Sin el virtuosismo de la gobernabilidad

Para continuar con esta rica discusión sobre si Argentina está o no entre países desarrollados o subdesarrollados, de primera o tercera categoría: Sigo creyendo que la diferencia entre un país de primera y uno de tercer orden se debe básicamente al nivel de gobernabilidad existente. Existe un círculo virtuoso en el que se vinculan la gobernabilidad, la democracia y el desarrollo económico y humano. Y estos elementos están unidos por una “goma” muy potente, las libertades de prensa, de expresión y de asociación, participación ciudadana y empoderamiento, poniendo al ciudadano como eje central y máximo protagonista del sistema.

En este círculo, el Estado tiene el papel de ser el facilitador, el coordinador del diálogo, el ordenador de la economía y garante de la legalidad, el debido proceso y la constitucionalidad. El Estado – asumiendo su posición para minimizar los conflictos y evitar su figura paternalista de “todopoderoso” – permite que se desarrolle una continuidad de gobiernos cuyo fin sea administrar, gerenciar, pero no ser dueño de todo, y menos de la verdad.

La gobernabilidad requiere de institucionalidad. En este contexto, veamos lo que se observa sobre Argentina. Según un informe de Calidad Institucional el país ocupaba el puesto 95 de un ránking de 199 países hace un año y descendió ahora al puesto 103, especialmente por una concentración de poder del Poder Ejecutivo y la reducción del ámbito de las libertades.

Es un índice del centro de Investigación de Instituciones de Mercados de Argentina y el International Policy Network de Londres. Y se conforma con datos de otros índices, como el del Freedom House y el de Transparencia Internacional, Banco Mundial entre otros. Este índice mide proceso debido, libertad económica, competitividad, libertad, libertad de prensa, rendición de cuentas.

En las Américas, Argentina descendió del puesto 22 al 27 y Canadá está en el mejor puesto de la región, y Dinamarca en el mundo. En lo económico Argentina no le va nada bien tampoco y es el sexto país en materia democrática. En materia de desarrollo humano, expectativa de vida, educación, entre otras cosas está mejor. Pero en Educación lo está por la tasa de alfabetización, pero no en otras competencias, como en comprensión de lectura donde el país está con un 40% de analfabetos funcionales.

De acuerdo a este y otros índices, es evidente que el desarrollo económico y humano de un país está íntimamente ligado al grado de gobernabilidad existente.


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