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Domingo Mandrafina y una Muestra de Historietas

Es en Tucumán. Un poquito lejos de donde estoy pero tengo muchas ganas de llegarme hasta allá. Hay muchas cosas más que interesantes.

Empieza mañana Jueves 23. El querido maestro Mandrafina (creo que irá en persona?) presenta el Sábado a las 19 horas la muestra de Metro Carguero, esa genial obra de arte dibujada por él y escrita nada más ni menos que por Enrique Breccia)

El programa de actividades es el siguiente:

50/30 (autores varios, sobre textos de Oesterheld). Mañana a las 20 en Casa Padilla (25 de Mayo 36).

Oesterheld – 90 años (artistas tucumanos). Inaugura mañana a las 20 en la Casa Padilla.

Metro Carguero (guiones de Enrique Breccia y dibujos de Domingo Mandrafina). Abre el sábado a las 19 en el Museo Ferroviario de los Talleres de Tafí Viejo.

Tinta Rock (varios autores). Inaugura el domingo 26 a las 20 en el teatro de La Paz (9 de Julio 120).

Lola (retratos de Lola Mora). Desde el lunes 27 en el Museo Nicolás Avellaneda (Congreso 56).

Tango Ilustrado y Tango Cruzado, desde el lunes 27 en el Museo Nicolás Avellaneda.

La Caricatura Ata-k (humor tucumano). Martes 28, en San Martín 251

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Vuelve Mandrafina!

Gracias a La Bitácora de Maneco, me entero que uno de mis artistas preferidos vuelve a la carga con lo mejor de su arte. 
Y me refiero a Domingo “Cacho” Mandrafina, quien dibujará nuevos episodios de Dylan Dog para Italia.
Les dejo esta página, que ya estoy queriendo conseguir desesperadamente.
Link a la imagen: 

Mandrfina en la Fierro

Me pone contento leer esta noticia de autor que admiro muchísimo.

Mañana, junto a la edición número 28 de Fierro, aparecerá El caballero del piñón fijo y algunas historias sin ruido. Domingo “Cacho” Mandrafina y Carlos Trillo recuerdan los desafíos y placeres que les deparó su notable trabajo conjunto.

Como hace veintitrés años, el dibujante Domingo “Cacho” Mandrafina le pone otra vez el cuerpo al debut de El caballero del piñón fijo. Antes fue en octubre de 1985 –número 14 de la antigua Fierro–, a propósito del capítulo inicial. Allí se lo veía con campera de jean, sentado en la redacción de la revista hablando del porqué y el cómo de su nuevo trabajo. Hoy lo vuelve a hacer –con la misma generosidad, con la misma humildad–, pero sabiendo que el motivo difiere en tamaño y páginas: por primera vez aquella historia se edita en formato libro en la Argentina. Y eso gracias a la Colección Continuará –dirigida por Juan Sasturain–, que eligió para el segundo tomo uno de los trabajos más curiosos de la dupla Mandrafina-Trillo. A los seis capítulos de El caballero… se les suman Algunas historias sin ruido, historietas mudas realizadas por ambos autores en la misma época que el andante de la bicicleta.

“Me impresiona mucho lo de los veinte años. Pasaron muy rápido, y para colmo son algunos más”, dice el dibujante, para luego apelar al recuerdo: “Lo primero que pensé cuando Trillo me dio el guión fue ‘¡qué embole, tener que dibujar a un tipo en bicicleta durante toda la historieta!’. Ya me resultaba difícil cuando tenía que dibujar una ocasionalmente, ¡imagínese a un protagonista dándole todo el tiempo a los pedales! Pero después, como era de esperar, eso pasó a un segundo plano y el relato, con su estilo paródico, y el personaje mismo, me envolvieron y me olvidé de la bicicleta. Incluso, creo que llegué a dibujarla bastante bien.”

Según explica Sasturain en el prólogo, El caballero del piñón fijo es una “obra inteligente e inspirada, de rara perfección en su factura y absolutamente original”, que “retoma en tono de negra farsa la empresa quijotesca del esforzado andarín que sale al camino acaso ya no por impulso interior, sino de simple, engrupido mandado; y no a desfacer entuertos, socorrer viudas y defender doncellas, sino a cumplir –para el poder– una tarea escalonada de estructura clásica y oscuros fines. Mutatis mutandis, del rocín a la bici, de la armadura al traje de deshollinador, de Alonso Quijano a The Lone Ranger, de los caminos de Castilla y la aventura caballeresca a los tragicómicos senderos del grotesco más contemporáneo, el patético flaco pedalea solo pero acuciado, comentado, producido por un coro cirquero que glosa su penosa saga. Va hacia el polvo y al polvo volverá”.

El tándem Mandrafina-Trillo se inició a fines de los ’70, cuando el guionista ya había alcanzado la plenitud de su oficio con trabajos recordados como El Loco Chávez, Las puertitas del Señor López, El último recreo, Merdichesky y Charlie Moon (con Horacio Altuna) y series como Alvar Mayor, El Peregrino de las Estrellas y Marco Mono, con Enrique Breccia. Por su parte, Mandrafina brillaba con Savarese, de Robin Wood, y El Condenado, de Guillermo Saccomanno, entre páginas y páginas geniales para Columba y Record. Cuando se pusieron a trabajar juntos, hicieron maravillas: basta mencionar Husmeante, Ulises Boedo, Peter Kampf y Cosecha verde, para dar una idea de la fuerza creativa de ambos autores. Y no menos recordables fueron aquellos trabajos publicados en los primeros años de la década del ’80, cuando Mandrafina y Trillo andaban por el mismo camino estético: “Fue un período de gran producción tanto para Cacho como para mí”, explica Carlos Trillo. “Las historias mudas y El caballero… eran el tipo de relato que más nos gustaba hacer: a mí me permitía desarrollar un poco la parodia y Cacho descubría que en ese sitio se sentía tan cómodo (o más) que en las aventuras serias.”

–Mandrafina, ¿piensa lo mismo que Trillo?

–Totalmente. Las historias mudas, con su inevitable referencia a los cortos de cine mudo que veíamos de pibes, me permitieron trabajar un material con humor bastante negro en algunos casos y agregar registros a mi trabajo, que estaba entrenado en aventuras casi exclusivamente policiales. Y salir para otro lado en historieta siempre es bueno para evitar las recetas de la rutina que tiene en su raíz.

–¿Qué tipo de dificultades le planteó la historia, si es que la hubo?

–Sólo lo de la bicicleta. En esa etapa yo tenía un entusiasmo muy grande por la profesión y las dificultades me servían para mejorar mi trabajo y buscar la mayor variedad de recursos técnicos, tanto en el relato como en lo gráfico. Una exigencia que disfruté mucho era la galería de personajes que proponía la historia, que para mí es fundamental. Siempre me consideré más historietista que dibujante; encuentro el sentido del dibujo y de los personajes en medio del relato.

–¿Las historias mudas significaron un desafío mayor?

–Sí, porque fue un trabajo anterior y era mi primera experiencia con la ausencia de textos, que es una cuestión distinta a la que me planteaba con El caballero…. Cuando Trillo me propuso esas historias sin texto, para mí fue un desafío. Pero mientras las iba haciendo me di cuenta de que no, que en realidad es casi igual que otros trabajos. El argumento existe, el guión también, ya que la secuencia del relato la marca el guionista y, encima, con más detalle que cuando usa los diálogos. Lo único que hay que hacer es pensar más en el código de lectura de la historieta, ya que al lector sí le va a faltar el texto. Para el dibujante el único cambio importante es que tiene que dibujar más.

–¿Cómo ve hoy ese trabajo realizado hace veinte años?

–No soy buen lector de historietas, especialmente las mías. Lo primero que noto es el trazo con pincel. Hace tanto que trabajo la línea con pluma que no deja de llamarme la atención cada vez que veo páginas de aquellos años, con la marca inevitable de Breccia en la pincelada. Con el tiempo creo que logré disimularlo.

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La necesidad de verdad es cada vez más fuerte en Argentina

En Angoulême, el escritor argentino Carlos Trillo presenta “La Herencia del coronel”, un álbum importante figurando en la selección oficial.


Nacido en Buenos Aires en 1943, el escritor argentino Carlos Trillo estuvo presente en Angoulême este fin de semana para defender “La Herencia del coronel” (Delcourt), que forma parte este año de los álbumes en competición. Una fábula cruel donde cepillan los fantasmas de la dictadura militar (1976-1983) y la locura de la tortura. El héroe del relato, Elvio Guastavino, es un funcionario poco importante de Argentina de hoy, que se ha convertido en curiosamente amnésico sobre las maniobras de su difunto padre, “héroe de la patria” que no dudó en violar y torturar a los enemigos de la dictadura al amparo de moral y religión católica. Lamentable “hijo de cerdo” que desliza poco a poco hacia la locura, Elvio cae enamorado de una muñeca expuesta en un escaparate. Curiosa fascinación, que no está sin recordar su excitación de adolescente frente a los jóvenes prisioneros quienes traía su padre a la casa… Servido por el muy bonito dibujo de Lucas Varela, “la Herencia del coronel” destierra los traumatismos de una memoria colectiva siempre a vivo. Encuentro pasionante con Carlos Trillo, sagaz observador de la sociedad argentina.

¿De dónde viene esta idea del horror del pasado a través del amor de un hijo de de tortura para una muñeca en Argentina de hoy?

Como después de toda una gran traumatismo, hay un gran silencio con respecto a este terrible período. Tenía deseo de decir lo que pasó durante la dictadura y la esquizofrenia que ha implicado en muchos compadeciéndose del régimen, aún hoy. Elvio, el personaje principal, es el hijo de esta gente que sostenía a la junta militar y se creía sinceramente de buenos cristianos. Tras ser él mismo cómplice, guardó este estado de ánimo, esta ingenuidad culpable, y sigue pensando que era necesario salvar bien el país del “mal” y de los “bichos revolucionarios”. Elvio permanece confiar de su familia. Pasar a ser loco lo preserva hasta cierto punto de ver sus convicciones y su mitología familiar sacudidas y tenerlas que ponerse en entredicho. Tiene una visión completamente deformada de la realidad, y es mejor quizá para él… Es un enfermo, como lo fue este régimen innoble.

¿La población argentina tiene siempre dificultades para hablar de este oscuro período?

La democracia reapareció en 1983. Pero es siempre difícil hablar. Habrá sido necesario esperar veinticinco años antes de que algún de tortura, vueltos muy viejos, estén condenados. En la actualidad, se comienza de verdad a hablar. Los niños de las personas desaparecidos durante la dictadura que se había confiado a otras familias son en adelante treintañales, e intentan mucho encontrar el rastro de sus verdaderos padres. Y luego eso hace treinta años que mujeres, que son grandes-madre hoy, enmarañan sobre el Plaza de Mayo, en Buenos Aires, para pedir al Gobierno explicaciones sobre la desaparición de sus niños durante la dictadura. La necesidad de conocer la verdad se hace cada vez más sentir. Ninguna BD sobre este tema aún se había escrito. ¡Es encargado un pasado así, tan pesado! Pero deseé hacerlo, sin por ello tratar la crueldad de manera frontal. Más bien de manera metafórica, a través de esta pequeña muñeca rubia…

¿Ustedes quienes han vivido este tiempo, cuáles son sus propios recuerdos?

Trabajaba en la prensa, a hacer situaciones para strips. Había muchos censura. Para abordar algunos temas, era mejor utilizar metáforas. Pero incluso sin hacer afirmaciones que implicaban el riesgo de pasar para “revolucionario”, muchas cosas se suprimían antes de la publicación o desagradaban profundamente al régimen. En 1980, en un festival de BD en Italia, a Hector Oesterheld, un gran dibujante de historietas argentino matado por los militares en 1977 (escribió, en particular, una biografía del Che que tuvo la desdicha de desagradar, nota), recibió el Corte Unicef con carácter póstumo. Nadie tomó el riesgo de tomarlo y de de traerlo en Argentina. Era demasiado peligroso.

Su padre lo ha conocido lo también años negros como resistente en la guerra civil en España. Pesada herencia familiar…

Sí, después de la llegada de franco al poder, huyó hacia Francia antes de instalarse en Argentina. ¡Eso hace muchas dictaduras, todo eso!

¿Cómo reaccionaron los lectores argentinos ante “la Herencia del coronel”?

La BD salió en forma de libro en Francia a finales de 2008. Será también el caso en Argentina este año. Por el momento no se publicó que en un pequeño estudio extraído a 20.000 ejemplares. Pero según las vueltas que tuve, la historia obviamente mover mucho a los lectores.

Mucho de sus historias transportan una fuerte carga erótica: “Fulu”, una diosa del amor negra, “Clara de la noche”, una prostituta viviendo de divertidos aventuras, o también “Explosión Explosión”, diluvio de mujeres fatales a menudo desnudadas en una atmósfera de polar de los años 40-50… ¿Es importante para ustedes?

¡Sí, está de verdad el erotismo bien! (Risas.) En Francia, él allí ningún problema con eso, por otra parte. Mientras que en mucho otros países, es claramente más difícil a hacer pasar.

¿Cuáles serán sus próximas historias?

Con mi amigo Mandrafina, uno de los dibujantes de los que soy el más cercano y con quienes hice, en particular, el “Espagueti Brothers”, vamos a sacar un álbum que pasa durante la Segunda Guerra Mundial en Alemania. Y otro proyecto me tiene muy a corazón, en torno a la increíble historia del cadáver de Eva Peron, que era un verdadero mito en Argentina. Se expuso su cuerpo se embalsamó y hasta el golpe de Estado militar de 1955 que expulsó a su marido del poder. Pero no se respetó el orden de hacer desaparecer el despojo. Incluso muerta, Eva Peron era “demasiado potente” para que se atreva a tomarse ella. En Argentina, hay una clase de sincretismo que se operó entre la religión católica y el divinidad indios, y creo que eso jugó. En cualquier caso, antes de volverse loco, un militar ocultó el cadáver, llegando hasta ella dormir a de la parte de. Y luego, el cuerpo se enterró en Italia bajo una falsa identidad, exumado y enviado en España dieciséis años más tarde, repatriado en Argentina tres años más tarde. ¡Todo eso me inspira!

¿Qué aconsejaría a Francés que llega por primera vez en Buenos Aires?

¡Ir a bailar el tango! Sé que muchos Franceses son fascinados por eso. Yo mismo yo él en no (Risas.) Es más bien la danza de las generaciones de antes de… y según mi. El tango conoce actualmente un verdadero renacimiento. Y para frustrar el lado muy nueva ciudad de Buenos Aires, e aconsejarían también ir a Uruguay, de verdad no muy lejos en realidad, para visitar la ciudad histórica de Colonia, construida por los Españoles al XVIe siglo. Es magnífico y pasionante. Basta con cruzar en barco Río del Plata, una desembocadura amplia de 60 kilómetros cuyos no se puede percibir ver la otra orilla desde Buenos Aires. A continuación no está ya muy lejos.

Fuente (en francés)