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Ex compañeros, nuevos amigos

Hace un par de años nos encontramos un pequeño grupo de compañeros de la escuela a traves de una red social.

Esa primera experiencia fue rara, despues de treinta años sin verse uno no sabe bien con quien se va a encontrar, recordabamos caras de niños, aventuras y desventuras de aquellos jovenes años… Ahora ya adultos nos enfrentabamos a otras personas cargadas de historia.

El “asalto”, modalidad de aquel entonces, nos convoco una vez mas y cada uno llevo algo dulce o salado para compartir. La mayoria fue acompañado de su pareja o conyuge y asi nos sentamos alrededor de una mesa larga donde fuimos intercambiando alguna que otra palabra hasta desembocar en una noche cargada de recuerdos y anecdotas.

Ya de madrugada, al despedirnos, nos saludamos con la promesa de encarar algun dia un nuevo encuentro. Y no paso mucho tiempo antes de que se concretara asado de pormedio.

Y una reunion llevo a la otra y asi en el transcurso de estos años se fueron haciendo cada vez mas frecuentes, consolidando un grupo ya no de ex compañeros sino de amigos.

Pero en estos pocos meses se tejieron y entretejieron historias que parece hasta mentira que sean de la vida misma y no de ficcion…

La puerta abierta

Hace varios dias que no escribo, tengo tantas cosas que decir y sin embargo no sé como hacerlo.

Hoy el disparador fue una frase que aparecio en un pps que me enviaron: No hay una llave para la felicidad, la puerta siempre esta abierta.

Ya les conte que hace muchos años que estoy casada, los ultimos fueron los mas dificiles de digerir.  Creo que  a medida que pasa el tiempo nos volvemos mas intolerantes y a nuestros ojos se destacan los defectos del otro. Siendo un mal de a dos se multiplica el fastidio.  Se vuelve un circulo vicioso del que es dificil salir.

El año pasado crei tocar fondo,  el estado de animo se fue al piso despues de varias caidas animicas. Sentia que no podia salir del pozo depresivo.  Recurri a la terapia y tuve la mala suerte de no dar con un buen profesional. Decidi arreglarmelas sola. Me embarulle con la musica y la gimnasia, buscando una salida.

Un dia la tormenta cedio casi sin proponermelo. Cuando comenzo a asomar el sol me agarre del primer rayito que habia, casi como un salvavidas.

Vi la puerta abierta al cambio y a la felicidad, empece a pensar que yo era artifice de mi propio destino, que tenia que encontrar la alegria en las pequeñas cosas de la vida.

Hace un par de meses que comence a sentir que podia ser feliz, tratando de querer lo que tengo aun sin tener lo que quiero. Conformismo que le llaman, pero que es mejor que nada.

Trato de pensar que el buen animo parte de mi y tengo que remontarlo, es un trabajo diario. A veces flaquea y tengo que darme una inyeccion de optimismo.

Si la puerta  a la felicidad esta abierta quiero entrar…

La iglesia y yo

Cuando era niña la asistencia a la Iglesia era una obligacion. Ya adolescente seguia yendo a misa de las nueve todos los domingos.

El recuerdo mas vivido que tengo es el de sentir una especie de vahido a mitad de la ceremonia y tener que salir unos minutos afuera para reponerme.

En la capilla todo comenzaba a borronearse, el ambiente se iba aclarando, la luz blanca lo invadia y las piernas me flaqueaban. Una vez afuera veia los colores mas nitidos y la respiracion volvia a ser fluida.

Otro momento molesto o incomodo era cuando los fieles debian darse las paz, estrechando sus manos o dandose un beso. Me preguntaba porque habia que acercarse al otro sin tener la necesidad y si servia de algo hacerlo por imposicion.

Un dia, alla por los años 80, en Aguas Verdes, asistimos a misa  como cada domingo, este era uno especial el de Pascua. Se celebraba al aire libre, creo que el templo estaba en construccion. En ese sentido lo pude pasar mejor, al no estar en un lugar cerrado, que ahora veo me producia fobia.

Algo en el discurso del parroco nos disgusto y desde entonces decidimos no seguir asistiendo sistematicamente a misa. Algo de la historia, relatada en la misma biblia, nos hirio profundamente.

Ese fue el punto de inflexion, desde entonces poco a poco me fui alejando de la iglesia y  su gente. Ya no volvi a misa. Entro a un templo cuando tengo ganas o necesidad de hacerlo.

No me confese mas, incluso al casarme, le dije al padre que preferia confesarme por mi cuenta y el eclesiastico apoyo mi decision.

Me case por Iglesia hace unos veinticinco años, la ceremonia fue breve y lo vivi con felicidad y emocion. Mas tarde bautice a mis hijos y eso fue todo amigos.

Dejamos que los chicos decidieran si querian tomar la comunion y la confirmacion, sacramentos que en nosotros habian sido condicion no eleccion.

Ya la familia no va a misa, muy rara vez entra a una iglesia, ya no soy catolica apostolica romana como solia enorgullecerme, ahora soy agnostica.

Tengo fe, rezo cuando me viene en ganas y puedo hablar con Dios. La fe y el buen comportamiento son mi responsabilidad.

No me gustan muchas acciones de los integrantes de la Iglesia, ayer y hoy, estuvieron y estan muchas veces mas cerca del dolor y el horror que del amor y la bondad.

Recargando pilas

En tanto el ánimo está alicaído y el corazón un poco roto, trato de salir adelante como puedo.

Ya vi que la terapia no funcionó para mí, seguramente por no dar con un profesional idóneo.

Tengo decaimiento y tristeza que no quiero que se traduzca en depresión.

Me rehúso a tomar medicación y por eso recurro a una buena dosis de gimnasia.

Varias horas por semana la música y el movimiento me ayudan a sobrellevar esta vida un poco contrariada.

Por suerte cuento con un buen grupo y profesores, gente con la que nos vemos a diario, que sin saberlo me dan una inyección de endorfinas.

La gimnasia y la risa me sostienen, por eso también trato de ver comedias que imprimen a mi vida una buena cuota de humor.

Sentimientos

En estos días estoy con la sensibilidad a flor de piel.

Tuve un encuentro con un grupo de amigos que me modificó y creo que ya nada será igual.

Después de cuarenta y tantos años siento que puedo cambiar, que puedo encontrar otro punto de vista, ver el entorno con otros ojos.

Siempre fui muy estructurada, recta o cuadrada.

Creí tener “la verdad” entre mis manos, el comportamiento era bueno o malo según mi parecer, podía calificar o censurar.

Ahora, una y otra vez,  resuena en mi cabeza esta frase “donde manda el corazón no gobierna la razón”.

Y entonces me doy permiso para sentir y no tanto para pensar.

Y me sorprendo yo misma de poder acompañar al otro sin cuestionar o reprobar.

Hubo muchas veces a mi alrededor casos de historias de amor prohibidas, desde la de un familiar de lo más cercano hasta la de un amigo o conocido, pero yo no era capaz de acompañar sino de criticar.

Sin embargo la historia de un amor adolescente entre Maritza y Julián, que se reaviva después de largos años de desencuentro, me sacudió.

Un amor que mantuvieron en secreto durante casi treinta años y que intentan recuperar, cuando la vida les da oportunidad.

Y saben que no es fácil, que hay obstáculos por sortear, que pueden lastimar y que deberán superar una situación familiar difícil de digerir.

Cuando me contaron qué les estaba pasando me hicieron sentir el verdadero gusto de la amistad, porque compartían algo muy suyo y porque me abrían su corazón, y yo misma me sorprendí al darles mi apoyo incondicional, al poder brindar una palabra de cariño y contención.

Lograron que brotará la emoción y que no buscara explicación.


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