27 para Bush y 18 para el Congreso

Estos son los índices de popularidad que tanto el presidente Bush como el Congreso trataron de levantar en estos días con el plan de rescate de los 700 billones. Ningún político goza de popularidad como para tener el plafón político que le permita ser el propietario del plan de rescate y sumarlo a su currículum.

Hoy empezarán las negociaciones de nuevo e imagino que no hay muchas opciones. Ayer como era previsible Wall Street se hundió y su efecto cascada se hizo sentir con fuerza en las economías más desarrolladas del mundo – en esta primera parte – y no pasará mucho tiempo hasta que el remezón en los países menos pudientes. Todo es cuestión de tiempo.

El no acuerdo del Congreso también era de esperar. Cuando los legisladores invitados a la Casa Blanca salieron nerviosamente sonrientes el domingo, dijeron que faltaba la votación de sus colegas y que no sería tan fácil, especialmente porque la actualidad tiene un aditamento especial: muchos se juegan sus puestos en las elecciones.

Todo fue tragicómico. Los mercados miraban al Congreso y no lo podían creer. Los diputados republicanos desbarataron el plan no sólo como un mensaje a su líder de que no hay liderazgo cuando sólo el 27% de la población lo apoya, sino además porque no se están defendiendo los intereses de la clase media, de los contribuyentes.

Algo, justamente, sobre lo que los republicanos, la presente administración y el propio McCain, es acusado en forma vehemente por el demócrata Obama, quien sí votó a favor del plan de rescate que favorece lo que él viene combatiendo, el sostenimiento de un sistema financiero que se ha engreído por arriba de la política. Por otro lado, las acusaciones entre uno y otro bando partidario son tan fuertes que hasta se sumó McCain a criticar a los demócratas a pesar de que su lema de campaña es anteponer los intereses nacionales o bipartidarios a los de su propio partido.

Aquí hay dos (entre muchas otras) lecciones: el periodo electoral nunca es buen consejero a la hora de votaciones trascendentes, y otras, es que a pesar de todo, el sistema estadounidense tiene la fortaleza todavía de ser bien trasparente como para que todos sepamos tomar nuestras decisiones anque no sepamos para que lado ir.

En cuanto a mi voto, que fue cambiando de demócrata a republicano y viceversa y con lapsos prolongados de indecisión, hoy está en blanco o directamente ni eso, sino desistiendo de ir a las urnas el 4 de noviembre.



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