“Traidores a la patria”

Muchos son los motes con los que se califica a los periodistas cuando investigan, dicen o denuncian lo que a los poderosos no les gusta que se sepa. El apodo preferido es el de “traidores a la patria”. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, lo identificó de esa manera al director del diario La Prensa, de Managua, Jaime Chamorro por denunciar que organizó una reunión con seis dirigentes de las FARC a espaldas del gobierno colombiano.

Anastasio Somoza, en la antípoda de Ortega, también lo apodaba a Chamorro de “traidor a la patria”, lo que demuestra que no importa a qué ideología responde el político o a cuál criterio editorial responde el medio, ya que la fórmula siempre es desacreditar al mensajero.

En Argentina este mote tampoco es nuevo, durante el conflicto con el campo varios medios y periodistas fueron acusados por los gobernantes, de la misma forma que Carlos Menem lo hizo en su época también y, en especial, en contra Página 12.

Los presidentes Correa, Lula – más al principio de su gobierno – Zelaya, Uribe, Morales, Duarte Frutos, Tabaré Vázquez, los hermanos Castro y Chávez utilizan esta jerga en forma habitual. Más allá de que esto representa un atentado a la libertad de prensa ya que se busca intimidar a los medios mediante el descrédito para lograr la autocensura, lo que se rescata de este matrimonio mal habido, de esta tensión natural y necesaria entre el gobierno y los medios, es que es una muestra saludable de que hay democracia.

La fórmula del presidente Uribe

Estoy en Santa Marta, una bella localidad del Caribe colombiano donde la fría y selvática Sierra Nevada llega hasta la playa caliente y cristalina. Nada de estos atributos fueron evidentes en la última década, ya que esta zona, como tantas otras de Colombia, estuvo copada por los guerrilleros y por los paramilitares que utilizaban la carretera entre Santa Marta y Barranquilla para secuestrar gente. Mucha gente. Y para “vacunar” a empresarios, extorsionar literalmente.

Hoy, desde hace unos cinco o seis años, la situación es muy diferente. La seguridad es mucha y la belleza del lugar se deja percibir con mayor tranquilidad. Junto a otras autoridades de la SIP participé de un acto de aniversario de Hoy Diario de Magdalena, invitado por Ulilo Acevedo, su director. El presidente Alvaro Uribe fue el conferencista principal, en esta tierra que hasta hace poco también era sinónimo de exportación de marihuana.

Su discurso estuvo plagado de alusiones a la falta de seguridad de otras épocas. Su lucha contra la guerrilla y el paramilitarismo lo han convertido en el Presidente que goza de la mayor popularidad del continente, por arriba del 80 por ciento. El debilitamiento de las FARC, la mayor confianza de la gente en la seguridad, son los condimentos que hacen que esté pensando en un tercer intento por ser presidente. Un error garrafal ya que si se deja tentar, caería al grupo de presidentes que quieren perpetuarse más allá de los que dictan las constituciones, textos que ya no importan tanto por ser reformados a gusto y placer.

Tras las críticas que se vertieron en el reciento de la conferencia sobre la violencia en contra de la libertad de prensa y la impunidad que rodea a los crímenes contra periodistas, Uribe admitió que todavía no se ha eliminado toda la violencia contra los periodistas, los sindicalistas y los maestros, “pero estamos avanzando”. Dio como ejemplo que “tuvimos años de 15 periodistas asesinados” y que en los últimos doce meses hubo dos asesinatos pero que no tendrían vinculación a su profesión.

“Tenemos ahora un periodismo regional más tranquilo, menos amenazado”, y explicó que el contexto más pacífico que existe en todo el país y en especial en la Sierra Nevada se debe a una política general de gobierno. “Nos propusimos crear confianza entre las instituciones democráticas y las comunidades. Confianza es lo que escribimos y sustentamos en tres pilares: la seguridad de la democracia, pero no como la que ofrecieron las dictaduras porque de esa seguridad devino el abuso del Estado, el terrorismo de Estado; la inversión desde la responsabilidad social y la cohesión social. Sin seguridad y sin inversión no puede haber cohesión social”.

La fórmula le está dando éxito.

Gobierno: Confrontación por omisión

También se peca por omisión. No hay dudas. El conflicto campo-gobierno parece no tener fin, al menos quedó reflejado en el menosprecio que este año el gobierno hizo de la exposición rural. Se pudo haber entendido, con un esfuerzo mental, la ausencia de la presidenta Cristina en la inauguración, pero de allí al cuasi boicot general al que se sumaron los entes gubernamentales provinciales cancelando stands y al de la Policía Federal que retiró sus caballos de ceremonia, dejan mucho que desear.

Los líderes gubernamentales tenían una oportunidad de oro para acercarse a los chacareros, limar asperezas, recomponer el diálogo, buscar caminos alternativos para trabajar en lo impositivo. Un dar vuelta a la página y comenzar de nuevo, en blanco, era lo razonable y el gesto que esperaban todos. Sin embargo, el gobierno escogió el camino repetido de la confrontación, esta vez por omisión, ausentándose de la exposición que muestra el orgullo nacional, la capacidad del país, la ventaja competitiva y comparativa que la Argentina tiene en el mundo: la fuerza de su producción agrícola.

Esta confrontación por omisión anuncia con obviedad que el gobierno sigue con su propuesta conflictiva de los últimos 120 días. Desaires, cerrazón al diálogo, y a lo que ahora parece sumar la política anti diluviana y vengativa de “ojo por ojo, diente por diente”. Con un gobierno así, que siempre piensa en términos de ajedrez, se sabe que buscará un movimiento mayor en busca del jaque mate. Por ahora movió a sus sumisos peones provinciales y a los caballos, aunque sean de la Federal. La omisión a la exposición en la Rural no es una buena señal.

Militares disfrazados de periodistas

La liberación de Ingrid Betancourt y de otros 14 rehenes de parte del gobierno colombiano sigue sorprendiendo desde que ocurriera el 2 de julio pasado. Criticamos en este blog que un militar se haya hecho pasar por un miembro de la Cruz Roja porque ponía en riesgo la vida de miembros verdaderos de esa institución y además porque le quitaba credibilidad y confianza.

Pero hoy, el ministro de Defensa de Colombia, Juan Manuel Santos, fue más lejos. Explicó que dos militares se hicieron pasar por un periodista y por un camarógrafo de Telesur, el medio creado por Hugo Chávez para contrarrestar lo que él denomina “periodismo basura” de la CNN. Lo peor es que Santos, miembro de una de las familias de periodistas más importantes de Colombia, haya justificado el engaño “porque para nosotros es un detalle insignificante frente a una operación que es totalmente humanitaria”.

El engaño de hacerse pasar por periodista o de los periodistas de infiltrarse escondiendo su condición de tales para lograr una nota – algo incluso que en varios países las televisoras practican mediante las celebradas “cámaras ocultas” – es un debate que todavía no se ha profundizado (ni solucionado) en el periodismo y que cada tanto sale a flote debido a algún incidente o desgracia.

A principio de junio, dos miembros del diario O Dia de Río de Janeiro que ocultaron su condición de periodistas para investigar a los narcotraficantes de una favela, fueron descubiertos, torturados y casi asesinados, poniéndose en un riesgo tal vez innecesario.

Engañar a nombre del periodismo o como periodistas es una actitud reñida con la ética profesional. El gobierno colombiano se disculpó ante la Cruz Roja por el disfraz del militar, y seguramente lo hará con el periodismo. Pero más allá de la disculpa, debería caberle también alguna responsabilidad legal.

Un museo que enseña cómo ser libres

Uno de los valores esenciales del ser humano es la libertad. En Chicago le han dedicado un museo. Acabo de estar allá por trabajo y visité el Museo por la Libertad que abrió la Fundación McCormick Tribune – también es parte del diario Chicago Tribune – en la avenida Michigan, el corazón de la ciudad.

Se diferencia del Newseum del Freedom Forum en Washington DC, ya que aquel se esfuerza por contar la historia del periodismo, mientras que el de Chicago está dedicado a la Primera Enmienda, aquella cláusula constitucional que prohíbe a los legisladores hacer cualquiera norma en detrimento de la libertad de expresión y de prensa, de religión y de asociación.

El museo es un canto a la libertad y todo su material interactivo es para que los niños, los jóvenes y todos, en definitiva, aprendamos sobre los derechos que tenemos para vivir en libertad, así como nuestras responsabilidades en una sociedad libre y democrática.

Mientras me deleitaba con una escultura de dos pisos de alto de la que penden 800 hojas de acero inoxidable con inscripciones de gente común sobre lo que piensan y como abrazan la libertad; mientras miraba una larga lista de cantantes y canciones que fueron censuradas; mientras escuchaba a un grupo de jóvenes debatir sobre las próximas elecciones presidenciales; mientras jugaba a adivinar en unas pantallas sobre los demás derechos de las otras enmiendas; mientras grababa mi voz en un kiosko sobre cuál era la libertad más preciada; mientras miraba un documental sobre Obama y McCain; mientras sentía la fuerza del mensaje sobre la libertad en un museo que es chico, simple, austero, que no debe haber costado mucho…

pensaba… ¿no sería buena idea replicarlo en todos los países? Educar sobre la libertad es una buena idea para edificar el espíritu democrático. Y vaya que nos hace falta a todos. Vale la pena visitarlo: www.freedommuseum.us

Los presidentes “pescados”

“Por la boca muere el pez” dice el refrán, connotando a quien se delata a sí mismo o a quien habla en demasía, lo que engendra una alta posibilidad de que actúe contrario a lo que afirma son sus principios. En los últimos meses, si hacemos caso a ese dicho, observamos que hay varios presidentes que se deberían haber convertido en “pescados”, porque han afirmado todo lo contrario a lo que han hecho.

El abanderado ha sido el presidente Hugo Chávez. Antes de asumir en 1999 prometió que no nacionalizaría ninguna empresa, cosa que sí hizo en repetidas ocasiones. Que no confiscaría ningún medio de comunicación, aunque terminó por cerrar la mayor televisora y confiscar los equipos de RCTV y aseguró que largaría el poder a los cinco años, es decir para el 2004. Sin embargo, reformó la Constitución y se perpetuó hasta el 2013, con el impasse del referéndum del 2 de diciembre pasado, que si lo hubiese ganado, le permitiría seguir siendo reelegido de por vida.

El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, en el climax de su popularidad, ya está hablando de una nueva reelección para lo cual deberá reformarse la Constitución, hecho que él mismo criticó meses atrás cuando varios de sus colegas lo estaban intentando. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, no solo cambia la Constitución para permitir ser reelegido sino para asestar un duro golpe a la libertad de expresión y a la empresa privada, aspectos que dijo respetar cuando aspiraba a la Presidencia.

Y en esta lista, cada vez más prolífica, de líderes que dicen una cosa para luego desdecirse, podemos citar a muchos más, entre ellos, al ex presidente Néstor Kirchner, al actual de Nicaragua, Daniel Ortega y al de Honduras, Manuel Zelaya, así como al de Paraguay, Duarte Frutos, que está ansioso por dejar el poder para convertirse en senador y tener la inmunidad necesaria para bloquear los juicios por corrupción, aspecto que él dijo perseguiría con total crudeza cuando asumió el poder.

Apoyar las marchas de damas cubanas

Las marchas de ayer exigiendo a las FARC y a otros grupos terroristas de Colombia que liberen a los más de 3.000 secuestrados y que depongan las armas, significan un compromiso global a favor de la no violencia y la democracia.

Sería oportuno que ese mismo compromiso, bien sea liderado por gobiernos o por cantantes o por representantes comunitarios o por el propio pueblo, atienda también una necesidad mayor: la liberación de los rehenes de conciencia que mantiene la dictadura cubana, apoyando a las marchas de Damas de Blanco, esposas de disidentes presos, que son siempre vilipendiadas y censuradas.

El periodista independiente cubano Carlos Manuel Serpa me hizo llegar una nota sobre los presos políticos y de conciencia, confinados en las más de doscientas cárceles de Cuba, quienes son “víctimas de tratos crueles y degradantes. Son cientos los nombres de esos reos que son maltratados por el único delito de querer la democracia para Cuba”.

“Fabio Prieto Llorente, un periodista independiente residente en el Municipio Especial cubano Isla de la Juventud (conocida antiguamente por Isla de Pinos), al suroeste de la Habana, fue enviado a prisión con una condena de 20 años, en la Primavera de 2003, en una ola represiva nacional junto a otros 74 opositores y comunicadores alternativos.

Desde su encarcelamiento ha sido aislado, obligado a convivir con reos comunes de alta peligrosidad. Pasando por las prisiones Guanajay, Kilo 8 y el Guayabo, ha protagonizado huelgas de hambre en protesta a los tratos crueles e inhumanos que recibe.

El régimen comunista ha dejado morir en prisión a sus opositores. Pedro Luis Boitel, murió el 25 de mayo de 1972 en la prisión Castillo El Príncipe, sin recibir asistencia médica, tras protagonizar una huelga de hambre de 53 días. Desde 1959 hasta nuestros días, las cárceles cubanas han sido cementerios de hombres vivos. Fabio Prieto Llorente pide justicia”.

La fotografía de las Damas de Blanco fue tomada por Carlos Manuel Serpa durante una marcha de protesta en la Habana. En la fila, de segunda, aparece la Dama de Blanco Clara Lourdes Prieto Llorente.

FARC: La independencia de la conciencia

El golpe más duro contra los grupos guerrilleros colombianos, especialmente las FARC, se dará hoy. Las marchas ciudadanas que se realizan en numerosas capitales del mundo a favor de la liberación de los secuestrados, marca el punto de inflexión y el comienzo del camino de la destrucción de las FARC.

Desde Trocadero en París con Ingrid Betancourt y el cantante Juanes como figuras descollantes, así como en Bogotá, Nueva York, Madrid, entre tantas otras, las marchas son fruto del cansancio general en contra de aquellos que utilizan la violencia, el terrorismo, el secuestro y el narcotráfico justificando alcanzar la paz, el desarrollo o el poder.

Hoy, más que la liberación de los secuestrados, lo que está en juego es la conciencia. Hoy demuestra que muchos están dejando atrás un conflicto de conciencia en que en algún recóndito lugar del cerebro todavía se justifica la violencia como método para alcanzar los fines por más altruistas que sean.

Hoy, el mundo dice no a las FARC y a sus métodos terroristas. Desenmascarados ante la opinión pública internacional, las FARC ya no gozan siquiera de la credibilidad que les otorgaba la izquierda romántica del mundo, excepto claro, por algunos dinosaurios como el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, que todavía los califica de “hermanos” o el de Venezuela que pidió al mundo hace un par de meses para que las FARC no sean consideradas terroristas sino fuerzas beligerantes o el Fidel de Cuba que les pidió negociar con el gobierno pero jamás dejar las armas.

Hoy el pueblo internacional, sin distinción de ideologías, sale a caminar, gritar y exigir la liberación de los secuestrados. Sale a gritar por independizar su conciencia de todos aquellos que alguna vez engañaron al pueblo con discursos a favor de los violentos, y de que los secuestros, de alguna forma, eran un método racional y justificado.

Lo que no pudieron hacer los gobiernos por más de 40 años en contra de las FARC, lo hace a partir de hoy la fuerza del pueblo, con la expresión, con el reclamo público, con la unión. Un mensaje que seguramente será mucho más destructivo que un misil aire-tierra.

“Jaque” y la importancia de los símbolos

La razón de ser de los logos, las marcas, los emblemas patrios y los símbolos institucionales es la identificación. Y de esa identidad dependen los sentimientos connotativos. Una esvástica crea sentimientos de racismo y opresión, una cruz roja simboliza la salvación, una paloma blanca connota la paz y cinco anillos entrelazados la unión mundial a través del deporte.

La fortaleza de un símbolo lo da su credibilidad, creando un lazo sentimental y de lealtad, entre el ícono y quien lo observa. Muchos, con razón, se sienten insultados cuando algún símbolo, como puede ser una bandera, es pisoteada o quemada, o un himno mal cantado.

La “Operación Jaque” del gobierno colombiano en el rescate de Ingrid Betancourt y 14 otros rehenes de las manos de las FARC reflotó la importancia de los símbolos. En el salvamento, un soldado colombiano se hizo pasar por un enfermero de la Cruz Roja colgándose un emblema de esa institución. La CNN denunció el hecho, la Cruz Roja se sintió ofendida, varios gobiernos protestaron y Alvaro Uribe pidió disculpas por la torpeza y el “nerviosismo” del militar que temió por su vida y se disfrazó.

Muchos argumentaron y pueden pensar que no fue un malo haber utilizado esa imagen engañando a las FARC, porque el fin último, el rescate, bien lo justificaba.

Pero el tema es más complicado. Lo que hizo el soldado colombiano con su actitud anti ética fue degradar la confianza de un símbolo, al que ahora las FARC pueden tomar a la ligera o, al menos, tendrán la justificación para usarlo a la ligera. Esa actitud minó la credibilidad sobre el emblema y pone en peligro a otras personas que lo deben usar en forma auténtica.

El único perdedor fue el ex Presidente

A excepción del ex presidente Néstor Kirchner, nadie perdió con la votación en contra de las retenciones móviles en el Senado nacional. Una vez que se disipen las broncas y las exaltaciones momentáneas entre los que se consideran perdedores y ganadores, todos los sectores encontrarán un sentido de victoria porque quien ganó fue la institucionalidad del país.

El poder ciudadano, de uno u otro bando, sabe que su fuerza y su conciencia valen y pesan más allá de la consulta electoral cada cuatro o seis años. Las instituciones privadas tienen conciencia de que pueden medir fuerzas con el aparato gubernamental y los partidos políticos tuvieron su juego democrático dentro del proceso.

El Poder Legislativo ganó credibilidad porque demostró un grado mayor de independencia. Los votos no se apilaron, como es habitual, detrás de lealtades partidarias.

El Poder Ejecutivo, más allá del intríngulis ético desatado por un vicepresidente disidente, se fortalecerá porque tiene una oportunidad única de buscar una salida más creativa para que el campo aporte más con mayor producción, y no sólo con impuestos, a las arcas del Estado.

El único perdedor fue Néstor Kirchner. Su prédica, su propuesta, su lobby, su diatriba fue, en cierta forma, castigada por la voluntad democrática. Se le dijo no. Entonces, debiera dar un paso al costado y dejar que gobierne a quien fue elegida para hacerlo.


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