por 18 meses para dictar y sancionar leyes de emergencia.

Desde que asumió en 1999, Chávez ha tenido una estrategia implacable para ir coartando los espacios de libertad y las garantías procesales de los ciudadanos. Las denuncias contra él caen en saco roto, bajo los remiendos demagógicos que hace en todos los países que visita y a los que embarduna con petrodólares.

Siempre se ha reído en forma burlona de todo pedido que se le ha hecho para remendar la democracia, por lo que pedirle que deje entrar a HRW o que respete la libertad de prensa o la de asociación, es algo bastante ingenuo.

“Yankee, go home”

Primero Evo Morales, enseguida Hugo Chávez y ahora casi Manuel Zelaya, algunos presidentes latinoamericanos parece que retomaron los viejos refranes de décadas pasadas cuando el “Yankee, go home” pululaba por América Latina.

Evo echó al embajador estadounidense acusándolo de injerencia por apoyar a cuatro prefectos opositores; Hugo, que cada día está más imperialista y metiéndose en cada vez más en asuntos de otros países y sufre de un síndrome de Libertador Bolívar-San Martín, lo hizo al día siguiente en solidaridad, y hoy se le sumó el hondureño “Zel”, quien postergó la ceremonia de aceptación de las credenciales del nuevo embajador norteamericano, metiéndose también en un lío que ni siquiera entiende. El gobierno argentino no se sumó a esto – ganas tal vez tendría – y por eso envió a un grupo de piqueteros a solidarizarse frente a la embajada estadounidense, una especie de gesto con sus correligionarios, pero que trata de ser menor para no tener problemas con el gas que le debe llegar desde Tarija.

Solidaridad no es justamente lo que sucede, sino conveniencia. Chávez solo trata de aprovecharse de cualquier conflicto para poder montar su circo y bañarse en un liderazgo que nadie le da, de la misma forma que lo trató de hacer cuando se solidarizó con Rafael Correa, después que Uribe hizo bombardear un campamento de las Farc en territorio ecuatoriano, matando al líder terrorista Raúl Reyes.

Aquella vez como esta, a Chávez le salió el tiro por la culata. Las computadoras secuestradas a las Farc tenían numerosos mensajes en los que guerrilleros colombianos y funcionarios venezolanos trataban de intercambiar armas y entrenamiento. Ahora, los militares bolivianos le advirtieron que “no permitiremos la intromisión de Chávez en asuntos nuestros”, después de escucharlo que mandaría sus tropas para defender a Evo en caso de un golpe de Estado. Por más que coseche algo de admiración, Chávez está aprendiendo que no es lo mismo lo que puede hacer en su país donde mantiene a la gente y a la oposición con férreo puño. En Bolivia, todos se acuerdan todavía cuando una horda atacó a un avión militar venezolano que tuvo que despegar a las apuradas, bajo sospecha de que estaba trayendo una valija llena de dólares como semanas atrás le habían llevado a Cristina Kirchner para su campaña electoral.

En casa, tratando de restar importancia a unas elecciones internas que se le avecinan no muy fáciles de obtener en noviembre y para evitar el escándalo político que se está creando en un juzgado de Miami que investiga la conexión entre el maletín que llevaba Antonini a Cristina de su parte, Chávez ha hecho varias cosas en forma directa e indirecta para disipar la atención. Primero, ha neutralizado a la oposición inhabilitando judicialmente (totalmente dependiente-chavista) a más de 100 opositores que no podrán presentarse a las elecciones por delitos inexistentes.

Segundo, levanta revuelo con temas nacionalistas tratando de enervar a las masas en contra de Estados Unidos acusando a todo el mundo de que hay conspiraciones en marcha tanto para asestarle un golpe como para asesinarlo. Echó al embajador norteamericano y se pavonea con dos aviones rusos, con tropas que vendrán y desafía con más proyectos de colaboración militar y comercial con Irán, justamente dos países que tienen pésimas relaciones con Estados Unidos. Nada parece que sea por casualidad. La intención del desafío está muy clara.

Por otro lado, Chávez está restando atención a donde realmente está la peor crisis de América Latina en este momento, en Bolivia, donde hay una pelea fratricida de origen comercial y económica más que política, porque en realidad lo que está en juego son cuatro zonas más ricas que las demás, que quieren una mejor distribución impositiva. La única zona que podría tener la fortaleza independentista si la buscara, sería Tarija, donde está el gas, el producto que mueve a Bolivia.

Zelaya se está metiendo en un terreno que no le corresponde, pero es obvio que su solidaridad está disfrazada de conveniencia. Hace un par de semanas, Honduras se adhirió al Alba, un instrumento de ideología y petrohipotecario que Chávez usa para someter a los que dicen son su amigos, a pesar de que lo disfraza de liberador.

El “Yankee, go home” no es muy prudente en un momento que los Estados Unidos se están tratando de acomodar en sus propias elecciones y hay tanto en juego, como tratados comerciales, negociaciones por la legalización de los indocumentados y estrategias anti narcóticos. Este “Yankee, go home”, es un poco jocoso, si uno presta atención al reclamo que por todos estos años de Bush se le ha hecho a Estados Unidos por no mirar ni prestar atención hacia el Sur. Echar embajadores no es la forma que uno quisiera para atraer la atención.

La billetera más gorda de Latinoamérica

El juicio en Miami por la valija de Antonini promete ser tan escandaloso como el “valijagate” de la época en que la cuñada de Menem, Amira Yoma, quien solía viajar con una valija repleta de dólares; aunque aquel era un conflicto interno que no se compara a la relevancia de la internacionalidad del actual.

Nadie se debe sorprender que Hugo Chávez reparta dinero a diestra y siniestra, lo que demuestra que tiene la billetera más gorda del continente. Reparte en forma lícita y pública a través de innumerables iniciativas como el ALBA, acuerdos multilaterales en el Caribe sobre energía, compra de bonos de la deuda como el caso argentino y hasta dona petróleo a los pobres en Estados Unidos o mantiene a Cuba a flote con donaciones, intercambios.

Pero también lo hace por la puerta de atrás, a espaldas de su pueblo venezolano a quien verdaderamente le corresponde ese dinero fuera del presupuesto oficial. Ilícitamente y a hurtadillas, dona y apoya a las Farc y a cualquier grupo de izquierda desestabilizador. Lo mismo le da que sus petrodólares subsidien a Evo Morales, Daniel Ortega y a Raúl Castro; apoyen las elecciones de Cristina Kirchner, Rafael Correa y el ex obispo Lugo; incentiven el cambio de gobierno en El Salvador; o fracasen intentando con López Obrador en México o Humalá en Perú.

Como era de esperar, los gobiernos argentino y venezolano achacarán al de Estados Unidos y particularmente a los Republicanos, que este es un ajuste de cuentas y harán análisis exhaustivos del sentido conspirativo y desestabilizador. De esa forma tratarán de tapar la ilicitud e ilegalidad de los 800.000 dólares que sólo habrá sido una migaja en la financiación de la campaña electoral.

El conflicto promete ser internacional, porque en lo interno, los Kirchner seguramente tratarán de minimizarlo y taparlo de la misma forma que escondieron el manejo de cientos de millones de dólares de regalías petroleras de su provincia.

Sobre la Elección en Estados Unidos

El escándalo de los viáticos que cobraba Sarah Palin como gobernadora me dejó un sabor amargo. Neutralizó un poco mi intención de voto. Tal vez su falta no fue legal, pero definitivamente sí fue ética. Estas semanas prometen estar cargadas y de que los trapitos relucirán al sol.


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