Los desmontes, la soja y las lluvias en Brasil Tweet
Hambre cero
Brasil ha logrado exitosamente sacar del hambre extremo a millones de sus ciudadanos. Gran parte de estos ciudadanos se han incorporado a la clase media, fortaleciendo de esta manera al mercado interno y mejorando los índices generales de la economía brasileña. Esta verdadera redistribución de la riqueza es un hecho humano, social y económico sumamente importante, y de alguna manera, ejemplificador para otros países de la región que dicen estar haciéndolo, pero en los que aun nadie se ha dado cuenta.
La alegría es solo brasileña
Este inusitado logro, (inusitado no por que fuera de imposible realización, sino por que efectivamente se hizo) es el paradigma que hace rendir pleitesía a la mayoría de los políticos latinoamericanos. Todos quieren imitar y eventualmente superar los logros de Lula Da Silva, bajo cuya presidencia se llevó a cabo la tarea. Olvidan esos políticos, y con su olvido hacen olvidar a los ciudadanos, que ese monumental logro humano fue posible gracias, entre otras cosas, a la devastación de millones de hectáreas de selva, en su mayoría destinadas a sembrar soja.
La soja, debido a la intensa y creciente demanda de proteínas por parte de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Permite generar cuantiosas divisas de manera rápida y sostenida, aproximadamente dos cosechas cada 15 meses. La actitud de “dejar hacer” por parte del gobierno brasileño ante el desmonte feroz, pudo deberse a algún tipo de acuerdo, lícito por cierto, pero de alto riesgo. Cobertura oficial para expandir groseramente el área cultivable en detrimento de la selva amazónica, a cambio del compromiso de buen comportamiento fiscal y aportes extraordinarios de las ganancias extraordinarias, por parte de los hacendados, quizás.
Al parecer, este supuesto acuerdo se cumplió y el logro ha sido efectivo. Basta cotejar los datos oficiales brasileños anuales de área sembrada, volumen cosechado y superficies de deforestación amazónica. Se puede comprobar una relación inversamente proporcional. Los números oficiales de la tremenda expansión de las fronteras agropecuarias durante la presidencia de Lula Da Silva, son por demás elocuentes y explicativos.
No tenga miedo, solo tenga cuidado
Probablemente usted se preguntará, que tiene de malo este probable acuerdo. Quizás también usted hasta pueda ofenderse, al leer que alguien relacione saciar el hambre de millones de personas con la pérdida de una parte de la selva amazónica. No cuestionamos en absoluto el haber logrado saciar el hambre y mejorado la vida de millones de personas, todo lo contrario. Pero sí alertamos sobre que la devastación autorizada de la selva amazónica para alcanzar ese logro, sin acciones de regulación y compensación a la naturaleza, no resultará gratuita para el conjunto.
Y la lluvia caerá
El brusco cambio del clima local e incluso regional, al perder humedad y ganar temperatura por la tala y posterior rozado (generalmente a través de incendios controlados) de millones de hectáreas de bosques, produce en consecuencia, bruscos reacomodamientos de grandes masas de aire y agua en la atmósfera.
Los índices de lluvia amazónicos (superiores a los 4 o 5 mil milímetros anuales) que les resultan tan atractivos a los productores sojeros, disminuirán drásticamente al carecer del sustento de la “esponja” selvática, que acumula, escurre, retiene y evapora ingentes cantidades de agua para reproducir una y otra vez ese circuito virtuoso. Si agregamos, un aumento del déficit mundial de captación de carbono por la acelerada pérdida de superficie selvática, favoreciendo de esta manera, el aumento de la temperatura global y cambio climático, tenemos una situación de alteración del clima local, regional y hasta global, de consecuencias desconocidas.
La lluvia, inevitablemente en algún lado caerá. Los desbalances climáticos se auto regulan a través de tormentas, a mayor desbalance mayores tormentas. Ciclones, huracanes, grandes temporales y hasta nuestra comparativamente modesta pero feroz, Sudestada es acabada muestra de ello.
La caída de la lluvia, no será a través de copiosos chaparrones sobre la selva, amortiguados por la cobertura vegetal que además acumula el agua entre sus hojas, troncos y suelo, dejando que el excedente se escurra paulatinamente por arroyos y ríos. Probablemente esas lluvias pendientes en la atmósfera, caigan en zonas habituadas a otra intensidad y volumen de precipitaciones. Quizás, se presenten en forma de violentas tormentas saturando, inundando, deslavando cerros, praderas y morros. En otros lugares habrá al mismo tiempo períodos de sequías, algunas intensas, devastadoras. A la naturaleza lo que se le hace en un día, no se puede reparar en un día.
Corolario
Claro, entonces algunos dirán que son tragedias imprevisibles, “que loco está el tiempo, vio” dirán las señoras y se alzarán las progresistas y seudo ecológicas voces que señalarán a “los países del Norte” como únicos responsables, explicando que esos países no quiere acordar una disminución de sus emisiones de carbono a la atmósfera y favoreciendo así, el calentamiento global que nos perjudica severamente. Pero nadie recordara, o lo que es peor, nadie querrá recordar, nuestra responsabilidad en esos desastres por venir, debido a la crónica falta de previsión de las clases dirigentes, a su prepotente actitud depredatoria para con la naturaleza y a nuestro cómplice silencio de ciudadanos sin cuestionamientos a sus hechos. Es en definitiva, otra muestra de nuestra ineptitud para convivir con la naturaleza.
Walter Raymond – Refugios Naturales



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