Respeto: Enseñando a nuestros hijos

Instruye al niño en el camino correcto,

y aun en su vejez no lo abandonará.

(La Biblia)

No tengo dudas que si hoy me paro en la puerta de cualquier colegio y les pregunto a los adolescentes qué les sugiere la palabra respeto, la gran mayoría de ellos me contestará que es la canción que canta “Antonella en Patito feo”.

Se que a grandes rasgos mi afirmación puede parecer subestimar a los adolescentes pero cuando miramos un poquito a nuestro alrededor y vemos las imágenes de alumnos incendiando el cabello de una profesora o agrediéndola en plena clase, créanme que creo estar en lo correcto: este valor humano se desvirtuó y está a punto de perderse.

Ahora la pregunta es: ¿Por qué? ¿Qué sucedió para que un valor tan importante de nuestra vida y convivencia como sociedad esté esfumándose día a día?

Bien, comencemos por preguntarnos que quiere decir “Respeto”. Quizás en la época de nuestros abuelos, pedir respeto significaba, algo así como: “haz lo que te digo, y guarda silencio“. Pedir respeto significaba una exigencia de sumisión y obediencia. Y es verdad que los niños de aquel entonces (nuestros padres) respetaban más por temor que por convencimiento pero…respetaban.

Ya en la época de mis padres, la comunicación en el seno familiar era más fluida, se podía intercambiar opiniones pero aún así siempre prevalecía la opinión paterna y los niños de aquel entonces (es decir, nosotros) no estábamos de acuerdo, se nos permitía opinar, lo expresábamos pero…respetábamos.

Actualmente, todo es diferente: los niños opinan, critican, imponen y son los padres los que obedecen y ¡respetan las decisiones de los hijos!

Y esto se debe al desembarco de una “nueva ola” de padres permisivos, acomplejados y con la idea de que sus propios padres fueron muy “duros” con ellos y les cortaron las alas para poder ser y desarrollarse en la vida. Entonces, convencidos que no quieren ser iguales a sus progenitores y que ellos son mucho más “modernos” quisieron cambiar el modelo de educación hacia sus hijos y ahora gastan más dinero en psicoanalistas por la culpa que les provoca ponerle límites a sus niños en ves de “gastar” ese tiempo con sus hijos educándolos y amándolos al no permitirles hacer todo lo que desean.

En cualquier sociedad (familia, aula, empresa, ciudad) debe haber autoridades que la dirijan (padres, profesores, jefes, concejales). Esto exige a hijos, alumnos y subordinados un trato disciplinado y obediente. Las rebeldías son faltas de respeto hacia la sociedad.

Y no podemos negarlo: No es culpa de los chicos, es culpa de los padres. Si hoy con mi esposo no educamos integralmente a nuestro pequeño hijo, jamás Gianluca sabrá comportarse en sociedad y mucho menos acatará una norma.

Si no le enseño que no puede hacer todo lo que desea, que hay cosas que por su propio bien (aunque él hoy no lo entienda) papá y mamá no se lo permiten, mañana jamás Gianluca respetará a otros porque no fue enseñado y desarrollado en su sentido de la frustración, lo cual, cuando crezca le permitirá ver y entender que su libertad y sus derechos terminan donde empiezan los de su prójimo.

Si no educo hoy a mi hijo tan solo le estoy demostrando mi desamor y negligencia y cosecharé un hombre carente de valores, egoísta y anárquico.

Papá, Mamá, no tengas miedo. Educa a tu hijo/a, ponle límites. De esa manera le estás demostrando que le amas.

Durante mucho tiempo trabajé con grupos de niños y adolescentes y ellos no hacen más que reclamar a gritos esos límites. Aunque como padre te parezca que los rechazan, déjame decirte que lo hacen para llamar tu atención. Ellos necesitan a alguien que los guíe y les diga hasta dónde pueden llegar.

Están en plena edad de maduración, donde no saben lo que quieren pero sí necesitan que tú estés allí para apoyarlos.

No buscan un amigote, no te esfuerces por querer ser el amigo/a de tu hijo/a porque nunca lo conseguirás: eres su papá o su mamá y ese es el rol que Dios te dio y el que tu hijo te reclama y te reclamará siempre.

La Paternidad implica el estar cerca, el amar, el cubrir, el escuchar, el no juzgar. Muéstrales que siempre podrán contar contigo más allá de lo que hayan hecho.

Enséñales a tus hijos con el ejemplo. Respeta para que ellos aprendan a hacerlo.

La difamación y las burlas rebajan la dignidad de las personas, y este trato injusto es una falta de respeto.

Los obreros y subordinados son seres humanos. Tratarlos como esclavos es una falta de respeto a su dignidad de personas.

Las faltas de educación voluntarias (desplantes, portazos, etc.) suelen ser ejemplos de falta de respeto pues el trato adecuado a esas personas debía ser otro.

La mujer es una persona humana y es injusto tratarla como un objeto sexual. Esta injusticia es entre otras cosas una falta de respeto.

El amor humano posee una gran dignidad que exige un trato delicado. La pornografía es una falta de respeto hacia la humanidad.

Los animales y plantas están al servicio del hombre pero poseen de por sí alguna dignidad en cuanto criaturas. El hombre puede usarlos, comerlos y divertirse con ellos, pero dentro de cierto respeto.

No permitas que ridiculicen a sus maestros y/o profesores ni te pongas de su lado en todo lo que te comente acerca de ellos y mucho menos los rebajes delante de tus hijos pues así le estás enseñando a que no deben obedecerlos.

Enséñales a respetar a sus autoridades según el ámbito en que se encuentren: padres, maestros, jefes.

Conocer el valor propio y honrar el valor de los demás es la verdadera manera de ganar respeto.
Respeto es el reconocimiento del valor inherente y los derechos innatos de los individuos y de la sociedad. Estos deben ser reconocidos como el foco central para lograr que las personas se comprometan con un propósito más elevado en la vida.

Quiero dejarte a modo de reflexión, algo que leí cuando aun no tenía hijos, pero que me marcó tanto que deseo compartirlo contigo porque creo que aun estamos a tiempo como padres de ganar y corregir a esta generación pues está en nuestras manos:

12 pasos para enviar a sus hijos al infierno

Hay una serie de aspectos que quiero que usted considere para no enviar a sus hijos al infierno. Si usted no cree en Dios, créame que puede ponerlas en práctica de todas formas ya que estará amando a sus hijos al ocuparse de ellos:

1. Nunca disciplines a tus hijos, porque puede dañar sus sentimientos e invadir su libertad de hacer según sus propios gustos.

2. Permite que tus hijos hagan cualquier cosa, porque tú no querrás destruir su creatividad.

3. Cuando tus hijos se quejan, o hacen una rabieta, siempre dales lo que quieren a fin de que ellos pongan un alto a su mal comportamiento.

4. No enseñes la Biblia a tus hijos, especialmente evita los versos concernientes a cualquier mandamiento o instrucción.

5. Permite que tus hijos miren lo que quieran en la televisión, escuchen cualquier música que les gusta, y lean cualquier revista que tengan ganas de leer. No te preocupes de que aquellas no sean buenas influencias; tus hijos pueden decidir por ellos mismos.

6. No te preocupes de quienes sean los amigos de tus hijos. En cambio, permíteles andar con cualquier grupo que les gusta.

7. Mantente demasiado ocupado para que no tengas tiempo de involucrarte en las vidas de tus hijos.

8. No digas a tus hijos que les amas; en cambio asegúrate que ellos sepan que son carga y molestia para ti.

9. En todo, asegúrate que tú no seas un ejemplo piadoso para tus hijos a imitar. No ores, no estudies la Biblia, y nunca te comportes como cristiano.

10. Asegúrate que tus hijos reciban educación y buenas costumbres fuera de tu hogar para que pueden ensanchar sus opiniones y tener “amplitud de mente” especialmente en la educación sexual moderna, para aprender que la homosexualidad es un estilo de vida aceptable, o cualquier cosa que degrada los papeles tradicionales de esposo y esposa. Si tú tienes dificultad en alcanzar esto, la televisión y las calles estarán muy contentos de ayudarte.

11. Concéntrate en ser el amigo de tus hijos de tal manera que nunca contradigas una mala idea que ellos tienen.

12. Evita las actividades familiares que pueden estrechar vínculos con su propia familia. En cambio, permíteles hallar o inventar sus propias diversiones, aun si se involucran en actividades que son peligrosas y pecaminosas.

¡Hasta la próxima!

¿Dónde se fueron?

Anoche, mientras con mi pequeño hijo Gianluca veíamos uno de sus DVD preferidos, me puse a pensar en cuánto los extraño.

No es que hayan desaparecido por completo pero hoy en día, es una verdadera odisea encontrarlos.

Hasta hace unos pocos años se les podía ver caminando por todas partes. Deambulando de un lugar a otro, cambiando de dirección en la mitad de una vereda; subiendo audazmente a cualquier colectivo y marcando una gran diferencia a su paso.

¡Ellos reinaban en la city! Y no había lugar en el cual no los vieras manejarse con naturalidad y firmeza.

Por si todavía algún lector distraído no sabe a quienes me refiero con tanta nostalgia y por qué dedico este blog a homenajearlos, les cuento que se trata nada más –ni nada menos- que de los valores humanos.

Esos valores que nos hacen precisamente una especie diferente a cualquier otra, esa que pone en evidencia que existen cosas buenas y que es fantástico poder obrar a través de ellas.

Algunos les llaman valores morales, cristianos, y otros simplemente los aceptan como reglas de convivencia o urbanidad. Puedes nombrarlos como más te guste pero seguramente coincidirás conmigo que se extrañan y mucho…

¡Si hasta los intelectuales más selectos como George Steiner se ocupan de ellos! Este escritor y crítico francés señala en una de sus obras (Nostalgia del Absoluto) que una de las cosas de las cuales adolece nuestra sociedad es precisamente de los valores fundamentales para sostenerse como tal. Y por ende, de allí provienen todos los males o “plagas” que hoy día cambiaron nuestra manera de movernos o manejarnos en la misma.

Por eso les propongo que no los olvidemos. Desde este espacio trataré de levantar bandera a favor de esos valores que tanto bien nos hacen y espero que me ayuden para que retornemos a uso cotidiano. Créanme: ¡Sí, se puede!

Nota: Para los que se preguntan por qué me puse a pensar en los valores humanos mientras veía un DVD con Gianluca, les cuento que el DVD en cuestión era “Por favor y gracias” de Barney.