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Ex compañeros, nuevos amigos

Hace un par de años nos encontramos un pequeño grupo de compañeros de la escuela a traves de una red social.

Esa primera experiencia fue rara, despues de treinta años sin verse uno no sabe bien con quien se va a encontrar, recordabamos caras de niños, aventuras y desventuras de aquellos jovenes años… Ahora ya adultos nos enfrentabamos a otras personas cargadas de historia.

El “asalto”, modalidad de aquel entonces, nos convoco una vez mas y cada uno llevo algo dulce o salado para compartir. La mayoria fue acompañado de su pareja o conyuge y asi nos sentamos alrededor de una mesa larga donde fuimos intercambiando alguna que otra palabra hasta desembocar en una noche cargada de recuerdos y anecdotas.

Ya de madrugada, al despedirnos, nos saludamos con la promesa de encarar algun dia un nuevo encuentro. Y no paso mucho tiempo antes de que se concretara asado de pormedio.

Y una reunion llevo a la otra y asi en el transcurso de estos años se fueron haciendo cada vez mas frecuentes, consolidando un grupo ya no de ex compañeros sino de amigos.

Pero en estos pocos meses se tejieron y entretejieron historias que parece hasta mentira que sean de la vida misma y no de ficcion…

Recargando pilas

En tanto el ánimo está alicaído y el corazón un poco roto, trato de salir adelante como puedo.

Ya vi que la terapia no funcionó para mí, seguramente por no dar con un profesional idóneo.

Tengo decaimiento y tristeza que no quiero que se traduzca en depresión.

Me rehúso a tomar medicación y por eso recurro a una buena dosis de gimnasia.

Varias horas por semana la música y el movimiento me ayudan a sobrellevar esta vida un poco contrariada.

Por suerte cuento con un buen grupo y profesores, gente con la que nos vemos a diario, que sin saberlo me dan una inyección de endorfinas.

La gimnasia y la risa me sostienen, por eso también trato de ver comedias que imprimen a mi vida una buena cuota de humor.

Sentimientos

En estos días estoy con la sensibilidad a flor de piel.

Tuve un encuentro con un grupo de amigos que me modificó y creo que ya nada será igual.

Después de cuarenta y tantos años siento que puedo cambiar, que puedo encontrar otro punto de vista, ver el entorno con otros ojos.

Siempre fui muy estructurada, recta o cuadrada.

Creí tener “la verdad” entre mis manos, el comportamiento era bueno o malo según mi parecer, podía calificar o censurar.

Ahora, una y otra vez,  resuena en mi cabeza esta frase “donde manda el corazón no gobierna la razón”.

Y entonces me doy permiso para sentir y no tanto para pensar.

Y me sorprendo yo misma de poder acompañar al otro sin cuestionar o reprobar.

Hubo muchas veces a mi alrededor casos de historias de amor prohibidas, desde la de un familiar de lo más cercano hasta la de un amigo o conocido, pero yo no era capaz de acompañar sino de criticar.

Sin embargo la historia de un amor adolescente entre Maritza y Julián, que se reaviva después de largos años de desencuentro, me sacudió.

Un amor que mantuvieron en secreto durante casi treinta años y que intentan recuperar, cuando la vida les da oportunidad.

Y saben que no es fácil, que hay obstáculos por sortear, que pueden lastimar y que deberán superar una situación familiar difícil de digerir.

Cuando me contaron qué les estaba pasando me hicieron sentir el verdadero gusto de la amistad, porque compartían algo muy suyo y porque me abrían su corazón, y yo misma me sorprendí al darles mi apoyo incondicional, al poder brindar una palabra de cariño y contención.

Lograron que brotará la emoción y que no buscara explicación.

Sin término medio

Para mi marido sólo existe el blanco y el negro.  Sin término medio, no considera los grises.

Él dice que es una buena forma de conocerlo y saber que se puede esperar, yo no lo veo así, para mí es un extremo al que no quiero llegar.

A la hora de tomar una decisión la sostiene sin medir consecuencias ni sinsabores.

Y… lo que se hereda no se mama…

Hace años tuvo un gran altercado con su madre y ahí no más se cortó la relación, de tal forma que mi suegra nunca más vio a sus nietos, no se preocupó ni preguntó por ellos. Cerró la puerta a la familia y siguió su vida con o sin dolor, no sé. Del hijo cada tanto se acuerda, por lo menos cuando lo necesita.

Pero volviendo a mi marido, un día tras una de las tantas discusiones decidió no decirme más – Te quiero. Hace tanto tiempo ya, que ni me acuerdo porqué.  Seguro que él sí tiene nítida la escena de ese día.

A mí me dejó un vacío, el cambio fue drástico, pasó de ser un tipo dulce y cariñoso a un hombre medio frío y distante. No sólo faltaron las palabras sino las expresiones de amor que poco antes lo hubieran caracterizado.

Desde entonces la pareja cae cuesta abajo más y más, en un camino que no parece tener retorno.

Nubes en mi cielo

Ayer amanecí medio depre sin motivo aparente.

Sentía que algo no estaba bien y tenía ganas de llorar sin saber porqué.

Hacía unos días que estaba viviendo buenos momentos, tantos que a veces me daba temor pensar en ello.

No escribí durante un tiempo y cuando decidí hacerlo fue creyendo que estaba bien plantada.

Sin embargo, no puedo explicarme porqué si supuestamente todo estaba bien, venía teniendo ahogos o mareos desde que volví a Buenos Aires.

El año pasado la taquicardia y los ahogos me llevaron al cardiólogo y neumonólogo; los estudios arrojaron buenos resultados y lo que me quedaba era consultar con un psiquiatra. Me negué rotundamente, si el problema era emocional yo lo tenía que enfrentar, necesitaba buena voluntad, poner todo de mí para salir a flote y no recurrir a fármacos que me sedaran.

Escribir y compartir mis penas me aliviaron. Una buena dosis de amor y esperanza hicieron lo suyo. En las vacaciones me  sentí recuperada. Llegué a casa y comencé a darle valor a cuanto me rodeaba, vi mi casa más linda, valoré más a mi familia, disfrute del clima dicharachero y el aire  dichoso que respiraba.

Sin embargo, los ahogos estaban ahí  y me inquietaban.

Hoy creo que fue un presagio de la tormenta matrimonial que se avecinaba. Es que no terminamos de salir de una que nos hundimos en otra.

Todo comenzó con una pavada, que como bola de nieve rodó haciéndose mas grande.

Impredecible y desmedida fue la disputa y aquí estoy nuevamente, bajo un cielo tormentoso tratando de sobrellevarlo y salir airosa.

PD: me pregunto si los lamentables movimientos sísmicos que se dan en el planeta influirán de alguna manera en el carácter de las personas.


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