El Saladero, un lugar donde la naturaleza recobra su espacio

El concepto de reserva natural nos refiere, habitualmente, a los distintos grados de protección o preservación de una determinada área, ecorregión o conjunto de ecosistemas ante el avance o influencia de las diversas actividades humanas. La Reserva El Saladero, en Atalaya, provincia de Buenos Aires, propone incluir también en ese concepto a la recuperación de áreas antiguamente ocupadas o destinadas a actividades humanas, posibilitando que con medidas de control y un manejo adecuado,  la naturaleza recupere gradualmente su espacio y plenitud.

Dificultoso sea imaginar, para quién no conozca la historia del establecimiento “El  Saladero”, que esos pastizales, bañados y frescos montecitos de especies nativas, otrora eran el lugar de una intensa actividad industrial, donde se faenaban y procesaban diariamente cientos de animales generando productos y subproductos que eran embarcados desde el muelle a orillas del Río de la Plata rumbo a los distintos mercados. Se estima que en su apogeo, la industria saladeril y sus servicios reunían en el lugar, a fines del siglo XIX y principios del XX, a una población de alrededor de 5.000 habitantes.

Los tiempos de la naturaleza

Hoy, todo es quietud y apacible calma. Los senderos de animales se entrecruzan en la espesura de los montecitos de talas y coronillos que fueron resurgiendo para poblar la soledad en la que quedaron aquellos campos cuando la industria dejó de ser negocio. Los pájaros pampeanos, habitantes naturales del lugar, son conjuntamente con los sonidos del viento, la natural música que reemplazó a la entonces agitación industrial.

Los humedales, dan refugios a variadas especies de pequeños y algunos grandes mamíferos, reptiles e insectos. La selva en galería, que bordea buena parte del arroyo Atalaya y las costas sobre el Río de la Plata, se muestra exuberante y deliciosa en intensos verdes y ocres.

Sin embargo y a pesar de la recuperación, la naturaleza no puede ocultar las cicatrices producidas por la antigua ocupación humana. Algunos restos dispersos de antiguas construcciones, los imperturbables pilotes de quebracho del antiguo muelle y las varias especies de flora y de fauna implantadas por el hombre son algunas de ellas.

Las huellas de haber vivido

Al igual que una madura señora que se sabe bella por naturaleza, “El Saladero” muestra con prestancia y naturalidad esas huellas de haber vivido, y quizás es eso lo que la hace más intensa, exquisita y querible. En esta seducción se han involucrado Miguel Nisnovich y Verónica Morvillo, los propietarios del establecimiento, al denominar este espacio recuperado como Reserva Natural y Cultural El Saladero.

Reserva natural, porque se propone preservar el conjunto de ecosistemas representativos, muy escasamente preservados en la región pampeana actual, y cultural, porque conocer la Historia nos permitiría evitar, ojalá, los errores del pasado.

Flora nativa y las huellas de la ocupación humana

Se destacan los talares, árbol nativo representativo del espinal chaqueño y de la región pampeana, acompañados de coronillos, molles, cina – cinas y ocasionales ombúes. Esta flora autóctona deja ver algunos ejemplares de higueras o paraísos, relictos de la presencia humana.

El monte ribereño o selva marginal presenta una vegetación abigarrada con ceibos y sauces como sus máximos exponentes, acompañados de una gran cantidad de helechos, enredaderas y otras especies herbáceas. En los bañados predominan la totora, paja brava, espadaña y juncales.

El Dr. en biología Luis Capozzo, expresó recientemente con referencia a algunas especies invasoras,  que, lamentablemente, habría que darles la carta de ciudadanía y tratar de controlarlas y acotar su dispersión, debido a que la lucha para erradicarlas parece casi perdida. Este sería el caso de las madreselvas y el lirio amarillo presentes en “El Saladero”, que junto a palmeras, acacia negra, ligustro, bambú, etc., constituyen la invasión de flora exógena en el lugar.

La fauna que construye ecosistemas

Afirman los especialistas que la presencia y cantidad de aves representa, de alguna manera, la salud de los ecosistemas donde estos se desarrollan. En “El Saladero” esa señal saludable está representada por más de 30 especies, entre las que pueden señalar a calandrias, benteveos, picaflores, torcazas, chimangos, tacuaritas y chingolos.

Mariposas distintivas como la zafiro del talar y la conocida como bandera argentina, junto con pequeños mamíferos como los hurones, coipos y nutrias, integran estos ecosistemas. Donde el magnífico carpincho y los huidizos zorros grises, conviven con las tortugas de agua, lagartos overos, culebras y víboras, entre otros exponentes de la fauna local, y constituyen en su conjunto la intrincada red, junto con la flora y el clima, que sostiene la arquitectura de los diversos ecosistemas. Como ya se ha detallado, “las huellas de haber vivido” se expresan esta vez en la presencia de algunos ciervos axis, jabalíes y liebres.

El Saladero y los senderos interiores

No solo es posible descubrir los detalles de la bullente vida en cada uno de los ecosistemas presentes en la Reserva, también, al transitar los silentes senderos entre la espesura de talas y coronillos, atravesar los extensos pastizales o adentrarse en el barro del humedal es descubrir algunos senderos interiores, esos que el bullicio de lo cotidiano no permite percibir.

Walter Raymond – Refugios Naturales

Haciendo click aquí se accede al video de la entrevista “El Saladero”


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