Madre Dolorosa – Festividad 15 de Setiembre

Nuestra Señora,


Virgen de los

Dolores


15 de septiembre


Los siete dolores de la Santísima Virgen que han suscitado mayor devoción son: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, los tres días que Jesús estuvo perdido, el encuentro con Jesús llevando la Cruz, su Muerte en el Calvario, el Descendimiento, la colocación en el sepulcro.

Simeón había anunciado previamente a la Madre la oposición que iba a suscitar su Hijo, el Redentor. Cuando ella, a los cuarenta días de nacido ofreció a su Hijo a Dios en el Templo, dijo Simeón: “Este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán y a ti misma una espada te atravesará el alma” (Lc 2,34).

El dolor de María en el Calvario fue más agudo que ningún otro en el mundo, pues no ha habido madre que haya tenido un corazón an tierno como el de la Madre de Dios. Cómo no ha habido amor igual al suyo. Ella lo sufrió todo por nosotros para que disfrutemos de la gracia de la Redención. Sufrió voluntariamente para demostrarnos su amor, pues el amor se prueba con el sacrificio.

No por ser la Madre de Dios pudo María sobrellevar sus dolores sino por ver las cosas desde el plan de Dios y no del de sí misma, o mejor dicho, hizo suyo el plan de Dios. Nosotros debemos hacer lo mismo. La Madre Dolorosa nos echará una mano para ayudarnos.

La devoción a los Dolores de María es fuente de gracias sin número porque llega a lo profundo del Corazón de Cristo. Si pensamos con frecuencia en los falsos placeres de este mundo abrazaríamos con paciencia los dolores y sufrimientos de la vida. Nos traspasaría el dolor de los pecados.

La Iglesia nos exhorta a entregarnos sin reservas al amor de María y llevar con paciencia nuestra cruz acompañados de la Madre Dolorosa. Ella quiere de verdad ayudarnos a llevar nuestras cruces diarias, porque fue en le calvario que el Hijo moribundo nos confió el cuidado de su Madre. Fue su última voluntad que amemos a su Madre como la amó Él.

La Palabra de Dios

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.

Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.

Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.” Lc 2, 34-45

Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.” Lc 2, 48

Vosotros, todos los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor semejante al dolor que me atormenta,” Lam 1, 12


Oraciones

Oración propia de la Novena

¡Santísima y muy afligida Madre, Virgen de los Dolores y Reina de los Mártires! Estuviste de pie, inmóvil, bajo la Cruz, mientras moría tu Hijo.
Por la espada de dolor que te traspasó entonces, por el incesante sufrimiento de tu vida dolorosa y el gozo con que ahora eres recompensada de tus pruebas y aflicción, mírame con ternura Madre, ten compasión de mí que vengo a tu presencia para venerar tus dolores. Deposito mi petición con infantil confianza en el santuario de tu Corazón herido.
Te suplico que presentes a Jesucristo, en unión con los méritos infinitos de su Pasión y Muerte, lo que sufriste junto a la Cruz, y por vuestros méritos me sea concedida esta petición (Mencione el favor que desea).
¿
A quién acudiré yo en mis necesidades y sufrimientos sino a ti, Madre de misericordia? Tan hondo bebiste del cáliz de tu Hijo que puedes compadecerte de los sufrimientos de quienes están todavía en este valle de lágrimas.
Ofrece a nuestro divino Salvador lo que Él sufrió en la Cruz para que su recuerdo le mueva a compadecerse de mí, pecador. Refugio de pecadores y esperanza de la humanidad, acepta mi petición y escúchala favorablemente, si es conforme a la voluntad de Dios.
Señor Jesucristo, te ofrezco los méritos de María, Madre tuya y nuestra, que ganó bajo la Cruz. Por su amable intercesión pueda yo obtener los deliciosos frutos de tu Pasión y Muerte.

Ofrecimiento

María, Virgen Santísima y Reina de los Mártires, acepta el sincero homenaje de mi amor infantil. Recibe mi pobre alma dentro de tu corazón, traspasado por tantas espadas. Tómala por compañera de tus dolores al pie de la Cruz, donde Jesús murió para redimir al mundo.
Contigo, Virgen de los Dolores, quiero sufrir gustosamente todas las pruebas, sufrimientos y aflicciones que Dios se complazca en mandarme. Los ofrezco en memoria de tus dolores. Haz que todos mis pensamientos y latidos del corazón sean un acto de compasión y amor por ti.
Madre amadísima ten compasión de mí, reconcíliame con Jesús, tu divino Hijo, manténme en su gracia y asísteme en mi última agonía, para que pueda yo encontrarte en el Cielo juntamente con el Hijo.

Himno – Stabat Mater

Ante el hórrido Madero
Del Calvario lastimero,
Junto al Hijo de tu amor,
¡Pobre Madre entristecida!
Traspasó tu alma abatida
Una espada de dolor.

¡Cuan penoso, cuán doliente
Ver en tosca Cruz pendiente
Al Amado de tu ser!
Viendo a Cristo en el tormento,
Tú sentías el sufrimiento
De su amargo padecer.

¿Quien hay que no lloraría
Contemplando la agonía
De María ante la Pasión?
¿Habrá un corazón humano
Que no compartiese hermano
Tan profunda transfixión?
Golpeado, escarnecido,
Vio a su Cristo tan querido
Sufrir tortura tan cruel,
Por el peso del pecado
De su pueblo desalmado
Rindió su espíritu El.

Dulce Madre, amante fuente,
Haz mi espíritu ferviente
Y haz mi corazón igual
Al tuyo tan fervoroso
Que al buen Jesús piadoso
Rinda su amor fraternal.

Oh Madre Santa, en mi vida
Haz renacer cada herida
De mi amado Salvador,
Contigo sentir su pena,
Sufrir su mortal condena
Y su morir redentor.

A tu llanto unir el mío,
Llorar por mi Rey tan pío
Cada día de mi existir:
Contigo honrar su Calvario,
Hacer mi alma su santuario,
Madre, te quiero pedir.

Virgen Bienaventurada,
De todas predestinada,
Partícipe en tu pesar
Quiero ser mi vida entera,
De Jesús la muerte austera
Quiero en mi pecho llevar.

Sus llagas en mi imprimidas,
Con Sangre de sus heridas
Satura mi corazón
Y líbrame del suplicio,
Oh Madre en el día del juicio
No halle yo condenación.

Jesús, que al llegar mi hora,
Sea María mi defensora,
Tu Cruz mi palma triunfal,
Y mientras mi cuerpo acabe
Mi alma tu bondad alabe
En tu reino celestial.
Amén, Aleluya.


Oración

Padre, Tu quisiste que la madre de tu Hijo, llena de compasión, estuviese junto a la Cruz donde Él fue glorificado. Concede a tu Iglesia, que comparte la Pasión de Cristo, participar de su Resurrección. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Una Lección sobre la Esperanza

Lectura Del santo Evangelio según Marcos 5,21-43

Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva.» Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.» Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?» Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ¿Quién me ha tocado?’» Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.»

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» Jesús, que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe.» Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida.» Y se burlaban de él. Pero él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate.» La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

Reflexión

• En el evangelio de hoy vamos a meditar sobre dos milagros de Jesús a favor de dos mujeres. El primero, a favor de una mujer considerada impura por causa de una hemorragia que le duraba desde hacía doce años. El otro milagro, a favor de una niña de doce años, que acababa de morir. Según la mentalidad de la época, cualquier persona que tocara la sangre o el cadáver era considerada impura. Por esto, aquellas dos mujeres eran personas marginadas, excluidas de la participación en comunidad.

• La actitud de la mujer. Oyó hablar de Jesús. Nació una nueva esperanza. Se dijo a sí misma: “Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré.” El catecismo de la época mandaba decir: “Si se toca su ropa, se quedará impuro”. ¡La mujer piensa exactamente lo contrario! Señal que las mujeres no concordaban con todo lo que las autoridades religiosas enseñaban. La mujer se puso en medio de la multitud y, de forma desapercibida, tocó Jesús, pues todo el mundo lo apretaba y lo tocaba. En ese mismo instante ella sintió en el cuerpo que había sido curada.

• La reacción de Jesús y de los discípulos. Jesús se había dado cuenta que una fuerza había salido de él y preguntó: “¿Quién me ha tocado?” Los discípulos reaccionaron: “Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ¿Quién me ha tocado?” Aquí aparece el desencuentro entre Jesús y sus discípulos. Jesús tenía una sensibilidad que no era percibida por los discípulos. Estos reaccionan como todo el mundo y no entienden la reacción diferente de Jesús. Pero Jesús no presta atención y sigue indagando.

• La cura por la fe. La mujer percibió que había sido descubierta. Fue un momento difícil y peligroso. Pues, según la creencia de la época, una persona impura que, como aquella mujer, se metía en medio de una multitud, contaminaba a todo el mundo a través del toque. Y hacía que todos se volvieran impuros ante Dios (Lev 15,19-30). Por esto, como castigo, podría ser apedreada. Pero la mujer tuvo el valor de asumir lo que hacía. “Atemorizada y temblorosa” cayó a los pies de Jesús y contó toda su verdad. Jesús dice la palabra final: “Hija, tu fe te ha salvado e te ha salvado; ¡vete en paz y queda curada de tu enfermedad!”. “Hija”, con esta palabra Jesús acoge a la mujer en la nueva familia, en la comunidad, que se formaba a su alrededor.

Santa Teresa de Ávila – Nada te Turbe


Nada Te Turbe

Nada te turbe,

Nada te espante,

Todo se pasa,

Dios no se muda.

La paciencia

Todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene

Nada le falta:

Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,

Al cielo sube,

Por nada te acongojes,

Nada te turbe.

A Jesucristo sigue

Con pecho grande,

Y, venga lo que venga,

Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?

Es gloria vana;

Nada tiene de estable,

Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,

Que siempre dura;

Fiel y rico en promesas,

Dios no se muda.

Ámala cual merece

Bondad inmensa;

Pero no hay amor fino

Sin la paciencia.

Confianza y fe viva

Mantenga el alma,

Que quien cree y espera

Todo lo alcanza.

Del infierno acosado

Aunque se viere,

Burlará sus furores

Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,

Cruces, desgracias;

Siendo Dios su tesoro,

Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;

Id, dichas vanas;

Aunque todo lo pierda,

Sólo Dios basta.

Santa Teresa de Ávila

La Maternidad viene de Dios – Autor: Juan Pablo II

Hoy recibimos una invitación de Dios a meditar la Palabra.

La Santa Biblia viene a traernos relatos maravillosos de mujeres que confiaron en el Señor.-

En el texto encontraran la ubicación de cada relato… no se queden con los pequeños fragmentos que transcribo estos parrafos; lean y mediten cada uno en su totalidad. Verán como la Fé gana más lugares en su corazón.

No tengan miedo, confien sus penas en Dios; tengan en cuenta que un corazón humilde nunca es rechado por el Señor.-

Autor: SS. Juan Pablo II | Fuente: Catholic.net
La maternidad viene de Dios


Durante la audiencia general del miércoles 6 de marzo de 1996.

1. La maternidad es un don de Dios. «He adquirido un varón con el favor del Señor» (Gén 4,1), exclama Eva después de haber dado a luz a Caín, su primogénito. Con estas palabras, el libro del Génesis presenta la primera maternidad de la historia de la humanidad como gracia y alegría que brotan de la bondad del Creador.
2. Del mismo modo, se ilustra el nacimiento de Isaac, en el origen del pueblo elegido.
A Abraham, privado de descendencia y ya en edad avanzada, Dios promete una posteridad numerosa como las estrellas del cielo (ver Gén 15,5). El patriarca acoge la promesa con la fe que revela al hombre el designio de Dios: «Y creyó él en el Señor, el cual se lo reputó por justicia» (Gén 15,6).
Las palabras que el Señor pronunció con ocasión del pacto establecido con Abraham confirman esa promesa: «Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos» (Gén 17,4).
Acontecimientos extraordinarios y misteriosos destacan cómo la maternidad de Sara es, sobre todo, fruto de la misericordia de Dios, que da la vida más allá de toda previsión humana: «Yo la bendeciré, y de ella también te daré un hijo. La bendeciré, y se convertirá en naciones; reyes de pueblos procederán de ella» (Gén 17,16).
La maternidad se presenta como un don decisivo del Señor: el patriarca y su mujer recibirán un nombre nuevo para significar la inesperada y maravillosa transformación que Dios realizará en su vida.


3. La visita de tres personajes misteriosos, en los que los Padres de la Iglesia vieron una prefiguración de la Trinidad, anuncia de modo más concreto a Abraham el cumplimiento de la promesa: «Apareciósele el Señor en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su tienda en lo más caluroso del día. Levantó los ojos y he aquí que había tres individuos parados a su vera» (Gén 18,1-2). Abraham objeta: «¿A un hombre de cien años va a nacerle un hijo?, ¿y Sara, a sus noventa años, va a dar a luz?» (Gén 17,17; ver 18,11-13). El huésped divino responde: «¿Es que hay algo imposible para el Señor? En el plazo fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo» (Gén 18,14; ver Lc 1,37).
El relato subraya el efecto de la visita divina, que hace fecunda una unión conyugal, hasta ese momento estéril. Creyendo en la promesa, Abraham llega a ser padre contra toda esperanza, y padre en la fe porque de su fe desciende la del pueblo elegido.

4. La Biblia ofrece otros relatos de mujeres a las que el Señor libró de la esterilidad y alegró con el don de la maternidad. Se trata de situaciones a menudo angustiosas, que la intervención de Dios transforma en experiencias de alegría, acogiendo la oración conmovedora de quienes humanamente no tienen esperanza. Raquel, por ejemplo, «vio que no daba hijos a Jacob y, celosa de su hermana, dijo a Jacob: “Dame hijos, o si no me muero”. Jacob se enfadó con Raquel y dijo: “¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado el fruto del vientre?”» (Gén 30,1-2).
Pero el texto bíblico añade inmediatamente que «entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la oyó y la hizo fecunda, y ella concibió y dio a luz un hijo» (Gén 30,22-23). Ese hijo, José, desempeñará un papel muy importante para Israel en el momento de la emigración a Egipto.
En éste, como en otros relatos, subrayando la condición de esterilidad inicial de la mujer, la Biblia quiere poner de relieve el carácter maravilloso de la intervención divina en esos casos particulares, pero, al mismo tiempo, da a entender la dimensión de gratuidad inherente a toda maternidad.

5. Encontramos un procedimiento semejante en el relato del nacimiento de Sansón. La mujer de Manóaj, que no había podido engendrar hijos, recibe el anuncio del ángel del Señor: «Bien sabes que eres estéril y que no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo» (Jue 13,3-4). La concepción, inesperada y prodigiosa, anuncia las hazañas que el Señor realizará por medio de Sansón.
En el caso de Ana, la madre de Samuel, se subraya el papel particular de la oración. Ana vive la humillación de la esterilidad, pero está animada por una gran confianza en Dios, a quien se dirige con insistencia para que la ayude a superar esa prueba. Un día, en el templo, expresa un voto: «¡Oh Señor de los ejércitos! (…), si no te olvidas de tu sierva y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor por todos los días de su vida…» (1Sam 1,11).
Su oración es acogida: «El Señor se acordó de ella», que «concibió (…) y dio a luz un niño a quien llamó Samuel» (1Sam 1,19-20). Cumpliendo su voto, Ana entregó su hijo al Señor: «Este niño pedía yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se lo cedo al Señor por todos los días de su vida» (1Sam 1,27-28). Dado por Dios a Ana, y luego por Ana a Dios, el niño Samuel se convierte en un vínculo vivo de comunión entre Ana y Dios.
El nacimiento de Samuel es, pues, experiencia de alegría y ocasión de acción de gracias. El primer libro de Samuel refiere un himno, llamado el Magnificat de Ana, que parece anticipar el de María: «Mi corazón exulta en el Señor, mi poder se exalta por Dios…» (1Sam 2,1).
La gracia de la maternidad, que Dios concede a Ana por su oración incesante, suscita en ella nueva generosidad. La consagración de Samuel es la respuesta agradecida de una madre que, viendo en su hijo el fruto de la misericordia divina, devuelve el don, confiando ese hijo tan deseado al Señor.

6. En el relato de las maternidades extraordinarias que hemos recordado, es fácil descubrir el puesto importante que la Biblia asigna a las madres en la misión de los hijos. En el caso de Samuel, Ana desempeña un papel trascendental con su decisión de entregarlo al Señor. Una función igualmente decisiva desempeña otra madre, Rebeca, que procura la herencia a Jacob (ver Gén 27). En esa intervención materna, que describe la Biblia, se puede leer el signo de una elección como instrumento del designio soberano de Dios. Es él quien elige al hijo más joven, Jacob, como destinatario de la bendición y de la herencia paterna y, por tanto, como pastor y guía de su pueblo. Es él quien, con decisión gratuita y sabia, establece y gobierna el destino de todo hombre (ver Sab 10,10-12).
El mensaje de la Biblia sobre la maternidad muestra aspectos importantes y siempre actuales. En efecto, destaca su dimensión de gratuidad, que se manifiesta, sobre todo, en el caso de las estériles; la particular alianza de Dios con la mujer; y el vínculo especial entre el destino de la madre y el del hijo.
Al mismo tiempo, la intervención de Dios que, en momentos importantes de la historia de su pueblo, hace fecundas a algunas mujeres estériles, prepara la fe en la intervención de Dios que, en la plenitud de los tiempos, hará fecunda a una Virgen para la Encarnación de su Hijo

Intenciones dedicadas a la Familia



Para los matrimonios que anhelan un hijo:

-A ti, que nos diste en tu Hijo amado la prueba del mayor amor, te pedimos que todos los que anhelan un hijo preparen sus corazones con generosidad para dar y recibir amor.-

- A ti, que hiciste obras grandes en María, te pedimos que escuches especialmente las oraciones de quienes anhelan un hijo, para que puedan ver el fruto de su amor.-

- A ti, que hiciste de María la Madre del amor hermosos, haz que quienes anhelan un hijo puedan recibirlo y ayudarlo a crecer en sabiduría, prudencia y gracia ante tus ojos.-

ORACIÓN CONCLUSICA:

“Padre bueno, que nos regalas la vida, atiende las súplicas de las parejas que anhelan un hijo, para que podamos verlo crecer en nuestros hogares y reconozcan en él la gracia de tu infinito amor”.-

LA BUSQUEDA DEL EMBARAZO

Para todas Ustedes que enfrentan con amor “la busqueda” transcribo esta oración al Espíritu Santo que habla sobre el miedo y la ansiedad, pero por favor recuerden que cada una de nosotras nació con una misión especial en la vida, y entendamos que la palabra “Madre” es muy amplia, que no solamente podemos ser llamadas de este modo por tener a un bebe dentro de nuestro vientre; hay otra palabra que lo supera todo y es “Amor”, por ello abramos de par en par nuestro corazón a lo que la vida preparó para nosotros…Es que, la paternidad no pasa por una panza, sino por el corazón.

Hay muchos caminos para cumplir nuestra misión.-

“Ven Espíritu Santo. Hoy quiero entregarte mi futuro, hasta el último día de mi vida.

Quiero caminar iluminado por tu divina luz, para saber adonde voy, para no desgastar energías.

No quiero obsesionarme por el futuro. Y por eso, prefiero entregarlo en tu presencia y dejarme llevar por tu impulso. Espíritu Santo, sana mi ansiedad, para que acepte que cada cosa llega en su tiempo y en su momento.

Y sana mis miedos, para que pueda confiar en tu auxilio y me deje guiar siempre. Tu que sabes lo que mas me conviene, oriéntame y condúceme cada día, y protégeme de todo mal. Ven Espíritu Santo y toma mi Futuro. Amén”

Poema de un futuro papá: El reflejo de tu vientre

La descubro en el espejo observándose cuerpo,

Acariciándose el vientre y mirando su reflejo,

La descubro en el espejo observándose su cuerpo

Cada mes hace lo mismo pues su vientre va creciendo

En la espera de nuestro hijo que celosa va luciendo…

Llora y ríe, ríe y llora al sentir sus movimientos…

Le habla con sutileza y le dice ¡te queremos!

Y al mirarla en el espejo en mi mente van creciendo

Mil preguntas que hacerle y decirle lo que siento,

Al ver parte de nuestro amor en su vientre floreciendo,

Que se siente amada mía dar vida a un ser nuevo,

Que forma parte de ti y depende de tu cuerpo…

Y al mirarla en el espejo con voz entrecortada

Le digo a mi amada que me deje tocar su cuerpo…

Y sentir entre su vientre la dulzura de un ser nuevo,

Ser parte de las caricias, y sentir sus movimientos

Hablándole cosas lindas y decirle que lo quiero…

La descubro en el espejo observándose su cuerpo,

Acariciándose el vientre tiernamente y sutilmente

Con la voz entrecortada, casi casi en secreto,

Con lágrimas en la cara, y un quejido en el viento,

Me dice mi pequeña amada, ¡¡ha llegado el momento!!

Le doy gracias al cielo por vivir el sentimiento

De ver a mi hijo nacer de esa agua estoy sediento,

Mientras a mi mujer, le doy palabras de aliento

Le digo cuanto la amo, le acaricio sus cabellos…

Le doy gracias a Dios por tener el privilegio

De poder ser padres, y mandarme un ángel del cielo…

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA DULCE ESPERA

La devoción a Nuestra Señora de la Dulce Espera se remonta a muchos años atrás. Hay imágenes de la Virgen María embarazada como por ejemplo la Virgen de Guadalupe Patrona de México y de América, donde se percibe el abultamiento de su vientre. Muchos son los que se encomiendan a nuestra Señora de la Dulce Espera pidiendo con Devoción por la llegada de un Hijo, por el feliz término de un embarazo, como también son múltiples los agradecimientos de aquellos que fueron escuchados por la Virgen y hoy disfrutan de la dicha de ver crecer sano y feliz al niño tan deseado. La imagen de la Virgen de la Dulce Espera se ha popularizado reproducida en Estampas, esculturas, etc., donde aparece con una mano sosteniendo un libro Símbolo de la Palabra y con la otra acaricia su vientre.

NOVENA:

1- Hacemos la señal de la cruz.

2- Rezamos el Acto de Contrición (confesando nuestros pecados y pidiendo perdón por haberlos cometido)

3- Rezamos la meditación del día correspondiente

4- Hacemos la petición…

5- Nos despedimos rezando la oración a Nuestra Señora de la Dulce Espera.-

ORACIÓN:

OH Virgen de la Dulce Espera que en la persona de tu Divino Hijo, el Niño Jesús, has sido la causa de nuestra Esperanza trayendo en tu seño el mensaje de Salvación para todos los hombres.

Haz también que en nuestra dulce espera preparemos la llegada del fruto de nuestro amor Cristiano, con tu protección y ayuda, agradeciendo a Dios, Autor de toda Vida, el colaborar con El al aumento de la gran Familia Humana y que con el Bautismo inmediato lo convirtamos en hijo de Dios.

Amén

PRIMER DÍA

Atiende nuestro pedido Dulce Madre y Señora y protégenos en este trance, para que podamos tener en nuestros brazos maternales al hijo que ansiosamente aguardamos.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

SEGUNDO DÍA

Nuestra Señora de la Dulce Espera guía nuestra vida, protégenos bajo tu manto y auxílianos en este deseo ferviente de ser padres.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

TERCER DÍA

Virgen María tu que fuiste visitada por el Ángel Gabriel para recibir la gran noticia de ser la elegida para ser Madre del Salvador, atiende nuestra suplica. En ti depositamos nuestras esperanzas.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

CUARTO DÍA

Nuestra Señora de la Dulce Espera guía nuestro embarazo y acompáñanos como lo hiciste con tu prima Santa Isabel, cuando ya mayor quedo embarazada de Juan el Bautista.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

QUINTO DÍA

Virgen María te pedimos hoy por las futuras madres que afrontan solas el embarazo para que sientan alivio al recurrir a tu ayuda.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

SEXTO DÍA

Nuestra Señora de la Dulce Espera Ilumina con Maternal cuidado estos nueve meses de Gracia en los que la Virtud Creadora de Dios obra el mayor de los Milagros.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

SEPTIMO DÍA

Virgen María ayúdanos como cristianos a dar testimonio de tu amo, defendiendo la vida y siguiendo las enseñanzas de tu Hijo el Salvador.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

OCTAVO DÍA

Nuestra Señora de la Dulce Espera te pedimos hoy por aquellas madres embarazadas que viven horas de angustia por motivos económicos o familiares para que puedan dedicarse con total empeño al niño que guardan en su seño.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

NOVENO DÍA

Virgen María, Madre del Salvador, te suplicamos hoy que atiendas el llamado de tantas parejas que desean ver coronado su amor por la llegada de un hijo, y por todas las embarazadas que se encomiendan a Ti buscando tu Maternal cuidado.

Y por aquellas futuras madres que esperan un hijo en adopción, guíalas para que encuentren el camino hacia aquel Ser que tienen predestinados en la vida para cumplir el Milagro del Amor.

Padre Nuestro – Ave María – Gloría

Que la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de la Dulce Espera nos ilumine, nos proteja y nos acompañe siempre.

NOTA: CHICAS NO OLVIDEN QUE AUNQUE LOS CAMINOS SEAN LARGOS Y DIFICILES, “DIOS MARCHA A NUESTRO LADO COMO COMO COMPAÑERO Y AMIGO”
(ESPECIALMENTE DEDICADO A AQUELLAS MAMÁS CON EMBARAZOS DE ALTO RIESGO, Y POR AQUELLAS QUE ESTAN EN REPOSO ABSOLUTO)

DIOS DERRAME SUS BENDICIONES SOBRE TODAS NOSOTRAS!!!!!!!!!

ORACIÓN

Nuestra Señora de la Dulce Espera, en la experiencia de tu maternidad protegida por el Espirítu Santo, has compartido nuestra esperanza, así como nuestras penas y alegrías.

Ya que reinas gloriosa junto a tu Hijo Jesucristo, Salvador y Señor Nuestro, sabes que quieres venir en nuestra ayuda.

Atiende esta súplica y protégenos en el momento en que confiadamente esperamos un hijo, para que podamos aceptarlo con amor, educarlo en la Fe Católica y conducirlo con nuestro ejemplo hasta la Casa de Dios Padre.

Amén.-

Despúes del nacimiento de Nuestros Hijos:

Oración de acción de gracias para después del nacimiento del hijo:

Te damos gracias, Señor, por esta hijo/a que hemos recibido como un don de tu amor. Haz que seamos capaces de alimentarle, fortalecerle y educarle, de tal manera que sea plenamente miembro de la familia humana y en definitiva de la gran familia de Dios. Que, con nuestro ejemplo y nuestra palabra, aprenda que, si ha venido a este mundo, ha sido para llevar a cabo en él una misión de amor y de paz tal como lo hizo tu hijo Jesucristo.

Te damos una vez más las gracias por mediación de San Ramón Nonato, nuestro protector. Que la intercesión que ha hecho nos ayude también a dar a nuestro hijo una santa educación inspirada en los valores cristianos.

Contentos y agradecidos por el nacimiento de nuestro hijo/a, te dirigimos ahora aquella plegaria que tu hijo nos enseñó: Padre nuestro ….