¿Fin al “apartheid turístico” en Cuba?

El gobierno cubano abrió el turismo nacional a sus ciudadanos. Reproduzco una nota que me envió hoy el periodista cubano independiente Carlos Serpa Maceira, de la Agencia de Prensa Sindical Press y corresponsal en la isla de Misceláneas de Cuba, a la que tituló “Una afrenta al pueblo cubano”.

La Habana, 15 de abril 2008 – En 1993 el régimen comunista de Cuba prohibió a los nacionales el acceso a los hoteles para el turismo. Soy oriundo de Cárdenas, una ciudad situada en la costa norte de la provincia cubana de Matanzas. Siendo adolescente visitaba con frecuencia la mundialmente conocida playa de Varadero. Fui testigo ocular como en ese balneario las áreas turísticas estaban vedadas a los ciudadanos cubanos. Se desconocen las cifras de cubanos arrestados por la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y fichados por no acatar la prohibición.
La impopular restricción se inscribe en el marco de la permanente violación a los derechos humanos. Los cubanos han sido víctimas del “apartheid turístico”, lo cual constituye una mancha para la Habana en materia de derechos civiles ante la comunidad internacional.
Los artículos 41 y 43 de la Constitución de la República de Cuba dicen respectivamente: “Todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes “ , “ Se domicilian en cualquier sector, zona o barrio de las ciudades y se alojan en cualquier hotel”.
Contradictoriamente el gobierno ha estado violando su propia Carta Magna. El ex gobernante Fidel Castro considero entonces que la apertura al turismo extranjero era una estrategia obligada para la sobrevivencia de la isla, y admitió que desataría inconformidad en la población. El gobierno de Raúl Castro autorizó a los habitantes de la isla hospedarse en los hoteles destinados para el turismo internacional. Un recorrido realizado por este periodista por los hoteles Plaza, Inglaterra, Floridita y Ambos Mundos, en el municipio La Habana Vieja, confirmó ocularmente que la cuenta resulta tan elevada como ilustrativa. El precio de una habitación en dependencia de sí es doble o sencilla, puede oscilar entre los 84 y 242 CUC, una moneda convertible cubana desvalorizada en el mundo, a la cual el cubano común no tiene acceso. Un CUC se cotiza a $1.20 o 24 pesos cubanos. El salario promedio anual de un cubano es de 4,900 pesos (unos $ 204 CUC), cifra que apenas cubriría una noche en uno de los hoteles antes citados. El día que realicé el periplo por las instalaciones hoteleras, ningún cubano se había hospedado.
“Los cubanos siempre hemos sido relegados a ciudadanos de segunda clase en nuestra propia patria”, aseguró en la Habana Ana , una ama de casa.
Desde mi óptica esta medida no favorece en lo absoluto al pueblo de Cuba. Hay que recordar que en julio de 2006, la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (FLAMUR) lanzó en el interior de Cuba la Campaña “Con la misma moneda” que pide que a los habitantes se les cobre los servicios que reciben en CUC con la misma moneda que se les paga. La petición avalada por 110 mil 738 firmas fue entregada en la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), sin embargo el gobierno no se ha pronunciado al respecto.
El levantamiento de la prohibición de hospedarse en los hoteles para turistas, se produce en momentos que el régimen proyecta la construcción de 30 nuevos hoteles con capitales de España y China, con miras a aumentar de 46,000 a 56,000 las habitaciones disponibles para el turismo en el 2010. Cuba, según informes oficiales amplió su capacidad hotelera hasta 44,000 habitaciones en el 2006, de las cuales casi la mitad son administradas por empresas extranjeras como la cadena española Sol Meliá y Accor de Francia. La capital cubana actualmente cuenta con más de 12,000 habitaciones distribuidas en 62 hoteles de las cadenas Cubanacán, Gran Caribe, Isla Azul, Gaviota y Habaguanex. Antes de concluir este artículo cabe una pregunta que el gobierno, no sé las causas, no ha aclarado a la opinión publica nacional e internacional ¿Tendrán los cubanos acceso a los hoteles establecidos en los cayos adyacentes?
El reglamento gubernamental que prohibía el acceso de los cubanos a las áreas turísticas tendrá que ser recogidos por la Historia de la lucha contra el Totalitarismo, por la gran afrenta que ha constituido al pueblo de Cuba. El levantamiento de la prohibición no significa mejoras para la nación. Su objetivo es sacar el dinero circulante debido a la situación económica interna imperante, caotizada por la doble moneda y el mercado negro. También las firmas por el gobierno de los Pactos Internacionales de Derechos Humanos han contribuido al cese de una de las afrentas entre las tantas que han padecido los cubanos. El gobierno de Raúl Castro tiene la palabra.

Nota: Para acompañar el artículo se adjuntan tres fotografías tomadas por este periodista. En la primera fotografía se observa al Hotel Inglaterra 4 estrellas, fundado en 1875, una habitación sencilla cuesta 84.00 CUC , Habitación Doble 120 CUC . La segunda fotografía muestra al Hotel Plaza, fundado en 1909 Categoría 4 estrellas perteneciente al Grupo Hotelero Gran Caribe, la habitación Sencilla cuesta 84.00 CUC y doble 120 CUC. La tercera foto muestra a Xiomara, una campesina residente en la Habana firmando la planilla de la Campaña “Con la misma moneda”.

Cuba ¿libre?: todavía es una farsa

En materia de libertades, el mayor cambio que trajo aparejado la entrega de posta de Fidel a Raúl – después de la friolera de 50 años – es que los ciudadanos a los que “mandonean”, prohíben hablar, asociarse, entrar y salir del país, ahora pueden hacer turismo en sus propios hoteles, comprar computadoras, teléfonos celulares y electrodomésticos. Los cambios, aunque muy lentos, al menos permiten avizorar un futuro mejor, aunque todavía el sueño por la libertad sigue siendo una farsa.

Para hacer turismo en los hoteles que estaban reservados sólo para los extranjeros hasta el 31 de enero pasado, los cubanos tienen que pagar en dólares, a precios internacionales – una habitación cuesta promedio U$S 150, un precio irrisorio comparado a los U$S 19 al mes de salario promedio. Lo cómico es que todavía serán vigilados si se acercan siquiera a esas embarcaciones de recreo en las playas, ya que lo tienen prohibido. Las autoridades tienen razones de sobra, sino pregúntele al exilio cubano en Miami que sigue acogiendo a miles de “balseros” todos los años, personas que arriesgan su vida en las 90 millas de corrientes oceánicas del estrecho de la Florida.

Otro cambio iniciado ayer es que los cubanos pueden comprar teléfonos celulares. Las colas fueron interminables. A pesar de que un contrato de activación cuesta U$S 120 y el minuto a EE.UU cuesta U$S 2.70 y U$S 5.85 a Europa, y recibir llamadas 30 centavos. Un celular Nokia básico cuesta U$S 75, y con cámara fotográfica hasta U$S 280. El dinero ganado en el turismo y los miles de millones en remesas familiares crea diferencias de clase entre ciudadanos, esas que Fidel nunca quiso que existieran.

Veremos adonde llevan estos cambios. Fidel, por lo pronto, en sus habituales columnas en Granma, se preguntó sobre esta nueva ola consumista iniciada por su hermano: “¿Tiene sentido la clase de existencia que promete el imperialismo?”.

A pesar de estos cambios, el gobierno mantiene puño férreo contra el periodismo independiente, un grupo de 60 personas que todos los días se las ingenia para enviar información fuera de la isla sin la intervención del Estado. Esto sin contar a los 25 que todavía siguen en las cárceles, y, que, como Raúl Rivero, el poeta y periodista exiliado ahora en España después de que fue liberado por razones humanitarias, se las ingeniaba para sacar de la cárcel poemas y notas a en las pocas visitas matrimoniales que le permitían a Blanquita, su esposa.

El régimen controla más que a los periodistas. Hace redadas periódicas por los barrios para erradicar las antenas parabólicas, muchas de ellas hechas artesanalmente con budineras y desmantelar centro de redistribución de señales de cable y cortar conexiones ilegales de internet, para lo cual los agentes de la seguridad cuentan con el apoyo de quienes conforman los comités de barrios, esas personas encargadas de vigilar y acusar a sus vecinos y adular al régimen. Tampoco se salvan de las redadas aquellos que reproducen dvd’s de programas de la televisión cubana de Miami, en donde la población se mofa del gobierno y un enjambre de periodistas ensaya todo tipo de fórmulas post-castristas.

A decir por algunos expertos, como el periodista Wilfredo Cancio, de El Nuevo Herald en Miami, ex profesor de Periodismo de la Universidad de La Habana, exiliado desde hace un par de años: la venta de computadoras no implica que se irá a liberalizar el uso de internet, un espacio de control estratégico por parte del gobierno, que la da prioridad al “empleo social” de la red. (En próximo post, más sobre el internet en Cuba).


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